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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2006

Otro modelo de comunicacin es posible
Experiencias crticas ante la dictadura del mercado

Txema Ramrez de la Piscina
www.eutsi.org


Los foros sociales de Porto Alegre (2001, 2002 y 2003) y Bombay (2004) subrayaron la necesidad vital que tiene nuestro planeta de encontrar un modelo alternativo a la globalizacin impuesta por las grandes transnacionales. Durante los ltimos aos, la consigna Un nuevo mundo es posible ha encandilado a millones de personas de todo el globo. Sin embargo, para que el sueo se haga realidad es preciso dotarse de precisas herramientas adaptadas a los nuevos tiempos. Entre otros instrumentos, resulta imprescindible forjar las bases de un nuevo modelo comunicativo distinto al actual: ms ilusionante, tico, participativo y horizontal y, sobre todo, menos unidireccional, paternalista y dependiente del poder.

El presente artculo parte de la siguiente hiptesis: a pesar de las adversas condiciones impuestas por la globalizacin, Otro Modelo de Comunicacin (OMC) es posible. Se tratara de un modelo que pondra especial nfasis en una concepcin liberadora-transformadora del propio proceso de comunicacin (Kaplun 1998), sin obsesionarse tanto por los resultados a corto plazo, como por la creacin de las condiciones necesarias que hagan surgir un nuevo sujeto-receptor comunicativo, mucho ms activo y crtico que el actual, que actuara como autntico motor del cambio.

El modelo imperante

Una personalidad crtica con el actual entramado meditico como es Noam Chomsky siempre ha mostrado su escepticismo ante las teoras conspirativas que achacan el poder de los medios a tramas ocultas similares a la Trilateral. En cierta ocasin, un estudiante estadounidense interrog a Chomsky (Halimi, 1997:33): Me gustara saber con precisin cmo la lite controla a los medios. El profesor le respondi con otra pregunta: Cmo controla a la General Motors? La pregunta ni siquiera se plantea. La lite no tiene por qu controlar a la General Motors. sta le pertenece. Lo mismo ocurre con los medios de difusin. Hace tiempo que renunciaron a ser contrapoder para ser, directamente, parte del propio poder. No en vano, mucho antes de esta reflexin de Chomsky, el presidente norteamericano Eisenhower resumi toda su doctrina econmica en una nica frase: Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los EEUU. Dicha empresa sigue siendo un gigante econmico con influencia poltica superior a la de muchos pases ().

Los sectores financieros, industriales y polticos que gobiernan el mundo coinciden cada vez con ms frecuencia en diferentes Consejos de Administracin sin que, aparentemente, nadie alce su voz ante tan sospechosa confluencia de intereses. Se asume como algo natural e innato a la fiebre mundializadora que inunda la gran aldea global. En estos momentos existen en los EEUU ms de 2.000 diarios, 10.000 semanarios, otras tantas emisoras de radio y ms de 2.000 cadenas de televisin. Ms de la mitad de dichas empresas estn en poder de veinte compaas, cuya principal fuente de ingresos son no lo olvidemos la publicidad; esto es, los intereses particulares y no los generales de la ciudadana. Los oligopolios informativos privados se extienden por todo el planeta. Las principales industrias culturales estn en manos de gigantes transnacionales fruto de megafusiones como las protagonizadas, por ejemplo, por AOL-Time Warner o Viacom-CBS. Nuestro ocio les pertenece: la mayora de las pelculas que presenciamos, los discos que consumimos, los media que contemplamos y los libros que leemos son propiedad de un reducido grupo de multinacionales ajenas a todo tipo de control poltico o social.

La imbricacin entre los diferentes poderes es tan evidente que hasta la propia Madeleine Albright, siendo embajadora de los EEUU en la Naciones Unidas, reconoci en un alarde de sinceridad (Marthoz, 1999: 25) que la CNN era el sexto miembro permanente en el Consejo de Seguridad. Un asesor de la misma Albright, Tomas Friedman, fue incluso ms lejos en su confesin, cuando, en un artculo publicado en marzo de 1999 en el NewYork Times Magazine (Taibo, 2002:238), sostuvo que la mano invisible del mercado no funcionar jams sin un puo invisible. McDonalds no puede extenderse sin McDonnell Douglas, el fabricante del F-15. El puo invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologas de Silicon Valley es el ejrcito, la fuerza area, la fuerza naval y el cuerpo de marines de los Estados Unidos. Quizs pueda decirse ms alto, pero no ms claro. La OTAN es el brazo armado de la globalizacin neoliberal y Silicon Valley su particular Santo Grial. En el ao 2000 el sector de la informacin y las telecomunicaciones absorbi un sexto del Producto Interior Bruto de los EEUU.

En tales circunstancias, desde una perspectiva liberadora, resulta legtimo e inevitable preguntarse: existe algn resquicio para la esperanza?, es invencible el poder de los media ?, y, quizs lo ms importante, cmo puede articularse esa hipottica alternativa?

El modelo propuesto

En mi opinin, la experiencia comunicativas del movimiento zapatista, lo acontecido en el Estado espaol en el caso del 11-M, el ejemplo del golpe contra Hugo Chvez en Venezuela y la panoplia de webs alternativas de Internet evidencian que por encima de las cortapisas econmicas, legales e ideolgicas impuestas por el actual orden informativo mundial, es posible desarrollar otro modelo de comunicacin (OMC) crtico con el pensamiento neoliberal capaz de conseguir un amplio eco social y de alcanzar los objetivos propuestos.

El modelo de comunicacin aqu propuesto tiene su razn de ser en la democracia participativa. Se trata de un modelo pluridireccional por definicin que necesariamente cuestiona las funciones de todos y cada uno de los elementos que forman parte del proceso de comunicacin, desde el emisor hasta el receptor, pasando por el canal, el cdigo o la capacidad de feedback . En trminos de Mario Kapln (1998:13) diramos que nuestro objetivo es conseguir una comunicacin participativa, problematizadora, personalizante e interpelante . No olvidemos que comunicacin deriva de la voz latina communis , es decir, poner algo en comn con otro. Es la misma raz de comunidad, de comunin ; expresa algo que se comparte o se vive en comn (Kapln, 1998:60).

Podemos definir nuestro modelo como alternativo ?, quin lo define?, bajo qu autoridad y con qu principios?, alternativo hacia qu o hacia quin?, ese supuesto modelo alternativo es el mismo para Europa, EEUU, Japn, Africa, China o Cuba? Ante la magnitud de las dudas que se plantean, hemos optado por un trmino OMC ms amplio, indefinido si se quiere, pero capaz de aglutinar en su seno todas las expresiones crticas con el patrn comunicativo unidireccional y jerrquicoimperante en el planeta, independientemente de su contexto geopoltico. El cambio en la propiedad de los medios o la permuta de los contenidos no garantizan por s mismo la existencia de OMC. La inversin del signo es condicin imprescindible pero no nica para conseguir dichos objetivos. Existen multitud de mensajes formalmente revolucionarios en su contenido pero absolutamente reaccionarios en su estructura, cdigo o en los modelos narrativos utilizados, ya que aniquilan cualquier posibilidad de respuesta o interpretacin por parte del sujetoreceptor. Al igual que Pericles advirtiera hace casi 2.500 aos que resulta intil tener buenas ideas si luego no se saben transmitir, hoy Umberto Eco insiste en que es imposible decir cosas nuevas sin explorar nuevas formas de decirlo .

Elementos como la irona, la poesa, la utopa, la imaginacin o la ternura son despreciados por el modelo comunicativo actual. Sin tales recursos resulta imposible mejorar nuestra expresin, cultivar la argumentacin o activar la persuasin.

Asistimos a un espejismo de la imagen en el que a diario se coarta el sueo y se aniquila la Retrica, instrumento clave de cualquier proyecto comunicativo que aspire a ser liberador o transformador de la realidad. La propuesta de OMC hay necesariamente que entenderla en un sentido muy amplio. Estamos hablando de una accin bsica la comunicacin. que tiene que ver con la propia esencia del ser humano, una actividad que determina las actitudes sociales y condiciona las relaciones humanas.

Pensar y hablar de forma eficaz facilita la intervencin social. El dominio de la Retrica es fundamental para cualquier proyecto comunicativo que aspire a tener incidencia social. Tal y como sealan Hernndez Guerreo y Garca Tejera (2004:31) la Retrica, al igual que el resto de Ciencias Humanas y, sobre todo, como el resto de disciplinas del lenguaje, es inter y pluridisciplinar: est relacionada con y relaciona entre s otras asignaturas como la Gramtica, la Lingstica, la Dialctica, la Epistemologa. Es una asignatura nudo o gozne; se apoya y sirve de base a otras disciplinas como la Filosofa, la tica, la Lgica, la Historia, la Potica, la Sociologa y la Psicologa . Estamos hablando del punto de apoyo, de la palanca capaz de hacer mover todo el entramado de la comunicacin: la Retrica.

Junto al cultivo de esta disciplina, el proyecto de OMC descansa sobre otra premisa imprescindible: la formacin de un nuevo sujeto-receptor activo, alfabetizado mediticamente, es decir, capaz de utilizar, codificar, analizar y evaluar de forma crtica los diferentes medios de difusin prensa, radio, televisin, vdeo, ordenador, Internet a los que tiene acceso. Para lo cual es preciso que materias como la Educacin en Comunicacin o Educomunicacin se incluyan en los currculos de todas las etapas del proceso educativo. La propia Unesco determina (Snchez Noriega, 1997:432) que la Educomunicacin no es un aadido de carcter opcional o una especializacin voluntariosa, sino un elemento central que en el actual sistema educativo de los pases desarrollados se considera un transversal didctico necesario dentro de los currculos escolares.

Si realmente se quiere fortalecer OMC es imprescindible dotar al receptor de lo que Habermas denomin competencia comunicativa, para que as pueda efectivamente interactuar con el emisor. No se trata de un simple accesorio o de una condicin ocasional, sino de un requisito previo imprescindible para que exista autntica comunicacin. La eficacia del proceso depender adems de la capacidad emptica que tenga el emisor para ponerse en el lugar de quin recibe su mensaje, convirtindose el o ella a su vez tambin en receptor ( emirec ). Ello implica

una actitud humilde, de permanente disposicin a escuchar las crticas y a ejercer la autocrtica no complaciente. Las actitudes paternalistas o ex ctedra, tan abundantes en publicaciones o medios de izquierda, impiden la reflexin, coartan la imaginacin y entorpecen el dilogo.

Es posible llevar a cabo OMC sin tomar el poder? Pregunta recurrente en todos los foros sociales que han tenido lugar en el mundo desde Seattle hasta Bombay. No slo es posible sino que es deseable que as suceda. Una de las mximas ms certeras que han elaborado los movimientos altermundialistas invita descaradamente a ello: Dont hate the media, become the media . Cada persona lleva en su interior un potencial comunicativo enorme que debe ser explorado, cultivado y perfeccionado. Partidos y movimientos de izquierda utilizan a menudo cuantiosos recursos humanos y econmicos destinados a la creacin de diarios, revistas, emisoras de radio, incluso cadenas de TV, intentando competir con medios capitalistas. Dichos intentos loables y exitosos en ocasiones han concluido en muchos casos su andadura reproduciendo los mismos esquemas comunicativos de los medios capitalistas a quienes critican, sucumbiendo a sus propias contradicciones internas y/o vctimas del boicot de un mercado en el que no estn en disposicin de competir. No es muy congruente difundir mensajes liberadores con los signos del pensamiento dominante, ya que tal y como apunt Julio Cortzar (Kapln, 1998:160) nuestro vino nuevo necesita odres nuevos.

La propuesta de OMC que aqu se plantea no descarta evidentemente por su carcter abierto ninguna posibilidad, pero sintoniza ms con la filosofa esbozada por el subcomandante Marcos y el profesor John Holloway (2002) quienes sostienen que no es preciso tomar el poder para cambiar el mundo, como tampoco es imprescindible hacerse con el control meditico para poner en marcha OMC. Desde hace ms de un siglo en el seno de la izquierda existe un debate soterrado sobre si para conseguir la liberacin del ser humano es mejor la Reforma o la Revolucin.

Lo cierto es que ni la socialdemocracia, ni el denominado socialismo real han sido capaces de crear ese nuevo ser humano motor del cambio social. Lenin, Rosa Luxemburg, Trotsky, Gramsci, Mao y el propio Che Guevara prioritaron la toma del poder a la forja del nuevo sujeto en base al pragmatismo revolucionario que exiga el momento. Holloway (2002:34) sostiene, sin embargo, que no se puede cambiar el mundo por medio del Estado, ya que ese realismo es el realismo del poder y no puede hacer ms que reproducir el poder. Tampoco ofrece Holloway la receta maravillosa que nos ayude la bsqueda de soluciones concretas.

Proporciona, eso s, algunas pistas derivadas de la bsqueda de una dignidad personal que lejos de llevarnos en la direccin opuesta nos enfrenta totalmente con la urgencia de la revolucin (Holloway, 2002:36). Esa revolucin plantea una sociedad basada en el reconocimiento mutuo de la dignidad de las personas. Holloway insiste en que la nica manera en la que hoy puede imaginarse la revolucin es como la disolucin del poder, no como su conquista.

La propuesta de OMC aqu esbozada se plantea como parte de un proceso, que adems est sujeto a mltiples contradicciones. Pretende ser herramienta til, aparejo necesario para que el ser humano libere todo el potencial comunicativo que lleva en su interior.

Conclusin

A pesar del adverso panorama que ofrece el actual orden informativo mundial, OMC no slo es posible sino que es absolutamente necesario para que germine una cultura altermundialista en todo el planeta. El modelo propuesto cuestiona las funciones de todos y cada uno de los elementos que forman parte del proceso de comunicacin, desde el emisor hasta el receptor, pasando por el canal, el cdigo o la capacidad de feedback. La propuesta obliga al emisor a renunciar a su funcin hegemnica dentro del proceso explorando al mximo su capacidad emptica hacia el receptor. Ello exige una actitud humilde y abierta a la crtica.

Todo ello requiere la puesta en marcha de una nueva Pedagoga de la Comunicacin que sea capaz de incrementar la competencia comunicativa del receptor hasta convertirlo en sujeto capaz de utilizar, codificar, analizar y evaluar de forma crtica los diferentes medios de comunicacin. En la bsqueda de ese OMC, la Retrica prctica adquiere un papel protagnico. Pensar y hablar de forma eficaz facilita la intervencin social. Todo ello exige un importante esfuerzo por adaptarse a las nuevos tiempos. Las nuevas tecnologas ayudan a la articulacin de ese objetivo. Se trata, sin embargo, de un aliado cuya aportacin debe ser valorada crticamente. La mitificada Sociedad de la Informacin, lejos de reducir, ha incrementado la brecha que separa a pases infopobres e inforicos . En cualquier caso, el desarrollo de OMC es una tarea inaplazable. Las experiencias prcticas analizadas en el presente artculo demuestran que ese modelo existe, que es real, y que se ha dado desde abajo hacia arriba y no al revs. Esa ha sido, precisamente, su mejor garanta de credibilidad.

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Txema Ramrez de la Piscina, profesor de la EHU-UPV



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