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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2006

El Pas presta su espacio a las tesis promarroques pero no a quienes las critican
Shara: lagunas de informacin o ro de desinformacin

Gonzalo Moure, Ana Rossetti, Ricardo Gmez
Rebelin


Nada ms leer el artculo de Bernab Lpez Garca en las pginas de El Pas, acusando a todos de discriminar a los saharauis, de apoyar slo a los saharauis de los campamentos de refugiados y olvidar a los de los territorios ocupados, pensamos en escribir un artculo de respuesta y en enviarlo a El Pas para su publicacin. Lo hicimos con urgencia. Pero no fue publicado. Es sin duda revelador que El Pas difunda un artculo con una acusacin tan grave e injusta, y que despus no tenga el coraje de acoger en sus pginas ni siquiera una carta al director de las muchas que, nos consta, se han enviado. No publicaron el artculo de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Shara, ni tampoco ste, lo cual viene a confirmar la intencin del diario: preparar el terreno a Marruecos, que se dispone a presentar ante la ONU su ensimo proyecto de autonoma, eludiendo todas las resoluciones de la ONU. Y apoyar la posicin del gobierno espaol que se abstuvo en la ltima votacin de la ONU sobre el innegable derecho saharaui a la autodeterminacin. As, las cosas estn claras. Una vez ms, asumimos el papel de David contra Goliath, y tampoco olvidamos el final de la leyenda bblica. Que no lo olviden tampoco ellos.

Escritores por el Shara
Gonzalo Moure, Ana Rossetti, Ricardo Gmez

Shara: lagunas de informacin, o ro de desinformacin

Igual que el mar no cabe en una botella, la autonoma no cabe en un estado ausente de derecho. En su reciente artculo, sospechosamente escrito -y no menos sospechosamente publicado por El Pas (Domingo 17 de diciembre)- en favor de una autonoma para el Shara Occidental en el seno de Marruecos, justo cuando el reino alau va a presentar su plan ad hoc ante la ONU, el profesor Lpez Garca incurre en contradicciones tan grandes que cualquiera puede sospechar que ha incurrido en ellas a sabiendas de que incurra en ellas. La mayor es la ya citada, y que fue refutada en su da en las mismas pginas de El Pas por el intelectual marroqu Abdelatif Laabi, en el artculo titulado Marruecos enfermo de Shara, en el que defenda la teora del crculo vicioso: no es posible la autonoma sin democracia, y no es posible la democracia sin (derecho a la) autodeterminacin.

Sabe el profesor Lpez Garca que desde Escritores por el Shara ofrecimos una posible mesa de encuentro entre intelectuales saharauis, marroques y espaoles, a celebrar en Marruecos, Tinduf y Espaa, sin restriccin de puntos de vista. Y sabe que fueron los intelectuales marroques quienes no aceptaron sentarse en la misma mesa que sus colegas saharauis; su punto de vista era tan unnime que resultaba excluyente.

Pretender que el apoyo a la autodeterminacin de los saharauis es una actitud sectaria de la izquierda espaola es, sencillamente, ignorar la realidad: la autodeterminacin del Shara es un asunto sobre el que no hay diferencias en ningn partido del arco parlamentario ni en la sociedad espaola, sin distincin entre derechas e izquierdas. El nico agujero (negro) de esa infrecuente unanimidad es la posicin de los sucesivos gobiernos: ni el centrista, ni los del PSOE, ni los del PP, han escuchado la demanda unnime de sus propios Parlamentos e incluso de su propia militancia, y a saber por qu oscuras razones porque nunca han sabido explicarlo. La fuente est ms a mano del profesor Lpez Garca que de la nuestra: la encuesta del Instituto Elcano sobre la opinin de los espaoles acerca el origen del conflicto saharaui.

No hay que buscar explicaciones abstrusas acerca del presunto cambio de nuestras izquierdas. Los hechos son incontrovertibles y se resumen en dos. Uno: la ocupacin del Shara Occidental fue un acto ilegtimo. Dos: el Frente Polisario es quien representa los derechos del pueblo ocupado, y as lo aceptan tanto la Unin Europea como la ONU cuando admiten que sus representantes hablen en sus tribunas. (Por qu ser que los exegetas de las soluciones pro-marroques siempre olvidan citar las resoluciones del Tribunal de La Haya, de Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales...?)

El artculo pone el dedo en muchas llagas abiertas desde hace dcadas, pero la retira apenas el diagnstico y la solucin orientan hacia la nica solucin posible. Habla de que el CORCAS sufre condiciones poco democrticas en su creacin y una naturaleza arcaizante pero no se sabe en virtud de qu afirma que ese organismo debera dar lugar a un proyecto de autogobierno. Habla de la necesidad de que los saharauis de all y de all se encuentren, ignorando (ignorando?) que el rgimen marroqu desecha cualquier posibilidad de encuentro entre saharauis que no estn sometidos a su estrecho marco poltico. Habla de que Marruecos debera reconocer el error y el horror de sus mtodos de entrada en el territorio, pero ni exige del pas invasor una retirada de los territorios ocupados ni cuestiona el derecho a que las tropas de ese pas permanezcan un da ms administrando ese territorio. Imaginemos por un instante que alguien abogara, hace sesenta aos, por un acuerdo dialogado entre el rgimen colaboracionista de Vichy y la resistencia francesa a la ocupacin nazi, legitimando el primero y acusando a la segunda de dogmatismo... No es muy diferente la tesis del profesor Lpez Garca, cuando insta a la saharauizacin de la solucin.

Pero donde el artculo del profesor Lpez Garca roza el disparate es en el tema de la ayuda: pretender que la ayuda espaola pueda llegar hasta los saharauis de las zonas ocupadas pasando por la administracin marroqu, sabiendo lo que est haciendo la polica marroqu con la poblacin autctona, con torturas, muertes, detenciones arbitrarias, palizas, saqueos y juicios radicalmente desautorizados por el Consejo General de la Abogaca espaol, es algo imposible de aceptar. Sabe Bernab Lpez Garca que el Instituto Cervantes se ha negado sistemticamente a requerimientos varios para que abra delegaciones en los campamentos de Tinduf, as como en los territorios ocupados. Razn (textual): hacemos lo que nos manda el Ministerio de Exteriores. Sabe Bernab Lpez Garca que ante la inaccin de nuestro gobierno y de todos sus departamentos inferiores (incluido el Instituto Averroes), ha tenido que ser el Gobierno Vasco! el que emprenda la iniciativa de llevar un blibliobs, con libros en castellano, a los campamentos de Tinduf. Sabe tambin que la enseanza del espaol es clandestina en los territorios ocupados. Sabe tanto el profesor Lpez Garca que asombra que aparente saber tan poco!

No es cierto que los movimientos de solidaridad espaola hayan creado dos categoras de saharauis, los nuestros y los otros. Tampoco lo es que los saharauis de los territorios ocupados hayan sido dejados a merced de las inversiones aleatorias de Marruecos. Respecto de lo primero, tanto los movimientos solidarios como las resoluciones de la Comunidad Internacional abogan por la nica solucin posible: el referndum de autodeterminacin, en el que puedan votar los saharauis censados de uno y otro lado. En relacin con lo segundo, la reaccin de Marruecos debe de ser de autntica frustracin, porque a pesar de treinta aos de ocupacin, a pesar de tres dcadas de subvenciones y apoyos econmicos (que para s quisieran otras regiones marroques atrasadas) no han logrado doblegar las ansias independentistas de buena parte de la poblacin, como estamos comprobando con la llamada intifada saharaui. Y es que no hay "saharauis de aqu y de all", sino un pueblo saharaui que resiste pacficamente por una misma causa, bajo ocupacin o en el exilio.

Por ltimo, pero tal vez por delante de todo: se le ha olvidado al profesor Lpez Garca el gran nmero de delegaciones parlamentarias espaolas que han intentado llegar hasta El Aaiun ocupado, siendo rechazados sistemticamente por la polica marroqu. No viajaban all, desde luego, ni por dogmatismo ni por exclusin. Es la amnesia la que le hace, pues, usar palabras como dogmatismo o excluyente para calificar la solidaridad espaola con los refugiados? Seguramente s. Preferimos pensar que son lagunas de informacin, en vez de pensar que el suyo es un ro de desinformacin: al dictado.



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