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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2006

La Bestia de Bagdad en el patbulo

Robert Fisk
La Jornada


Saddam Hussein a la horca. Es una ecuacin sencilla. Quin podra ser ms merecedor de dar sus ltimos pasos en el patbulo y de que se le rompa el cuello al final de una cuerda que la Bestia de Bagdad , el Hitler del Tigris , el hombre que asesin a cientos de miles de iraques inocentes rociando armas qumicas sobre sus enemigos?

Dentro de unas horas nuestros amos nos dirn que ste es un "gran da" para los iraques y que esperan que el mundo musulmn olvide que la sentencia de muerte fue firmada por el "gobierno iraqu", pero claramente por rdenes de los estadunidenses, el mismo da del Eid al Adha, la fiesta del sacrificio, en que se celebra el perdn en todo el mundo rabe.

Pero la historia registrar que los rabes y otros musulmanes, al igual que muchos en Occidente, se harn este fin de semana una pregunta que no aparecer en diarios occidentales porque no pertenece al discurso que nos han impuesto nuestros presidentes y primeros ministros Y qu pasar con los otros culpables?

No, Tony Blair no es Saddam. Nosotros no arrojamos gases a nuestros enemigos. George W. Bush no es Saddam. El no invadi Irn ni Kuwait. Slo invadi Irak. Pero cientos de miles de civiles iraques estn muertos y miles de tropas occidentales han muerto, porque los seores Bush, Blair, y los gobernantes de Espaa, Italia y Australia, fueron a la guerra en 2003 envueltos en una bazofia de mentiras y mendacidad, lo cual, dadas las armas que usamos, result en una inmensa brutalidad.

En el caos que sigui a los crmenes internacionales contra la humanidad de 2001 hemos torturado, agredido brutalmente y asesinado a inocentes. A la infame prisin de Abu Ghraib de Saddam Hussein le aadimos nuestra propia infamia. Y con todo, se supone que debemos olvidar estos crmenes terribles y aplaudir cuando se columpie el cadver del dictador que nosotros mismos creamos.

Quin alent a Saddam a invadir Irn en 1980, en lo que fue uno de los peores crmenes de guerra jams cometidos, dado que esto fue lo que llev a la muerte a milln y medio de almas? Quin le vendi los componentes para fabricar las armas qumicas con las que empap a Irn y a los kurdos? Fuimos nosotros.

No es de extraar que los estadunidenses, quienes controlaron el peculiar juicio, prohibieron que se mencionara sta, su peor atrocidad, durante el proceso. Era posible que Hussein fuera entregado a los iranes para que ellos lo juzgaran por sus masivos crmenes de guerra? Claro que no, porque eso expondra nuestra culpabilidad.

Y nuestros asesinatos perpetrados en 2003 con nuestras bombas de uranio empobrecido, nuestras bombas "destruye bnkers ", nuestro fsforo, nuestros sanguinarios sitios en torno de Fallujah y Najaf. Y luego, tras la invasin, el infernal desastre de anarqua que desencadenamos sobre la poblacin iraqu despus de nuestra "victoria" y nuestra "misin cumplida", a quin se va a encontrar culpable por esto? Tendremos que esperar que salgan las eglatras memorias de Bush y Blair, que sern escritas, con toda seguridad, desde un cmodo y prspero retiro, para hallar un leve remordimiento o intento de expiacin por estos hechos.

Horas despus de que se dictara la condena a muerte contra Saddam Hussein, su familia su primera esposa, Sajida, su hija y otros parientes haban abandonado toda esperanza. "Lo que se poda hacer ya se hizo, slo podemos esperar que todo siga su curso", me dijo uno de sus parientes, la noche del viernes.

Pero Saddam ya lo saba, l mismo proclam su "martirio", afirm que an es presidente de Irak y que morir por su pas. Todos los hombres condenados enfrentan una disyuntiva: morir implorando clemencia o morir con la dignidad que puedan reunir en sus ltimas horas de vida.

Durante su ltima aparicin ante el tribunal, una sonrisa raqutica se extendi por el rostro del asesino en masa, y sta nos mostr, desde entonces, la forma que Saddam ha elegido para caminar hasta la horca.

He documentado sus monstruosos crmenes durante aos. He hablado con los sobrevivientes kurdos de Halabja, y con los chitas que se levantaron contra el dictador a peticin nuestra, en 1991, y que abandonamos a su suerte. Decenas de miles de ellos, junto con sus esposas, fueron colgados como animales de caza por los verdugos de Saddam.

Recorr una cmara de ejecucin, slo meses despus de que se descubri que nosotros usamos la misma prisin para torturar y matar, y he visto a los iraques desenterrar a miles de parientes muertos de las fosas comunes de Hilla. Uno de estos cadveres tena una prtesis de cadera recin implantada y la identificacin del hospital todava colgaba del brazo. Lo llevaron del hospital directamente a su lugar de ejecucin. Al igual que lo hizo Donald Rumsfeld, tuve la oportunidad de estrechar la suave y hmeda mano del dictador. Y con todo, el viejo criminal de guerra termin sus das en el poder escribiendo novelas romnticas.

Fue mi colega Tom Friedman quien hoy es un mesinico columnista del diario The New York Time s quien describi perfectamente el carcter de Saddam poco antes de la invasin de 2003: "mitad don Corleone y mitad Pato Donald". Con esta definicin nica, Friedman captur el horror que tienen en comn todos los dictadores, su atraccin hacia el sadismo, su naturaleza grotesca e inverosmil, adems de su brutalidad.

Pero no es as como el mundo rabe lo percibir. Al principio, los que sufrieron la crueldad de Saddam darn la bienvenida a su ejecucin. Cientos quieren ser el verdugo que jale la palanca que abrir la trampa de la horca a travs de la cual caer el ex gobernante iraqu.

Muchos kurdos y chitas fuera de Irak celebrarn su fin. Pero tanto ellos como millones de otros musulmanes recordarn cmo se le inform que su ejecucin sera en la madrugada de la fiesta de Eid al Adha, en la que se recuerda el sacrificio que casi ejecut Abraham contra su hijo; una fiesta que incluso el horrendo Saddam conmemoraba, cnicamente, liberando a presos de las crceles.

Puede ser que Saddam Hussein haya sido "entregado a las autoridades iraques" justo antes de morir, pero su ejecucin ser percibida correctamente como obra de Estados Unidos y el tiempo se encargar de darle a este hecho un ltimo barniz duradero, pues nada evitar que quede la impresin de que Occidente destruy a un lder rabe cuando ste se neg a seguir obedeciendo las rdenes de Washington y que, a pesar de todas sus atrocidades, falleci como un mrtir a manos de los nuevos cruzados. De eso se encargarn algunos historiadores rabes que aprovecharn el hecho de que Hussein no haya sido juzgado por todos sus crmenes.

Despus de que Saddam fue capturado, en noviembre de 2003, se increment la ferocidad con que la insurgencia atacaba a las tropas estadunidenses. Despus de su muerte, de nuevo se redoblar esta intensidad. Liberados ya de la remota posibilidad de que se le conmutara la sentencia, los enemigos de Occidente no tienen razn para temer el regreso del rgimen del partido Baaz. Nada ms tomen en cuenta que Osama Bin Laden se regocijar por la ejecucin tanto como Bush y Blair. Se han vengado ya tantos crmenes, y an as, nosotros nos hemos escapado de la justicia.

The Independent

Traduccin: Gabriela Fonseca



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