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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2007

El debate sobre la locura inmobiliaria ha estallado, y ya no se frenar

Ramn Fernndez Durn
Kaosenlared


Hace un ao aproximadamente la fiebre urbanstica y el desmadre de cementacin del territorio estaban en su mximo apogeo, pero apenas haba debate poltico y social al respecto.

Hace un ao aproximadamente la fiebre urbanstica y el desmadre de cementacin del territorio estaban en su mximo apogeo, pero apenas haba debate poltico y social al respecto. Despus de cinco aos de verdadero desquicie inmobiliario, el llamado quinquenio de la euforia[2], se haban ido desarrollando distintos procesos locales de resistencia al Tsunami urbanizador espaol, principalmente las denominadas plataformas por la defensa del territorio, pero su incidencia en la esfera y el debate pblico se circunscriba, en todo caso, al mbito local. Pareca imposible romper la espiral del silencio con que los grandes medios protegan los fortsimos intereses econmicos y financieros que impulsan y se benefician del Tsunami. La sociedad espaola asista complaciente a un fenmeno que beneficia a una parte sustancial del cuerpo social, en torno a un 20-30%, los sectores propietarios de ms de una vivienda, que vean revalorizarse sus patrimonios, y a los capitales internacionales, mientras que est significando un verdadero terremoto social en la estructura de rentas para el resto, pues ms de un 40% de la poblacin espaola est fuertemente endeudada con hipotecas. Y ms de un 30% de ella ni siquiera tiene capacidad para endeudarse con el fin de acceder a una vivienda, al tiempo que el mercado de alquiler se ha convertido en una salida minoritaria, tan solo posible para los sectores de mayor poder adquisitivo. La poblacin ms joven, o emigrante, con trabajos crecientemente precarios, va quedando cada vez ms al margen del mercado, o de poder satisfacer de una manera mnimamente digna sus necesidades habitacionales. Cada vez pues ms viviendas, y cada vez peor alojados, teniendo que destinar una cada da mayor cantidad de las rentas salariales a la vivienda.

Espaa se ha convertido en la cumbre de la burbuja inmobiliaria mundial, durante el periodo 1998-2005, segn la OCDE, y en el pas de la UE con ms viviendas por mil habitantes, con ms viviendas vacas (ms de tres millones), y con ms viviendas secundarias (una cifra an mayor). La construccin de segundas residencias est orientada en una importante medida a la demanda externa de alto poder adquisitivo de los pases ricos, principalmente comunitarios. Tanto de los que deciden retirarse a Espaaa pasar los ltimos aos de su vida, ms de un milln ya (la Florida europea), como a los que vienen a comprarse su segunda, tercera o cuarta residencia, especialmente en los lugares ms privilegiados y clidos de la geografa espaola. Y a ello se ha sumado una demanda adicional de fondos de inversin, de pensiones e inmobiliarios, y un ms que abundante dinero negro nacional e internacional, ante las perspectivas de revalorizacin y las posibilidades de lavado en el sector inmobiliario, todo ello incentivado por la ley urbanstica de 1998 del PP, la ley del todo urbanizable. Una entrada pues en tromba del capital nacional y especialmente extranjero (lcito o criminal), que acuda al sector urbanstico espaol ante la fuerte subida de los precios de los productos inmobiliarios, de primera y segunda residencia. Y en el caso de esta ltima se ha producido un verdadero estallido de nuevas macrourbanizaciones de muy baja densidad, con campo de golf aparejados, que han servido para revalorizar la vivienda vacacional como producto de inversin. Se vayan o no a utilizar las viviendas, y se vaya o no a jugar al golf. Ms de quinientos campos de golfo inundan ya nuestro territorio, y otro nmero similar se apresta para hacerlo en breve (aunque no parece que lo vayan a lograr los que los promueven, como veremos). El enorme impacto territorial y ambiental de toda esta sin razn es fcil de adivinar, mxime porque la explosin inmobiliario-constructora ha tenido lugar especialmente en aquella parte del territorio espaol con ms escasez en recursos hdricos: archipilagos, arco mediterrneo, y mitad Sur de la Pennsula Ibrica.

Pero la maquina inmobiliaria-constructora (y destructora) no slo se ha desarrollado en esos espacios privilegiados, sino que ha alcanzado a todo el sistema de ciudades espaol, en especial a las grandes metrpolis, y muy en concreto a Madrid (la regin metropolitana europea que ms ha crecido en los ltimos aos), y tambin a gran parte de los pequeos ncleos a travs del turismo rural, as como a la cornisa cantbrica y a la fachada atlntica gallega, e igualmente se ha proyectado hacia numerosos enclaves de montaa de gran valor paisajstico, turstico y deportivo (reas de ski). El cemento para nada tiene mal de altura. Lo cual ha quedado tambin claro por la irrupcin de megaconstrucciones de oficinas en las principales metrpolis, que se alzan desafiantes hacia el cielo, rompiendo con los anteriores sky lines mas mesurados. Todo ello se ha visto incentivado por una abundantsima construccin de infraestructura de transporte (autopistas, aves, metros subterrneos y en superficie, ampliacin y construccin de nuevos aeropuertos, creacin de superpuertos y de un sinnmero de puertos deportivos, etc.), as como por la proliferacin de reas logsticas en los espacios urbano-metropolitanos. Y estas infraestructuras han posibilitado un nueva expansin, sin precedentes, de la lengua de lava urbano-metropolitana, que est arrasando con nuestro paisaje natural y cultural de siglos, as como con terrenos de importante valor agrcola. Un crecimiento en mancha de aceite, y ahora tambin a saltos, en forma de piel de leopardo, con predominio del chalet adosado y viviendas unifamiliares, sazonado tambin por una proliferacin de centros comerciales por doquier. Un modelo irracional basado en la construccin y el consumo, de gran impacto ecolgico, pero que por el momento genera empleo y doblega conciencias. Espaa estaba siendo engullida por el cemento, pero pareca que nadie se enteraba, o que mucha gente asenta, y que nadie deca nada. Las voluntades polticas locales y regionales estaban siendo compradas por el enorme poder corruptor del dinero, mientras que toda Espaa se estaba convirtiendo en una inmensa Marbella, y la cultura de la especulacin penetraba en gran parte del cuerpo social. Eso era as hasta hace un ao, aproximadamente. Pero de repente todo ha estallado. Cmo ha ocurrido y qu pasar?

Ya a lo largo del ao pasado, se empez a articular de una manera efectiva una considerable protesta social ciudadana, de un contenido muy plural, en muchas zonas del territorio (principalmente en el Pas Valenciano, Murcia, muchas zonas de Andaluca, y en numerosos enclaves de los archipilagos). Bajo el lema del No se vende la protesta social intentaba la defensa del territorio, ante el avance imparable del Tsunami. Pero a pesar de todo su eficacia pareca limitada, si bien este movimiento estaba sentando las bases para una resistencia ms efectiva posterior, a travs de una mayor repercusin social. Y quizs uno de los puntos de inflexin del estallido del debate pblico en torno a este tema fuera la irrupcin en escena de la Operacin Malaya. Un juez sensible se atreva a poner entre rejas a toda una corporacin municipal, la de Marbella, destapando una corrupcin urbanstica poltica y un enriquecimiento privado sin parangn, y el Estado se vea obligado a intervenir disolviendo el gobierno del ayuntamiento. El escndalo explota, ocupando primeras pginas en los peridicos, y el debate llega (distorsionado, por supuesto) hasta a los programas del corazn de las cadenas de televisin. En paralelo tambin se empiezan a organizar de forma muy espontnea movilizaciones de sectores juveniles por una vivienda digna en las principales metrpolis, que llegan a adquirir tambin una gran visibilidad meditica. Mientras tanto las condiciones de contorno que haban posibilitado la irrupcin del Tsunami urbanizador empiezan a cambiar: paulatina subida de los tipos de inters, fuerte alza del precio del petrleo, y cierta ralentizacin de la entrada de capitales forneos, al tiempo que el encarecimiento de las hipotecas empieza a hacer que aflore el enorme malestar social acumulado, hasta entonces invisible e inaudible. Y ante el clamor social en aumento, desde el gobierno se empieza a modificar tambin, dentro de un orden, el marco legal e institucional que haba sido una de las causas principales de todo este dislate.

A partir de ese momento, vamos a asistir a un rosario de estallidos de escndalos urbansticos, una verdadera masclet que atraviesa toda la geografa espaola de Norte a Sur, y de Este a Oeste, incluyendo por supuesto los archipilagos. No hay da que no nos desayunemos, en este ltimo periodo, con un nuevo escndalo poltico y el pelotazo especulativo subsiguiente. Y tambin tiene lugar una explosin paralela del debate poltico-social en torno a esta locura urbanstica que pareca que haba atontado y amordazado a la poblacin en su conjunto. Ambos procesos se realimentan mutuamente, alentando la movilizacin ciudadana. Y todo ello se ve incentivado tambin por un rifirrafe poltico en que los principales partidos utilizan, o se ven obligados a usar, como arma arrojadiza, los escndalos urbansticos entrando en una dinmica del y t ms. Lo cual ceba an ms la proyeccin meditica y social de los escndalos, y hace que el debate ciudadano en torno a esta cuestin pase al primersimo plano de la actualidad poltica, a pesar de todo el ruido de fondo del debate antiterrorista en torno al llamado proceso de paz del pas vasco propiciado por el PP. Y es de suponer que de aqu a las elecciones municipales de mayo del ao que viene el debate poltico-social en torno a esta cuestin no haga sino acentuarse. Ante este estado de cosas la Federacin Espaola de Municipios se ha visto obligada a saltar a la arena pblica para decir que no todos los ayuntamientos estn salpicados por la corrupcin urbanstica.

En los prximos meses esta dinmica es seguro que se profundice adems porque el marco que propici todo este desmadre va a seguir cambiando an ms: por las subidas de tipos de inters previstas en el prximo horizonte, por el probable encarecimiento de los precios del petrleo (entrada en el escenario del pico del petrleo, y todo lo que ello supone[3]), lo que puede endurecer adicionalmente la poltica monetaria, por el estallido de la burbuja inmobiliaria mundial que todo ello comportar (ya ha empezado en EEUU, lo que tendr consecuencias globales) y porque el capital forneo parece que se est retirando ya claramente de los destinos urbansticos en el territorio espaol. Una razn es porque la evolucin de los precios, y de las revalorizaciones por consiguiente, haba empezado ya a flexionar en su subida claramente en el ltimo ao. Pero otra importante razn tambin es que el capital es muy temeroso ante el creciente clima de movilizacin social, presin meditica, e intervensionismo institucional consiguiente. La poca de que lo imposible era posible, es decir la transformacin urbanstica de cualquier espacio a cualquier precio, parece que ha tocado a su fin. Y ya se resienten claramente los principales artfices de la cultura del pelotazo. El pocero incentiva a los trabajadores de su macrourbanizacin a manifestarse ante el alcalde de Sesea, para la levantar la paralizacin de la actuacin, y se querella contra l por el quebranto econmico que est sufriendo. Se ha frenado en seco la venta de pisos en su nueva ciudad, y no sabe cmo va a hacer frente a la montaa de crditos que ha contrado. Los promotores protestan porque al tirar de la manta de los escndalos se puede ir al garete el negocio inmobiliario. En mi opinin la burbuja inmobiliaria ha empezado ha estallar, aunque por el momento tan solo estemos en una importante inflexin del Tsunami.

Ante todo este panorama, la movilizacin ciudadana se organiza y promete ir in crescendo en los prximos meses. Es ms, se est promoviendo una confluencia de las movilizaciones por la defensa del territorio con las manifestaciones por una vivienda digna, y ambas pretenden converger en Madrid, despus de un proceso de movilizacin y concienciacin social local y regional, para principios de mayo del ao que viene, poco antes de la cita electoral, para obligar al poder poltico a dar una respuesta ante este estado de cosas, pero sin esperar gran cosa de l. Es ms toda esta marea ser un elemento ms en la deslegitimacin adicional del mismo, que lleva aos producindose. En definitiva, solo desde la movilizacin y concienciacin ciudadana ser posible frenar este estado de cosas, y solo as tambin se podr reorientar, a travs de complejos procesos moleculares desde abajo, el desastre territorial que nos ha legado estos ltimos aos de tsunami urbanizador. Este libro al que este texto sirve como prlogo es una muy buena muestra de la diversidad de dinmicas de resistencia ciudadana a todo este desastre, que es preciso que frenemos entre todos cuanto antes, para poder enderezar nuestro futuro.

* Ramn Fernndez Durn es miembro de Ecologistas en Accin

PD: El 23 de diciembre han salido a la calle, en ms de veinte ciudades del Estado, miles de personas denunciando la creciente precarizacin de la vida y el derecho a una vivienda digna, lo que ha tenido una considerable repercusin poltica y social. Como se ha apuntado en el texto, es de prever que la movilizacin social contine en aumento de aqu al mes de mayo.


[1] Este texto saldr publicado como prlogo del libro: Paisajes amenazados de la provincia de Mlaga, impulsado por la coordinadora Mlaga no se vende.

[2] Las causas y consecuencias de la explosin inmobiliaria las he intentado analizar de forma ms detallada en un texto recientemente publicado: El tsunami urbanizador espaol y mundial (Virus, 2006)

[3] Ver mi artculo El inicio del fin de la era de los combustibles fsiles (www.nodo50.org)



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