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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2007

Pas Vasco: la paz lejana

Luis Hernndez Navarro
La Jornada


El bombazo del pasado 30 de diciembre en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, no slo destruy un estacionamiento de cinco pisos, sino que hizo volar por los aires el proceso de dilogo entre el gobierno espaol y ETA. De inmediato, el presidente del gobierno, Jos Luis Rodrguez Zapatero, anunci su suspensin, al considerar que era absolutamente incompatible con el alto al fuego permanente decretado por la organizacin separatista vasca el 22 de marzo.

El Estado espaol regresa as a un clima de violencia e incertidumbre que desapareci durante nueve meses. Apenas seis aos despus de la ruptura de la tregua indefinida de 1998, un nuevo cese de hostilidades violentas se esfum.

Lo cierto es que, antes de que ETA detonara esta bomba, el dilogo se encontraba estancado. El pasado 17 de agosto, el peridico Gara , public un comunicado en el que la organizacin separatista indicaba que, a cinco meses de haber declarado unilateralmente el alto al fuego, el proceso "estaba inmerso en una crisis evidente".

Apenas a mediados de diciembre se efectu una reunin entre tres representantes del gobierno espaol y dos de ETA. La organizacin independentista objet el incumplimiento gubernamental de los compromisos previos a la declaracin del alto al fuego. Reproch las trabas que la izquierda abertzale tiene para hacer poltica legal, la actitud de varios jueces en relacin a integrantes de ETA y Batasuna y nuevas detenciones. El gobierno cuestion el resurgimiento de la violencia callejera y el robo de 350 armas de una armera francesa. Qued en el aire el futuro de casi 500 separatistas presos, muchos de ellos en crceles muy lejos de donde viven sus familiares.

Los nueve meses de alto al fuego transcurrieron entre continuos pulsos. Apenas cinco meses despus de iniciado pareca ya encontrarse en un callejn sin salida. El gobierno socialista, amarrado por sus sectores menores proclives a una negociacin, la presin del Partido Popular y su propia indecisin, se neg a dar pasos hacia delante. El grave peligro que este impasse representaba para el proceso fue claramente advertido por distintas personalidades involucradas en la negociacin de procesos de paz en Sudfrica e Irlanda del Norte.

ETA dista mucho de haber sido derrotada. Desde hace muchos aos, ha mostrado enorme talento para reponerse de los golpes represivos. Su capacidad para renovar sus mandos es notable. Tiene indudables simpatas y apoyos en una parte de la sociedad vasca, que puede llegar hasta 10 por ciento del electorado. Cuenta con nuevos comandos integrados por jvenes no fichados, financiamiento, equipo logstico, automviles, placas de automvil, documentos de identidad y equipo para falsificarlos, y armamento. Segn el diario El Pas (31 de diciembre de 2006), "Pars atribuye a ETA plena capacidad operativa". No hay, pues, a corto y mediano plazos, posibilidad de derrotar a la organizacin separatista con acciones policiales.

Aunque Batasuna ha declarado que el proceso no est roto y que es necesario estabilizarlo, es difcil suponer que as ser. Reconstruir en el corto plazo las relaciones que lo hagan factible va a ser muy complicado. Ciertamente, cabe la posibilidad de que el bombazo no implique desde la lgica de ETA la ruptura definitiva de la tregua, sino un drstico aviso de que el tiempo se est acabando. Sin embargo, ser muy difcil que desde el clima de animadversin creado por la accin terrorista, haya condiciones para la reanudacin del proceso.

El fin del dilogo representar el inicio de una nueva etapa de crispacin poltica. La derecha espaola, tan cercana anmicamente a la mexicana, ha hecho de la cuestin vasca, una herramienta formidable para fortalecerse. Durante aos, el terrorismo vasco le ha venido como anillo al dedo para poner en marcha una poltica de miedo, que inhibe el despliegue de acciones progresistas y hace muy difcil el desenvolvimiento del pensamiento crtico.

Los procesos de dilogo entre gobiernos y movimientos armados no anulan los conflictos, pero crean un terreno distinto para que se expresen. La mutacin del espacio militar al poltico no puede lograrse sin concesiones de ambas partes. La renuncia de una organizacin a la accin armada slo puede provenir de la conviccin de que para la obtencin de sus objetivos es mucho ms costoso seguir por esa va que inscribirse en una apuesta claramente poltica. Cuando, sin estar derrotada, se pretende que se inserte en el mundo institucional sin obtener nada a cambio, en los hechos se le est diciendo: rndete. Pareciera ser que eso es lo que se quiso hacer con los separatistas.

El gobierno de Rodrguez Zapatero logr que ETA decretara un cese el fuego y se sentara a dialogar. Mantuvo durante los primeros meses su disposicin a encontrar una salida negociada, a pesar de todos los intentos de sabotear el proceso provenientes de la clase poltica. Consigui, pues, lo ms difcil, pero perdi el impulso negociador original y la iniciativa, negndose a hacer un solo gesto en favor de la distensin.

El reinicio de la violencia terrorista en Espaa es una mala noticia para todos los que apuestan a cambiar el mundo de manera pacfica. Criminalizar la disidencia poltica y social ser ahora ms fcil de lo que ya es. La paz parece haber perdido una gran posibilidad.



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