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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2007

Conflicto moral

Javier Sdaba
Gara



Hace escasos das, me toc estar, como miembro del tribunal, en unas oposiciones a ctedra de universidad. La disciplina, conviene sealarlo, era la Etica. Una de las concursantes aludi, en su exposicin y de pasada, al conflicto entre el deber de proteger la integridad de una persona y el derecho de sta a su autonoma. En el turno de preguntas, le ped que aplicara lo que haba expuesto al caso De Juana Chaos. Y que lo hiciera desde una perspectiva moral. La respuesta, como era de esperar, consisti en una mezcla de silencios y evasivas. Tanto ella como el resto de colegas del tribunal miraron para otro sitio. O, para ser ms exacto, se asustaron. El miedo, en la vida acadmica, suele ser superior a la ignorancia, por grande que sta sea. Y, a buen seguro, que lo es.

Es cierto que en libros, artculos ms o menos especializados e, incluso, en diarios se discute sobre el problema citado cuando topamos con situaciones que requieren una toma de postura al respecto. As, hace dos dcadas aproximadamente, varios presos del IRA murieron en huelga de hambre ante la indiferencia de la entonces primera ministra M. Thatcher. En cualquier caso, los ecos traspasaron el Reino Unido. Ms cerca en el tiempo, en 1994, un nio de nombre Marcos Alegre muri de una leucemia en Zaragoza despus de que l y sus padres, pertenecientes a los Testigos de Jehov, se negaron a que se le practicara una transfusin de sangre. Los padres, por cierto, fueron condenados a una pena no muy alta. Este caso suele aparecer en libros de biotica como test para medir el alcance de los deberes y derechos mentados. Y ya en nuestros das, a propsito de De Juana Chaos, se ha vuelto a suscitar el problema. Pero casi siempre alrededor de interpretaciones de los textos jurdicos que se refieren al tema. De esta manera se echa mano de la Ley General de Sanidad, de mediados de los ochenta, y de la Ley de Autonoma del Paciente, del 2004. El peso, repito, se pone en la forma de entender tales textos. Raramente se entra en el ncleo moral y en las intenciones de los sujetos. O se distingue a los distintos actores del drama. Y stos son tres.

En primer lugar, est el pblico. Me gustara confundirme, pero sospecho que un nmero considerable de ciudadanos desearan fervientemente que muriera el que, perteneciente o no a ETA, les genera todos los odios del mundo. En un razonamiento implcito o latente, piensan que, aunque no estn a favor de la pena de muerte, les es lcito alegrarse de que sea el odiado quien les ahorre la faena dndose muerte a s mismo. La venganza del corazn encuentra su rplica en los hechos. El otro actor es el que se declara en huelga de hambre y est dispuesto a llevarla hasta el final. En este punto los motivos no son irrelevantes. No es lo mismo una huelga de hambre por creencias religiosas o porque, enfermo, no se quiere vivir ms, o hacerlo por defender una determinada ideologa poltica. Es esto ltimo lo que sucede con De Juana Chaos. Se trata de una protesta contra las excusas que se buscaron para mantenerlo en la crcel. Se recurri a dos artculos de peridico. Si el preso fuera grafo, es ms que probable que se hubiera buscado otra rendija por donde colar una sentencia que evitara la excarcelacin; excarcelacin que se segua de una legalidad que, guste o no, es la que est en vigor. Y el tercer actor es el Gobierno, con las instituciones, las penitenciarias entre otras, dependientes de l. No creo que las razones para alimentarle a la fuerza tengan su origen en la compasin. Temen, ms bien, las reacciones ante un desenlace extremo. No se olvide, adems, que una huelga de estas caractersticas no slo puede conducir a la muerte inmediata sino a un deterioro fatal de rganos vitales.

Mi opinin final la voy a dividir en dos partes, una vez descritos los hechos y los actores. Desde un punto de vista moral opto, claramente, por la autonoma. Cada uno es dueo de su vida. Y nadie tiene derecho a imponerle continuar viviendo en contra de su voluntad. Por eso, y es un ejemplo a mano, debera legalizarse la eutanasia. Y, por eso, si un preso piensa que le estn tratando injustamente es l quien ha de decidir sobre su cuerpo. El Gobierno y las instancias hasta las que llega su larga mano se han propuesto evitar efectos que pongan en entredicho sus planes. Su objetivo, en suma, no es respetar la autonoma sino lograr lo que les parece til. Desde un punto de vista poltico y una vez reconocida la autonoma, creo que los responsables de la gestin gubernamental tienen una excelente ocasin para poner en marcha el sano sentido comn. No vale atrincherarse afirmando que la justicia es independiente. Sabemos que hay resortes ms que suficientes para resolver el problema. Ganara la vida de un individuo, no se acentuaran las grietas para lograr la paz y resplandecera una virtud que es propia del buen poltico: el don de la oportunidad. Y su utilitarismo no sera alicorto. Ganaramos todos.

NOTA: Justo al acabar el artculo me enter del atentado de Barajas y en el que, a lo que parece, han muerto dos ecuatorianos. El futuro no es muy halageo. En lo que respecta a lo que sucede con De Juana Chaos, sin embargo, sigo pensando lo mismo.

* Javier Sdaba es filsofo



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