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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Nudo corredizo en Irak

Alejandro Nadal
La Jornada


Para terminar el ao llegaron dos noticias: Saddam fue ejecutado y muri el soldado estadunidense nmero 3 mil en la guerra. El depuesto dictador haba dejado de ser una referencia importante para los iraques desde hace mucho. As que lo relevante el 29 de diciembre fue el simbolismo de una ejecucin que confirma el crculo vicioso de la violencia en Irak.

Hubiera sido ms certero decir que Saddam fue asesinado. Las mscaras de los encargados de eliminarlo constituyeron un mal disfraz de justicia. Quizs sirvieron para vestir como verdugos a los encargados de liquidarlo, pero no para esconder el mvil del asesinato: eliminar un testigo comprometedor. Como en cualquier guin de pelcula de mala calidad, Saddam Hussein "saba demasiado".

Slo l conoca los nombres de las compaas que le vendieron las armas qumicas para bombardear a los pueblos kurdos y las tropas de Irn. El saba los nombres de los funcionarios en Washington y Bruselas que autorizaron las ventas de material de guerra durante los aos 80 a pesar de las restricciones sobre comercio de armas en el Medio Oriente. Tambin estaba enterado del nombre de los agentes que semanalmente le proporcionaron imgenes de satlite sobre las lneas enemigas durante la guerra con Irn que cobr ms de un milln de muertes.

Saddam hubiera sido un formidable testigo de cargo sobre los crmenes perpetrados por Estados Unidos en toda la regin en los pasados 20 aos. Por eso era impensable hacerle correr la suerte de Slobodan Milosevic, el depuesto presidente de Serbia, y enviarlo para ser juzgado por un tribunal internacional en La Haya. Sobraban argumentos tcnicos que justificaban un juicio internacional, pero Estados Unidos prefiri que lo juzgaran sus tteres en Bagdad. De lo contrario, Saddam habra soltado la lengua para deleite de la prensa internacional.

Alguna vez Henry Kissinger afirm que era ms peligroso ser aliado de Estados Unidos que enemigo. Tena razn y Saddam Hussein lo pudo comprobar. Los esbirros encapuchados encargados de liquidarlo, como miembros de cualquier clula del olvidado al-Zarqawi, le explicaron cmo tronara su pescuezo en el patbulo. Pero no tuvieron que explicarle lo que ya saba: Estados Unidos necesitaba eliminar al testigo ms importante de sus crmenes de guerra. En los juicios de Nuremberg despus de la segunda guerra mundial, hasta los criminales nazis tuvieron un juicio supervisado por un tribunal internacional. En cambio, en Bagdad, Estados Unidos acaba de sentar un precedente tan peligroso como denigrante.

De todas maneras, pocos derramaron lgrimas al conocer la ejecucin. Hussein fue un sanguinario dictador con la muerte de cientos de miles de personas a cuestas. Pero la pena de muerte impuesta despus de un juicio montado por una potencia invasora, no tiene nada que ver con la justicia. Eso s, revela una vez ms el gusto por la pena capital en Estados Unidos. Es una vieja idea muy arraigada en ese pas: est bien matar a alguien si uno siente que tiene una buena razn para hacerlo. Es as que la venganza se disfraza tantas veces de justicia.

La ejecucin de Saddam Hussein dentro de la sper fortificada Zona Verde en Bagdad, es otro acto de relumbrn en ese mal guin que es la aventura de Washington en Irak. Estados Unidos no tiene ninguna estrategia para su guerra loca. Lo nico que hay en la febril mente de Bush son actos rodeados de una mediocre escenografa. Por eso cree que todo puede arreglarse con episodios como su aterrizaje disfrazado de piloto de combate en el portaviones USS Abraham Lincoln . Cul ser el prximo acto de esta trgica comedia?

Es una hiptesis plausible que los arquitectos de la invasin de Irak pensaron que la inestabilidad en la regin sera tan grande que nadie en Estados Unidos se atrevera a recomendar la retirada. Pues ya se equivocaron. A principios de diciembre el Grupo de Estudio sobre Irak, un equipo capitaneado por James Baker, amigo de la familia Bush, present el resultado de sus anlisis. Despus de reconocer que la situacin en Irak es grave y contina deteriorndose, el equipo formul su principal recomendacin: comenzar la retirada de tropas estadunidenses a principios de 2008.

A contrapelo, la Casa Blanca tiene otros planes: aumentar la presencia militar en Mesopotamia. No se habla de escalada, como en los tiempos de Vietnam, sino de un "pico temporal" en el envo de refuerzos a las atribuladas tropas imperiales. Ya se est manejando la cifra de unos 30 mil soldados adicionales "durante un periodo de seis meses". Es posible que el anuncio lo haga el nuevo jefe del Pentgono, Robert Gates, un funcionario que toda su vida se la ha pasado haciendo caravanas a sus superiores. Quizs lo anuncie el propio Bush, aconsejado por asesores que le susurran al odo que esta guerra se puede "ganar".

Un hecho es incontrovertible: en Washington nadie sabe qu hacer en Irak. Mientras tanto, un nudo corredizo se cierra inexorablemente sobre la aventura imperial.



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