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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Vitalidad y contradicciones del movimiento chavista en Venezuela
El desafo del socialismo a travs del PSUV (I)

Modesto Emilio Guerrero
Argenpress


Siete aos de transformaciones vividos por la sociedad venezolana son suficiente para que la gente se est haciendo la pregunta 'Bien, llegamos hasta ac: y ahora?'.

Esa pregunta y las similares que rondan en sus cabezas inquietas, surge de la vitalidad misma del proceso, porque se trata de una realidad cuya profundidad es tan objetiva como subjetiva. Es lo que Rosa Luxemburgo denominaba 'aprendizaje histrico concreto'.

A nadie le cabe duda, salvo que dude de si mismo, que lo alcanzado hasta el ao 2006 (victorias polticas, derrotas fsicas del enemigo, reconquista de PDVSA, soberana del Estado-Nacin, elevacin del nivel promedio de vida del conjunto social, instalacin del proceso bolivariano en el continente, y algo ms) est enfrentado al dilema de profundizarse o decaer y morir. La realidad no soporta el vaco o la inmutabilidad de las cosas, y como gustaba recordar Hegel, 'el mundo no es una suma de cosas, sino de procesos'.

Si algo pone en peligro a la 'revolucin bolivariana' y su gobierno, es el Estado poltico y la estructura econmica sobre las que se asientan. De su carcter capitalista derivan todos los fantasmas que teme la gente y ven como peligros inmediatos: corrupcin, burocratismo, concentracin del poder poltico, tentaciones bonapartistas, conservadurismo, abusos del poder en las empresas y organismos estatales, intensa explotacin obrera y rural, concentracin de la riqueza bancaria y comercial, en suma: la reproduccin del 'sistema metablico del Capital' (Mszros).

La gente intuye -una forma primaria del saber- que todo se puede poner en riesgo. La vanguardia -amplia y multiforme a su manera en Venezuela- sabe que todo se ha puesto en riesgo. Este es otro aspecto del aprendizaje. No slo de luchar y organizarse viven las revoluciones, tambin de temer, sospechar, intuir, proyectar, aunque en el espacio limitado de su barrio o fbrica.

El aprendizaje poltico que viven los oprimidos de Venezuela les indica que algo se ha puesto en peligro. El presidente ha llegado a la misma conclusin por otros medios. Ah nace el dilema. El asunto a definir es la respuesta, la solucin que se le de. O es con las masas, apoyado en ellas, nica va de alcanzar el acto creador de continuar la transformacin iniciada, o sin ellas y entonces todo retroceder a niveles de putrefaccin desconocidos en Venezuela. Esa es una de las principales lecciones-alarma que seala la historia del siglo XX. 'Hacer el socialismo' en la Venezuela de este momento del mundo, no puede depender de un acto de voluntad (del gobierno, de quienes lo proclaman desde antes que el gobierno ni de nadie, ni siquiera de su urgente necesidad histrica)

Si algo demostr -a quien quiera aprender algo nuevo- es que entre el proyecto y su realizacin hay mltiples 'mediaciones' y 'transiciones', sin las cuales no surgir algo til. El marxista hngaro-britnico Itsvan Mszros, se encarg, por suerte, de actualizar y sistematizar esas lecciones y dilemas tericos en un su obra cumbre: 'Ms all del Capital', editada por Vadell Hermanos en Caracas.

La pregunta que se hace todo proceso revolucionario cuando llega a un determinado punto y es genuino (o sea, cuando no es 'de bolsillo' o de fantasa) es la misma: 'Y bien, ahora qu hacemos?'. Spalo o no la multitudinaria militancia bolivariana y las clases oprimidas, se cuestionan en esa perspectiva.

En otro sentido, la misma pregunta se la hacen los funcionarios (los buenos y los corruptos), las clases medias, los empresarios que miran con simpata la obra social de Chvez. La respuesta corresponder al inters material de cada sector social. Tambin puede ser una respuesta de individuos e individuas capaces de elevarse sobre sus condiciones de clase o ubicacin en el poder y ponerse a la cabeza de las masas para seguir adelante.

Mucho ms all de los propsitos iniciales de la propuesta del Partido Socialista Unido de Venezuela, que contiene oportunidades revolucionarias, como tentaciones bonapartistas, la clave est ms all de ella, o mejor: deriva de ella. Sus resultados no dependern de si misma, sino de las combinaciones polticas y dinmica social que tome en el camino.

El secreto de la clave ser la participacin del creativo movimiento social bolivariano en marcha. A este aspecto central, se dedican las lneas que siguen, una investigacin publicada en la revista 'Herramienta', de Argentina, en octubre de 2006.

I. Vitalidad y contradicciones del movimiento chavista en Venezuela

Uno de los fenmenos ms llamativos y alentadores del proceso revolucionario que vive Venezuela es la emergencia y renovacin constante de su base social militante. Por base social militante queremos significar la actividad de cientos de miles de jvenes, mujeres y hombres que a diario realizan acciones sociales y polticas de diversa ndole. De esa masa, decenas de miles se organizan en forma permanente para la actividad poltica en diversas agrupaciones de la vida econmica, social, poltica y cultural.

Estas acciones tienen masividad, alta combatividad y sacrificios humanos, y una manera dinmica y desaforada de expresarse: desde 1999 ha renovado sus formas organizativas unas veinte veces, expresando en ello tradiciones culturales, fragilidad social, necesidades defensivas y polticas gubernamentales.

Hasta 2002 fue notoria la participacin de las mujeres de los barrios, que junto a los jvenes vivieron un verdadero despertar poltico en medio siglo. Pero en ambos casos en forma difusa e inorgnica. Diversos testimonios y documentales mostraron a las amas de casa y jvenes de entre 14 y 20 aos, organizando la resistencia al golpismo en los barrios pobres, en las marchas multitudinarias, en los diversos comits sectoriales, en las cooperativas, en la defensa militar y en la aplicacin de las Misiones Sociales del gobierno.

Desde 2003, la mujer y la juventud mantienen su protagonismo, pero compartido con la clase obrera organizada en la UNT y con un sector de los campesinos que comienzan a activarse. En los tres casos, lo difuso e inorgnico fue hacindose ms definido, un poco ms organizado en los barrios y lugares de trabajo. Esto puede medirse por la cantidad de organizaciones en las que se agrupan desde 2002.

Este ha sido el principal elemento constituyente de su experiencia entre 2001 y 2004. En ese lapso nacieron casi todas las organizaciones y medios comunitarios que existen en 2006, entre ellas la central obrera bolivariana, los dos movimientos campesinos, un centenar de agrupaciones barriales, 9 de cada 10 medios alternativos donde militan unos 3 a 5 mil adolescentes y jvenes menores a los 25 aos y un pequeo sector de viejos y nuevos intelectuales.

Tambin aparecieron las Misiones que entre 2003 y 2006 suman 14. Las cooperativas, que en 2000 no pasaban de 3.800, en 2006 se registran casi 150.000, as como la organizacin nacional de la reserva militar, con casi 700.000 movilizados que adems del entrenamiento militar participan de debates polticos dentro y fuera de los cuarteles y en el entrenamiento mismo. Por ltimo, una pequea organizacin de clase llamada 'Clase Media en Positivo' (contra la otra, condenada por negativa al proceso revolucionario), que moviliza algunas decenas de miles a nivel nacional.

La masividad del fenmeno se puede medir de una manera estadstica y dara un resultado poco alentador, pero cuando la valoracin la hacemos en su contexto y dinmica y sobre todo por el peso cualitativo de esa novedad en una sociedad tradicionalmente desordenada y una izquierda de igual signo, entonces el resultado es otro: es un proceso nuevo, enriquecedor, de un acelerado aprendizaje poltico superador de todo lo que vivi antes, incluso en la revolucin social de 1958.

Citemos la opinin de uno de los principales referentes de la vanguardia venezolana, Roland Dnis, intelectual-militante venezolano y miembro del Proyecto Nuestra Amrica-Movimiento 13 de Abril (PNA-M13A). Dnis sostiene que el desarrollo es escaso a partir de una relacin poblacional: 'Esta es una sociedad de 24 millones de habitantes y estamos hablando que esa dinmica progresiva de nuevas organizaciones, nuevos valores, de nuevas prcticas toca alrededor de 2 millones de personas. O sea estamos hablando de un 10% de la poblacin en su conjunto'. (Entrevista con Roland Denis, Venezuela bolivariana: Revolucin dentro de la revolucin?, Abril 2006, Caracas, Venezuela, Mara Cecilia Fernndez). En sentido contrario, creemos que su argumento es el mejor para demostrar la potencia de la novedad.

II. Surge el chavismo como movimiento nacionalista Para comprender la pujanza y vitalidad de la vanguardia venezolana, debemos ubicarla en su dinmica histrica reciente, sin la cual puede resultar un espasmo sociolgico. La investigadora venezolana Magarita Lpez Maya muestra en su libro Protesta y Cultura en Venezuela que 'La ltima dcada del siglo XX venezolano se distingui por la sorpresiva vitalidad de la movilizacin popular callejera en sus principales ciudades, de manera especial en Caracas, la capital y asiento de los poderes pblicos.

Este fenmeno evidenci la activacin de una poltica de calle, es decir, una peculiar forma de relacin y negociacin entre diversos sectores sociales y el poder: Segn la organizcin civil de derechos humanos 'Provea', en los ltimos diez aos que transcurren entre octubre de 1989 y septiembre de 1999, hubo un promedio no menor a 2 protestas diarias en Venezuela ( 7.092 protestas en total) correspondiendo la etapa de mayor movilizacin a los aos entre 1993 y 1995, que fueron de crisis poltica, y al ao 1999, cuando la protesta se reaviv por el acceso al poder de una nueva alianza de fuerzas. Estos datos de Provea no incluyen las decenas de paros laborales realizados por los empleados pblicos en estos aos, una de las formas de protesta que ms afect las rutinas de esta sociedad', ( M.L. Maya, 'Protesta y Cultura en Venzuela: los marcos de la accin colectiva en 1999', Coleccin CLACSO-Asdi, Buenos Aires 2002, pgs 9 y 10).

Conviene ubicar esta marejada de luchas en el proceso de rupturas sociales, polticas y culturales que produjo la insurreccin del Caracazo (febrero de 1989), que a pesar de su apelativo, reducido a la capital venezolana, en realidad se produjo en siete ciudades ms y decenas de pueblos. Y sobre todo, constituy un cimbronazo sobre la estructura del poder y la conciencia popular como no se haba vivido desde la Revolucin popular de 1958. La mayora de esas luchas (72%) contuvieron violencia callejera, definidas por la investigadora como luchas 'confrontacional' y 'violenta': 224 cierres de vas, 163 tomas e invasiones, 504 disturbios, 194 quemas y 116 saqueos. ( Ibid, pg. 19, con datos de El Bravo Pueblo, 2000).

Este mar de acciones contra los tres gobiernos anteriores al de Chvez, se concentraron, desde la campaa electoral 1998, en un nuevo movimiento nacional, o nacionalista, con el liderazgo del ex teniente coronel conspirador. Sin embargo, dentro de ese movimiento, fueron configurndose experiencias militantes nuevas que desde muy temprano buscaron -y buscan en 2006- salidas o soluciones que trasciendan el anti imperialismo frente a otras que prefieren congelarlo. Pero eso est en curso.

Las perspectivas revolucionarias cuentan para este aspecto clave. Constituye una particularidad si lo comparamos con fenmenos nacionalistas conocidos, menos blandengues al interior, ms aparatizados, orgnicos y estatizados que el chavismo al da de hoy.

Dos ejemplos de ello son las Misiones y la prensa comunitaria. Nacieron como instrumentos para la redistribucin de la renta petrolera, se realizaron por fuera de los ministerios por iniciativa de Chvez para evitar la burocracia propia y ajena (de la IV Repblica). Roland Dnis se refiere a ellas con acierto: 'Por ejemplo, las Misiones en sus inicios -luego se institucionalizan muchsimo- tenan explcitamente una intencin de forjar un campo de poder de estado anti-estado, anti-burocrtico. Es decir, que la gestin de gobierno est en manos de los movimientos populares'. Dnis define este tipo de movilizacin militante 'movimiento popular administrado', porque 'es un movimiento que es muy administrado desde 'arriba', desde las direcciones de Estado'. Miles de misioneros hicieron su primera militancia en las Misiones dentro de los barrios, all fueron aprendiendo a reconocer enemigos y amigos y a luchar, incluso contra funcionarios del propio gobierno. Un caso conocido fue la huelga de casi 5.000 enfermeras contra el ministro de Salud, Roger Capella, por el pago de los sueldos en 2004. Las maestras triunfaron, el ministro fue removido, hoy es hoy embajador en Argentina.

Los medios comunitarios se mantienen independientes en su mayora, a 7 aos de rgimen, como detall en sus conferencias en Buenos Aires, el director de Aporrea Gonzalo Gmez. 'Hemos logrado mantenernos independientes del aparato de poder, aunque hemos colaborado muchas veces con l en diversas tareas que el gobierno no poda asumir, negociamos el financiamiento a cambio de espacios o producciones documentales, pero son muy contados los casos en los que medios alternativos terminaron manejados por algn burcrata o por el gobierno central', (Conferencia, Hotel Bauen, agosto 2006).

Las misiones contuvieron el mismo conflicto entre su estatizacin y su autonoma, vivido por la mayora de las organizaciones surgidas con el chavismo. Este espacio de conflicto permite la movilidad de reorganizacin y aprendizaje a las vanguardias venezolanas, dentro de una gran democracia de libertades polticas.

Estos datos polticos son inditos en procesos similares del continente, si lo comparamos con experiencias o movimientos nacionalistas del siglo XX. Incluso en el caso de Juan Velasco Alvarado, que expropi casi toda la prensa capitalista y la entreg a la izquierda, lo hizo para sumar cuadros intelectuales que terminaron por ser promotores acrticos de todas las polticas de su rgimen. Peor fue el caso del peronismo o el de Getlio Vargas en Brasil. Un proceso que comenz con amplias libertades como el sandinismo, en pocos meses fue truncado y los movimientos perdieron sus autonomas.


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