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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Crisis en Nigeria
Infierno petrolero

Michael Watts
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Ryzard Kapucinski, el gran periodista polaco, escribi una vez que el petrleo es un cuento de hadas y como todo cuento de hadas tiene algo de mentira. La terrible explosin de petrleo que engull un vecindario de Lagos despus del da de Navidad el nmero de vctimas fatales conocido hasta ahora es de casi 300 dice menos sobre vndalos que barrenan los oleoductos que pasan por la superficie del miserable mundo de chabolas de la ciudad que de la venalidad, el derroche y la corrupcin de un petrocapitalismo nigeriano alimentado por una lluvia de beneficios y la adiccin de la modernidad por el automvil. Las horribles fotografas de esqueletos humanos incinerados que son extrados de los escombros carbonizados del rea de Awori de Abule Egba, un suburbio de Lagos, es un plido testimonio del fracaso total la gran mentira del desarrollo nacional centenario en Nigeria poscolonial. El espectculo de una nacin petrolera en la que cientos de habitantes pobres desesperados de la ciudad se pelean por recoger petrleo y kerosn de oleoductos rotos o barrenados est al centro del miserable fracaso de muchos Estados petroleros, lo que el politlogo de Stanford, Terry Karl llama la paradoja de la abundancia.

Nigeria produce ms de 2 millones de barriles de petrleo al da (evaluados actualmente en unos 40.000 millones de dlares por ao) lo que representa un 90% de sus ingresos de exportacin y un 80% del ingreso del gobierno. Nigeria tambin suministra un 9% de las importaciones de USA y es el pilar de la estrategia petrolera africana del gobierno Bush despus del 11-S que prev que el Golfo de Guinea suministrar posiblemente un 25% de las importaciones de USA en 2015. Una industria petrolera de muchos miles de millones de dlares es, sin embargo, en el mejor de los casos, una ventaja a medias y, para la mayora de los nigerianos, nada ms que un cuento de hadas que ha terminado terriblemente mal. Hacer un inventario de los logros del desarrollo petrolero de Nigeria es un ejercicio saludable: Un 85% de los ingresos del petrleo es devengado por 1 % de la poblacin; durante tres dcadas tal vez un cuarto de 400.000 millones de dlares en ingresos del petrleo han simplemente desaparecido; entre 1970 y 2000 en Nigeria, el nmero de personas que subsisten con menos de un dlar al da creci de un 36% a ms de un 70%, de 19 millones a asombrosos 90 millones. Segn el Fondo Monetario Internacional, el petrleo no pareci contribuir al nivel de vida y podra haber contribuido a una baja del nivel de vida. El jefe de la contra-corrupcin Nuhu Ribadu (una de las pocas luces en un paisaje poltico tenebroso), afirm que en 2003 un 70% de la riqueza petrolera del pas fue robada o desperdiciada; en 2005 fue de slo un 40%. Durante el perodo 1965-2004, el ingreso per capita cay de 250 dlares a 212 dlares mientras que la distribucin de los ingresos se deterior marcadamente.. Desde 1990 el PIB per capita y la esperanza de vida han cado ambos, segn clculos del Banco Mundial. No est bien.

Cul, entonces, es la verdadera historia tras los horrores de Abule Egba? Comencemos con el hecho de que en los das antes de la explosin, era casi imposible encontrar combustible en Lagos y en otras ciudades del pas. Filas masivas en las gasolineras durante el perodo de las fiestas fueron en gran medida el resultado de una industria local de refinacin ineficiente y corrupta que funciona, cuando lo hace, bien por debajo de su capacidad. La realidad brutal de la vida en el petro-Estado nigeriano es que el combustible para el uso diario es una de las mercaderas ms escasas del pas.

Lo que podra asombrar al lector USamericano es una estrategia popular de supervivencia extravagante, y potencialmente letal, es decir el robo de petrleo, que saca a la luz el rancio bajo vientre del desarrollo nigeriano. La miserable calidad de la infraestructura de los oleoductos y su inmediacin a las habitaciones humanas ha sido desde hace tiempo un motivo de preocupacin para las actividades y comunidades nigerianas en las regiones productoras y consumidoras de petrleo. En los hechos, el reciente desastre en Lagos forma parte de la vida cotidiana. En 2003 visit los restos de una iglesia en Okrika, en el corazn de la regin productora de petrleo en el delta del Nger, que haba sido incinerada por una explosin de un oleoducto durante la misa del domingo por la maana. En general, el cuadro es de masiva irresponsabilidad y complacencia de la Compaa Nacional de Petrleo Nigeriana (NNPC, por sus siglas en ingls) que tiene la responsabilidad por la mayor parte de la infraestructura de oleoductos, y de una deprimente falta de liderazgo y de voluntad poltica en Abuja, la capital federal.

Desde fines de los aos noventa, ha habido por lo menos diez explosiones importantes y por lo menos 2.000 muertes asociadas con oleoductos perforados y saqueados. En 1998, ms de 1.000 personas murieron en Jesse; ms de 300 fueron quemadas vivas en Warri en 2000. Ha habido por lo menos tres fuegos inmensos slo en Lagos desde fines de 2004, el ms reciente el 12 de mayo de 2006. Innumerables otros eventos ms pequeos raramente llegan a las pginas de la prensa nigeriana. El anuncio por el presidente Obasanjo de que recin ahora ha aprobado el plan de NNPC de reubicar bajo tierra 5.000 kilmetros de oleoductos, slo puede ser recibido con estupefaccin y el cinismo ms profundo.

Hay por lo menos dos facetas importantes de la historia de Awori. Una es lo que nos dice sobre el vasto mundo nigeriano de barrios marginados del que forma parte Lagos. Segn algunos clculos Lagos tiene una poblacin de diecisiete millones. Mike Davis, en su extraordinario nuevo libro Planet of the Slums nos recuerda que tal vez entre un ochenta y noventa por ciento de la poblacin en rpido crecimiento de ciudades africanas Largos es cuarenta veces ms grande de lo que era en 1950 est alojada en chabolas, una pesadilla dickensiana de escualidez, pobreza y enfermedad. El mundo de chabolas de Lagos desafa toda descripcin, en parte porque sus operaciones siguen siendo un misterio. En Ajegunle, una de sus vastos pueblos de lata y cartn, es probable que 1,5 millones de personas habiten ocho kilmetros cuadrados. En un reciente artculo de New Yorker, George Packer describe la ciudad como un montn de basura encendida, poblado por ejrcitos de carroeros que son superfluos y en ltima instancia desechables. No sorprende que el gobernador Bola Tinubu de Lagos haya visto en los restos carbonizados de Abule Egba, la vergenza de nuestra nacin.

Y el saqueo de los oleoductos y el robo de petrleo? Es casi seguro que las mujeres y los nios que se juntaron alrededor del oleoducto perforado hayan sido participantes de poca monta. El oleoducto haba sido barrenado en Nochebuena y temprano por la maana haba informes generalizados de que se estaban llenando dos camiones tanque en presencia de la polica local. El robo de petrleo al que se refieren localmente como bunkering es un negocio muy grande y bien organizado en Nigeria. Segn algunos clculos es posible que entre 10 y 15% del petrleo nigeriano sea robado por as llamados sindicatos petroleros. Los lagosianos empobrecidos que llenan de petrleo con cucharas sus bidones son abastecedores a bajo nivel en un vasto ecosistema del crimen que llega a los niveles ms elevados del gobierno y de las fuerzas armadas, y que involucra la complicidad de los grandes internacionales del petrleo. En todos los campos petrolferos del delta del Nger, militares y funcionarios gubernamentales con buenas conexiones han hecho uso de grupos de jvenes privados de derechos y desocupados para orquestar las tomas de los grandes oleoductos y para conducir las barcazas de petrleo a travs del enmaraamiento de caletas en el delta a estaciones de descarga en mar abierto todo bajo el ojo vigilante de la armada y de los guardacostas nigerianos. A los precios actuales, esta mafia petrolera controla una economa negra de un valor de miles de millones de dlares por ao.

Pero el negocio del bunkering ha tenido un efecto contraproducente radical. Grupos juveniles encolerizados, muchos de ellos de las minoras tnicas marginadas del delta del Nger, excluidos en gran parte del proceso federal de asignacin de ingresos del petrleo, han logrado el control de importantes secciones del comercio de robo de petrleo. El bunkering financia la compra de grandes reservas ocultas de armas para lo que se ha convertido en una serie de insurgencias en los campos petrolferos. El movimiento por el control de los recursos y la autodeterminacin que apareci a fines de los aos ochenta en el movimiento no violento de Ken Saro-Wiwa y del pueblo Ogoni, se haba transformado a fines de los aos noventa, en una serie de milicias los Vigilantes del Delta del Nger, la Fuerza de Voluntarios de los Pueblos del Delta del Nger para las que la hbil alianza de un Estado petrolero corrupto con compaas petroleras transnacionales impunes se convirti en el objeto de un lucha armada y cada vez ms violenta. Muchos de estos insurgentes comenzaron su vida como matones polticos contratados por polticos alimentados por el petrleo en las elecciones de 1999 y 2003 pero su insercin en el negocio del bunkering les ha otorgado una autonoma poltica y una capacidad militar para realizar una guerra de guerrillas en los pantanos y caletas del Delta del Nger.

A fines de 2005, una milicia hasta entonces desconocida el Movimiento por la Emancipacin del Delta del Nger [MEND] tom una serie de rehenes entre los trabajadores del petrleo y luego mont masivos ataques contra infraestructuras petroleras de propiedad de Chevron, Agip, Shell y de la compaa nacional petrolera nigeriana. A fines de 2006 MEND se ha hecho cada vez ms atrevido hasta el punto que algunas compaas han comenzado a evacuar su personal expatriado. La turbulencia de los campos petrolferos viene de los aos noventa y escal dramticamente cuando el presidente Obasanjo lleg al poder en 1999. La compaa petrolera nacional estima que entre 1998 y 2003, hubo cuatrocientos saqueos de instalaciones de la compaa cada ao. En siete aos, las insurgencias y conflictos han costado al gobierno 6.800 millones de dlares en prdidas de ingresos del petrleo.

Ahora el delta del Nger es casi ingobernable. En un informe de 2005, Amnista Internacional concluy que las fuerzas de seguridad nigerianas siguen operando impunemente. El gobierno, afirma, no protege a las comunidades en las reas productoras de petrleo, mientras asegura la seguridad de la industria petrolera. Las condiciones terribles en el delta son aumentadas por las polticas petroleras transnacionales que han terminado por reconocer que sus prcticas de desarrollo comunitario y de pagos en efectivo han empeorado la situacin. En junio de 2004, la filtracin de un informe interno de Shell Nigeria revel la contribucin directa de la compaa a prcticas corruptas y a la violencia entre comunidades que ha erosionado lo que llaman su licencia para operar.

En las cenizas del infierno de Lagos yace una historia mucho ms oscura de corrupcin estatal, poder corporativo y una creciente insurgencia petrolera, todo enmarcado por la existencia de una pobreza endmica en medio de la riqueza petrolera. Mientras Nigeria se prepara para las elecciones de abril de 2007, el grave peligro es que el alza de los precios del petrleo financiar una inmensa caja electoral para polticos perfectamente dispuestos a desplegar a la juventud inquieta y a insurgentes encolerizados para sus propios propsitos polticos.

En segundo plano estn los militares de USA. Segn el general James Jones, en un testimonio presentado al Comit de Servicios Armados del Senado en 2005, el nuevo objetivo en frica debe ser eliminar las reas no gobernadas, contrarrestar el extremismo, terminar los conflictos y reducir la inestabilidad crnica por el potencial de frica de convertirse en el prximo frente en la Guerra Global contra el Terrorismo. Durante una Conferencia de Poder Martimo Africano en mayo de 2006, en Abuja, el almirante Harry Ulrich, Comandante de EUCOM de las Fuerzas Navales Europa y frica de USA, al referirse al campo petrolfero Bonga de Shell el mayor de Nigeria, cuyo desarrollo cost 3.600 millones de dlares y que se encuentra dentro de las aguas territoriales de Nigeria admiti que barcos USamericanos estn patrullando los campos petrolferos dentro del lmite de 200 millas: Nos preocupamos por Nigeria y queremos ayudarla a proteger la regin de las manos del criminal martimo... USA y toda nacin buena quiere una costa segura para pases que suministran su energa y por eso estamos all a menudo. De modo que Nigeria no tiene nada que temer. Ante un trasfondo de militancia que crece en espiral en todo el Delta, los intereses USamericanos han coincidido con las preocupaciones estratgicas europeas en la regin y han establecido la Estrategia de Seguridad Energtica del Golfo de Guinea.

En diciembre de 2005, el embajador USamericano y el gerente general de la Corporacin Nacional Nigeriana de Petrleo acordaron establecer cuatro comits especiales para coordinar la accin contra el trfico en armas de pequeo calibre en el delta del Nger, reforzar la seguridad martima y costera en la regin, promover el desarrollo comunitario y la reduccin de la pobreza, y combatir el lavado de dinero y otros crmenes financieros.

Los grandes del petrleo que enfrentan el cierre de hasta 500.000 barriles por da estn inevitablemente preocupados. Un alto analista martimo en la Oficina de Investigacin Naval de USA, revel a participantes en un conferencia en Fort Lauderdale en marzo de 2006 que: Shell encabez a un grupo de compaas petroleras en un contacto con los militares de USA para pedir proteccin para sus instalaciones en el Delta, y advirti que Nigeria puede haber perdido la capacidad de controlar la situacin. Es una verdadera tormenta de conflicto lubricado por el petrleo. Un infierno petrolero de otro tipo.

Los lectores interesados pueden consultar un nuevo Informe Internacional de Poltica (2007) publicado por el Centro de Poltica Internacional en Washington DC por Paul Lubeck, Ronnie Lipschitz y el autor de este trabajo que discute la militarizacin del Golfo de Guinea. El informe se intitula: "Convergent Interests: US Energy Security and the "Securing" of Nigerian Democracy" .

Michael Watts es director del Centro de Estudios Africanos, Universidad de California, Berkeley

http://www.counterpunch.org/watts01022007.html




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