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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Das de intolerancia

Adolfo Snchez Rebolledo
La Jornada


La sociedad actual, muy a pesar de los discursos sobre la libertad y los derechos humanos, sigue atada a la lgica del dominio global imperial, al influjo arcaico de los nacionalismos y a la influencia de las religiones como filosofas de vida contrarias al laicismo, a la disputa entre "creacionistas" y "evolucionistas" que en pleno siglo XXI ocupa la mente de los educadores y alumnos estadunidenses, como ocurre tambin en el mundo islmico, donde las enseanzas religiosas se confunden con el fundamentalismo que perpeta la identidad pero impide la comprensin del otro. En este medievalismo de tribus insurrectas y pastores mesinicos, el llamado "fin de la historia" lejos de unificar a la sociedad, realza primitivos impulsos, reactiva odios seculares, mientras el mundo se escinde en las nuevas castas miserables, cuyo deambular por la tierra apenas a comenzado. Los miserables del sur, los nuevos brbaros huyen de sus nichos buscando la sobrevivencia. La opulencia de unos hunde a los dems en el infierno del trabajo infantil, las pandemias, los conflictos sangrientos, el hambre o la caricatura de la modernidad extrada bajo el suelo de los Estados emergentes, felices con sus gobiernos cipayos bombeadores de oro negro. Todos desean escapar. Y para ello saltan muros, cavan tneles, se echan al mar a la buena de Dios, en fin, son los que logran huir, no para propiciar el "choque de civilizaciones", sino para no dejarse morir las consecuencias de la civilizacin, tal y como sta recre a la sociedad humana para mayor gloria de las potencias que en el tiempo han sido, dejando un saldo de frustracin y rencores.

Vase el caso de Estados Unidos que se atribuye a s mismo la misin de proteger la seguridad del mundo, lo cual significa, en una primera transposicin, la suya propia, esto es la presencia de sus intereses en el mercado planetario. Pero es, a su modo, a esta tarea le atribuyen una misin espiritual, en el sentido que tambin pretende exportar sus valores, un modelo de organizacin poltica de aplicacin universal e intemporal de la democracia, segn la entienden. Dada la interdependencia del mundo moderno, los Estados Unidos son el ltimo representante del gran nacionalismo, el nico Estado dispuesto a no ceder un pice de soberana para sostener el inters general de la humanidad. Y eso no es un dato ms, pues introduce la incertidumbre en las relaciones internacionales; impide transformar la globalizacin en un hecho menos desfavorable para sus vctimas actuales.

Por eso puede decirse que a la crisis del imperio estadunidense (y del mundo) contribuye en un alto grado la incapacidad de mirarse objetivamente en el espejo, de aceptar verdades distintas a las que proceden de los intereses corporativos cuya existencia alienta, sirve y protege. Un ejemplo: la justificacin para mantener el bloqueo a Cuba durante dcadas la dio la guerra fra, pero eso ha cambiado. La Unin Sovitica ya no existe, pero Estados Unidos prosigue como si la amenaza siguiera igual. Cuba no representa un riesgo para la seguridad estadunidense, pero ningn gobernante acepta cambiar las reglas del juego y ponen nuevas condiciones. Es imposible lograr algn avance, cuando la Casa Blanca comercia y reconoce a China y Vietnam y dialoga, incluso con Corea del Norte, sobre energa nuclear? Puede el gobierno del pas ms poderoso suponer que el nico cambio admisible ser la desaparicin de Fidel Castro? Y todo, por mantener el incondicional apoyo de los grupos de presin de Miami.

La guerra de Irak, como en el pasado la de Vietnam, es un ejemplo paradigmtico de esa incapacidad de formular una estrategia coherente disocindola de sus propias creencias, es decir, de las falsas nociones que sobre ellos y los dems se han formado a conveniencia los crculos dirigentes de Estados Unidos. Gracias esa visin distorsionada del mundo sacrifican, no ya a un dictador que al principio apoyaron, empujndolo a cometer crmenes horrendos, sino a sus propios soldados que ya comienzan a morir por miles, sin saber cul es la causa que defienden. El fracaso poltico salta a la vista, pero ante los hechos, reseados en el informe bicamaral sobre Irak, el presidente Bush responde pidiendo ms ejrcito, ms dinero y acelerando la ejecucin de Hussein, entregado vilmente al escarnio de los verdugos, no obstante ser un prisionero de guerra de los estadunidenses. El caso es no salir de Bagdad con las manos vacas, aunque el pas se desangre en una guerra civil de consecuencias inimaginables.

La irracionalidad es, por ahora, el signo de nuestro tiempo. Para arribar a sus respectivos parasos, llmese la imposicin de la democracia en el mundo, la independencia nacional, la gloria del mrtir, o cualquier otro fin trascendental, las fuerzas en pugna apelan a la violencia, a la ms descarnada e injusta de todas: al terrorismo, sea religioso o de Estado, a la prctica de sacrificar vctimas inocentes para desmoralizar al adversario y todo en nombre de ideales cuyo valor decrece en cuanto ningn fin puede justificar tales mtodos. Me refiero a ETA. No solamente ha roto la tregua haciendo volar un edificio en el aeropuerto de Barajas con una terrible carga de municin, sino que han destruido la esperanza de hallar mediante el dilogo y la negociacin una solucin pacfica, civilizada. El presidente Rodrguez Zapatero, quien tuvo el valor de traer de regreso su pas a las tropas espaolas enviadas a Irak por Aznar, ha sufrido un duro descalabro poltico que favorece, en primera instancia, a la derecha encabezada por el Partido Popular, cuyo sabotaje continuo al llamado "proceso de paz" debera registrarse en los anales de la historia de la hipocresa.

El terrible atentado de ETA no slo resulta una accin ticamente despreciable, que lo es, sin duda. Prueba, adems, la persistencia, al parecer inmodificable, de una estrategia capaz de instrumentalizar la necesidad de la paz como un recurso a favor de su propia guerra contra el Estado, asi sea a costa, insisto, de la vida de gente inocente. Y a la vez, demuestra que para las fuerzas de la derecha cualquier asunto, incluida la lucha antiterrorismo, tambin puede instrumentalizarse con fines claramente electorales. Terrible noticia para la democracia en Espaa y en Euzkadi. Veremos.



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