Portada :: Cultura :: Arte
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Acerca la obra pictrica del maestro hondureo Ezequiel Padilla
Otro da ezequielizado

Gabriel Vallecillo Mrquez
Rebelin



 


 

2006

I Movimiento

Hoy, ayer, hace unos momentos, dentro de unos segundos nada ha cambiado, nada parece querer cambiar. La desilusin histrica se respira en el enjambre de ruidos del mercado, entre fruteras y el humo de automviles; entre slabas y discursos presidenciables; entre los ojos que buscan a Dios y un sol que arde, quema, enceguece horizontes azulados. Quizs otro da. No, no hay ayer, ni maana, todo queda, irremediablemente atrapado en el presente, olvidado. Parpadear es ya un acto de extravo y de apertura, siempre un final de partida.

Estamos rodeados de un mundo moderno, tenemos autos ltimo modelo, celulares ultra-delgados, 80 canales de cable, Internet inalmbrico, mquinas que lo hacen todo, salvo salvar aquello que llambamos humano. Estar sobre-informado asegura la inercia, la persistencia de que nada cambie. La crisis urbana es un reflejo directo de la crisis espiritual del hombre, estamos ante una nueva realidad cultural, ante una nueva sustancia nerviosa del hombre fundada en la tecnologa, en el procesamiento mecnico de las realidades. El ritmo vital se ha intensificado tanto en nuestra poca, en nuestra Honduras, que tal velocidad de acontecimientos superan nuestra capacidad receptiva. Adolf Loos lo resumi maravillosamente: el hombre moderno era el que viva en el presente, y no en el pasado; era alguien que no era nostlgico, sino que abrazaba sin reservas el presente en el que viva; el hombre moderno, en fin, era aquel que posea un temperamento moderno, un sistema nervioso moderno, una sensibilidad moderna; el hombre moderno era el sujeto de su tiempo, y no el de cualquier siglo anterior.

Hoy vivimos un estado puro de civilizacin. O para ser ms rotundo, un proceso civilizatorio que engendra una nueva cultura de produccin y reproduccin tcnica de la realidad. Una que tritura y violenta la organizacin sentimental del hombre. La sensibilidad humana y su alma es parte del orden de la mquina. La mquina de producir, la ciudad-mquina, la mquina humana, la mquina de vivir y desvivirse: sin condiciones. Esta es la era de la mquina, la organizacin de un caos sometido bajo un orden susceptible de control. Sin embargo, yace debajo de esas lneas perfectas y rectas, bajo esa pulcritud aparente que da la reproduccin de la realidad por medio de la mquina y la tecnologa un estado alterado y sucio de las cosas. Es un ser humano desfigurado, sucio, golpeado, enajenado, enloquecido, definitivamente perdido. Esta vivo? Qu sobrevive de este ser? Tiene historia, sentimientos no programados, risas y abrazos espontneos? Sangra? Las pantallas no lo hacen.

II Movimiento

Amanece el da, detrs de un sol geomtrico, de saludos y sonrisas automticas, detrs de transacciones diarias, de horarios y agendas, amanece el da calculado. Amanece otro da ezequielizado, callado de muerte y violento. Me miro en el espejo, reflejo un pincelazo tuerto, desfigurado, rojo, roto, negro, grueso, verde espeso. Esto es insoportable. Mejor maquillar el momento. Salgo a la calle triunfante, condenado a ser excelente, por supuesto.

Es impresionante lo que ya ha dejado de asustarnos. No, no lo es. Soy moderno, invencible, sin miedos. Soy parte del nuevo proyecto, de la nueva cultura. Mi identidad es nica, se funda en la no-diferencia. Pienso que no me acuerdo quin fui hace unos momentos. Existo?

III Movimiento

El maquillaje aplicado no resiste las lgrimas. Se disuelve, se esparce sobre mi faz deforme. Me revela, me desnuda ante el mundo que ignora. Nadie voltea, la sorpresa esta censurada. Mis ojos, como la cultura objetivada y la tradicin, yacen estticos, petrificados. No hay historia en mi historia, no hay memoria de la inmolacin del pasado. En las calles se celebra la ruptura radical, ms bien se obedece sin cuestionamientos. Siguiente.

Sobre la calle, en no s qu coordenadas de mis honduras, me detengo. Observo una imagen diaria, otro da ezequielizado, maquillado hasta el cansancio. Este detenerme a media calle a medio espanto me recuerda una obra de Padilla: Mujer azul dando a luz. Ese el nombre que le asigno. Esta obra detalla la pobreza sumida en la indiferencia, rural o urbana, no importa. Es una obra de azules sobre azules, donde la misma persona se pierde en un paisaje lgubre y sombro que despiertan los matices de una misma gama. En ella se vislumbra apenas un cuerpo raqutico, desnutrido, en una palabra olvidado. Bien podra ser Honduras, como afirma Juana Pavn, quien siempre ha credo que Honduras tiene nombre de mujer. Y en efecto, es una mujer este personaje del primer plano de la obra, en posicin de dar a luz, ese acto creador de vida. Sin embargo, desconcierta la gravedad de los pincelazos, su violencia. A veces me pregunto si este hombre llamado Ezequiel Padilla sufre ms la fuerza gravitacional sobre Honduras que otros. Por qu golpea el lienzo con esa fuerza devastadora como si estuviese esculpiendo sobre piedra? Despus de todo, Ezequiel, estas pintando o quitando maquillajes a fuerza de golpes graves esperando que alguien reaccione?

Esta mujer raqutica, cubierta en sufrimiento sobre sufrimiento y desespero, en posicin de dar a luz, rodeado por el espanto, a qu tipo de mundo esta trayendo esta mujer una vida, esta expresin de Honduras angustiada? A que esta sometiendo la esperanza y el futuro de esa luz, cuando las tonalidades de su derredor la estn absorbiendo y perdiendo en ese paisaje diario? Ese paisaje de desilusin que ha conformado la condicin de vida del hondureo. Una vida sin utopas, sin esperanza.

Sin embargo, ese doloroso parto rompe con el esquema al estar dando a luz en medio de la lobreguez donde se ha perdido la esperanza. Pues ella, Honduras, esta muriendo durante el proceso. De su vientre azul y su cuerpo azul, de su mundo azul -ese color que apela a la tristeza e introspeccin-, nace en directo contraste de colores, unos impactantes girasoles amarillos, representados igualmente violentos y densos que el resto de la obra. Lo que llama la atencin y renueva el argumento de la esperanza de vida, de futuro, de cambio, de utopas, es el hecho que los girasoles requieren del sol no solamente para vivir, si no que tambin lo requieren para girar, para enfrentar otras perspectivas y rumbos. En la obra no hay sol alguno, ni se vislumbra algn amanecer, al contrario se confirma la persistencia de esa oscuridad azulada. Se confirma, pues, la regla de nuestra modernidad: la creacin es siempre un acto de destruccin. La madre, su luz, la oscuridad, el ciclo: es algo normal.

Una segunda silueta, mucho ms discreta se adivina dentro de la obra donde la madre da a luz esos girasoles, mientras entrega su vida en el proceso. Es una silueta de una persona que no le asiste y solo mira. Por los trazos parece que este personaje tuviera la nariz y boca cubiertas, un estetoscopio quizs en su mano, como la de un doctor listo para proceder a una intervencin. Sin embargo, su posicin en la obra es totalmente pasiva, tal como nuestro sistema de salud, tal como nuestros polticos, nuestros ilustres lderes, nuestros preocupados con-ciudadanos.

Ella, Honduras, esta completamente sola y quizs, el mdico en cuestin no la pueda ayudar: ella no es derecho habiente del sistema. No tiene dlares, solo humanidad. Resulta desconcertante y alarmante -mas no extraordinario en nuestro pas- que esta persona, ste mdico, objeto de una educacin del mayor nivel posible yazga en un segundo plano: pasivo, apenas visible en ese sombro paisaje azulado, tan slo mirando como muere la vida que puede salvar con sus manos. Quizs este hombre de ciencia y estudio, enajenado como muchos hombres y mujeres demasiado preparados para ayudar al prjimo a salir de su pobreza, no le interese semejante tarea altruista. Y quizs si es que ayude por obra y gracia de un exabrupto de bondad, tan slo sea ms bien una forma de demostrar su podero y decirnos al resto, yo soy ms igual porque yo si tengo. Ese doctor preparado, ese salvador de vida que no participa nos representa a todos en la medida en que somos incapaces de dinamizar e interiorizar la condicin humana del hondureo en su intimidad individual.

Acaso la luz de los girasoles es un smbolo de esperanza en medio de la oscuridad y desilusin insondable? O es una advertencia que el ser humano como lo conocemos se autodestruir a la par de sus grandes sueos y ambiciones codiciosas? Es ella la ltima madre, la madre de la naturaleza que viene a relevarnos para siempre?

Esta es la estructura del desgarramiento, el horror diario del da ezequielizado: la experiencia del shock como experiencia esttica que vivimos dentro de esos cuadros diarios de nuestra realidad. La sorpresa y la consternacin representadas a travs de la obra tienen como objetivo crear una transformacin abrupta de la sensibilidad o de la conciencia del espectador. Sin embargo, dicho fenmeno del shock diario que vivimos, ya sea a travs de una obra de arte o de un vistazo a nuestras calles rebasa su intencin y lo neutraliza. Nos adaptamos repentinamente a esa nueva realidad inesperada. Nos adaptamos muy por debajo del umbral de una actividad reflexiva, de una manera fundamentalmente automtica. De la misma forma como decimos, hola, buenos (mismos) das y despedimos sonrisas de nuestros labios, como quien se despide a diario de s mismo. Send.

www.gabrielvallecillo.com

[email protected]



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter