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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

ETA rompe el alto el fuego

G. Buster
Rebelin


El 30 de diciembre, un coche bomba reivindicado por ETA puso fin a nueve meses de alto el fuego unilateral. Debajo de 40.000 toneladas de cemento quedaban los cuerpos de dos emigrantes ecuatorianos y las condiciones polticas del proceso de paz en Euskal Herria. La cuestin prioritaria de la izquierda es ahora desescombrar el proceso de paz y recuperar una iniciativa poltica que quiere arrebatarle la derecha del PP, con la colaboracin inestimable de sectores del propio PSOE.

Un proceso bloqueado

Las seales del bloqueo del proceso de paz han sido numerosas durante los meses de noviembre y diciembre. Otegui y Permach, dirigentes de Batasuna, declararon formalmente que la represin y el acoso a la izquierda abertzale hacan imposible un dilogo poltico multilateral. La kale borroka reapareci con ataques a sedes del PSE, mientras la represin judicial se acentuaba. ETA por su parte rob 350 armas en Francia en octubre. El PP volva a sacar por quinta vez ms de 100.000 personas a la calle contra el proceso de paz. Mientras que la movilizacin a favor de las condiciones del proceso en Euskadi empezaban a encontrar algn eco de solidaridad en la izquierda de Madrid y Barcelona.

A pesar de este bloqueo poltico, cuyo nudo gordiano ha sido la situacin de ilegalidad de Batasuna como consecuencia de la Ley de Partidos y la incapacidad del Gobierno Zapatero de romper las lneas rojas heredadas de la poltica antiterrorista del PP, tanto la izquierda abertzale como Zapatero reiteraron su voluntad de mantener vivo y abierto el proceso de paz. Aunque la evolucin de la huelga de hambre de Juana de Chaos penda sobre l como una espada de Damocles.

As lo exiga la opinin pblica vasca, como recogan distintas encuestas, y pareca corresponder a los intereses polticos ltimos del PSOE -a quin un atentado de ETA le pondra a los pies del PP y en riesgo de perder las elecciones- y de la izquierda abertzale, que es bien consciente del precio poltico pagado por el fracaso de los dos proceso de paz anteriores.

Cuando Rubalcaba inform que el da 14 de diciembre se haban reunido emisarios del Gobierno y de ETA y que se haba podido constatar la voluntad de mantener el alto el fuego por parte de ETA, la etapa de bloqueo pareca superada. Aunque fuese ganando tiempo hasta finales de febrero, cuando se cierre el plazo para la presentacin de candidaturas municipales y se supiera definitivamente si la izquierda abertzale puede reintegrarse a las instituciones polticas como un actor reconocido.

Fin del alto el fuego...fin del proceso de paz?

Que menos de dos semanas despus ocurriese el atentado de Madrid, de gran violencia destructora y causando heridos y muertos, pill al Gobierno por sorpresa. La noche antes Zapatero haba hecho un balance del 2006 lleno de optimismo, asegurando que la situacin del proceso de paz sera mucho mejor al acabar el 2007. Otra cuestin es hasta que punto pill tambin por sorpresa a la direccin de Batasuna volcada desde hace meses en la movilizacin social con el horizonte de las municipales- y si la direccin poltica de ETA no se haba visto desbordada una vez ms por el aparato militar para cortar las expectativas reavivadas tras la reunin del 14 de diciembre.

La intervencin de Otegui para solidarizarse con las victimas y proclamar que, por su parte, las perspectivas del proceso de paz seguan abiertas, se mantuvo dentro de las lneas de solidaridad de la izquierda abertzale con ETA. En medio del desastre poltico que implicaba el atentado para la campaa de movilizacin de Batasuna -que cortaba en seco- las declaraciones de Otegui parecan priorizar evitar una escisin poltica en ETA o entre esta y la izquierda abertzale, manteniendo su papel de responsable pblico del sujeto poltico interlocutor de la izquierda abertzale.

Zapatero por su parte, acosado por las declaraciones y la convocatoria de movilizaciones del PP y de sectores importantes del propio PSOE, constat que las condiciones de ausencia de violencia requeridas en el mandato parlamentario de mayo del 2005 para el dialogo Gobierno-ETA no se daban ya. Pero evit cuidadosamente referirse al conjunto del proceso de paz. Pero cualquiera que fueran sus intenciones, veinticuatro horas despus, Rubalcaba y Pepe Blanco se encargaban de aclarar que el propio proceso de paz estaba no solo enterrado sino muerto como los dos emigrantes ecuatorianos.

La izquierda necesita un horizonte poltico de paz

En realidad, si un sector de ETA ha demostrado ser incapaz de aguantar la tensin poltica del propio proceso ante la falta de movimientos del Gobierno en temas como la legalizacin de Batasuna o la situacin de los presos, otro tanto parece en el PSOE ante la campaa de acoso y derribo del PP, recogida y sostenida dentro del propio aparato socialista por los barones territoriales y algunos ministros, cuya sola poltica parece ser darle a la derecha postfranquista un poder de veto sobre sus propias actuaciones.

Sin embargo, el nico horizonte poltico para la izquierda -si no quiere que la desmovilizacin y la abstencin de sus votantes le den en unas elecciones anticipadas de nuevo el Gobierno al PP- es recuperar el proceso de paz, sacarlo de debajo de los escombros y volver a crear las condiciones para su desarrollo. Ese convencimiento profundo, que por otra parte parece estar latente en los distintos electorados de las izquierdas, inevitablemente ira acompaado de la experiencia de que el proceso de paz es demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos del Gobierno y de ETA, o incluso de los partidos polticos institucionales. Que es necesario un tercer componente que cobre protagonismo, un movimiento por la paz lo suficientemente fuerte y enraizado socialmente en Euskal Herria y en el resto del Estado espaol como para imponer frente a la derecha y los intereses cuyunturales de unos y de otros, sus propias lneas rojas que hagan imposibles bloqueos y atentados como los que hemos sufrido.

Con solo un cuarto de la legislatura por delante, es una perspectiva muy difcil. Pero es la nica que puede evitar que la acumulacin de las consecuencias negativas del fracaso actual del proceso de paz se acumulen en un crculo vicioso que acabe abriendo una nueva dinmica de violencia y represin en Euskal Herria -sea a travs de un nuevo Pacto Antiterrorista ampliado a otras fuerzas sin el PP o sometiendose de nuevo a la herencia de Aznar en este terreno-, y llevando de vuelta al PP al Gobierno. Es fundamental, por lo tanto, desde todas las izquierdas sociales y polticas del estado defender la perspectiva de un proceso de paz que resuelva democrticamente el conflicto vasco. Es en estos momentos de crisis cuando la izquierda debe tener una alternativa global, independiente de la derecha, y su propio proyecto de cambio social y poltico, que no podr darse sin que tenga xito un proceso de paz democrtico en Euskal Herria.



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