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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2007

Elias Contreras, Comisin de Investigacin del EZLN, le cuenta a la Magdalena la historia de las estrellas que caen
Cuento para nias de uno a 100 aos

Subcomandante Marcos
La Jornada




- Y es que resulta que de por s no se cayen, parece que se cayen pero no se cayen -, le dijo Elas Contreras a la Magdalena cuando, sentados en una de las lomas que rodean La Realidad zapatista, vieron, en la madrugada de ac, una rpida lnea de luz hiriendo la manchada pizarra de la madrugada.

Fue aquella vez en que La Magdalena acompa a Elas, cuando su bsqueda del Mal y el Malo los trajo hasta las montaas del sureste mexicano.

La historia me la cont despus a m Elas, y no la vine a recordar hasta que, en la tierra del Comcaac, el Seri, en el noroeste del Mxico de abajo, una lluvia de estrellas me refresc la memoria.

Era madrugada all. Como parte de la gira inicial de la Comisin Sexta del EZLN en La Otra Campaa, habamos llegado hasta las amenazadas tierras de la Nacin Comcaac, o del pueblo indio Seri, que as tambin es conocido.
Hablando con uno de los jefes, caminamos las orillas de la playa, frente a la majestuosa figura de la Isla del Tiburn, el corazn de ese pueblo digno.

El pueblo Seri es un pueblo guerrero. Durante siglos ha sido acosado, hostigado y perseguido por distintas tribus depredadoras.

La ltima de esas bandas de maleantes viste las ropas de marca que usan los gobernantes federales, estatales y municipales en Sonora, Mxico, y pretende apoderarse de la Isla del Tiburn y convertirla en un centro vacacional de alto turismo. El Seri resiste y defiende su territorio, su cultura y su historia, frente a la ambicin de siempre, aunque ahora disfrazada de modernidad.

Mientras en el cielo de cuando en cuando se colgaban retorcidos alambres de luz, iluminando espordicamente el contorno sur de la isla, el jefe Seri y yo hablamos de los dolores de nuestros pueblos. Los relmpagos se fueron espaciando cada vez, al igual que nuestra palabra y lleg el momento en que el silencio fue una sombra en la noche y en nosotros.

Y la sombra de los dolores de nuestros pueblos se hubiera quedado ah, a no ser porque, de pronto, una estrella abandon su lugar fijo y corri hacia el abajo de nuestro mundo, buscando besar la tierra. A la primera sigui otra, y otra. Y durante unos segundos pareci que las estrellas todas mudaban de casa y se pasaban a habitar el otro cielo, el de abajo, el nuestro.

El jefe Seri y yo nada dijimos. En silencio contemplamos la seal.

Yo encend la pipa.

El jefe Seri encendi la palabra y dijo:
- As dijeron nuestros abuelos: que iba a llegar la hora -.
Cuando la madrugada dej su lugar a la maana y, en lugar de una isla arropada en sombras, surgi un corazn gigante en medio del mar, el jefe Seri bail y las mujeres de la tribu cantaron. No eran para nosotros ni el canto ni el baile. Eran para la tierra, la madre.

Te cuidaremos, prometa el mensaje. Te defenderemos, deca la promesa.

Fue entonces cuando, escuchando el canto guerrero de las Seris y mirando el baile del jefe indgena, record lo que me haba contado Elas Contreras, Comisin de Investigacin del EZLN, unos aos antes.

Tal vez algn extraviado, o extraviada, segn, de quienes me escuchan, no sepa quienes son (o eran, segn el caso o cosa) Elas Contreras y la Magdalena. O ignoren qu rayos hacan esos dos aquella madrugada de enero, hace algunos aos, sentados en una pequea colina de la zona tojolabal, en territorio zapatista.

Por ahora slo les digo que Elas Contreras era un indgena zapatista, veterano de guerra, que tena la Comisin de Investigacin del EZLN para apoyar en algunos de los Municipios Autnomos Rebeldes Zapatistas. La Comisin de Investigacin es, para los zapatistas, el equivalente a lo que los ciudadanos llaman detective. Y la Magdalena era un ciudadano homosexual que trabajaba la calle para conseguir dinero para operarse y cambiarse de sexo.

Elas y la Magdalena se conocieron en la Ciudad de Mxico, tambin hace algunos aos. La Magdalena se hizo nuestro compaero, o compaera, segn, y fuera hombre, mujer, o ni una ni otra cosa, se convirti en zapatista. Ella, o l, segn, junto con Nadie y Elas Contreras, enfrentaron al Mal y al Malo en un desafo que le cost la vida a la Magdalena.

Pero esto que les narro, aunque ya ocurri hace muchas lunas, se puede imaginar como que pasa ahora, en tiempo presente, y que somos espectadores privilegiados de cmo el amor, ese impertinente, tambin se puede esconder, y as mostrarse del lado de ac, en las palabras.

Imaginemos pues

La madrugada en nuestro ac. Un largo y hondo cielo manchado de lucecitas. Dos figuras como sombras bajo la doble sombra de la noche y el rbol.

(La Magdalena ha recostado su cabeza en el hombro de Elas y, sin decir palabra alguna, ha levantado su mano para sealar la estrella fugaz que rompi la monotona de un cielo harto de estrellas inmviles.)

A pesar de la distancia de calendario que los separa, y del desconcierto que a Elas le causa el saber que la Magdalena es un hombre que no lo es y que es una mujer que tampoco es, el compaero Comisin de Investigacin del EZLN, Elas Contreras, se ha auto adjudicado el papel de maestro-tutor-padre-hermano-mayor y admirador vergonzante de la Magdalena.

Adems, Elas est en su cancha, y como tal se siente obligado a dar cuenta de todo lo que ocurre en estas tierras, as que empieza a contar una historia que, como todas las que inventa Elas para decirle o explicarle algo a la Magdalena, va construyendo paso a paso sin saber bien a bien en qu terminar. As que dejemos que l contine:
- Cuentan nuestros ms antiguos mayores que hubo antes un tiempo muy primero -.
- Muy nuevito estaba ese tiempo, dicen nuestros viejos sabedores. Era como un pichito apenas y acaso saba caminar bien -.
(La Magdalena asiente en silencio y su imaginacin evoca a una nia pequea, tratando de dar sus primeros pasos.

Elas, a saber por qu causa, razn o motivo, tambin empieza a imaginar a una nia y sigue hablando)
No saba caminar todava y andaba a los tumbos, tropezando andaba el tiempo. Como una cra que apenas est aprendiendo que eso que tiene en una de las orillas del cuerpo, las patas pues, sirven, adems de para meterse los dedos a la boca, para caminar. Y ah anda la criatura agarrndose de las nagas de la mam o de una silla o de una mesa o de nada, y zaz!, al suelo pues.

(La Magdalena y Elas se imaginan, en estreo, a una nia cayendo de sentn, mirando a ver si tiene testigos y haciendo un rpido clculo de si vale la pena chillar o no. Sonren los dos sin mirarse. Elas contina su narracin)
Entonces, como no se caminaba todava bien ese tiempo ms primerito, pues todo iba como muy despacio.

No como ahora, que el tiempo ya est ms mayor y anda a las carreras.

Ya ves que noms un ratito y ya son ms de 10 aos de que nos alzamos en armas contra del maldito gobierno. Que sea ms de una dcada.

Y dcada es una palabra nueva que aprend y que quiere decir que son diez aos, o sea que para no decir diez aos se dice dcada y as parece que no son diez aos pero s son, bueno, segn el caso o cosa. Porque, por ejemplo, si uno dice que ya tiene una dcada en la escuela y noms no pasa de grado, pues duele menos que decir que ya tiene 10 aos y noms no aprende. Y aluego, por ejemplo
(La Magdalena ha volteado a ver a Elas con una evidente cara de te-ests-dispersando-querido y Elas ha comprendido que la Magdalena ya sabe qu cosa quiere decir dcada, as que da por terminado ese tema y prosigue)

Bueno, pues como todo iba muy lento, pues todo y todos tenan el modo y el tiempo para hacer muchas cosas.
Por ejemplo para platicar.
Que sea para hablar y escuchar.
Ya ves t, Magdalena, que los ciudadanos, o ciudadanas, segn, acaso tienen modo y tiempo para platicar. Yo creo que por eso cuando encuentran a un zapatista, o a una zapatista, segn, empiezan a hablar y pues aluego ya no hay forma de quitarles el micrfono
(La Magdalena mira a Elas con un gesto de reproche. Elas se defiende)

Bueno, yo acaso estoy diciendo nada. Es el Sup que as anda diciendo, que los ciudadanos agarran el micrfono y ya no lo sueltan, que como que le echan pegamento en las manos, y a m una vez me pas, en la ciudad, que iba a lavar mi diente y no va siendo que en lugar de pasta de dientes le ech pegamento al cepillo, y es que estn igualitos los tubitos sos y as anduve un buen rato con los dientes bien trabados y nada que no baja nada, si hasta me enflaquec un buen y todos me dijeron que es por corajudo, que cuando uno se pone bravo hasta rechinan los dientes y no come, pero yo qu rechinar ni qu nada, si no los poda ni mover, o sea que mi diente estaba inmvil

Y entonces, inmvil es una palabra nueva que aprend que quiere decir que no se mueve, que sea que se est as noms, como que no pasa nada y entonces

(Ahora no es la Magdalena quien ha exhortado a Elas a que se centre en el tema, sino l mismo)
Bueno pues, entonces pues arresulta que los dioses primeros, los que nacieron el mundo, de por s salieron muy platicadores.

Y como estaban en su platicadera, pues no se apuraban a hacer las cosas que el mundo necesitaba para que estuviera cabal, que sea, completo.

Y entonces la tierra, nuestra madre primera, como tardaban los dioses en su quehacer, pues tambin se puso a darle a la platicadera.

Y bueno, pues tampoco haba muchos con quien hablar, as que la tierra se puso a platicar con las cosas que tambin se caminan pero en el cielo.

O sea con las nubes, el sol, la luna, las estrellas, y tal vez algunos pjaros, no muy se sabe porque no sabemos si ya haban hecho los pjaros los dioses primeros.

Entonces pues ah estaban como comagreando la tierra y los que caminan el cielo. Y dale con la queja y queja.
Y deca la tierra:
No, pos estos dioses sern muy primeros pero tambin son muy marmotas Apenas unas cuantas matitas me han puesto y unos cuantos ros y lagos, y el mar ah noms lo aventaron y se rompi en siete partes y entonces pues ahora s que, como luego dicen, me rompieron la madre, porque yo tambin qued toda pedaceada. Y luego pues va a ser un despelote con la geografa y los intercontinentales.

Y decan las nubes:
S pues, marmotas y malhechos que son. Mreme, a m me hicieron muy gordita y a mi otra comagre la dejaron toda escurrida. Ahora van a andar diciendo que yo me zampo su comida. Y luego este color de ropa sucia que me pusieron. Y aquella tan blanca, que se cree muy pura, si bien que sabemos que noms anda por ah de tingolilingo.

Y luego se hablaba la nube enflaquecida-, pues primero nos hicieron duras, que para que no nos aventara el viento p donde fuera y no s qu. Y entonces pues noms nos estbamos cayendo, por pesadas pues. Y luego los pjaros se daban cada guamazo cuando topaban con nosotras, que olvdese comagre, una destruccin y una matazn que hasta pareca que el capitalismo neoliberal se haba adelantado en el calendario. Y entonces pues de vuelta nos hicieron ligeritas, aunque algunas ya eran de por s, como la comagre aquella que se las da de muy muy, y a sa s lo pesada no se le ha quitado.

Y as estaban la tierra y quienes se caminan el cielo, en el puro comagreo y el chisme y la malhablada.

Y dicen nuestros ms mayores, que la tierra, nuestra primera madre, no malhablaba, sino que noms escuchaba, porque tampoco poda irse para otro lado, o sea que ah estaba y ni modos de decir: bueno comagres, pues ya me tengo que ir porque se me estn quemando los frijoles, si ni frijoles haba, porque los dioses sos, los ms primeros, pos noms no tenan apuro de nada, mucho menos de andar haciendo los frijoles.

Entonces pues la tierra se tena que aguantar de or tarugada y media, aunque tambin escuchaba cosas buenas e inteligentes, porque de todo haba en la otra camp perdn, en la intergalc perdn, en el mundo pues, aunque todava el mundo no era mundo, sino que era ms bien una perspectiva desordenada, o sea que era un desmagre todo al mismo tiempo y en todos lados. Y eso de perspectiva desordenada te lo explico luego, Magdalena, orita no me interrumpas porque se me va la tonelada del cuento

(La Magdalena pone ahora cara de acaso estoy diciendo nada. Elas se da por satisfecho y contina)

Bueno pues, entonces arresulta que la tierra tambin se platic con los mames, que as le llamaban nuestros antiguos a los dioses hacedores de lluvia, que sea los dioses del trueno.

Y arresulta que, entre chismes y chisme, la tierra haba echado trato con quienes caminaban el cielo.

El trato era que, cuando los que caminaban nubes se cansaban, la tierra dejaba que en ella encontraran reposo, se descansaran pues, o que de plano se tumbaran noms a ver las cosas ahora s que desde el otro lado, o sea desde abajo.

A cambio de eso, la tierra, la madre ms primera de todas, slo pidi que los que caminaban el cielo le ayudaran cuando ella lo necesitara.
Y no se lleg el da, porque los dioses todava no haban hecho el da.
Y no se lleg la noche, porque tampoco la haban hecho.
As que pues lo que se lleg fue la madrugada en que los dioses por fin entraron en razn de hacer ya, pues, a los hombres y mujeres.

Esa historia de cmo hicieron los dioses primeros a los hombres y mujeres, es otra historia y creo que ya la cont antes y si no, pues ah en otra vuelta la cuento.

Y entonces los dioses hicieron a los hombres y mujeres de la tierra, o sea que le dieron encargo a la tierra que sea su mam, o sea que los echa al mundo y los cra.

Entonces arresulta que los dioses stos los hicieron a los hombres y mujeres pero ah noms los aventaron, sin ver si tienen una su comida para que no est triste el da.

Sin nada los hicieron, ni un pozolito les dieron a los hombres y mujeres primeros estos dioses.
Y la tierra, como buena madre que es, pos no se iba a quedar as noms viendo que ah andan los hombres y mujeres de un lado a otro sin nada para meter a la panza.

Y entonces la madre tierra anda toda preocupada, bueno, no anda, porque de por s la tierra no anda, sino que se est quieta en su lugar, aunque de repente como que le da fiebre o a saber qu, pero se tiembla y se retuerce y es un desgarriate. Pero bueno, en ese tiempo, como todo iba muy despacito, pues hasta cuando temblaba pos noms ni se senta nada.

Bueno, pues entonces la tierra, nuestra madre, ah anda con su preocupadera de que no han comido los hombres y mujeres. Y ni modos de darles chiche, porque noms no tiene pechos la tierra. Aunque claro que as no haca gasto en portapechos. Ora que hay unos portapechitos que ya de balde, noms como pintados.

Pero bueno, arresulta que la tierra, la mam ms primera, est noms piensa y piensa que qu va a hacer.

Y entonces la tierra nuestra madre piensa que hay que hacer una investigacin. Y entonces le encarga el trabajo a un caracol. Que sea que el primer Comisin de Investigacin fue el caracol. Y entonces la madre tierra le dice al caracol:
O caracol, por ah andan diciendo que hay una comida muy buena que se llama maz pero no se sabe dnde mero est, entonces andte a buscar y ya luego vienes y me dices dnde est, pero vete rpido porque mis nios y nias noms estn esperando su comida.

Y entonces el caracol se fue hecho la raya y de boln-pin-pon recorri todo el mundo, que tampoco era muy grande todava, para qu es ms que la pura verdad. Y ya luego regres el caracol hecho la mocha y le dijo a la madre tierra:
O mam Tierra, ya lo encontr ya el alimento se que dices, pero est guardado en una piegra muy dura.

Y entonces la Tierra, nuestra madre, llam a todos los animales, que tampoco eran muchos, para que es ms que la pura verdad, y les dijo:
Oigan, agarren todos sus tiliches y se me van como de rayo a donde les va a decir aqu el seor caracol y me rompen esa piegra y me traen lo que tiene dentro para darles de comer a mis hijas e hijos.

Y ah va toda la animalada, y dale y dale a la piegra y nada que se cuartea ni siquiera un tantito. Y ah regresan todos desmayados y le dicen a la tierra que noms no se puede, que est ms dura que cabeza de poltico.

Y entonces, el caso, o cosa, segn, es que haba uno de los mames, que sea de los dioses del trueno, que se llamaba YALUC, que era el ms grande y el ms antiguo, que sea el ms sabedor.

Y el YALUC y la tierra, nuestra madrecita ms primera, se llevaban muy bien, mucho platicaban de cosas importantes y que enseaban y aprendan.

Y entonces la tierra, nuestra madre, lo llama al YALUC y le cuenta de la problema que tiene. Y entonces el YALUC sali buena gente y le avienta unos truenos a la roca sa, que sea a la piegra, y ah noms el piegrn se arrug como saladito y se abri y el YALUC lo agarr el maz y se lo entreg a los hombres y mujeres.

Y entonces los hombres y mujeres no saben qu hacer con el grano de maz y lo dejan ah botado noms.

Y entonces nuestra madre la tierra, lo tapa al grano de maz para que no pase fro y ah noms empieza a salir una plantita y se empieza a crecer y da unas sus buenas mazorcas y luego el YALUC lo avienta un trueno y ah noms fre el grano de maz y se hacen las palomitas de maz, aunque un poco quemadas quedaron, eso s, porque le ech mucha juerza al rayo que avent. Y entonces los primeros hombres y mujeres lo ms primero que comieron fueron palomitas de maz y fueron con el tiendero a comprar una salsa Valentina, se llama, creo, y vieron pelcula y se atascaron de palomitas y les dio chorrillo y tan-tan
(La Magdalena voltea a ver a Elas entre intrigada y enojada. Elas sonre y dice)
jele! No es as, pero noms lo dije para ver si no te dormiste ya

Bueno no, la historia es que s sali la planta de maz pero no era maz palomero, sino maz maz, pero del bueno, o sea que no era transgnico. Y entonces la tierra, nuestra madre, le habl a los hombres y mujeres y ya les explic cmo van a hacer el pozol y las tortillas y los tamales y el marquesote y ya no les doli la panza, y tan, tan.
(La Magdalena voltea a ver extraada a Elas y le pregunta)
Y todo eso qu tiene que ver con las estrellas que caen?
Ah, s cierto, ya se me haba olvidado! -, responde Elas.

Bueno, pues arresulta que aquellos primeros hombres y mujeres, los originarios, que sea los pueblos indios, quedaron muy agradecidos con la madre tierra y dijeron que siempre la van a cuidar siempre. Y entonces los hombres y mujeres primeros pensaron que qu tal que se les olvida o se enamorran y se distrayen y no dan cuenta si la tierra tiene alguna problema y entonces hicieron una su asamblea con la tierra, nuestra madre, y con el YALUC y con quienes caminan el cielo, y todos sacaron un acuerdo.

Y el acuerdo es que unos hombres y mujeres van a quedar como guardianes de la tierra, que sea de la montaa, de los ros, de los mares, de los valles, de los vientos. Y esos guardianes van a quedar quietos, como dormidos, y si la madre tierra tiene algn peligro o una problema, entonces quienes caminan el cielo les van a avisar a los hombres y mujeres originarios, a los guardianes, para que se pongan truchas y hagan algo.

Y el trato fue que el aviso se iba a dar cuando el YALUC y los dioses del trueno, revientan el hilo que sostiene a las estrellas que estn colgadas del techo del mundo, y ya las estrellas van a bajar para avisarles a los hombres y mujeres que la tierra tiene peligro.

Y entonces las estrellas que cayen no se cayen, sino que estn avisando a los guardianes que ya lleg la hora
La Magdalena, con una concrecin que sera deseable en cualquier plenaria de la Otra o de la Intergalctica, dice:
Tengo dos preguntas:
Primera: Por qu dices que el caracol fue rpido a buscar el maz si el caracol camina muy despacito?
Elas sonre y responde:
Acaso camina despacio el caracol. Arresulta que en ese tiempo el tiempo iba muy despacito, entonces el caracol iba rpido en ese tiempo. Y lo que pas es que, cuando el tiempo se cambi de tiempo, no le avisaron a tiempo al caracol. Entonces el caracol no camina despacio, lo que pasa es que tiene otro tiempo.

La Magdalena aplaude y re. Despus aade temblorosa:
Bueno, la segunda pregunta es: dices que las estrellas que caen, bueno, que no caen, avisan a los guardianes de la tierra que ya lleg la hora, la hora de qu?

Elas Contreras pone la voz grave y, sealando un largo y fugaz araazo de luz en el cielo, dice:
De despertar.
Tan-tan.
Libertad y justicia para Atenco!
Libertad y justicia para Oaxaca!
Desde las montaas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
Mxico, Enero del 2007.

P.D.- Ya no estamos, pero Elas Contreras y la Magdalena siguen sentados frente al horizonte de oriente. Es la Magdalena la que rompe el silencio:
- Oye pap Elas, imagnate que s puedo hacerme la operacin y hacerme mujer. A lo mejor hasta puedo tener hijos. Si tengo una nia, le voy a poner puras minifaldas -.
- Ni magres -, dice Elas de pronto, - mi hija nada de esas faldas rabonas que ya de balde. Puras nagas hasta el tobillo. O pantalones, como las insurgentas -.
La Magdalena lo mira entre sorprendida y halagada, y pregunta:
- Tu hija? -
Y entonces el nombrado por el Sup como Comisin de Investigacin del EZLN, el que resolvi los casos ms complicados en territorios zapatistas, el que no se amedrent al recorrer l solo la Ciudad de Mxico, el que se enfrent sin titubear contra el Mal y el Malo siempre que lo top, Elas Contreras, veterano de guerra del EZLN, se sonroj de tal forma que la sombras de la madrugada no lo ocultaron. Con trabajos alcanz a decir:
- Ya vmonos, ya est refrescando y el fro te puede hacer dao -.
Al bajar la loma, de forma natural, la Magdalena toma de la mano a Elas Contreras. Llegan al pueblo ya con el sol asomndose en una orilla. La Magdalena se arropa ms en su rebozo, Elas Contreras suda como nunca en su vida
Vale de nuez.
El Sup sonriendo mientras una estrella corre al abrazo de la tierra.


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