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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2004

Una semana de examen desde la Convencin Nacional Republicana, por dentro y por fuera
Los Republicanos entre nosotros

Mark Engler
Rebelin


Fue la mayor manifestacin de la historia norteamericana para saludar a una convencin poltica nacional. El domingo, a medida que los republicanos se preparaban para iniciar una extravagante semana meditica en Madison Square Garden, ms de 400 000 de manifestantes que repletaban 2,5 kilmetros de avenidas en Manhattan le robaron la escena al Partido. Fue un terremoto cuyas repercusiones se sintieron en docenas de actos menores durante los das siguientes. Como bienvenida anunci que habra dos rondas durante la semana de la convencin: una que cubrira los discursos hechos dentro del auditorio y otro la indignada Nueva York que estaba fuera.

Me haba preocupado durante las semanas anteriores, a medida que la polica inspiraba temor y el alcalde negaba los permisos, de que la asistencia a las manifestaciones del domingo fuera poca. Residentes de Nueva York y contradelegaciones de fuera de la ciudad calmaron mis preocupaciones. El lema de la manifestacin "El Mundo Dice No a la Agenda de Bush", era lo suficientemente amplio como para unir a un gran conjunto de electores y activistas anti-Bush que se oponan a la continuada ocupacin de Irak. Al salir en aquella soleada tarde, vi las emociones de los manifestantes que iban de la ira a lo esperanzado y lo decidido. Vi conductas que iban de la irreverencia a la solemnidad. "Ja-Ja No es una Poltica Exterior", deca un cartel. "Las Vctimas del Terror no son Piezas de una Campaa", deca otro. Un hombre llevaba un "Mapa Electoral del Mundo" con unos pocos lugares como Texas, Arabia Saud y Australia marcados como estados rojos; el resto del globo estaba cubierto por un mar de azul.

Para m, una procesin de 1 000 atades form la parte ms impresionante del conjunto. Novecientos sesenta fretros simblicos cubiertos por la bandera norteamericana representaban a los soldados muertos en Irak, y 40 ms en negro representaban a todos los otros muertos en la invasin. Al final de la manifestacin, me sent en un contn durante veinte minutos mientras los fretros desfilaban lentamente.

Esa noche recorr la cobertura de noticias en televisin. La noticia de las manifestaciones estaba en los titulares de las principales redes. El titular principal de NBC mostraba la marcha de los atades y enfocaba a familias de militares en contra de la guerra, presentes en la manifestacin, que haban perdido a hijos e hijas en Irak. Despus de ese titular, las imgenes de los otros segmentos del programa parecan difundir un nuevo significado: un plano de Dick Cheney inspeccionando las preparaciones en el Madison Square Garden; escenas de delegados en camino a una obra de teatro en Broadway. Antes de la marcha, algunos haban pronosticado que los republicanos usaran vistas de las protestas, casi siempre rechazadas por el electorado, a fin de promover su propia agenda. Si este fuera el caso, mil fretros claramente no era lo que Karl Rove tena en mente.

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El lunes asist al Garden como periodista para entrevistar a delegados. Los republicanos generalmente eran receptivos y entusiastas acerca del hecho de hablar conmigo, aunque de entrada yo aclaraba que escriba para un pblico de izquierda. Butch Davis, delegado de Houston, Texas, ofreci este mensaje para los progresistas: "Hagan un examen de sus creencias". Dijo: "Si ustedes creen realmente en el socialismo, si ustedes creen en el matrimonio entre homosexuales, si ustedes creen en impuestos ms altos, entonces continen siendo demcratas. Si no creen en eso, son bienvenidos a unirse a nosotros".

Luego me explic la poltica socialista de Hillary Clinton: "Ella escribi el libro Hace falta una aldea. As que su concepto es que la madre y el padre no educan al hijo, sino que el gobierno educa al hijo, la sociedad educa al hijo. Ella es socialista desde el principio". Mostr mucho optimismo; me dio pena informar a Butch Davis que, aunque me hubiera gustado lo contrario, Hillary Clinton no es socialista.

He escuchado muchas historias de progresistas -incluso crticos de larga data de los demcratas- que han sido cautivados por Bill Clinton al conocerlo. Nunca haba escuchado una historia de los poderes interpersonales de George W. Bush hasta que Hershelle Kann, una ex demcrata de Bay Shore, Long Island, me cont de cuando conoci al presidente en una fiesta en Washington. La Srta. Kann describe el encuentro:

"Le dije, 'Es un placer darle la mano, Sr. Bush. Y quiero que sepa que soy una demcrata que va a votar por usted este ao'.

"l me dijo, 'Usted es una norteamericana. Usted es una norteamericana'."

Ella continuo: "Hay una calidez, un cario, un respeto que l tiene por los norteamericanos todos nosotros. Es un hombre muy religioso que ama a su familia. l ama a su pas. Es parte del pueblo".

Como republicana de Nueva York, Hershelle Kann no est de acuerdo con el presidente acerca de los derechos de los homosexuales, el control de armamentos y la investigacin de clulas madre. Ella pertenece a la minora. Con los que habl dentro de la convencin representaban a un cuerpo de soldados de fila, fervorosamente conservadores, firmes en su creencia de que las reducciones de impuestos son justas y de que las armas de destruccin masiva van a ser encontradas, si no en Irak en Siria. Esta divisin se replic en la convencin como un todo. Mientras que moderados como Arnold Schwarzenegger y Rudolph Giuliani hablaron en horarios estelares, gente como Rick Santorum y Trent Lott se pasaron das conformando las plataformas ms conservadoras. Un titular en The New York Times deca: "Centristas del Partido Encuentran Espacio en el Escenario, pero no en la Agenda".

Para ser justo, los demcratas tambin coquetean con el centro. Al enfrentarse a un Colegio Electoral en el que los representantes de los estados indecisos son los nicos que cuentan entre los que quedan, la campaa de Kerry ha adoptado su rostro ms moderado. El lenguaje utilizado en las dos convenciones del partido a menudo fue idntico. Mientras yo hablaba con delegados, un orador en el podio, aspirante republicano al congreso, atacaba la "poltica del temor" supuestamente propuesta por los demcratas. "Creemos en la poltica de la esperanza", dijo.

Sin embargo, independientemente de la similitud en la retrica, existe una diferencia en la postura de los dos partidos. Una actitud anti-guerra no logr ser incluida en la plataforma demcrata. El presidente del Comit Nacional Demcrata, Terry McAuliffe, se tom el trabajo de desautorizar a los protestantes de la convencin. El partido de oposicin ha interiorizado su centrismo. Los republicanos no. Su visin del mundo limita hasta la mera posibilidad de resistencia. Hillary Clinton (Escuela de Derecho de Yale) y John Kerry (Crneo y Huesos) representan al socialismo, mientras que George W. Bush (Crneo y Huesos) se presenta como un patriota del pueblo. La nica direccin posible es hacia la derecha.

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La indignacin con la administracin Bush en Nueva York no solo era mucha sino extendida. Por cada cctel, desayuno pro-vida o cena de gala para recaudar fondos que los delegados republicanos obtuvieron durante la semana, hubo en algn lugar de la ciudad una manifestacin, una lectura de poesa o una desobediencia civil que rechazaba su agenda. Este ao el Consejo Central Obrero de Nueva York cancel su desfile del Da del Trabajo y opt en su lugar por realizar un mitin anti-Bush el mircoles. Miembros del sindicato repletaron siete cuadras de la Octava Avenida -el mismo lugar donde dos das antes se realiz una entusiasta marcha de 20 000 personas, organizada por grupos comunitarios, incluyendo la Red de Viviendas del SIDA de la Ciudad de Nueva York, Hacer Camino al Andar y Madres en Movimiento.

En el mitin obrero, entre los maestros, personal de atencin de salud, trabajadores de hoteles, conserjes y herreros estaba el actor James Gandolfini -ms conocido como Tony Soprano. Su discurso sugiri que no votara este ao por los republicanos: "Slo quera decir que no puedo decirles lo disgustado que estoy con esta gente que est en nuestra ciudad. No puedo decirles lo disgustado que estoy por tener que estar caminando como una rata en un pequeo laberinto para tener que ir a alguna parte".

Las jaulas de disensin -los infames y ubicuos espacios cerrados para protesta de la polica de Nueva York- eran slo parte del problema. A pesar de que los expertos trataron de que la semana fuera una reproduccin de 1968, no lo fue. Incluso el martes, "A31", un da reservado para la accin radical directa, los organizadores anunciaron su intencin de adoptar la desobediencia civil no violenta. Como result, la polica no les dio la oportunidad de actuar de ninguna forma. The New York Times describi una poltica de casi cero tolerancia para las actividades que incluso sugirieran la posibilidad de desorden".

La mera sugerencia se convirti en delito. Solamente el martes la polica arrest a casi mil personas, un gran nmero de ellas de manera "preventiva". En la calle 42 tres personas a quienes la polica dijo que podan sostener una tela en los escalones de la biblioteca pblica (pero no colgarla en los famosos leones de piedra de la biblioteca) fueron rpidamente arrestadas por sostener la tela en los escalones de la biblioteca pblica. Media docena de espectadores de aspecto zarrapastroso tambin fueron detenidos. Unas trescientas personas que salieron del Punto Cero en una marcha liderada por la Liga de Resistencia contra la Guerra y por Vigilancia de la Escuela de las Amricas -a los cuales se les dijo que podan marchar por la acera, de dos en dos, en recuerdo de las vctimas de la guerra y el terror- fueron detenidas prontamente por marchar por la acera, de dos en dos.

Mi propio grupo, que inclua a la hija de dos aos de una amiga, hubiera sido arrestado en la procesin desde el Punto Cero si hubiramos estado un poco ms adelante. En vez de eso, fuimos empujados hacia atrs con el resto de los manifestantes. Mientras observbamos las detenciones habl con Don Peterson, un republicano asistente a la convencin que se encontraba en el lugar. l adopt la posicin de que si la polica los estaba arrestando ellos deban haber estado haciendo algo incorrecto. Esa es la justicia norteamericana. "Si no les gusta", me dijo, "acudan a los tribunales".

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Regres a la convencin el mircoles y el jueves por la noche para escuchar los discursos. Estar presente en aquel lugar fue una experiencia profundamente alienante. Ms que or las distorsiones que se presentaban como hechos, fue el presenciar de primera mano la danza en el local de la convencin y quedarme sentado mientras todos aplaudan de pie, lo que me hizo darme cuenta de que el espectculo podra tener terribles consecuencias. El barniz de amistoso desacuerdo que caracteriz mis interacciones personales con los delegados se haba evaporado. Mientras los oradores hablaban de la gente a quienes iban a "entregar el poder" ya yo no poda aceptar que estaban actuando motivados por nobles intenciones. Yo saba que estaba rodeado de adversarios, y me senta incmodo entre ellos.

En su convencin, los demcratas en gran medida evitaron atacar al presidente, para que no fueran acusados de ser calumniadores odiosos de Bush. Los republicanos no reconocieron ese lmite. Aunque yo apoyo la candidatura de John Kerry como la mayor opcin para los progresistas en estas elecciones, nunca me he suscrito a su club de admiradores. Ni tampoco lo admiro a l personalmente. En una oportunidad lo o hablar durante su campaa y sal del acto sintindome menos optimista acerca de la posibilidad de una victoria demcrata que cuando llegu.

Mis sentimientos acerca de Kerry han cambiado en algo durante esta convencin. Vi la manera en que los oradores mencionaban su nombre con repugnancia, la forma en que enumeraban sus debilidades sin temer a que nunca tengan que rendir cuentas. ("Vot a favor de aumentar los impuestos 98 veces", dijo el gobernador republicano de Massachussetts, Mitt Romney, mientras que su Vicegobernador, mencionando un nuevo juego de cifras no crebles, acus a Kerry de "votar 121 veces en contra de reducciones de impuestos para la familia norteamericana".) All estaba yo, sentado solo, sintindome aislado, viendo el trabajo de los abusadores, y llegu a simpatizar con el ms joven de los dos senadores por Massachussetts mucho ms de lo que lo haba hecho antes.

A principios de semana el Presidente Bush levant una ola en los medios al indicar que l no pensaba que la guerra contra el terror pudiera ganarse. En el plazo de un da dio un giro de 180 grados. Pero en ese momento revelador, as como en algunas "aclaraciones" subsiguientes, Bush y sus manejadores confirmaron una verdad inquietante: Que si tuvieran la oportunidad, los halcones trataran de mantener una guerra perpetua, una guerra durante generaciones. "El presidente no estaba dando indicios de un cambio de poltica", nos garantizan los funcionarios de la Casa Blanca".

El jueves por la noche escuch al Presidente Bush invocar su "conservadurismo compasivo". Prometi transformar "nuestros sistemas fundamentales -el cdigo tributario, la cobertura de salud, los planes de retiro, el entrenamiento laboral". Y jur mantenerse militarmente "a la ofensiva". El pblico rugi.

Despus del discurso sal caminando a la calle 32. A unas pocas cuadras haba una protesta y en la Plaza Unin una vigilia a la luz de las velas. Record el mapa electoral del mundo Si me desanimaba por sentirme pequeo y aislado entre los republicanos, es reconfortante pensar que, en un plano ms general, son los republicanos los que estn aislados entre nosotros. La mayora de la humanidad se opone a George W. Bush, al igual que la mayora de esta nacin vot en su contra. Esa idea me hizo sentir mejor por un rato. Luego record los atades y pens en todo el trabajo que tenemos ante nosotros.


Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web http://www.DemocracyUprising.com.


Traducido por Progreso Semanal


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