Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2007

Por segundo ao consecutivo los datos oficiales confirman que uno de cada cinco habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza
Para qu demonios querra un coche un parado?

Jos Antonio Prez
Rebelin


Por segundo ao consecutivo, la Encuesta de Condiciones de Vida que elabora el Instituto Nacional de Estadstica ha confirmado una situacin poltica y moralmente intolerable: uno de cada cinco habitantes del pas vive con ingresos situados por debajo del umbral de pobreza relativa. En total, en la prspera y feliz Celtiberia hay ocho millones y medio de personas pobres. De las cuales, la mitad son pobres por decreto.

Hablamos de los pensionistas ms humildes con prestaciones mnimas, de viudedad, no contributivas, SOVI. De los desempleados de larga duracin que perciben un cicatero subsidio. No es ninguna exageracin decir que su pobreza es decretada pues no en vano el Gobierno fija la cuanta de esas prestaciones a travs de Reales Decretos-leyes sancionados por el Jefe del Estado. Para justificar esta inmoralidad se podrn hacer todas las mixtificaciones que se quieran, pero la cruda realidad demuestra con nmeros que en Espaa, octava potencia econmica del mundo por la magnitud de su Producto Interior Bruto, la pobreza de millones de ciudadanos se debe a la voluntad de sus gobernantes.

Don Nicols Salmern, presidente de la I Repblica Espaola, dimiti de su cargo para no verse obligado a firmar las sentencias de muerte dictadas contra los cabecillas de la fracasada insurreccin cantonal de 1873. Pero descuiden ustedes, que a ninguno de los miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial, sin hablar de un Rey al que nadie ha elegido, se le pasar hoy por el magn la idea de dimitir para no ser cmplices de las decisiones que decretan esta nueva modalidad de muerte civil para un quinto de la poblacin.

En una sociedad opulenta, aquellos que se ven privados del acceso a los bienes de que disfruta el sector bien instalados quedan excluidos de facto de la vida social. Pueden votar, s, una vez cada cuatro aos, pero el Establecimiento no tiene en cuenta para nada a quienes no pueden pagarse unas vacaciones mnimas, una vivienda o una residencia cuando llegan a la edad anciana. Y esa exclusin es equiparable a la peor de las muertes civiles.

La maraa legal y administrativa que reglamenta las prestaciones sociales a estos infracuatrocientoeuristas acta con criterios miserables no slo por las bajsimas cuantas de las mismas, sino tambin por las draconianas condiciones que impone a los receptores. Sirva de botn de muestra constatar que a un desempleado mayor de 52 aos se le niega, si percibe el subsidio, la posibilidad de participar en alguno de los sorteos propios de estas fiestas navideas. La ley no se lo prohibe taxativamente, pero, si la Fortuna se pusiera de parte del desempleado agracindole con un modesto premio, poco durara la alegra en casa del pobre. Pues pronto se topara con el Estado dispuesto a estropearle la fiesta.

En 2006, la cuanta del subsidio por desempleo alcanza la fastuosa cifra de 383,28 euros mensuales por 12 pagas, lo que la sita por debajo del umbral de pobreza. Para percibir ese magro auxilio, el interesado ha de cumplir, entre otras seversimas condiciones, la de no obtener por otras fuentes rentas superiores al 75% del Salario Mnimo Interprofesional. Una modesta participacin de lotera premiada superara ese importe. No hace mucho que un peridico de la provincia de Madrid organiz el sorteo diario de un automvil entre sus lectores. Se trataba de un vehculo de buena factura y, mejor marca, pero nada ostentoso, un utilitario. Y en cuanto a sus fines, la rifa era impecable. La recaudacin obtenida se destinaba a una causa humanitaria: la prevencin del sida infantil en frica. Es decir, una iniciativa polticamente correctsima que, por desgracia, no era apta para todos los pblicos.

Aun sin tratarse de un objeto de gran lujo, el precio de un automvil como el de este sorteo supera con creces ese lmite. Y dado que tiene la consideracin fiscal de renta, consultado el caso con un funcionario del Inem ste asegur que, en efecto, si le toca el coche le quitaramos el subsidio. Mayesttica forma de hablar, por cierto. No dijo: perdera el derecho, expresin que parece administrativamente ms ajustada, sino le quitaramos. Estas normas confieren a sus administradores una indeseable sensacin de dominio sobre los administrados.

Desde un punto de vista de salubridad civil es de todo punto inaceptable que el Estado mantenga reglamentos que atrapan a la persona en las denominadas trampas de pobreza (poverty traps). Las rentas mnimas de auxilio a la pobreza, insercin, etc., que las distintas Administraciones otorgan con cuentagotas a las personas en situacin de extrema necesidad tienen un estricto carcter condicional. La primera condicin consiste en que el interesado demuestre a travs de una prueba de recursos (means test) hallarse en situacin de necesidad.

La leyenda negra que las mentes fariseas han tejido sobre estas rentas sugiere que quienes las perciben prolongan indebidamente la situacin para seguir viviendo a costa del presupuesto pblico sin dar un palo al agua. Sin embargo, lo realmente dramtico del asunto es que el perceptor de una renta de insercin o de un subsidio por desempleo, logrado tras superar un arduo trmite de solicitud ante funcionarios con vocacin dominadora, no puede permitirse el lujo de perder esa ayuda por una eventualidad pasajera tal como la de aceptar un empleo de tiempo parcial o completo cuyo salario neto, aproximndose al nivel del beneficio neto, suponga para el interesado la prdida de la totalidad del beneficio. Ante la duda, la opcin ms frecuente es la que se atiene al principio de ms vale pjaro en mano, optando por la ayuda oficial que asegura al menos cierta continuidad en el ingreso.

El obsesivo afn administrativo de vigilar y castigar utilizando la expresin foucaltiana a los perceptores de prestaciones resulta absolutamente superfluo en el caso de los desempleados que han entrado en la cincuentena. Como reconocen los altos cargos del Ministerio de Trabajo, no todos los desempleados que figuran en el registro de los servicios pblicos de empleo tienen las mismas posibilidades de incorporarse a un trabajo. Por ello, en este organismo han elaborado un ndice de ocupabilidad la probabilidad de convertirse en ocupado con el fin de depurar las cifras. El resultado es que la mitad de quienes figuran en el registro tienen baja o muy baja probabilidad de encontrar un empleo. Segn declar recientemente el secretario general de Empleo, el 47 % de los 1,9 millones de desempleados se encuentra en esa situacin. Buena parte de ellos son los prejubilados que estn en situacin de paro hasta que empiezan a cobrar la jubilacin. En resmen, para los desempleados que han llegado a la edad madura productores socialmente amortizados la probabilidad de encontrar una ocupacin remunerada se expresa en los dantescos trminos escritos en las puertas del infierno: lasciate ogni speranza.

Una solucin a este desafuero podra consistir en liberalizar, ahora que tan de moda est el verbo y su accin, este subsidio. Es decir, liberarlo de esas absurdas trabas haciendo posible que fuera compatible con la obtencin de ingresos que el perceptor pudiera lograr por otros medios. Sabiendo, como sabemos todos, que no iban a ser millonarios. En otras palabras, establecer de manera gradual al llegar a estas edades crticas, alguna modalidad de renta bsica ligada a la condicin de ciudadana. Se evitaran situaciones tan demoledoras como la que se acaba de poner de relieve.

Porque, en una sociedad de consumo, donde lo polticamente correcto es ser automovilista, qu derecho tiene el Estado a privar a un ciudadano pobre de la posibilidad de obtener un premio en una rifa en las mismas condiciones que los que no son pobres? Pero mucho me temo que quienes rigen los destinos de la patria y sus distintas, distantes y surrealistas realidades nacionales tienen, frente a la pobreza, una actitud similar a la de aquella vieja dama citada por Bertrand Russell en su Elogio de la ociosidad: Recuerdo haber odo a una anciana duquesa decir: Para qu quieren las fiestas los pobres? Deberan trabajar.

Para qu demonios querra un coche un desempleado?

* Jos Antonio Prez es periodista y autor del Diccionario del paro y otras miserias de la globalizacin. Coordina el Observatorio de Renta Bsica de Ciudadana de Attac Madrid



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter