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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2007

El irresistible retorno de los escuadrones

Mrio Augusto Jakobskind
Semanario Brecha

Milicias, paramilitares, escuadrones de la muerte, no son nombres desconocidos en el vocabulario poltico-social brasileo, aunque se los imaginaba en desuso en plena democracia. Durante la dictadura militar (1964-85) fueron formas de accin impulsadas desde arriba, pero ahora volvieron a ocupar las primeras planas a raz del recrudecimiento de la violencia urbana en Rio de Janeiro.


Casi cien favelas han sido ocupadas por milicias integradas por paramilitares que enfrentan a los narcotraficantes y reciben el apoyo de polticos, empresarios y autoridades electas, aunque stas apelan a un doble discurso para evitar crticas y hasta posibles acciones judiciales por apoyar a grupos ilegales. Es el caso del alcalde de Rio, Csar Maia, del Partido del Frente Liberal, que en un blog escribi un largo artculo intentando explicar y justificar el nacimiento de los paramilitares, aunque no deja de reconocer, tmidamente, que el Estado debera ser el encargado de combatir a los narcos. Maia compara al crimen organizado en Rio con el accionar de las farc en Colombia.

EN DEFENSA DE LA ILEGALIDAD

Un diputado estatal en la asamblea legislativa de Rio, conocido como Sivuca, ex polica, enarbola como lema de sus campaas electorales que el buen bandido es el bandido muerto. Sivuca cuenta con seguidores en la comunidad Orkut Sem Lei, de Internet, frecuentada por unos 40 mil internautas radicales de clase media, que defienden los asesinatos de delincuentes, estimulan linchamientos, ejecuciones y que la propia poblacin enfrente a los delincuentes haciendo justicia por mano propia o formando grupos de exterminio.

El estudiante Alejandro Pattacini Jnior, de 20 aos, de la comunidad internauta Campanha Linchamento j, es un buen ejemplo del pensamiento de este sector: Estoy juntando amigos para limpiar Lagoa* de aquellos que ensucian la imagen de nuestra ciudad maravillosa. Mi propuesta es formar grupos de linchamiento de ladrones en diversos barrios de Rio. Ya que la polica no agarra a los ladrones, vamos a acabar con esa raza. Victor Sbisa, participante de comunidades como Rachas e Pegas, no esconde sus prioridades: Luego de visitar algunas pginas de Orkut me asquearon las escenas que vivimos hoy en Brasil. Pido que apoyen el retorno del Escuadrn de la Muerte!.

En los hechos, los escuadrones continan actuando, no slo en Rio sino tambin en San Pablo y Vitoria, capital de Espritu Santo. El apoyo explcito a los escuadrones por los internautas de la comunidad Orkut fue denunciado por la Agencia Reporter Social (www.reportersocial.com.br) y mereci comentarios de abogados en el sentido de que hacer apologa de la violencia es un crimen previsto en el Cdigo Penal. La sensacin de anonimato que otorga Internet parece haber incentivado sus llamamientos a la barbarie.

Las milicias que actan en las favelas cuentan con apoyos mucho ms efectivos y directos, entre los que se encuentran jefes policiales como la inspectora Marina Magessi, recin electa diputada federal por Rio de Janeiro. Magessi, miembro del Partido Popular Socialista, formado por ex comunistas, defiende abiertamente las milicias porque estn terminando con el narcotrfico en las favelas. Las justifica como parte de una reaccin social y, al igual que el alcalde Cesar Maia, reconoce que la ausencia del Estado en las reas pobres es el principal motivo de la aparicin de los justicieros.

FUEGO CRUZADO

Las milicias paramilitares estn integradas por policas, civiles, militares, ex policas y una red de informantes. Cobran impuestos para hacer una tarea que le corresponde al Estado. Los habitantes de las favelas viven una situacin sobrecogedora: si no pagan a los justicieros pueden sufrir represalias, de la misma manera que las sufren a manos de los narcos si no aceptan sus reglas de juego dictadas por el comercio ilegal de drogas.

En los hechos, las milicias ocupan el lugar de los narcos. Se reparten el dinero de los impuestos entre sus miembros, que de ese modo reciben sueldos muy superiores a los que perciben como funcionarios policiales. En los ltimos tiempos, los milicianos cobran impuestos hasta a los circuitos ilegales de tev que funcionan en las favelas.

Para los favelados, estar entre el fuego cruzado de milicias y narcos es vivir en el filo de la muerte. La disputa de mercado entre ambos grupos se ha cobrado decenas de vctimas, entre las que sobresalen los 19 asesinatos cometidos en los ltimos das de diciembre. Segn los medios, la mayor parte de las vctimas lo fueron como represalia de los narcos contra los milicianos que los combaten. En una de las acciones, supuestos narcotraficantes incendiaron un autobs en una de las principales avenidas de Rio, dejando siete muertos carbonizados.

HERENCIA DE LOS SESENTA

Ya en los sesenta grupos policiales actuaban con cierta autonoma contra el crimen. Es el caso de la clebre Scuderie Le Cocq, apellido de un agente muerto por marginales en una favela carioca. En la Baixada Fluminense, donde se localizan los principales municipios dormitorios de Rio, este grupo ilegal era conocido como polica minera. Una caracterstica comn a todas las bandas parapoliciales era que estaban financiadas por comerciantes y empresarios empeados en poner fin al crimen sin las demoras y obstculos que impone la justicia.

Segn numerosos analistas, este tipo de violencia nunca consigui sus objetivos ya que las bandas financiadas por los comerciantes se autonomizaron y, ya durante la dictadura militar, en 1968, un grupo formado por policas cariocas lleg a ejecutar cerca de mil personas. Nunca hubo castigo. Peor: muchos policas integrantes de escuadrones acabaron unindose al crimen organizado. Uno de los ms conocidos de la poca, Mariel Mariscot, fue muerto en un enfrentamiento con mafiosos.

Uno de los ms conocidos torturadores de presos polticos, el ex teniente Ailton Guimares, conocido como Capitn Guimares, se convirti en jefe de un grupo marginal que controla zonas enteras del juego clandestino. Hoy es una figura reconocida del Carnaval carioca y se desempea como director de la Liga Independiente de Escuelas de Samba. Gracias a un acuerdo con la alcalda de Rio, esta liga pas a controlar el desfile de escolas do samba, fuente de elevados ingresos. Durante la dictadura, Guimares enseaba las artes de la tortura a jvenes aspirantes a ingresar al ejrcito y comandaba personalmente sesiones de tortura a los presos polticos, segn denunci el grupo Tortura Nunca Ms. Finalmente Guimares fue separado del ejrcito, no por torturador sino por contrabandista.

MEDIDAS DE EMERGENCIA

El aumento de la violencia urbana en Rio, San Pablo, Minas Gerais y Espritu Santo provoc una reunin de emergencia del Gabinete de Gestin Integrada de Seguridad de la regin sudeste. Los gobernadores, dos de ellos del pmdb y otros dos del psdb, prometieron mayor integracin de las respectivas policas y pidieron al gobierno federal que controlara las fronteras para inhibir el trfico de armas y drogas.

Sergio Cabral, gobernador de Rio, consigui que se anticipe la presencia de la Fuerza Nacional de Seguridad Pblica en su estado, que comenzar a actuar en 19 lugares a partir del lunes 15. Estaba previsto que esa fuerza se estrenara durante los Juegos Panamericanos de julio, pero la gravedad de la situacin impuso un adelanto de su presencia. Efectivos de las fuerzas armadas tambin comenzaron a participar en acciones policiales preventivas en las inmediaciones de los cuarteles.

La atemorizada poblacin de Rio aplaude la intensificacin de la vigilancia y la represin. Los ms escpticos, sin embargo, recuerdan que en los ltimos aos los gobernadores electos prometieron acabar con la violencia en seis meses, lo que termin por llevarlos a las pginas de humor de los peridicos.

Quienes dudan de las medidas de emergencia se preguntan si no se repetirn los mismos fuegos de artificio del pasado, que se han apagado una vez pasados los momentos crticos. Da a da son ms los que sienten que, de no modificarse las polticas econmicas que concentran riqueza y pobreza en polos opuestos, nada podr cambiar.

* Barrio de clases medias altas del sur de Rio de Janeiro.


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