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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2007

Ruptura de relaciones entre Ruanda y Francia
Sospechosas acusaciones contra el regmen de Kigali

Colette Braeckman
Le Soir


Los pedidos de captura lanzados por un juez francs contra personalidades ligadas al poder ruands -acusados de haber desencadenado el genocidio de 1994- provocaron la ruptura de relaciones entre Pars y Kigali. Ruanda se escuda en una historia oficial y Francia busca hacer olvidar sus lazos con el rgimen racista del ex presidente Juvnal Habyarimana


Kigali se atrevi. Despus de doce aos de moderacin, durante los que disimulaba mal la desconfianza, si no el aborrecimiento, a mediados de noviembre de 2006 el gobierno ruands rompi relaciones diplomticas con Pars. Fueron retirados los embajadores, el centro cultural francs qued clausurado y la escuela francesa cerr. La prensa local tradujo los sentimientos oficiales, en los cuales el rencor rivaliza con la indignacin. El motivo de la ruptura es la orden del juez antiterrorista Jean-Louis Bruguire, transmitida al ministerio pblico de Pars el 17 de noviembre, donde le pide emitir nueve rdenes de captura internacional contra miembros del entorno del presidente ruands Paul Kagame. Hasta el momento, Pars se ha contentado con notificarse de la ruptura, recordando el principio de separacin entre el poder poltico y el poder judicial. Sin embargo, en este caso, tanto en Ruanda como en Francia, cabe dudar de la realidad de esa separacin. Entre las personalidades a las que apunta el juez Bruguire se encuentra el general James Kabarebe, jefe de estado mayor del ejrcito, Faustin Nyamwasa Kayumba, embajador de Ruanda en India, Charles Kayonga, jefe de estado mayor del ejrcito de tierra y varios militares y altos funcionarios. Aunque las autoridades judiciales no han discutido la decisin del juez, se han negado a emprender acciones contra el propio jefe de Estado ruands. A los "inculpados" se les impondrn restricciones para su desplazamiento al extranjero y particularmente a los pases europeos. Desde 1998, a pedido de las familias de los tres miembros de la tripulacin francesa, el juez antiterrorista est a cargo de una instruccin sobre el atentado contra el avin del presidente ruands Juvnal Habyarimana, derribado el 6 de abril de 1994, a las 20 horas treinta minutos, cuando a su retorno de Dar es Salaam (Tanzania), estaba en la fase de aproximacin al aeropuerto de Kanombe (Kigali). En las semanas siguientes, fueron masacrados un milln de tutsis y de hutus moderados que se oponan al genocidio. En ocho aos el juez procedi a cincuenta audiencias cuya sntesis entrega en una resolucin de 64 pginas, donde se concluye en la posible complicidad de Paul Kagame. A la cabeza del Frente Patritico Ruands (FPR), en esa poca Kagame diriga la oposicin armada al rgimen de Habyarimana. Yendo ms all del simple enunciado de los hechos, el juez emite una consideracin muy poltica: estima que el general Kagame, al elegir la opcin del atentado, "opt deliberadamente por un modus operandi que, en el contexto particularmente tenso de Ruanda, no poda sino acarrear, como reaccin, represalias sangrientas". En otras palabras, el razonamiento del magistrado francs, ya desarrollado en ocasin de "filtraciones" con las que se haba beneficiado el periodista Stephen Smith (en marzo de 2004) y el escritor Pierre Pan (en 2005) (1) se sostiene en tres puntos: 1) a la cabeza del FPR, compuesto de exilados tutsis que operaban desde Uganda, el general Kagame dio la orden de derribar el avin de su enemigo; 2) este atentado fue la seal para el inicio del genocidio; 3) su intencin era tomar el poder a cualquier precio, aun cuando saba que los tutsis que vivan en el interior de Ruanda corran el riesgo de ser vctimas de matanzas. En definitiva, y como conclusin, Kagame y los suyos son los verdaderos responsables del genocidio de los tutsis. Lo que haba que demostrar. No es de extraar que este silogismo haya provocado la indignacin de Kigali. Si se aceptara la tesis del juez Bruguire, podra alimentar el resentimiento de los supervivientes, ya que dara a entender que los tutsis que vivan en Ruanda antes de la toma del poder por el FPR habran sido sacrificados deliberadamente. Esta tesis atenta tambin contra los propios fundamentos del rgimen: recordando sistemticamente su rechazo a la intervencin de la "comunidad internacional" en 1994, el FPR invoca haber puesto fin al genocidio y haber derrotado militarmente a las fuerzas que lo haban desatado. Tambin reivindica haber eliminado de la nueva Constitucin ruandesa las referencias tnicas, calificadas como "divisionistas". Adems, la voluntad de garantizar a cualquier precio la seguridad de los ciudadanos ruandeses y de impedir cualquier retorno ofensivo de las "fuerzas genocidas" es lo que incit al ejrcito ruands a llevar la guerra a la Repblica Democrtica de Congo (RDC), un pas vecino, y a ocupar durante varios aos amplias porciones de su territorio. Estimando que los tribunales militares nacionales, que ya sancionaron crmenes cometidos por soldados y oficiales del FPR, representan una instancia suficiente, y negndose a poner en un mismo plano los actos de genocidio y de guerra, Kigali rechaz siempre que el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) instalado en Arusha (Tanzania) se hiciera cargo de las exacciones y matanzas cometidas por las tropas del FPR en 1994 o durante la guerra en la RDC, y nunca dud en ejercer presiones sobre la justicia internacional, reteniendo, por ejemplo, a testigos llamados a Arusha. Kigali se niega a considerar la accin del juez Bruguire como una iniciativa judicial aislada. A pesar de los esfuerzos de acercamiento desplegados por el ltimo embajador de Francia en Kigali, Dominique Decherf, en acuerdo con el ministro francs de Relaciones Exteriores, Ruanda piensa que desde hace doce aos Francia no slo mantiene su cooperacin en un nivel mnimo (2 millones de euros) sino que trata de sabotear al nuevo rgimen denigrndolo, entre otras cosas, ante las instituciones financieras internacionales y rechazando numerosas ofertas africanas de mediacin. Desde el punto de vista francs, es evidente que Ruanda sigue siendo un desafo arduo. La polmica en torno al atentado contra el avin presidencial, que tuvo repercusiones extravagantes, como el descubrimiento (luego desmentido) de la caja negra del avin en un placard del edificio de Naciones Unidas en Nueva York, tiende a veces a ocultar una cuestin mucho ms fundamental: el apoyo del ejrcito francs a las fuerzas que cometieron el genocidio. Segn Gabriel Pris y Davis Servenay (2), este apoyo se intensific despus de que se desencadenara la guerra de 1990, pero estuvo precedido por una preparacin ideolgica durante la cual quienes llevaron a cabo el genocidio, como el coronel Thoneste Bagasora, haban estudiado en Pars los mecanismos de la lucha antisubversiva. Parece que durante la guerra (1990-1994) llevada a cabo por el FPR contra el rgimen de Hagyarimana, militares franceses armaron y entrenaron a las fuerzas gubernamentales y que, a pesar de los acuerdos de Arusha, de agosto de 1993, "cooperantes militares franceses" se quedaron en el pas. En 1998, una misin de Informacin Parlamentaria dirigida por Paul Quils liber ampliamente a Pars de las acusaciones de apoyo a las fuerzas genocidas, sin que por eso se extinguiera la polmica. Existe el riesgo de que la polmica sea reactivada por nuevas revelaciones de testigos ruandeses ante la Comisin de Investigacin Nacional encargada, segn el ttulo oficial (y sin equvoco sobre las intenciones de los investigadores) "de determinar el involucramiento de Francia en el genocidio". Durante las sesiones pblicas que se desarrollaron en Kigali en diciembre 2006, ex miembros de las fuerzas gubernamentales y milicianos que participaron en el genocidio, declararon que "instructores franceses" los haban formado en el manejo de armas tales como morteros, y tambin en el combate cuerpo a cuerpo o con armas blancas. Aseguraron, apoyndose en ejemplos, que las entregas de material militar trado de Francia continuaron durante el genocidio, a travs de la ciudad congolea de Goma, y explicaron largamente las ambigedades de la Operacin Turquesa (3), durante la cual prosiguieron las matanzas en varios lugares, como, por ejemplo, en la colina de Bisesero. Una sla hiptesis

Varios libros y documentales, entre ellos Tuez les tous (4) (Mtenlos a todos), realizado en 2005, as como una Comisin de investigacin de ciudadanos, mencionaron esta participacin francesa, suscitando en Francia la indignacin de miles de militares y del sistema de informaciones. La decisin del juez Bruguire representa entonces el punto culminante de una dolorosa polmica, y plantea varias preguntas. La primera se refiere, evidentemente, a la eventual parcialidad de la instruccin del magistrado francs. De las cinco hiptesis que se le ofrecan, l slo eligi una: demostrar la responsabilidad del FPR en el atentado. Para lo cual, desde su oficina parisina, el juez privilegi a los testigos que corroboraban su tesis: 1) oficiales del ex ejrcito ruands que en esos das comparecan ante el TPIR, donde eran acusados de genocidio; 2) el capitn Paul Barril, ex dirigente del Grupo de Intervencin de la Gendarmera Nacional (GIGN) que en mayo de 1994 estuvo destacado en misin en Ruanda por cuenta de la viuda de Habyarimana; pero que, segn sus propios dichos, habra estado tambin en Kigali en abril, en el momento del genocidio; y 3) trnsfugas del Frente Patritico Ruands refugiados en Europa y Estados Unidos. Considerado por el juez como testigo principal, el ms locuaz de esos trnsfugas es el mayor Abdul Ruzibiza, al que ya habamos encontrado en Kampala (Uganda) en junio de 2003. Presentado a la Direccin General del Servicio Exterior (DGSE, servicio de informacin francs) por los servicios de seguridad de Uganda, fue llevado a Pars, dio su testimonio al juez Bruguire y luego recibi asilo poltico en Noruega, donde sigue residiendo. Sus superiores jerrquicos en el ejrcito ruands, entre quienes se cuenta el general James Kabarebe, aseguran que Ruzibiza, un auxiliar de enfermera formado en el puesto de trabajo, se encontraba en abril de 1994 en Byumba, en el norte del pas, y que dado su rango jerrquico, queda excluida la posibilidad de que haya participado jams en una reunin del Estado Mayor del FPR. Pero sobre todo, Ruzibiza no teme contradecirse: aun cuando haba asegurado inicialmente haber formado parte del "network commando", autor del atentado, hoy afirma que no era ms que un tcnico infiltrado, encargado de efectuar patrullajes de reconocimiento en la colina de Masaka, desde donde se efectu el disparo contra el avin (5). Reconoce no haber estado ms de una hora con el juez de instruccin francs. Otro testigo, Emmanuel Ruzigana, se excus. Despus de la publicacin de la decisin judicial, le escribi al magistrado para precisar: "Usted me atribuye falsamente la pertenencia a ese network commando, un grupo cuya existencia yo haba negado". Sin embargo, las exposiciones de estos dos testigos clave fueron las que le permitieron al magistrado concluir que un comando del FPR, entre los cuales haba dos tiradores, abandon la sede del Parlamento ruands donde estaba acantonado un destacamiento de 600 hombres del FPR, y tom posicin en la colina de Masaka para vigilar la llegada del avin presidencial y luego, una vez terminado el operativo, volvi a su base en taxi. No sin haber dejado en el lugar del crimen dos lanzadores que luego permitieron identificar los misiles utilizados, dos Sam-16 de origen ruso, que habran sido puestos a disposicin del FPR por su aliado ugands. Si el juez francs se hubiera desplazado en comisin rogatoria al terreno de los hechos, habra descubierto que la colina de Masaka se encuentra en una prolongacin de la pista del aeropuerto y del campo militar de Kanombe, y que en esa poca era un feudo de la guardia presidencial de Habyarimana, compuesta por los ms duros del rgimen. Hubiera encontrado en el lugar testigos que le hubieran sealado que en el momento de los hechos, en los pocos kilmetros que separan el Parlamento del lugar desde donde presuntamente parti el disparo, se haban erigido no menos de siete barreras, en las cuales esta guardia presidencial, en alerta mxima, controlaba severamente las identidades de las personas que transitaban y el paso de vehculos. Cmo los tutsis, fsicamente muy reconocibles, habran podido abandonar primero sin dificultades el recinto del Parlamento ruands, custodiado por los Cascos Azules de la Misin de Naciones Unidas para la Asistencia a Ruanda (Minuar), y luego franquear todos los puestos de control custodiados por sus peores enemigos? Suponiendo que hubieran llegado vivos a Masaka, habran tenido que disimularse entre el orfanato Sainte Agathe -que alojaba a los protegidos de la esposa del presidente y era defendido por la Guardia Presidencial- y el lugar denominado "la Ferme" (la chacra), un dominio que tambin perteneca al jefe de Estado y al cual slo tenan acceso la guardia presidencial y los militares franceses. Las dos vas de acceso a Masaka (la ruta Kigali-Kibungo y un camino adyacente), erizados de retenes de control, se extienden a lo largo de dos pantanos imposibles de atravesar en automvil. El origen presunto de los misiles es otro tema polmico. El juez, que viaj en comisin rogatoria a Mosc, asegura haber podido identificar un lote de 40 misiles fabricados en la ex-URSS y entregados a Uganda. El presidente ugands Yoweri Museveni los habra cedido enseguida al FPR. El informe de identificacin y las fotos de esos lanzamisiles estn tomados de documentos elaborados por la Misin de Informacin del Parlamento francs. La dificultad consiste en que despus de haber hecho pericias de esas fotos y constatado que los misiles se encontraban todava en los lanzadores y, por lo tanto, no haban sido disparados, la Misin concluy que hubo una probable. manipulacin. Adems, estas conclusiones no tienen en cuenta informaciones que fueron comunicadas al tribunal de Arusha durante el proceso del coronel Thneste Bagosora, considerado como el "cerebro del genocidio". Documentos producidos en esa ocasin demuestran que desde 1992, el ejrcito gubernamental ruands, temiendo un ataque areo proveniente de Uganda, trataba desesperadamente de adquirir misiles tierra-aire y haba contactado a varios proveedores. Una oferta detallada, producida en Arusha y que provena del Ministerio de Defensa de Egipto, ofreca un lote de 100 misiles y de 20 lanzadores, provenientes de la ex-URSS y de Bulgaria. Aunque siempre se dijo que las fuerzas gubernamentales no posean misiles y no haban aprendido a usarlos, desde entonces qued establecido que trataron por todos los medios de procurrselos. Por otra parte, en una conferencia de prensa celebrada el 31 de noviembre de 2006, el portavoz del TPIR, Everard O'Donnell, parece asestar una spera desmentida a la decisin del juez Bruguire. Recordando todos los juicios ya realizados por el TPIR, seala que en cada oportunidad los jueces concluyeron en la realidad de "una conspiracin planificada y sistemticamente organizada con el propsito de cometer un genocidio". Los asesinatos y luego las matanzas, que en algunos lugares haban comenzado antes del 6 de abril, no pueden ser considerados como "una reaccin espontnea" por la muerte del presidente Habyarimana. El portavoz del TPIR recuerda tambin que la colina de Masaka y el lugar del derribamiento del avin estaban en ese momento controlados por la guardia presidencial, y que sta le impidi a todo el mundo, incluyendo a los Cascos Azules belgas, acceder a los restos del avin. El portavoz seala tambin que una vez hallados los lanzadores de misiles, fueron confiados al Ministerio de Defensa del gobierno interino, bajo la autoridad del coronel Bagosora, que los envi a Gisenyi, en la frontera congolesa. De estos diversos testimonios puede concluirse que si el FPR poda efectivamente haber tenido misiles en su poder, las fuerzas gubernamentales tambin podran haberlos adquirido. Y que, aunque se haba establecido que no disponan de tiradores de elite en sus filas, habran podido recibir la ayuda tcnica de expertos extranjeros. Este es, precisamente, el testimonio que, desde hace doce aos, repite el belga Paul Henrion. Ex militar, reciclado en realizador de obras pblicas, este hombre que vivi ms de treinta aos en Ruanda, mantuvo su entrada al mbito presidencial y recuerda que pasando por Masaka, el 6 de abril por la maana, not que haba militares que haban tomado posiciones, dotados de un can anti carros de asalto. Al volver a pasar por el lugar a la tarde, observ que esos hombres seguan all, observando el cielo. Not entonces un detalle que ya lo haba sorprendido a la maana: esos hombres, con uniforme de la guardia presidencial, llevaban sin embargo su gorra de una manera no habitual, inclinada hacia la derecha, como suelen hacerlo las fuerzas francesas, mientras los belgas y los ruandeses la inclinan hacia la izquierda. Desde ese momento, se plantea la pregunta de si algunos extranjeros se habran disimulado entre las filas de la guardia presidencial (6). Al leer la decisin del juez Bruguire, tambin impacta constatar que este texto, fruto de ocho aos de trabajo, tiene numerosos errores, menores tal vez, pero que indican una cierta ligereza en su elaboracin: la sigla de la Radio Televisin de las Mil Colinas, que alentaba a matar, no est escrita correctamente; y los milicianos hutus interahamwe se convierten en "interahawe", mientras que la mayora de los acusados, altos dignatarios del rgimen ruands, son presentados como de "nacionalidad desconocida". Por qu el juez Bruguire eligi publicar en noviembre de 2006 una investigacin cerrada desde haca dos aos, ya ampliamente mediatizada, violando el secreto de la instruccin, y no la modific teniendo en cuenta las nuevas informaciones provenientes de Arusha? Por qu el magistrado, que se prepara para dejar la carrera judicial, y que est considerando presentarse en las prximas elecciones legislativas francesas del 10 y 17 de junio de 2007 en las listas de la Unin por un Movimiento Popular (UMP), habra decidido cerrar todas sus actuaciones, entre las cuales est la investigacin ruandesa?

Denuncias admisibles

Es forzoso constatar que esa piedra en el agua, cuyas consecuencias parecen haber consternado al Quai d'Orsay, fue saludada con entusiasmo en los medios militares franceses. En efecto, estn en curso varios procesos engorrosos. Desde hace dos aos, estn radicadas en el Tribunal Militar denuncias presentadas por seis vctimas del genocidio, en contra de militares franceses que participaron en la Operacin Turquesa. Cuatro de esas denuncias fueron juzgadas admisibles. Uno de los denunciantes, el ex seminarista Bernard Kayumwa, que estuvo refugiado en la colina de Bisesero, le reprocha a los franceses haber descubierto, el 27 de junio de 1994, a su grupo de tutsis sobreviviente y prometido enviar ayuda. En realidad, "despus de su partida, la poblacin convergi hacia nosotros con machetes, y los gritos y las explosiones deban orse hasta Kibuye. Muy debilitados, perdimos ms gente todava . Cuando los franceses volvieron el 30 de junio, nos quitaron nuestras armas tradicionales y nos llevaron hacia Kibuye. Pero a los Interahamwe los dejaron dirigirse hacia el bosque con sus armas.". Aun cuando Pars recuerda que lo judicial y lo poltico estn separados, eso no impide que, en dos oportunidades, el Magisterio Pblico se haya opuesto a que el Tribunal Militar llevara la investigacin sobre el terreno. El efecto colateral de la ruptura de las relaciones diplomticas, consecutivo a la ordenanza del juez Bruguire, es que ahora cualquier investigacin ser imposible en Ruanda. El segundo procedimiento que puede inquietar a Francia se desarrolla en Ruanda, y la crisis actual slo puede estimular el celo de la Comisin de Investigacin Nacional, que obtuvo el acceso a los archivos de los ministerios ruandeses de Relaciones Exteriores y de Defensa, y que recibe declaraciones de numerosos testigos. La sntesis de los trabajos de la comisin ruandesa debera apoyar las acusaciones ya realizadas en Kigali y esto representar un nuevo episodio de la guerra de palabras a que se han entregado en este momento Francia y Ruanda. Ms all de las acusaciones cruzadas, el problema entre ambos pases es tambin de orden psicolgico, ya que el ejrcito francs no soportara haber fracasado ante el FPR, que en julio de 1994 se apoder del poder en Kigali sin haber consentido negociar con los aliados de Pars. Y desde el punto de vista ruands, no slo se le reprocha a Francia el apoyo que le diera a las fuerzas genocidas en un pasado no tan lejano, sino tambin el hecho de que las autoridades francesas, a diferencia del primer ministro belga Guy Verhofstadt, del presidente estadounidense William Clinton, y del secretario general de la ONU Kofi Annan, no hayan hecho nunca un acto de contricin. Esto es percibido como una perseverancia en el error.

1 Le Monde, Pars, 28-3-04; Pierre Pan, Noires Fureurs Blanc Menteurs, L'Esprit Frappeur, Pars, noviembre de 2005. 2 Gabriel Pris y David Servenay, Une guerre noire. Enqute sur les origines du genocide rwandais (1959-1994), La Decouverte, a publicarse el 25-1-07. 3 Oficialmente la Operacin Turquesa decidida con el aval de la ONU en julio de 1994 tena un objetivo humanitario. Sin embargo, la accin del ejrcito francs siempre fue cuestionada: en realidad habra demorado la marcha del FPR que pona fin militarmente a las matanzas, y permitido la evacuacin de los criminales. 4 Raphal Glucksmann, David Hazan y Pierre Mezerette, Tuez les tous, Dum Dum Films y La Classe Americaine, 2004. 5 Libration, Pars, 28-11-06. 6 El supuesto mvil de los franceses es el siguiente: el presidente Habyarimana, bajo la presin internacional, haba terminado por aceptar que se constituyera un gobierno de transicin. Lo compondran ministros surgidos del FPR. Pero este acuerdo sobre todo hubiera abierto el camino a la reforma del ejrcito, el 40% de cuyos efectivos, soldados pero sobre todo oficiales, provendran del FRP. Ms jvenes, mejor formados, ms combativos, rpidamente podran suplantar a oficiales como Bagosora y otros y sobre todo su presencia habra impedido algunos trficos realizados por el clan presidencial y sellado la partida definitiva de los colaboradores militares franceses, que haban terminado por abrazar la causa ruandesa. En Kigali, en vsperas del 6 de abril, muchos observadores presentan la "rendicin" de Habyarimana y teman que sus das estuvieran contados. Es lo que explica que la responsabilidad del atentado haya sido atribuida a los extremistas Hutus, que liquidaron rpidamente a todos los Hutus moderados que hubieran podido aplicar los acuerdos.


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