Los Gobiernos español y canario y el lobby pro marroquí, cómplices de la represión en el Sahara
periódico Pásalo
La justa lucha del pueblo saharaui en exigencia de la autodeterminación
de su territorio, derecho garantizado por la Carta de las Naciones
Unidas y recogido en el Plan Baker, ha sido respondida, desde la firma
del Acuerdo Tripartito en 1974, con crueles episodios de represión y
muerte por el ejercito y la policía de Marruecos, país que ocupa
ilegalmente los territorios de Saguia al Hamra y Río de Oro.
Desde que en
1991 el Frente Polisario y Marruecos firmaron el alto el fuego con el
acuerdo, entre otros, de la celebrar de un referéndum en 1992 sobre la
autodeterminación del Sahara, los incumplimientos y trabas al proceso
por parte de la monarquía alauita han sido constantes. Naciones Unidas
designó a James Baker como Enviado Personal de su Secretario General y
consiguió que Marruecos y el Frente Polisario firmaran en 1997 los
Acuerdos de Houston, que dieron lugar al primer Plan Baker, también
bloqueado persistentemente por Maruecos, lo que obligó en 2003 a
formular otro plan –el Plan Baker II-, avalado por unanimidad por el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Resolución 1495) y nunca
cumplido por el reino marroquí. Este plan concertaba un período de 5
años de autonomía, que culminaría con el referéndum de
autodeterminación.
Actualmente, el territorio del Sáhara Occidental se halla dividido por
un muro de más de 2.000 km. de norte a sur. La zona oeste está
ocupada ilegalmente por Marruecos, al este se encuentran los
"territorios liberados" bajo el control del Frente Polisario. Mientras,
la población que fue expulsada por la Marcha Verde y por el fósforo
blanco del ejército de Hassan II vive aún en los campamentos de Tinduf,
en el Sahara argelino.
LA ‘INTIFADA’ SAHARAUI
En los años ‘90 comenzó la revuelta popular que
Driss Basri, hombre fuerte de Hassan II en los territorios ocupados,
reprimió sistemática y sanguinariamente. Miles de personas sufrieron
persecución política, pues el mero hecho de ser saharaui convertía a
una persona en sospechosa de pertenecer al Frente Polisario. En mayo de
2005 comienza la intifada en El Aaiún y rápidamente se extiende a Dajla
y Smara, llegando a Assa en el sur de Marruecos.
Incluso en las universidades marroquíes de Agadir, Marraquech y
Rabat, los estudiantes saharauis mostraron su rechazo a la ocupación.
“La intifada saharaui no es un sueño, es un hecho”, afirmó Ali Salem
Tamek, militante independentista y ex preso político. Mohadmed VI se
empleó con la misma contundencia represiva que su padre, añadiendo al
terror en los territorios ocupados el estrangulamiento de los
campamentos de Tinduf. También las agencias de Naciones Unidas
redujeron inexplicablemente la ayuda alimentaria en más de un 40 %,
contribuyendo así a un genocidio anunciado, aunque silenciado por la
Unión Europea y Estados Unidos.
El 10 de
diciembre pasado, con motivo del Día Internacional de los Derechos
Humanos, tuvieron lugar en la principales ciudades del país –El Aaiun,
Smara, Dajla, etcétera- manifestaciones reclamando la liberación de los
presos políticos, la organización del referéndum de autodeterminación y
el esclarecimiento del destino de 500 desaparecidos saharauis, así como
de los más de 151 prisioneros de guerra. Así mismo, los manifestantes
exigían que se permitiera a los observadores internacionales, a la
prensa y a los parlamentarios extranjeros entrar libremente al
territorio.
MARISA ZAMORA Y LAS PATERAS
Desde el verano pasado se vienen produciendo frecuentes muertes de
jóvenes en su intento de escapar de la represión de la policía o el
ejército ocupante, utilizando destartaladas barcas que les proporcionan
unas mafias dirigidas por las autoridades coloniales. Mohamed
Abdelaziz, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática
(RASD), solicitó a Kofi Annan, secretario general de la ONU, una
investigación sobre la muerte de 50 saharauis ahogados cuando
intentaban llegar a Canarias. Algunos de estos jóvenes han arribado a
nuestras costas enarbolando la bandera de la RASD y solicitando un
asilo político que el Gobierno español rara vez concede.
Por su parte, la Consejera de Trabajo y Asuntos Sociales del Gobierno
de Canarias, Marisa Zamora, no reconoce la represión marroquí en el
Sahara y dice que Marruecos se deshace de estos chicos
“conflictivos” enviándolos a Canarias. La “sagaz” consejera ha llegado
a afirmar en sede parlamentaria que "las mismas autoridades de
Marruecos los incitan a subir a las pateras, porque se han criado en la
calle y allí crean problemas".
EL ‘LOBBY’ PRO MARROQUÍ
La vergonzosa abstención del Gobierno de Zapatero en una resolución de
la 61 sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas que reafirma que
“el Sáhara Occidental es un asunto de descolonización” y que requiere
la aplicación de la resolución 1514 , es decir, que la solución pase
inexcusablemente porque el pueblo saharaui ejerza su derecho
inalienable a la autodeterminación, confirma no ya la
pasividad de anteriores Gobiernos, sino la apuesta decidida de los
socialistas españoles por apoyar a la “monarquía hermana” de Marruecos.
El embajador de la RASD en Argelia, Mohamed Y.
Bïssat, da las claves de esta situación al afirmar en la revista
española Diagonal que “La política del Gobierno español está
secuestrada por un lobby promarroquí que defiende sus intereses
personales y que ha vinculado su destino con la ocupación del Sáhara”,
y añade: “Es un lobby muy pequeño, compuesto por antiguos responsables
del PSOE que tienen fincas en Marruecos, como Felipe González y varios
embajadores”.
Por otra parte, la sicalíptica relación de la
monarquía alauita con los oligarcas canarios también se ha
intensificado, si cabe, en los últimos años. Ya no sólo fomentan el
silencio cómplice, sino que defienden abiertamente los intereses de esa
sanguinaria “mafia real”. Las Jornadas de Difusión de la Cultura
Marroquí en Canarias, celebradas en noviembre pasado, han puesto al
descubierto lo que ya en septiembre denunciara el compañero de Canarias
Semanal.com, A. R. Suárez: al inusitado ardor promarroquí del ex
presidente de Canarias, ex ministro y actual candidato socialista a la
alcaldía de Las Palmas, Jerónimo Saavedra, se le añadían nombres
“ilustres” de la vida cultural y el periodismo, como Ángel Tristán
Pimienta, director de La Provincia, con su aguerrida militancia
antisaharaui, o el ex comunista Juan Rodríguez Betancor. A estos
colaboracionistas habría que añadir al presidente del Gobierno de
Canarias Adán Martín y a su consejero de Economía y Hacienda, José
Carlos Mauricio, que siempre han dado muestras de desdén hacia la causa
saharaui, promoviendo, al mismo tiempo, una íntima y fértil relación
con la monarquía alauita, con los territorios ocupados como escenario
de negocios comunes.