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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2007

Los fantasmas de la tortura

Tito Tricot
Periodico latinoamericanista Giraluna



La noche se hizo ms oscura en aquel momento preciso en que el cuarto estall en un millar de llamaradas azules quemando la piel, remeciendo huesos y todas las frgiles certezas. Porque estando all, desnudo y vendado, no poda haber sonrisas ni ocanos turquesa, ni claveles o puestas de sol amaranto. De repente la vida se haba transformado en ese febril instante suspendido en un desesperado y denso soplo de aire fresco, despiadadamente perforado por la electricidad. El mundo haba sido dolorosamente reducido a ese breve espacio entre tus ojos y la obscena venda, un recuerdo permanente de que una madrugada de triste roco nos acribillaron el alma cuando los militares chilenos asaltaron el poder e hicieron lo que hacen los militares: matar.

Y mataron, detuvieron y torturaron a miradas de hombres y mujeres cuyo nico crimen fue pensar distinto. Pensar era peligroso para esta moderna inquisicin que no permita crticas y que, de la noche a la maana, decret la obsolescencia de la felicidad. Si embargo, gente valiente y obstinada resolvi pensar y sonrer e incluso tratar de ser feliz en medio del horror circundante. Estbamos convencidos que la vida poda conquistar a la muerte. Adems, muchos de nosotros no podamos creer lo que escuchbamos de boca de los amigos o lo que se deca en la calle. Porque, Cmo era posible que seres humanos cometieran tales atrocidades? Cmo era posible que algo as estuviera sucediendo en Chile? Adnde se haban marchado la montaas de nieves eternas, los hermosos bosques sureos, la lluvia nocturna, nuestra legendaria solidaridad?

Simplemente no queramos creer que chilenos hicieran eso a otros chilenos, a sus amigos, vecinos, parientes. Pero lo hicieron y ahora, de pie, desnudo y amarrado en medio del cuartel, la verdadera dimensin del golpe de estado me fustigaba con la furia del mar. Como los golpes de electricidad en diferentes partes del cuerpo, hacindome temblar y gritar con tanta fuerza que las venas parecan explotar entre el dolor y la incertidumbre. No puedes domar la electricidad, te doma ti; no puedes luchar contra la electricidad, te domina a ti; no puedes ignorar la electricidad, pues recorre cada pliegue de tu cuerpo. Te quema la carne, el corazn y el alma. Y, por sobre todo, te hace gritar con tal mpetu que los pelcanos y las mariposas detienen su vuelo perturbados por el agnico alarido. Es como si alguien ms estuviera gritando, un sonido gutural que proviene de tu boca, pero no es tu boca. Un golpe metlico que te toma por sorpresa cada vez, pues no importa cuan preparado creas estar, el fulminante latigazo te recuerda que no tienes el control.

Y ellos lo saben, los torturadores saben que ellos tienen el control y se solazan en su espurio poder. Entonces, el vergajazo golpea nuevamente para estremecerte con la indolente frialdad de la muerte mientras ren de tu sufrimiento y desconcierto. Como probablemente ran cuando llevan a sus hijos a jugar en la plaza local o cuando besan a sus novias despus de hacer el amor. Es la horrorosa constatacin de que los torturadores son gente comn y corriente que tienen vidas tambin comunes y corrientes durante el da, pero se transforman en fieras durante la noche, porque tienen el poder. Y lo usan para patearte y golpearte, gritarte, atemorizarte. Han sido desprovistos de toda su humanidad y tratan de desproveernos de toda nuestra humanidad. Pero, en la abrumadora soledad y oscuridad de nuestras celdas, an sonreamos y llorbamos, recordbamos a nuestros seres queridos y sobamos en la libertad. Nos negamos a ser deshumanizados, porque nadie tena el derecho a pensar por nosotros, respirar por nosotros o convertirnos en meros fantasmas. Esto no lo podamos permitir, entonces, cuando y como podamos, forzbamos una sonrisa o nos erguamos en el umbral del dolor para caminar unos centmetros. Era nuestra propia venganza para enfrentar la brutalidad militar.

Los militares libraban una Guerra contra un pueblo inerme, pero nosotros librbamos nuestra propia guerra: la guerra por la supervivencia. No era ni coraje ni herosmo, sino que simplemente el instinto elemental de vivir. Para ello necesitbamos creer que exista un maana despus del infierno. Podan despojarnos de nuestras ropas, pero jams de nuestra dignidad; podan quitarnos todas nuestras posesiones, pero jams nuestra capacidad de soar. Tenamos que convencernos que un da terminara esta locura, que ms temprano que tarde nuestro pas recuperara la sonrisa. Era la nica manera de soportar los gritos, los llantos, el dolor y las angustiantes lgrimas de esas mujeres inermes violadas por marinos hijos de putas que hablan de galeones antiguos y estrellas fulgentes mientras hollan la dignidad de las mujeres del pueblo. Y solo podamos susurrar una palabra de solidaridad por ellas, aunque sabamos que nada las salvara de aquel horrendo sino. Entonces, quisiera haber podido hacer ms, pero no poda. Quisiera no haber estado ah, pero estaba; deseara que los militares no hubiesen derrocado al gobierno de Salvador Allende e instalado una dictadura, pero lo hicieron. Deseara no haber sido torturado, pero lo fui. Quisiera que los torturadores hubiesen sido juzgados por sus crmenes, pero no lo fueron

As, treinta aos despus, muere tranquilamente el dictador entre los vtores de sus seguidores y la vergenza de los gobiernos de la Concertacin que nada hicieron por juzgarlo. La muerte le gan a la justicia, el tiempo a la memoria, la cobarda a la valenta de los cados, el engao a la verdad, la complacencia a la implacable dignidad de la verdad. Mientras tanto, continan desaparecidos los desaparecidos, torturados los torturados, ejecutados los ejecutados, exiliados los exiliados. As, a la vuelta de cualquier esquina, en otoo o invierno, podemos encontrarnos cara a cara con todos los torturadores del mundo, quizs riendo a carcajadas por vivir en este paisito con vista al mar donde nadie les juzgar por sus crmenes. Pero que no se olviden de la memoria colectiva que, agazapada en algn rincn de la esperanza, pervive para nacer y renacer la verdad y la justicia.



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