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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2007

Hombre pobre, hombre rico

Daro Melano Jasmn
Rebelin



-Sabes Ernest? Los ricos son diferentes de nosotros.
-Si, ya lo se. Tienen ms dinero.
(E. Hemingway)

En las cercanas del ao 1929, John Raskob, directivo de la multinacional General Motors, adverta a la poblacin del planeta que "todo el mundo puede y debe ser rico invirtiendo en el mercado de valores". Una mirada retrospectiva nos permitira constatar, oh irona de la vida!, que esta frase de Raskob fue pronunciada poco antes que ocurriera la gran crisis econmica mundial provocada por el llamado "crack" de la Bolsa de Valores de Nueva York. No es nuestra intencin entretenernos en poner en evidencia aqu el escaso o nulo talento proftico del mencionado hombre de finanzas. Lo que s nos resulta destacable en esa desafortunada premonicin, es aquello que subyace en la esencia de dicho enunciado, segn el cual dentro de este sistema el acceso a los bienes econmicos estara al alcance de toda la humanidad por igual. De ah que, llegados a esta instancia y presas de la duda, nos haya parecido pertinente formular la siguiente pregunta: Hasta qu punto la estructura social del capitalismo alberga la posibilidad real de asumir caractersticas progresivamente ms igualitarias para todos los hombres, mujeres y nios del mundo? Naturalmente, lo ms probable es que esta actitud inquisitiva nos obligue a dejar en pleno territorio de la ciencia ficcin la hiptesis de un ingreso masivo de la poblacin mundial al reino de la opulencia mediante supuestas inversiones en el mercado de valores. O, en todo caso, a plantearnos la posibilidad de que la aseveracin del directivo de General Motors no hubiese sido registrada en su totalidad. Tal vez -quin le dice- la sentencia completa haya sido: "todo el mundo puede y debe ser rico invirtiendo en el mercado de valores . . . exceptuando a los pobres, por supuesto".

Como se ve, hemos de seguir insistiendo en esto de dudar, de no aceptar de buenas a primeras lo que se nos dice desde ciertos mbitos, habida cuenta que de ellos suelen surgir interpretaciones no slo inopinadamente jocosas, sino sobre todo sospechosamente interesadas. Por ejemplo, considerar la polarizacin social como un fenmeno inalterable, inmerso en una atmsfera de naturalidad e inevitabilidad, cual situacin inherente a la condicin humana que tornara vano y absurdo cualquier planteo de medidas que propendan a formar una sociedad ms justa. Ante semejante manipulacin de la realidad parece posible, adems de necesario, enunciar el problema desde otras perspectivas.

Reflexionemos, a este propsito, sobre lo que nos dice Juan Torres Lpez. Este economista y catedrtico espaol, nos informa, sobre la base de datos recogidos por Naciones Unidas, que hay 225 personas en el mundo cuya riqueza equivale a la de la mitad de la poblacin mundial. Con el 4% de lo que ganan estas 225 personas al ao, segn nos ilustra Torres Lpez, se podran financiar programas para cubrir necesidades humanas bsicas como la educacin, sanidad, vivienda, saneamiento etc. La moraleja es que existen elementos como para que todos accediesen a condiciones dignas de vida, pero se concentran en unas pocas manos. Y ello no parecera ser sino una derivacin tan trgica como irrefrenable de una sociedad sometida ciegamente a "las leyes del mercado", constituida sobre cimientos forjados en base a un "ser abstracto y numrico", que atropella y desplaza de su lugar substancial a hombres reales que adolecen y sienten, que sufren y viven: hombres de carne y hueso. As, pues, la escandalosa polarizacin entre muchos pobres y pocos ricos encuentra su explicacin no en la naturaleza humana sino en la esencia misma del sistema, cuya supervivencia queda condicionada por la forma expoliadora, concentrada, y excluyente en que se desarrolla, en fatal correspondencia con sus aberrantes basamentos. De lo cual deriva, de manera inevitablemente necesaria, que la riqueza es posible slo para algunos, aunque tericamente parezca estar a disposicin de todos.

Sin embargo, se ha instalado como axioma de vida e inquebrantable sancin lapidaria para la pobreza, el que ella no sera sino el resultado de alguna extravagante incapacidad personal o cierta ineptitud funcional; y como corolario de aquella premisa se razona y deduce, cual silogismo, que ser pobre implicara haber "fracasado". En contrapartida, el confort-mismo aristocrtico no significara sino el producto de una extraa amalgama de cualidades propias de unos pocos elegidos, cuyos raros componentes, ajenos por cierto a los dems, estaran dados acaso por la santidad de algn halo resplandeciente de "sacrifico, asiduidad, oportunismo, y mrito".

Desde aquella lnea de pensamiento se formulan algunas confusas abstracciones eufemsticas que pretenden dar respuestas apaciguadoras de inevitables desesperanzas, tendientes a mantener la estabilidad y el statu quo del sistema de elegidos. En este sentido, la pobreza es planteada por algunos sectores en base a frmulas como "desajustes en las leyes del mercado", "perodo de transicin", "insuficiencia de inversiones extranjeras", "fase de depresin econmica", y otros embrollos semejantes.

Logra captar la esencia de tales articulaciones? Se pretender con ello persuadirnos de que nos encontramos actualmente en una fase negativa tan slo transitoria del sistema? No lo creo. Porque ello implicara afirmar que todos los historiadores que documentaron los ltimos anales de la humanidad habran obviado el captulo referente a la etapa en que el sistema fue prspero para todos (y no slo para la minora). Ser tal vez que no despejamos nuestros umbrales lo suficiente para que las grandes corporaciones extranjeras pudieran beneficiarnos con sus pinge capitales? Si as fuese, ello equivaldra a suponer que las multinacionales son mucho ms empresas de beneficencia que emporios dedicados a producir ganancias al "menor costo humano".

No. Aquellos sofismas ofenden la inteligencia. Sus encubiertos motivos encienden la indignacin. Son simples y vulgares artilugios que persiguen el deliberado propsito de vender humo a precio de horno. Se trata de mimetismos gramaticales de una inocultable y cruel realidad: la miseria de los ms y sus secuelas.

Y como se sabe, son unos cuantos los protagonistas de la afrenta. Son pocos los magnates. Grandes son las ignoradas lgrimas infantiles que todos miran y nadie ve. Muchos los nios que deambulan sometidos a los destinos umbros de la implacable desesperanza: el sistema dice que han fracasado.







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