Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2007

Palestina y la larga mano de la ocupacin

Agustin Velloso
Diagonal


Los palestinos vuelven a ser protagonistas estos das, como lo son desde hace muchos aos, de noticias relacionadas con hechos violentos. ltimamente, informan diarios e informativos televisados, los palestinos se matan entre ellos, con lo que se confirma el carcter belicoso, extremista y sanguinario de stos, y de rabes y musulmanes en general, ya que los iraques tambin estn inmersos en una lucha fratricida.

En el pasado los medios han informado habitualmente de ataques palestinos contra los israeles, as que al consumidor de noticias no le extraa hoy que los palestinos se decanten- al igual que los iraques- por la guerra civil, como si sta fuera lo ms natural del mundo, la consecuencia lgica e inevitable de la poltica, cuando no de la personalidad, rabe y musulmana, vale decir atrasada, si se compara con la poltica y la cultura occidental, que es por definicin democrtica y avanzada.

Lo que no se incluye habitualmente en esas informaciones son referencias al papel de esos gobiernos occidentales en la situacin poltica de Oriente Medio. Si se menciona algo es para escribir, sin asomo de vergenza o de conocimiento, que el Gobierno de Israel no puede negociar con los extremistas de Hams porque no cumplen las condiciones que la comunidad internacional les exige para entablar el dilogo con ellos.

Esta maniobra es compartida por una minora de ciudadanos que conoce el conflicto y es proisrael, y aceptada por la gran mayora que desconoce el ncleo del problema, porque ha sido hbilmente confundida por la informacin sesgada y falsa que le proporcionan los medios. Por su parte, los palestinos se convierten en el caso paradigmtico de la vctima que adems es culpada por su verdugo y abandonada a su suerte por los partidarios de aqul.

Resulta casi imposible creer que una poblacin, que segn la ley internacional ha de gozar de especial proteccin, por ser refugiada en su mayor parte y vivir bajo ocupacin militar en su totalidad, sea objeto de sanciones econmicas y polticas, en lugar de recibir proteccin y justicia por parte de la comunidad internacional, la cual se supone que tiene que cumplir y hacer cumplir esa ley y no alinearse con el ocupante y el violador de los derechos humanos, polticos y sociales de los palestinos.

Como lo que sucede en Palestina es del todo inaudito, el ciudadano medio, tal y como quera Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, opta por creer la informacin simplificada que le presentan y que su mente alcanza a comprender de un vistazo, en lugar de enfrentarse a una realidad algo compleja que se le oculta o tergiversa, y cuya comprensin exige una reflexin para la que no encuentra tiempo.

Una y otra vez se pone la responsabilidad del estancamiento del conflicto en los palestinos: hoy se trata del Gobierno de Hams, hace un par de aos era el propio Arafat, hace algunos ms (y an permanecen) eran los ataques palestinos, anteriormente la Intifada y as sucesivamente en una lista inacabable y variada que resalta la violencia palestina y su oposicin a Israel. No se dice que este Estado es potencia ocupante y que su ocupacin, sangrienta y brutal adems de ilegal, es el origen del problema y la responsable fundamental de su progresivo deterioro.

Desde hace dcadas se marea la perdiz buscando causas y tambin mil y una frmulas polticas ms o menos imaginativas para dar con una solucin que resulta imposible precisamente porque no se ataca el ncleo del problema: la ocupacin. Se disean negociaciones de paz (que no son sino imposiciones del fuerte sobre el dbil), se favorecen algunos lderes (que sin recato se califican de pro-occidentales, como si esto fuera la cualidad que les convierte en legtimos ante los palestinos), se somete a los palestinos a unas condiciones de vida infrahumanas (acepta la ocupacin israel y llmala dilogo o enfrenta la muerte y la miseria), en definitiva se intenta de todo menos establecer la justicia y el respeto de los derechos humanos.

En el ao que acaba de finalizar, 2006, se ha intentado en Palestina (aunque no por vez primera s con especial virulencia) una conocida poltica imperialista, que tambin se lleva a cabo en Iraq con el mismo fin: que los palestinos se maten entre ellos. Se busca obtener un doble resultado: por un lado la eliminacin del enemigo sin la intervencin militar (o sea, directa) del imperialista y por otro la justificacin de la intervencin poltica (o sea, perifrica).

Las luchas internas son un regalo del cielo para los defensores del imperialismo y de la supremaca -cultural, religiosa, democrtica- de Occidente y desde luego un regalo en bandeja de plata para los gobiernos de Israel y Estados Unidos, as como para el movimiento sionista. Es sencillamente trgico que los palestinos caigan en esta trampa y desde luego deshonroso para algunos lderes de Fatah, que han sido incapaces de hacer avanzar la causa palestina, que se han lucrado durante su mandato y que con tal de no perder sus privilegios se alan ahora con los opresores de sus compatriotas en contra de los intereses de la mayora de los palestinos.

No hace falta ser Sherlock Holmes para sospechar de las verdaderas intenciones de la Unin Europea y Estados Unidos respecto de la democracia y los derechos humanos en Palestina (y en cualquier otro lugar), al observar su respuesta coordinada a los resultados de las ltimas elecciones en los territorios ocupados: gana Hams y a rengln seguido aslan polticamente a su Gobierno, bloquean la economa palestina, siembran la disensin interna, arman y entrenan militarmente al partido perdedor y mantienen su apoyo a Israel mientras que ste sigue asesinando palestinos, ocupando su tierra y oprimiendo y encarcelando a los que se resisten (lo que incluye a sus lderes democrticamente elegidos y tambin a los menores de edad).

Al mismo tiempo, el ciudadano medio europeo y estadounidense se siente superior a los palestinos porque a su juicio, informado por los medios occidentales, no son capaces de vivir en democracia como nosotros y se matan entre ellos por su arraigado fundamentalismo religioso, falta de tolerancia y costumbres democrticas, y por su secular tradicin anti-occidental y contraria a la modernidad.




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