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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2007

China invade frica

Irene Panozzo
Limes / Carmilla on line

Traducido para Rebelin y Tlaxcala por Gorka Larrabeiti


Los primeros aos del nuevo siglo son testigos de una continuacin de los cambios profundos y complejos de la situacin internacional y del ulterior avance de la globalizacin. (...) China, el mayor pas en vas de desarrollo del mundo, prosigue el camino del desarrollo pacfico y persigue una poltica exterior independiente y pacfica. (...) El continente africano, que comprende el mayor nmero de pases en vas de desarrollo, es una fuerza importante para el desarrollo y la paz del mundo. Las nuevas circunstancias crean nuevas oportunidades para las relaciones entre China y frica, tradicionalmente amistosas.

Comienza con estas palabras el documento programtico que el gobierno de Pekn present el 12 de enero de 2006. Un documento curiosamente titulado La poltica de China en frica, que retrata y al mismo tiempo constituye la punta del iceberg de un fenmeno de gran calado, que dura desde hace aos, siempre encima de la mesa, en las reflexiones referidas a frica: la penetracin china en el continente.

La publicacin de este documento es an de mayor valor, pues se trata de un paso no ya raro sino nico por parte del gobierno de Pekn. La articulacin de una poltica especfica acerca del continente es la segunda de esta clase en toda la historia de la China popular. Slo en 2003 Pekn prepar algo similar al dejar escrita su poltica en relacin con la Unin Europea. Pero en el caso de frica, la presentacin de esta suerte de libro blanco sobre las relaciones chinas con el continente se ha visto enmarcada en una apretada red de encuentros, firmas de acuerdos de cooperacin econmica, visitas oficiales, contratas riqusimas para la construccin de infraestructuras y contratos energticos multimillonarios. Para ilustrar el documento a la prensa, compareci aquel da el Portavoz del Ministro de Asuntos Exteriores chino. El Ministro, Li Zhaoxing, no estaba presente por estar comprometido en otro lugar: en frica, nada menos, en un viaje oficial de 8 das, que le llev de Cabo Verde a Senegal, de Mali a Nigeria, de Liberia a Libia. Seis pases, seis piezas igualmente importantes para la estrategia china, si bien por distintos motivos: por la pesca, Cabo Verde y Senegal; por el petrleo, Nigeria y Libia; la madera, Liberia; y el algodn, Mali. Pero ms all de los recursos naturales, todos los encuentros bilaterales y los acuerdos firmados por Li Zhaoxing con las partes locales se referan tambin a la cooperacin tcnica y poltica, as como a la mdica y cultural.

Las buenas relaciones entre China y los pases africanos no son nuevas. Desde la poca de la independizacin, la Guerra Fra y la No-Alineacin, China ha venido tejiendo relaciones diplomticas importantes con parte de los gobiernos del continente. El primer pas africano que reconoci a China Popular e instaur relaciones diplomticas con Pekn fue el Egipto de Nasser en 1956. Hace 50 aos y en otro panorama internacional: eran los aos del nacimiento de los pases no-alineados, creado por el mismo Nasser junto al presidente yugoslavo Tito y al indio Nehru. La China de Mao, cuyas relaciones con la URSS de Kruschov estaban en fase de tensin creciente, era uno de los pases a los que caba acercarse. Ms an habida cuenta de que Nasser haba chocado con los pases occidentales por la cuestin de Suez, por lo que estaba listo a mirar hacia aquellos comunistas para obtener los fondos necesarios para la construccin de la gran presa de Assun, dinero que lleg enseguida de la URSS. Las dcadas posteriores asistieron al establecimiento de la doctrina china del tercermundismo y a la llegada al poder en algunos pases africanos de padres de la patria adalides del socialismo africano, entre ellos el tanzano Julius Nyerere , cuya poltica de colectivizacin agrcola basada en las ujamaa (solidaridad familiar en kiswahili), las aldeas comunitarias, pilares del sistema agrcola tanzano durante casi veinte aos, se inspiraban claramente en los principios de la Revolucin china.

Recordando este pasado, el prlogo del documento del 12 de enero apela a las relaciones tradicionalmente amistosas entre China y frica, subrayando cmo todos los pases, tanto los de una parte como la otra, se pueden catalogar como pases en vas de desarrollo. El panorama internacional, no obstante, no es el mismo de los aos sesenta y setenta. Por otro lado, la naturaleza de las relaciones entre Pekn y el continente africano ha cambiado radicalmente. Ya no son la ideologa, la solidaridad con gobiernos y partidos comunistas o socialistas considerados amigos o las elecciones de poltica econmica lo que determinan el destino de las relaciones entre China y frica. Desde hace algunos aos las palabras han dado paso al dinero contante y sonante con el que se pagan las concesiones petrolferas, las ingentes inversiones chinas en infraestructuras de muchos pases africanos o los prstamos a intereses casi inexistentes para pases tan endeudados que hacen difcil que se reciba financiacin de instituciones internacionales o de los pases donadores reunidos en el Club de Pars.

China empez su nueva penetracin en frica hace diez aos, atrada por las riquezas minerales del continente, sobre todo por sus reservas de petrleo y gas (sin olvidar las de cobre, cobalto, carbn y oro), necesarias para permitir que se mantenga en el pas asitico un rpido ritmo de crecimiento econmico. Pero fue tambin la presencia de mercados de fcil penetracin, en los que las manufacturas chinas, de buena tecnologa y poco precio, desbaratan toda competencia, lo que atrajo la atencin de Pekn. frica satisface, pues, las necesidades primarias del gran crecimiento econmico del gigante chino, que ha sabido crearse amplios espacios de accin en el continente.

La conquista china de frica haba comenzado hace algunos aos sin mucho bombo, con mucho pragmatismo, pero se hizo tan evidente que despert el inters del resto del mundo; el de los analistas polticos y econmicos, pero tambin el de los gobiernos, empezando por Estados Unidos y Francia, que se encontraron con que haban perdido terreno, en beneficio de Pekn, en un continente considerado estratgico tanto para sus intereses econmicos como geopolticos. Bastan algunas cifras para entender cul es la cuestin: segn datos oficiales del gobierno chino, el volumen de intercambios comerciales entre China y el continente africano se ha cuadruplicado en los ltimos cinco aos. Slo en los diez primeros meses de 2005 ha crecido un 39% y ha llegado a superar los 32.000 millones $. De estos, las exportaciones chinas hacia el continente alcanzaban 15.250 millones $, mientras las importaciones ascendan a 16.920 millones $. En esos mismos diez aos, las empresas chinas invirtieron en los pases africanos un total de 175 millones $.

Oficialmente, el punto de partida de este crecimiento exponencial en las relaciones comerciales entre ambas partes se ha de fijar entre el 10 y el 12 de octubre de 2000, cuando se reunieron en Pekn los ministros de AA.EE y de la cooperacin de China y de 44 pases africanos, creando el Frum para la cooperacin China-frica, una plataforma realizada por China y por los pases africanos amigos para [dar vida] a consultas y dilogos colectivos y a un mecanismo de cooperacin entre pases en vas de desarrollo que se enmarca dentro de la categora de la cooperacin Sur-Sur. Desde entonces Pekn ha cancelado los aranceles de 190 tipos de productos de importacin provenientes a su mercado interno de 28 pases africanos menos desarrollados, mientras las manufacturas chinas invadan el mercado africano.

Pero en octubre de 2000 Pekn ya estaba presente de modo importante en algunos pases africanos. Sobre todo en uno, Sudn, que se convirti oficialmente en productor y exportador de petrleo en setiembre de 1999 gracias mayormente a la intervencin china. Que en el subsuelo de la regin fronteriza entre el Norte y el Sur de Sudn hubiera petrleo se saba ya desde finales de los setenta; sin embargo, la reanudacin de la guerra civil entre las dos partes del pas en mayo de 1983 haba impedido trabajar a las compaas petrolferas extranjeras presentes en el terreno. A mediados de los aos noventa, tras aos de parn y de conflicto an vivo y extenso, un consorcio conocido con el nombre de Greater Nile Petroleum Operating Company (GNPOC) cogi las riendas tanto de los trabajos de prospeccin y explotacin de los bloques 1, 2 y 4 como la construccin de una refinera a las afueras de Jartum as como la de un oleoducto de 1.600 km. necesario para llevar el crudo de los campos petrolferos del Sudn meridional a Port Sudan, en el Mar Rojo. Con el 40% de las acciones, el socio mayoritario del consorcio es la China National Petroleum Corporation (CNPC), una de las mayores compaas petrolferas estatales chinas y de las ms activas en los mercados extranjeros. Adems de la participacin en la GNPOC, la CNPC disfruta de la concesin en exclusiva del bloque 6 por entero, mientras que divide con otras compaas extranjeras la explotacin de los bloques 3 y 7.

El hecho de que las compaas chinas no deban responder de sus acciones y de su eventual implicacin en situaciones de guerra y de graves violaciones de derechos humanos ante una opinin pblica sensible a estos temas ha favorecido sin lugar a dudas la estrecha colaboracin de China, puesto que ms de la mitad del export sudans de crudo va a parar al coloso asitico, cubriendo as el 5% de su demanda. Pero no slo es el petrleo lo que atrae capital chino a orillas del Nilo: estn tambin las infraestructuras por crear ex novo entre otras una tubera de 470 km. para llevar agua del Nilo y del Atbara a la rida regin oriental (un proyecto adjudicado en junio de 2005 y que costar 345 millones de $) y el mayor proyecto hidroelctrico en marcha en el continente, una presa en construccin a 350 km al norte de Jartum, a la altura de la cuarta catarata del Nilo- y la venta de armas, el sector de las telecomunicaciones y la cooperacin tcnica y mdica.

Sudn es el principal destinatario de las inversiones extranjeras chinas y uno de los pases africanos con los que Pekn tiene ms intercambios comerciales. Pero no es el nico. Sobre todo por que no slo existe el petrleo sudans. Las tres principales compaas petrolferas estatales de China, la CNPC, la CNOOC, y la SINOPEC se estn quedando con ms y ms espacios en la explotacin del crudo africano. Mientras la CNPC anda comprometida en prospecciones en el Sur del Chad y en Etiopa Occidental, la CNOOC ha firmado en enero del pasado ao un acuerdo multimillonario con Nigeria para comprar el 45% de la concesin de propiedad de la South Atlantic Petroleum, que comprende importantes yacimientos off-shore tanto de petrleo como de gas.

Aparte de los recursos energticos hay ms. El dinero chino est transformando el paisaje de muchas capitales africanas (desde Yamoussoukro en Costa de Marfil, donde ya se estn construyendo alojamientos para 225 diputados marfileos, hasta Luanda en Angola, donde empresas chinas estn restaurando un barrio entero) mediante un maquillaje que espeja tambin desde fuera el cambio arraigado en el tejido econmico. Tambin fuera de las capitales son visibles los cambios; chinos son tanto el capital como la ingeniera de la ferrova construida en Angola, por ejemplo, o las carreteras y los puentes levantados en Ruanda, as como la autopista en Etiopa y buena parte de la red de transportes de Zimbabwe. La buena tecnologa a bajo coste que ofrece China mediante sus productos ha significado para muchos pases poder saltar a la telefona celular sin pasar por la red telefnica tradicional, todava con grandes insuficiencias en muchas capitales africanas.

La relacin entre China y frica es interesante para ambos. Es sta la situacin que retrata el documento programtico publicado el 12 de enero. El nuevo modelo de asociacin estratgica que propone el libro blanco no descuida mbito de cooperacin alguno: poltica, economa, infraestructuras, cultura, hasta un total de unos treinta sectores distintos. Y no hay duda de que a los pases africanos la propuesta les pueda parecer apetecible, ms an a sabiendas de que Pekn no pone condiciones polticas. Mejor: pone slo una, fcil de respetar: sumarse al principio de una sola China, rechazando mantener relaciones oficiales con Taiwan. Una eleccin que, echadas las cuentas, conviene hacer si la gran mayora de pases africanos prefiere Pekn a Taipei.

El ltimo en romper con Taiwan para volver a establecer relaciones diplomticas con la China Popular ha sido Senegal, premiado inmediatamente. En su visita a frica de mediados de enero, el ministro de AA.EE., Li Zhaoxing, hizo etapa tambin en Dakar, donde declar que China quiere extender la cooperacin bilateral a cualquier campo, de la agricultura a la educacin, a la sanidad o a la cultura. Mientras tanto, firm un acuerdo de cooperacin econmica y tecnolgica.

La falta de condiciones polticas, excluido el principio una sola China, queda subrayada asimismo por el nfasis que pone China, por una cosa o por otra, en el mutuo respeto de los lmites territoriales, en la no agresin y, sobre todo, en la no interferencia en los asuntos internos de los pases. Lo que significa no plantear cuestiones ni poner condiciones de ningn tipo ni siquiera a gobiernos no democrticos, violadores de los derechos humanos o altamente corruptos. El ejemplo sudans tampoco es el nico en este sentido. La poltica de la mirada a Oriente emprendida por Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, en respuesta al boicot progresivo y al aislamiento internacional con el que los pases occidentales y las instituciones financieras internacionales reaccionaron ante los repetidos fraudes electorales y a la violencia usada por el rgimen para expropiar a los colonos blancos recibi una calurosa bienvenida en Pekn. No slo de palabra: cuando en julio de 2005 Mugabe realiz una visita oficial a China, recibi todos los honores reservados a un jefe de Estado y, por aadidura, ni siquiera le dejaron volver a casa con las manos vacas. A cambio de concesiones mineras, Mugabe obtuvo prstamos (entre los cuales haba uno de 6 millones $ para importar maz) y acuerdos comerciales, una inyeccin vital para la ahogada economa de un pas condenado a pasar hambre, privado desde hace aos de ayudas econmicas occidentales y de la asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional y de la Banca Mundial. El cambio radical en la orientacin de la poltica exterior del pas se ha reflejado asimismo en las medidas del ministerio de Educacin, que, en enero de 2006, con ocasin del inicio del nuevo ao escolar y acadmico, anunci que el chino se iba a convertir en materia de estudio en todas las universidades del pas, con el fin de favorecer el turismo y los intercambios comerciales con Pekn. Las cosas tampoco han sido muy distintas en Angola, segundo productor, tras Nigeria, de petrleo africano, que est resurgiendo de sus cenizas despus de una guerra civil que dur casi treinta aos. El fuerte endeudamiento del pas y la falta total de transparencia, que no es un misterio- esconde un sistema corruptsimo, impiden de hecho a Angola acceder a la asistencia financiera del FMI y de la Banca Mundial, as como tambin a los crditos de los principales pases donantes. El vaco que han creado las reglas del Club de Pars lo ha colmado rpidamente China: en marzo de 2004 el banco chino Eximbank concedi al gobierno de Luanda una lnea de crdito de ms de 2000 millones de $ para que se utilizara, proyecto a proyecto, en la reconstruccin de las infraestructuras (red elctrica, carreteras, puentes, aeropuertos, ferrovas y dems) del pas devastado por la guerra. Sin embargo, los detalles del acuerdo no se han dado jams a conocer. Lo que s se sabe es que el crdito recibido se paga mediante provisiones de petrleo a China. Las importaciones de crudo angoleo han ido creciendo hasta alcanzar en los meses de enero y febrero de 2006 los 456.000 barriles diarios, una cifra que basta para satisfacer el 15% de la demanda diaria de China. Angola se ha convertido as en el principal abastecedor de crudo de Pekn, superando no slo a Sudn, hasta ahora principal proveedor africano de China, sino tambin a Irak y Arabia Saud.

Vnculos econmicos y comerciales, inversiones en infraestructuras, cooperacin tcnica y militar, cobertura poltica sin preguntas ni peticiones: son estos los puntos de fuerza de la relacin de amistad creciente entre China y frica. Tampoco falta el elemento ms estrictamente diplomtico. Cincuenta aos despus de la instauracin de las primeras relaciones diplomticas entre Pekn y un pas africano, China se presenta, pues, como alternativa real al monopolio de EE.UU. Tambin a Washington le ha quedado claro que no se trata de una competencia que se cia slo al mbito econmico. El documento programtico del 12 de enero representa una inequvoca oferta de apoyo en campo internacional cuando afirma que China reforzar la cooperacin con frica en el marco de las Naciones Unidas y en otros sistemas multilaterales, asegurando apoyo a las justas peticiones recprocas y a posiciones razonables, mientras en otro pasaje los polticos de Pekn insisten en la disponibilidad para seguir reforzando la solidaridad y la cooperacin con los pases africanos en terreno internacional y buscando posiciones comunes a propsito de las principales cuestiones internacionales y regionales.

Una apertura tal de crdito, esta vez poltico, a buen seguro que no pasar inadvertida a los ojos de muchos regmenes africanos, puesto que contar con cobertura diplomtica en todos los foros que cuentan, empezando por el Consejo de Seguridad de la ONU, en el que Pekn es uno de los pocos miembros que goza de derecho de veto, no es cosa de poco para gobiernos que, en muchos casos, tienen mucho que esconder. Y los pases africanos saben que China no promete en vano. Tambin en este caso el ejemplo sudans ha hecho escuela. Con el agravamiento de la guerra en Darfur, en enero de 2004, los Estados Unidos propusieron repetidamente al Consejo de Seguridad que se adoptaran sanciones econmicas contra Sudn para inducirlo a consejos ms razonables. Se habl de un embargo en los sectores petrolero, armamentstico y de medidas financieras adoptadas contra los principales exponentes del gobierno. La adopcin de la ms mnima sancin qued bloqueada por la amenaza de veto de China, lista para defender con uas y dientes al que, en aquel entonces, an era su principal abastecedor de crudo en frica.

Tras un largo tira y afloja, el 30 de julio de 2004 el Consejo de Seguridad adopt, con 13 votos a favor pero con las abstenciones de China y Pakistn, la resolucin 1556, que conceda a Jartum treinta das de tiempo para reestablecer el orden en Darfur y poner el freno a las milicias janjawid, los diablos a caballo, que se han hecho tristemente famosos en los ltimos aos por las atrocidades cometidas contra los pueblos africanos de la regin. En caso de incumplimiento se prevean ulteriores acciones, incluidas las previstas en el artculo 41 de la Carta de las Naciones Unidas. Jartum respondi a la amenaza con medidas dbiles, de fachada, que no cambiaron de hecho la situacin sobre el terreno. El gobierno sudans estaba seguro de tener las espaldas cubiertas con el apoyo de China y, en segunda instancia, de Rusia, de cuyas empresas Sudn ha comprado a menudo armas pesadas. Y as fue: pese al incumplimiento de Jartum, en setiembre el Consejo de Seguridad adopt otra resolucin de contenido similar al de la 1556, sin prever, no obstante, ninguna de las ulteriores medidas anunciadas a finales de julio.

Las veladas amenazas del pasado verano se sacrificaron en el altar de los equilibrios diplomticos en el seno de la ONU, siempre gracias a la tenaz oposicin de China a todo castigo por blando que fuera contra Jartum. Al final de una pregonadsima reunin extraordinaria del Consejo de Seguridad en Nairobi, la cuarta celebrada fuera del Palacio de Cristal en toda la historia de la organizacin, el 19 de noviembre de 2004 se adopt por unanimidad una resolucin totalmente aguada, de la cual se haba eliminado toda referencia a eventuales sanciones futuras, mientras en Darfur la situacin no presentaba visos de mejora.

 

Fuente:

http://www.carmillaonline.com/archives/2006/12/002084.html#002084

 

Traducido por Gorka Larrabeiti, miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica. Esta pgina se puede reproducir libremente con fines no lucrativos, a condicin de respetar su integridad y de mencionar a sus autores y la fuente.

 



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