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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2007

Control, sometimiento y dominacin sobre la mujer

Carlos X. Blanco
Rebelin


La pregunta es: pueden los hombres vivir sin autoritarismo? Desde una perspectiva materialista y libertaria a la vez habr que empezar dejando constancia de las distintas estructuras autoritarias bajo las cuales la historia humana ha ido atrapando cuerpos y voluntades. El pensamiento crtico puede y debe desmontar las estructuras de autoridad que, surgidas a veces en tiempos remotos, llegan a pensarse como naturales e inevitables. Si la historia nos las trajo, el futuro las puede aventar. Sobre todo si luchamos por que desaparezcan. La autoridad puede consistir en algn tipo de procedimiento de control, sometimiento o dominacin de unos humanos sobre otros. Un control simtrico, una colaboracin mutua entre iguales ser siempre un estado moralmente superior a la existencia de la autoridad, un estado superior cooperativo del que es capaz el ser humano. Las formas de autoridad sobre las mujeres expresan hoy, bajo el capitalismo, el afn netamente conservador y autoritario (patriarcal) de este rgimen de produccin.

 

Las sociedades de casta y de clase conocen su mxima expresin bajo la creacin de rganos de jefatura que, al irse complicando, se convertirn en estados. El estado pre-capitalista de la antigedad era un rgano que evitaba la dispersin del trabajo colectivo y aseguraba jerrquicamente la sumisin de los poderes patriarcales, locales y de casta bajo un cetro o cabeza (individual o colegiada). El estado no fue un poder ex novo, resultado de una mtica lucha prehistrica de clases, lucha que nunca existi al modo en que la conocimos bajo el rgimen capitalista. El estado fue producto del derrocamiento y subordinacin de pequeos poderes familiares, tribales, locales, bajo poderes superiores que pudieron asentarse sobre el dominio ya conquistado a los precedentes. As, en el interior de la familia antigua el patriarcado fue condicin y efecto, al mismo tiempo, del derrocamiento del elemento femenino, derrocamiento que casi al mismo tiempo lo fue del patriarca, que bien pronto se convirti en funcionario de una comunidad poltica ms amplia, si bien local. A su vez, en un grado ms elevado, el derrocamiento del caudillo de patriarcas de una comunidad local fue la prdida definitiva de la autonoma de la comunidad campesina primitiva y su subordinacin a una comunidad poltica centralizada de corte estatal. En los tres grados o pasos sucesivos, familia patriarcal, caudillaje local y estado centralizado, el motor mediante el cual se garantiz el control, el sometimiento y la dominacin, el vehculo de la autoridad fue el trabajo  (productivo y reproductivo). An hoy lo es, y el trabajo representa el paradigma de estos tres procesos que estructuran asimtricamente- las relaciones del ser humano sobre sus semejantes y, en general, el Poder.

 

El control de unos seres humanos sobre otros es el proceso ms neutro y general de los tres que mencionamos, englobando al sometimiento y a la dominacin como casos especficos suyos. Puede haber un control simtrico y asimtrico. Dos jugadores o dos equipos deportivos pueden controlarse recprocamente de igual a igual, y si no fuera por los convencionalismos y formas del juego, que obligan al desempate, su equiparacin en fuerza, destreza, etc., la simetra les mantendra en un equilibrio momentneo aunque nunca definitivo. En la historia humana es mucho ms frecuente el control jerrquico, asimtrico. Una casta o clase posee en una situacin de partida un poder superior sobre las otras, que les permite controlar sin quedar ella controlada. El monopolio del control est en la base del surgimiento de los caudillajes polticos en las comunidades locales (ciudades-estado, reyezuelos, sacerdocios gobernantes) y, muy pronto, de los estados centralizados en donde el poder de una casta dominante se refuerza con la dominacin territorial de una unidad local sobre otras. En este momento, el del surgimiento del estado, podemos hablar ya en su misma raz, del sometimiento como base y raz social de las nuevas estructuras de poder que, anclando en la misma sociedad y en sus clulas, por ejemplo la familia, potencia la autoridad ya ganada previamente en ellas. El sometimiento es el poder social, no necesariamente poltico (aunque condicin de posibilidad de ste) que brot un da del derrocamiento de la mujer en la familia antigua y su conversin en propiedad sometida al uso y abuso patriarcal, en el mismo sentido en que se poseyeron esclavos y dems medios de produccin en la economa antigua. Someter a la mujer fue someter una fuente de la naturaleza, ponerla al servicio de una cabeza dirigente y propietaria (no necesariamente en el sentido moderno y privativo del derecho moderno) de los dems medios de produccin. Haca falta, para el paso de un comunismo primitivo a una mayor conciencia de propiedad privada (ms o menos comunal, familiar, patriarcal), privatizar a la mujer. Ello no quiere decir, como en otra poca se supuso, que en tiempos remotos hubiera existido un comunismo de mujeres. La prdida de libertad sexual y, en general, de eleccin, por parte de las hembras no tiene que ver con la idea de una ancestral promiscuidad generalizada. Simplemente, la libertad de eleccin de compaeros por parte de ellas, de acogerles o abandonarles, as como su autonoma productiva y reproductiva se perdi en las mujeres y ese proceso fue el que dio en llamarse advenimiento del Patriarcado. Su advenimiento, muy anterior al del Capitalismo, debi ser no obstante sinrgico con cambios productivos. En una formacin social, el paso hacia una mayor apropiacin privada de los bienes, y en concreto de los medios de produccin, no pudo estar desligada de una apropiacin cada vez ms intensa de las mujeres vistas como medios de reproduccin, adems de trabajadoras de la comunidad contribuyentes con su input a la creacin de riqueza social. Al principio, el proceso no habra sido un sometimiento propiamente dicho, sino una gradual asimetra en perjuicio de la mujer dentro del control que las parejas, las familias, los clanes y dems comunidades primitivas establecan en el curso de su produccin y reproduccin. Cuando ya la produccin social implicaba una gran desnivelacin o fractura en los intercambios sociales y en los intercambios con la naturaleza, pudo ir extendindose el cncer de la categora Mercanca aplicada ahora a todo un universo de cosas y personas, pues ms all de los bienes necesarios para la autosuficiencia, se afianzaban los intercambios ms o menos comerciales entre centros y periferias, as como los intercambios entre comunidades interiores y exteriores. La mujer, as como el brbaro, el sometido por las armas, el endeudado, etc. , pasaron a engrosar la ficcin jurdica del(a) [email protected], de cuyas consecuencias hablamos hasta el da de hoy y que persiste bajo actualizaciones diversas (p.e. trabajador asalariado, sin papeles, etc.). El(la) [email protected] no ha desaparecido desde entonces. Los sistemas de dote, la compra de la novia, las alianzas mercantiles entre familias patriarcales, etc., equiparan tanto (bajo su diversidad morfolgica) la condicin de la mujer con la del esclavo en general, que no vamos insistir ms en este punto. Simplemente ponemos en relacin un nuevo modelo de control, patriarcal, que estuvo en la base de nuevos modos de produccin alejados del comunismo primitivo, de la comunidad campesina simple. El control devino sometimiento de la mujer y su conversin en mercanca y medio de (re)produccin.

 

El trmino sometimiento aqu est siendo reservado para esa especie de control social (propio de la sociedad civil) que an no se ha elevado a la categora de un control asimtrico autnticamente poltico, en el cual la hembra en su universalidad, y no ya alguna en particular, se someten y se explotan no slo dentro de la esfera privada que, a fin de cuentas en el mundo antiguo eran la esfera de la familia, tribu o clan, e incluso la aldea local, por contraposicin a un poder externo y de carcter pblico. Cuando el control social y la explotacin de la mujer en el mbito privado, sin dejar de existir acaba potencindose hasta alcanzar el dominio pblico o estatal, hablamos pues de la dominacin. Se trata aqu del control ejercido de forma pblica, por la autoridad reconocida legtimamente (rey, casta dominante, sacerdotes), que regula, sanciona normativamente, penaliza, etc. , las formas de sometimiento patriarcal, elevndolas a asunto de estado. As por ejemplo, los castigos corporales, las relaciones sexuales forzadas dentro y fuera del matrimonio o de la casa patriarcal, la restriccin de movimientos y la supresin de la voluntad de la mujer dejan de ser asunto meramente privativo del poder del varn dueo del control, expresin de su condicin de propietario de la cosa-hembra. Ahora pasan a ser tenidas en cuenta por el poder poltico de un estado que se asienta sobre el patriarca particular y el cacique local, a los que ha dominado, pero a los que necesita como socios subordinados para una dominacin ms profunda y previa, que era la dominacin sobre la hembra. La violencia ejercida sobre su cuerpo, por medio de los golpes, la humillacin gratuita y la violacin, constituyen recordatorios directos de la jerarqua de poder que, desde la casa (oikos) pasando por la aldea (koinona) hasta el propio estado (polis) pesa sobre ella. Hay un monarca o un poder poltico, pblico, pero con la aquiescencia de unos sbditos varones que, en su radio limitado de accin, de control, tambin son amos de una esclava, de un medio de (re)produccin a su servicio, un animal domstico humano pero sin voluntad, por muy pobre y annimo que sea este macho dominante, convertido en reyezuelo de al menos una hembra sometida (privadamente, en el oikos), adems de dominada (polticamente, en la polis), sobre cuya corporalidad se puede extender la violencia de su dominio, igual que el jefe estatal (rey, casta, sacerdocio) domina soberanamente territorios dentro de unas fronteras propias de su soberana.

 

Sera ingenuidad imperdonable pensar que el Capitalismo posee la virtualidad efectiva, y peor an, la misin histrica de terminar con el Patriarcado, en lo que contiene sta institucin de control, sometimiento y dominacin del hombre sobre la mujer. El acceso de la mujer a las fbricas no deja de ser parte del proceso universal del capital tendente a explotar el trabajo humano all donde se encuentre ms barato con vistas a obtener insaciablemente la plusvala. Tras ese acceso de las mujeres y los nios al trabajo asalariado nunca hubo finalidades filantrpicas. El progreso no fue ese, como tal. Y un Marx victoriano, a fin de cuentas, no dej de ver las perversiones sociales, educativas, familiares, etc., que introducira la incorporacin de las trabajadoras. Progreso no lo hubo en el hecho en s, sino en la conquista (mucho ms reciente) de la autonoma gestora de los salarios percibidos, pues en un principio las obreras explotadas deban entregar su salario al marido, al padre, al varn dominante, en definitiva. Es la autonoma frente a los sometimientos patriarcales de una mujer trabajadora, perceptora de sus propios ingresos, la que pudo ir minando poco a poco una dominacin patriarcal en el mundo occidental, dominacin que, por otra parte, se est revelando como muy resistente. Mientras a ttulo particular aumenta el nmero de mujeres formadas para el trabajo, e independientes en cuanto a ingresos derivados de l, aumenta tambin su autonoma personal en todas las esferas (afectiva, reproductiva, sexual, movilidad, iniciativas intelectuales, sociales o profesionales). Esto es evidente. A ttulo particular se reduce el sometimiento en algunos estados avanzados. Esto acontece sin que, en el nivel promedio de una sociedad, tales conquistas de independencia no encuentren a su paso los fantasmas de modos y maneras machistas, rezagados, en la sociedad. La memoria de la carne, esto es, las palizas, violaciones y crmenes que hacen las veces de recordatorio machista de quin debe someter a quien, alcanzan en estados como Espaa unas cifras desconcertantes. Tales comportamientos adems de machistas, criminales y terroristas, no se daran en tan alto porcentaje de no mediar el reforzamiento (superestructural, simblico) de unas estructuras de dominacin (polticas) mucho ms resistentes de lo que podra deducirse de cualquier otra clase de mutacin en la sociologa de los mercados de trabajo. El papel del estado-educador o sancionador (por la va legislativa, la red de escuelas, etc.) est siendo sustituido por otras instancias educadoras, ms efectivas pero ms perversas en sus resultados. Los medios de comunicacin, la ideologa transmitida por la publicidad de las grandes empresas en una sociedad capitalista de consumo masivo, son ejemplos de instancias que siguen ejerciendo la violencia simblica que refuerza la dominacin sobre las mujeres, con lo que ello supone de obstculo para emanciparse del sometimiento. Lenta y sacrificadamente aumentan las mujeres que acceden, al ttulo particular de [email protected] reales, y gozan de los mismos derechos que los hombres. Pero en cuanto pesa sobre ellas una marca anatmica y de gnero, no dejan de sufrir la violencia simblica propia de un sistema econmico-poltico an basado en su dominacin. Por ello, el tratamiento iconogrfico que los anuncios de publicidad, pelculas de cine, programas de TV, se sigue realizando, es muestra cotidiana y evidente de que nuestro rgimen econmico, el Capitalismo, est basado esencialmente en la colonizacin de todos y cada uno de los mbitos de lo humano, lo natural y lo social. Este rgimen, que todo lo convierte en mercanca, incluye a la mujer como una suerte de mercanca genrica y difunde entre las masas varoniles la idea de su (posible) apropiacin mercantil. La iconografa de la mujer como objeto en venta supone una especie de generalizacin de la prostitucin. La mujer como ente genrico, annima y no-ciudadana, la mujer como cuerpo disponible y a la venta, coincide en la iconografa mental capitalista con una especie de puta genrica. Ms all del incremento mundial de la prostitucin sensu stricto, universal, que en el mundo de hoy se ha extendido tambin a los hombres y a los nios en unas cifras que no cesan de aumentar, el sistema capitalista de dominacin no ha hecho ms que potenciar la colonizacin del territorio corporal femenino, su explotacin intensiva como valor (valor de cambio). Como mnimo, podemos decir que ya se ha creado un inmenso sistema de reflejos condicionados que asocian mentalmente los valores de cambio corpreos- femeninos, o la propia fmina en su integridad, con otros valores de cambio deseables por el comprador varn. El capitalismo de consumo masivo es el mayor sistema de glotonera imaginable. El ciudadano consumidor es aguijoneado constantemente para que se convierta en consumidor y hasta en derrochador, lo cual incluye ciertas formas de canibalismo, dentro del cual todo el mercado ertico y sexual establecido en el mundo supone la conversin de millones de sujetos (millones de mujeres y ni@s) en mercanca destructible y desperdiciable una vez consumida. Que hay una relacin causal directa entre la dominacin sobre la mujer, iconogrfica y simblica, de signo patriarcal y capitalista, por un lado, y el sometimiento social y familiar de ellas, con las lacras de violencia y humillacin incluidas, por el otro, difcilmente ser algo que podr ser puesto en duda.

 

Hay elementos de sobra para que el/la marxista incluyan una denuncia constante e implacable de la dominacin simblica sobre la mujer, como zancadilla inexcusable contra el avance del sistema capitalista de conversin del ser humano en cosa, en mercanca y en bien consumible y por ende, destructible.



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