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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2007

El cambio climtico y la energa nuclear

Jos Allende
Gara


En un mundo cada vez ms inseguro e inestable, defender la generalizacin de la energa nuclear de fisin en el planeta para resolver el problema del cambio climtico es un dramtico sarcasmo, cientficamente insostenible, adems de tica y polticamente impresentable.

La energa de fisin que conocemos es una energa no renovable. El Uranio 235 es cada vez ms escaso y la segunda generacin de reactores regeneradores (breeder) un peligro an mayor para la proliferacin de armamento nuclear (Pu. 239). Los reactores nucleares representan, crecientemente, objetivos blicos y terroristas de primer grado. Una central nuclear es una bomba atmica en tu jardn que, aunque no pueda explotar, no puede ser utilizada directamente contra otros, pero s pueden utilizarla contra ti para provocar una inconmensurable catstrofe en la regin-nacin en que se ubica (Chernobil). Un accidente fortuito o provocado, fallo tcnico o humano, sabotaje o terrorismo, en una central nuclear, fbrica de reciclaje, almacenamiento de residuos etc. puede significar una inmensa tragedia por generaciones, al menos donde se encuentre emplazada.

El terrorismo internacional lo sabe y desde el 11-S de 2001 esta cuestin ha alterado fatdicamente el marco de reflexin poltico y cientfico que rodea a la fisin nuclear, afectando tanto al sector militar como al civil, al estar ntimamente entrelazados.

Es en este contexto en el que hay que analizar y valorar la singular solucin dada a la desesperada por James Lovelock para resolver el problema del cambio climtico. Lovelock (84 aos), presenta en su superficial y sectorial reflexin, una absurda e irreal huda hacia la total nuclearizacin del planeta para intentar hacer frente al calentamiento de la Tierra. Este cientfico, brillante por otra parte con su hiptesis Gaia, evade y soslaya el anlisis sistmico, holstico, integral, presente precisamente en la metodologa Gaia referente a la Tierra. Su anlisis al defender la nuclearizacin del planeta frente al cambio climtico resulta sorprendentemente reduccionista y simplificador del problema, compartimentalizando unidimensionalmente el anlisis y solucin, adems de olvidando los efectos colaterales, cada vez ms graves, de una generalizacin de la energa nuclear de fisin.

El cambio climtico tiene mucho que ver con el actual modelo de produccin y consumo de nuestra civilizacin, con la absurda esquilmacin de recursos, deforestacin, modelo ener- gtico y de transporte, etc. Ah est la principal raz del problema. Es en la eficiencia energtica, en la conservacin y racionalizacin de los usos de energa y en la firme y decidida apuesta por las energas renovables donde est la alternativa energtica de las prximas dcadas. Por el contrario, la masiva expansin de la energa nuclear por toda la Tierra multiplicara los problemas no resueltos de la energa nuclear de manera dramtica, afectando mnimamente al cambio climtico, si no va acompaada de un profundo cambio en el modelo de produccin y consumo imperante.

Ni se ha resuelto el grave problema de los residuos radioactivos, ni se ha clarificado la potencial gravedad de las bajas dosis de radiactividad. Los crecientes costes ocultos de la energa de fisin siguen ausentes en la factura del Kw nuclear (desmantelamiento, seguridad civil y militar en el entorno de las centrales nucleares, subvenciones mili- tares-civiles...).

Siendo una de las razones de la prctica paralizacin de esta alternativa sus costes crecientes, cada vez est ms presente la demonaca vinculacin entre los usos blicos y los usos pacficos del tomo, con el consiguiente riesgo para la proliferacin de armamento nuclear. A ello hay que aadir la constancia del secretismo y sistemtica ocultacin de incidentes y accidentes nucleares (Winscale, Txoruga, Harrisburg, Chernobil...). En Chernobil, con millones de personas afectadas, miles de hectreas gravemente contaminadas (Bielorrusia, Ucrania, Rusia...), miles de cnceres, malformaciones congnitas y costes faranicos que se alargan en el futuro, se sigue sin embargo hablando, oficialmente, de slo 45 muertos. Es el estilo del lobby nuclear.

Miles de millones de ciudadanos del Tercer Mundo y de muchos pases desarrollados no pueden depender energticamente, y en consecuencia econmicamente, de una tecnologa nuclear sofisticada que controlan unos pocos pases desarrollados, lo que agrava la vulnerabilidad de los primeros.

La difusin masiva de la alternativa nuclear, como propone J. Lovelock, sera econmicamente inviable, ambientalmente de gran riesgo, energticamente insostenible, ticamente aborrecible y geopolticamente inaceptable por sus implicaciones en la poderosa centralizacin del poder y control. La gran mayora de estos atributos negativos se agudizaran con la segunda generacin de reactores regeneradores, al favorecer stos la proliferacin nuclear, los accidentes catastrficos y el acceso directo a armamento nuclear. La Tierra sera un polvorn, militarizada, obsesionada con la seguridad, y muy frgil con respecto a las libertades individuales y colectivas que resultaran coartadas hasta extremos insostenibles.

Paradjicamente, los combustibles fsiles no dejaran de utilizarse, aunque quizs a menor ritmo, hasta su total agotamiento, como sucedera con el uranio. Con este escenario puede afirmarse, razonablemente, que la energa nuclear masiva es la solucin al cambio climtico?

Finalmente voy a tratar el aspecto que, en mi criterio, adquiere hoy mayor gravedad en relacin con la energa nuclear de fisin: las centrales nucleares, almacenamiento de residuos, plantas de repro- cesamiento, etc., como objetivos blicos y terroristas de gran atractivo.

Aquel da fatdico en EEUU, el gran temor estuvo en torno a la seguridad de las centrales nucleares. Inmediatamente organizaron la defensa militar con misiles, aviones caza, etc., protegiendo las centrales nucleares. Ese coste de seguridad, que hoy permanece, no est internalizado en el kw nuclear. Francia, EEUU, Inglaterra y otros pases mantienen hoy activado todo un costossimo sistema de seguridad en el entorno de sus centrales nucleares ante el posible alcance da la amenaza terrorista. El caso del reactor de Dimona, en Israel, resulta paradigmtico. El 11-S ha incorporado definitivamente una nueva percepcin de la seguridad-vulnerabilidad que sita a la energa nuclear de fisin en una posicin dramtica: en primer lugar facilita y propicia la proliferacin de armamento nuclear y, en segundo lugar, las centrales nucleares aparecen como objetivos terroristas de primera magnitud.

La aviacin israel destruy un centro nuclear que construa Irak en 1981. Recientemente Tony Blair insista: haremos lo que sea necesario para impedir que Iran desarrolle su capacidad nuclear (El Mundo, 23/07/2004).

Israel, Sudfrica, Pakistn, Corea del Norte han conseguido saltarse la vigilancia de la AIEA, despreciando el Tratado de No Proliferacin Nuclear y disponiendo hoy de armamento nuclear gracias a instalaciones pacficas de energa de fisin. Qu har J. Lovelock cuando Libia, Siria, Egipto, Irn... por centrarnos slo en esa zona, fundamenten su produccin de energa en las centrales nucleares o breeder, y no en los combustibles fsiles? Se lo permitirn Israel, EEUU, Inglaterra...?

Los expertos militares de EEUU hablan ya de guerras de cuarta generacin, operaciones asimtricas y bombas nucleares sucias, marcando otra nueva dimensin de la confrontacin blica-terrorista en la que la fisin nuclear representa una inquietante amenaza.

Hace muy poco el presidente de la Agencia Internacional de Energa Atmica (AIEA), M. Baradei, afirmaba: El terrorismo contra instalaciones atmicas es una amenaza real y todos deben tomar medidas de seguridad especiales para preveerlo; el peligro de acciones terroristas contra centrales nucleares se ha incrementado considerablemente desde los atentados del 11-S...; los atentados del 11-S han multiplicado los riesgos de que se produzca un ataque con armas nucleares o contra instalaciones nucleares... hemos sido alertados del peligro de que los terroristas ataquen instalaciones nucleares o usen material nuclear para desatar el pnico, contaminar propiedades.... Como consecuencia de todo ello EEUU ha prohibido a los aviones privados sobrevolar sus 103 centrales nucleares, mientras que Francia ha decidido proteger con misiles tierra-aire sus instalaciones (El Pas, 02/11/2001).

Cada da estamos ms cerca de un nuevo holocausto nuclear. Cuando se repita un accidente como el de Chernobil (fallo tcnico, humano, sabotaje, terrorismo...) su impacto sobre la alternativa energtica nuclear puede ser demoledor. Los pases fuertemente dependientes de esta energa aparecen con una fragilidad estratgica muy alta. Si el accidente es de carcter tcnico, probablemente todos los reactores de ese tipo deban ser paralizados. El caso de Francia, con una fuerte dependencia de la energa nuclear, es paradigmtico, pues tras una fortaleza energtica aparente vive, despus del 11-S, al borde de un precipicio en una situacin de enorme fragilidad.

Si el accidente es consecuencia de un acto de sabotaje o terrorismo, quedar fatdicamente confirmada su vulnerabilidad y peligrosidad, as como su atractivo como objetivo terrorista. No s si J. Lovelock se ha parado a pensar las consecuencias ambientales, sociales, econmicas y polticas de un mundo que sustituya los combustibles fsiles por centrales nucleares y otras instalaciones de fisin.



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