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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2007

Las argucias del colonialismo espaol en el Sahara Occidental

Beatriz Martnez Ramrez
Rebelin


Sabemos que para defender determinados intereses se hace necesario repetir con insistencia algunas ideas clave para sostenerlos los intereses- hasta convertirlas en verdad aparentemente objetiva, aun a sabiendas de que pueda darse la posibilidad de demostrar que son una falacia las ideas-, as como los argumentos que las sustentan.

Para materializar una verdad se necesitan sujetos que la difundan y una cobertura de medios y foros a travs de los cuales hacerla circular, con la intencin evidente de convencer al mayor nmero posible de personas de lo legtimo y correcto de ciertas afirmaciones que por provenir de expertos en la materia damos por supuesto que no han sido objeto de tergiversacin: son La Verdad.

Esta argucia utilizada a la hora de elaborar ciertas tesis polticas, con las cuales se argumenta pero sobre las cuales no se argumenta, posee tal poder de conviccin que como mancha de aceite se extiende por todo tipo de crculos, eventos universitarios, libros de xito, publicaciones en revistas especializadas, artculos de prensa, pginas electrnicas... en suma, informes de los expertos que auto-investidos de una autoridad supuestamente neutra, cientfica, tienen la eficiente virtud de neutralizar el proceso social del que se habla y la eficaz prontitud de hacernos olvidar las condiciones histricas de origen que de una u otra manera conforman la realidad de personas concretas a las cuales no se tiene en cuenta, pero sobre las cuales se impone una verdad contraria a sus intereses.

Como por arte de magia quien ose no compartir esas tesis polticas pasa a formar parte de la masa de ignorantes sus autores ya han sido convenientemente situados por encima del bien, y sobre todo de las consecuencias del mal- que por su ignorancia se convierten en los responsables del conflicto social, las guerras, la violencia, el desorden, la injusticia, la falta de libertades y son los que entorpecen la posibilidad de vivir en paz y armona los unos con los otros.

Un ejemplo muy cercano es la cada vez ms extendida idea de que una tercera va es la nica posible solucin a la cuestin saharaui, aunque los datos de que se disponen, la legalidad internacional y la accin pacfica y resistente de los saharauis durante estos treinta aos de descolonizacin inconclusa en frica pongan de manifiesto, clara y contundentemente, que no slo es que exista la Repblica rabe Saharaui Democrtica, sino de que es posible que un pueblo africano pueda seguir defendiendo el inalienable derecho a su soberana nacional en este mundo en el que vivimos [1]. Esta tercera va sita la cuestin en el lado saharaui: mejor que ser nada es aceptar ser una provincia autnoma de Marruecos. Porque si se hablara de soluciones para la cuestin marroqu respecto al Sahara occidental implicara por un lado reconocer la existencia de la identidad saharaui, y por otro supondra hablar tambin de los intereses comerciales, polticos y neo-coloniales que la Europa del capital tiene invertidos en Marruecos.

Observamos que resulta inquietante para algunos escuchar los gritos que llegan de la Saguia el Hamra, Ro de Oro, de los campamentos de refugiados en Tinduof en Argelia, y de diversas ciudades del territorio soberano de Marruecos donde mal-sobreviven saharauis que denuncian el incumplimiento de los Derechos Humanos en el reino alau, reclamando al tiempo su derecho a la autodeterminacin en el territorio que legtimamente es suyo y les ha sido usurpado. Es que son acaso manifestaciones espontneas de descontento o la palpable existencia de un pueblo organizado poltica, ideolgica y culturalmente?

El interlocutor legtimo para la defensa de los intereses saharauis con el resto de la comunidad internacional es el Frente POLISARIO pese a quien le pese. Y el pueblo saharaui es soberano para decidir quines son sus representantes e interlocutores, guste o no guste a la comunidad poltica e intelectual.

La verdad es que no hay razones objetivas para que no sea as. La desestabilizacin en el denominado Magreb, que sepamos, no se debe a que el Frente POLISARIO haya invadido Marruecos, Mauritania, Argelia, Tnez o Libia. Pero sabemos, eso s, que Marruecos tiene invadido el territorio del Shara Occidental; realidad que se remonta a la firma de los ilegales acuerdos tripartitos de Madrid y que ningn gobierno espaol se ha atrevido todava a invalidar. Desde la dictadura franquista hasta el actual gobierno presidido por D. Jos Lus Rodrguez Zapatero ha habido tiempo suficiente para poner las cosas en su sitio. Sin embargo la pasividad consciente de las fuerzas polticas espaolas viene siendo directamente proporcional a la paciencia demostrada por el pueblo saharaui. Hasta cuando? He ah la cuestin.

Hay que aadir, no obstante, que lo que acontece al pueblo saharaui lo es precisamente en un momento en el que asistimos a una guerra de rapia, imperialista, por el adueamiento absoluto de los recursos energticos del planeta que se ceba con la sangre de tantos otros pueblos inscritos en el catlogo de la cultura occidental como de ignorantes polticos y por tanto de potenciales terroristas (sobre todo si son de confesin islmica); o de aquellos otros que no han querido entrar de forma pacfica en este mundo globalizado; porque -para algunos analistas de turno claro est- es mejor convencerles a travs de la idea de una tercera va que tener que recurrir al convencimiento por la va de las armas como hace Marruecos- porque tiene peor prensa y sobre todo una solucin ms incierta, no sea que por un quteseme all esas antiguas pajas coloniales un conflicto de poca monta se lleve a toda la poblacin mundial por delante, incluidos a los que pagan, que ya sabemos son los que mandan; porque en este punto s que estaremos todos de acuerdo con la idea de que a nadie le gusta que jueguen alegremente con sus lentejas.

Tenemos entonces que preguntarnos, Cules son los intereses puestos en este tablero de juego? Qu se pretende ganar al final de la partida? Quines son realmente los que juegan? Las reglas del juego son limpias y democrticas? Hacen trampas los que juegan o es que este juego es en s mismo una trampa plagada de minas? Como no pretendemos con estas preguntas dar motivo para escribir un relato de poltica-ficcin, trataremos de hablar sencillamente de poltica. En concreto de la poltica colonial espaola respecto al Sahara Occidental.

Estamos viviendo una transformacin cualitativa de las relaciones sociales y de las prcticas culturales. Esto no es ajeno al proceso de concentracin de la riqueza en cada vez menos manos cuya consecuencia inmediata, demostrada, cuantificada y real es un aumento vertiginoso de la exclusin social que atraviesa al norte, al sur, al oriente y al occidente. Un slo dato para una reflexin urgente y serena de lo que nos pasa: 2000 millones de personas no saldrn jams de si situacin de hambre y atraso [2]. En paralelo nuestra capacidad de empoderamiento disminuye, se pauperizan los pueblos y los Estados-nacin son el ariete para la mercantilizacin de derechos: los sociales porque si queremos disfrutarlos nos obligan a pagarlos a precio de mercado, y los polticos slo nos es posible ejercerlos siempre y cuando no perjudiquen la obtencin de los beneficios mercantiles previstos ni cuestionen la propiedad privada de los medios de produccin y reproduccin de personas y capitales.

Paradjicamente aceptamos con resignacin sumisa el programado desenlace de una aparente evolucin desintegradora de los estados-nacin. Nos amparamos temporalmente en los programas de cooperacin al desarrollo de los gobiernos, en la accin de las Organizaciones no y s Gubernamentales, -no est nada claro-, confiamos en el alza o la baja de los mercados de valores para reivindicar o no la paz o la subida de los salarios... Resumiendo, asistimos a un momento de extrema debilidad organizativa que nos lleva de hecho a aceptar con aborregado entusiasmo cualquier universal Plan Marshall que nos propongan para salir o no caer en la miseria, y a adoptar las terceras vas como el camino poltico pacfico y negociado de los conflictos.

Por eso se crean determinados trminos que ocultan y desvirtan las particularidades y particularismos de los pueblos cuyas tradiciones filosficas y de organizacin socio-poltica se articulan en torno al desarrollo de la democracia participada por todo un pueblo. La nueva escuela para-filosfica neoconservadora catlica y protestante que extiende sus dominios por doquier desplegando un deslumbrante poder simblico y meditico, nos conduce a reducir la poltica, con el uso machacn de esos trminos, a una cuestin moral entre buenos y malos y as vaciar de contenido cualquier orden jurdico basado en el respeto hacia uno de los pilares bsicos por el cual somos algo: nuestra identidad que es fruto de un proceso histrico comn compartido.

Pretender asimilar y reducir la identidad saharaui a la identidad marroqu es un acto irreflexivo de violencia intelectual, simblica, colonial y lingstica, injustificable sobre todo en expertos que sepan algo sobre la cultura Bidn salvo claro est, que aun sabindolo se atrevan a formular pblicamente soluciones polticas conducentes a la renuncia y asimilacin de una identidad cultural por otra con propuestas que vulneran el obligado respeto que hay que tener a los derechos polticos de los pueblos y sus culturas, rebasar ese lmite supone legitimar, una vez ms, el abuso del conocimiento para un uso arbitrario e interesado del poder.

La autoridad moral de los expertos que opinan sobre la poltica saharaui, pero argumentan con los intereses marroques en terreno espaol es un remedo modernizado de cmo las autoridades de la dictadura franquista entendan la identidad espaola indisolublemente unida al colonialismo en frica. Por eso se ocultan las condiciones histricas de origen del pueblo saharaui, no se tiene en cuenta el proceso de transformacin social en estos treinta largos aos de ocupacin, refugio y exilio, ni por supuesto se hace el esfuerzo por entender la realidad poltica, econmica, ideolgica y cultural de un grupo tnico que mire usted por donde siente y piensa en hassana, valora la cultura y la lengua del estado que los coloniz, es rabe, islmico y tuvo la valenta de iniciar un proceso de transformacin revolucionaria en frica que mal que pese a muchos hoy, no ha sido posible todava ponerle una fecha de caducidad porque sigue gritando lo que siente: su deseo de libertad y autodeterminacin.

Pero al final todo se explica, todo encaja. Porque tus manos saben ser bastn para las manos ciegas, saben ser la cuerda que tira de otras manos [3]. Porque las manos saharauis que hoy gritan en el Aain hacen recordar un negro pasado que ni izquierdas ni derechas desean que aflore aqu, en el estado espaol. La desestabilizacin que generara hoy un debate pblico sobre la autodeterminacin podra resquebrajar el forzado consenso al cual se lleg en nuestro pas tras la muerte del dictador, que no de un cambio radical de las estructuras polticas, econmicas e ideolgicas de la dictadura.

As pues nos centraremos en intentar comprender porqu nuestro Estado de derecho no cumple con su obligacin de abandonar definitivamente su papel de potencia administradora de iure sobre el Sahara occidental y sin querer reconocer a Marruecos como potencia ocupante de facto.

Veamos nuestra historia ms reciente. El Estado espaol actual es el resultado de la transformacin de un derecho de facto en un derecho de iure. Para ser ms claros, el derecho y la legalidad de iure de la II Repblica espaola, gracias al aprendizaje des-socializador dado en la dictadura con su consiguiente represin generalizada y el vaciamiento cultural producido, gracias a las enseanzas de deshistorizacin y falsa universalizacin de la cultura espaola con la ayuda de nuestros aliados norteamericanos... devino en derecho de facto de la dictadura franquista que someti a sangre y fuego durante cuarenta aos a gallegos, andaluces, castellanos, catalanes, extremeos, vascos... y saharauis.

A los pueblos de por aqu no nos preguntaron sobre qu modelo de estado es el que queramos tras la dictadura. De facto se nos impuso la monarqua parlamentaria y un marco estructurado ad hoc de autonomas. Entonces, Qu razn obligara a facilitar que s lo haga el pueblo saharaui? El derecho de autodeterminacin saharaui no entra en la lgica de la poltica exterior espaola porque agudizara las contradicciones de nuestra poltica interna.

Los intereses del Estado espaol confluyen con los intereses polticos, econmicos e ideolgicos de Marruecos para que siga ocupando el Sahara occidental. Si la solucin que se arbitr en el Estado espaol fue una transicin como tercera va para evitar males mayores y parece estar dando buenos resultados, que de entre otros resaltamos la imposibilidad de confluencia de las luchas de los trabajadores por la consecucin de mejores condiciones de vida con la lucha contra la neo-colonizacin imperialista de los pueblos a escala mundial, por qu razn Marruecos no puede usar su tercera va para con los saharauis.

Y no nos olvidamos que frica se desangra. Este continente sufre las consecuencias genocidas de la actuacin colonialista europea sobre su territorio y sus pueblos estn pagando injustamente las causas. Porque el colonialismo europeo impuso e impone un modelo de desarrollo social, poltico y econmico que impide el derecho a la vida, tanto aqu como all con sus leyes de inmigracin, sus planes de ajuste, su convergencia econmica y su violenta poltica de seguridad militar y policial.

Los pases de Europa son los directos responsables del desastre descolonizador en este continente. Perdimos la batalla en Marruecos, perdimos la batalla de Ifni, perdimos la batalla de Argel... perdimos poder y queremos recuperarlo a costa de un pasado que nos muestra su rostro en los rostros de miles de ahogados, de miles de seres humanos hacinados en campos de refugiados sin papeles que no paran ni pararn de llegar mientras sigamos manteniendo nuestra actual espiral de desarrollo que est demostrando sobradamente ser una espiral cuyo giro nos est llevando hacia unas condiciones de vida peores que las del pasado.

Pero resulta que a pesar de todo hay pueblos que resisten. Resulta que la existencia del frente POLISARIO es una buena muestra de la incompetencia colonial espaola. Resulta que la RASD es un buen ejemplo de que en frica no es necesaria ninguna tercera va para salir adelante. Es esto lo que muestran los hechos, eso dice el ms elemental sentido comn y porque se demuestra con la historia en la mano, sin necesidad de utilizar torticeras argucias y sin que se nos caiga la cara de vergenza, que tampoco la quieren los saharauis, vivan donde vivan y estn donde estn.

Notas:


[1]. El Pueblo rabe Saharaui, recordando a los pueblos del mundo que han proclamado la Carta de las Naciones Unidas, la Declaracin de los Derechos Humanos y la Resolucin 1514 de las Naciones Unidas; (...) convencidos de que todos los pueblos tienen un derecho inalienable a la libertad absoluta, al ejercicio de su soberana y a la integridad de su territorio nacional; proclamando la necesidad de poner fin al colonialismo en todas sus formas para el logro del desarrollo econmico, social y cultural de los pueblos (...) proclama ante el mundo entero, en base a la libre voluntad popular basada sobre los principios democrticos la constitucin de un estado libre, independiente y soberano (...) que adquiere como forma de rgimen el de la REPBLICA RABE SAHARAUI DEMOCRTICA. El pueblo rabe de la RASD habiendo decidido defender su independencia y su integridad territorial (...) afirma su apoyo a todos los Movimientos de Liberacin de los pueblos de la dominacin colonialista. (De la Carta de Proclamacin de la Independencia de la RASD, Bir Lehlu, 27 de febrero de 1976)

[2].Del Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD 1999

[3].Versos del poema Tus manos, de Luali Lehsan, miembro del grupo de poetas Generacin de la Amistad. Ed. Revista Exilios, UAM, Madrid 2006


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