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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2003

La ideologa estadounidense

Samir Amin
CSCAweb


"Animada por su xito reciente, la extrema derecha controla en la actualidad los resortes del poder en Washington. La alternativa que se ofrece est clara: o bien se acepta la hegemona de EEUU y el 'liberalismo'a ultranza que promueve -y que significa poco ms que una exclusiva obsesin por hacer dinero- o se rechazan ambos. En el primer caso, estaremos dando a Washington va libre para 'redisear' el mundo a imagen de Texas. Solo eligiendo la segunda opcin podremos ser capaces de hacer algo para contribuir a la reconstruccin de un mundo que sea esencialmente plural, democrtico y pacfico".

Hoy, EEUU est gobernado por una junta de criminales de guerra que llegaron al poder a travs de une especie de golpe [de Estado]. Aquel golpe pudo haber estado precedido por unas (dudosas) elecciones: pero no debemos olvidar que Hitler fue igualmente un poltico elegido. En esta analoga, el 11 de septiembre cumple la funcin del "incendio del Reichstag" [1], permitiendo a la Junta garantizar sus poderes de fuerza policial similares a aquellos de la Gestapo. Tienen su propio Mein Kampf -la Estrategia de Seguridad Nacional [2]-, sus propias asociaciones de masas -las organizaciones patriticas- y sus propios predicadores [3]. Es vital que tengamos el coraje de decir esas verdades y de dejar de enmascararlas en frases como "nuestros amigos estadounidenses" que han dejado de tener significado.

La cultura poltica es el producto a largo plazo de la Historia. Como tal, es obviamente especfica de cada pas. La cultura poltica estadounidense es claramente distinta de lo que ha emergido en la historia del continente europeo: mediante el establecimiento de Nueva Inglaterra por sectas protestantes extremistas se ha configurado el genocidio de los pueblos indgenas del continente, la esclavitud de los africanos y la emergencia de comunidades segregadas por sus especificidades tnicas como resultado de sucesivas oleadas migratorias durante el siglo XIX.

La modernidad, el secularismo y la democracia no son el resultado de una evolucin en las creencias religiosas o siquiera revolucionarias; por el contrario, es la fe la que ha tenido que ajustarse para satisfacer las exigencias de estas nuevas fuerzas. Este ajuste no se ha producido exclusivamente en el protestantismo; tuvo el mismo impacto en el mundo catlico aunque de modo distinto. Se cre un nuevo espritu religioso, liberado de todo dogma. En ese sentido, no fue la Reforma la que otorg la precondicin para el desarrollo capitalista, aunque la tesis de Weber ha sido ampliamente aceptada en las sociedades protestantes de Europa, que fueron favorecidas por la importancia que les dio. Tampoco la Reforma representa interpretaciones tempranas del cristianismo; al contrario, la Reforma fue simplemente la ms primitiva y confusa forma de una ruptura.

Un aspecto de la Reforma fue el trabajo de las clases dominantes conducidas por la creacin de iglesias nacionales (anglicana o luterana) controladas por dichas clases. Como tales, esas iglesias representaron un compromiso entre la burguesa emergente, la monarqua y los grandes terratenientes, a travs del cual pudieron acorralar la amenaza que representaban los pobres y los campesinos.

Marginar con eficacia la idea catlica de universalidad estableciendo iglesias nacionales sirvi, en particular, para reforzar el poder de la monarqua, fortaleciendo su autoridad como rbitro entre las fuerzas del Antiguo Rgimen y aqullas de la burguesa ascendiente, y reforzar el nacionalismo de esas clases, retrasando, con ello, la emergencia de nuevas formas de universalismo que seran promovidas ms tarde por el socialismo internacionalista.

Sin embargo, otros aspectos de la Reforma fueron conducidos por las clases ms bajas que eran las principales vctimas de las transformaciones sociales provocadas por el nacimiento del capitalismo. Esos movimientos recurrieron a formas de lucha tradicionales derivadas de los movimientos milenaristas de las Edad Media. Como resultado, lejos de abrir el camino, estuvieron predestinadas a retrasar las necesidades de su tiempo. Las clases dominantes tendran que esperar hasta la Revolucin Francesa -y a sus formas de movilizacin democrtica, popular, laica y radical- y al advenimiento del socialismo para hallar vas [que permitieran] articular efectivamente sus exigencias al respecto de las nuevas condiciones en las que vivan. Los primeros grupos protestantes modernos, por el contrario, se cimentaron en ilusiones fundamentalistas y ello, en cambio, favoreci la rplica infinita de sectas esclavas del mismo tipo de visin apocalptica que prolifera actualmente en EEUU.

Las sectas protestantes que se vieron obligadas a emigrar en el siglo XVII desde Inglaterra haban desarrollado una forma de cristianismo diferenciado tanto del catolicismo como del dogma ortodoxo. Por ello, su imagen del cristianismo no era compartida siquiera por la mayora de los protestantes europeos, incluidos los anglicanos, de donde emergi la mayora de la clase gobernante britnica. En trminos generales, podemos decir que la genialidad esencial de la Reforma fue reclamar el Antiguo Testamento que haba sido marginado por el catolicismo y la Iglesia Ortodoxa cuando definieron al cristianismo como una ruptura con el Judasmo. Los protestantes resituaron al cristianismo en su lugar como sucesor legtimo del Judasmo.

Legitimidad bblica

La particular forma de protestantismo que hallo su va en Nueva Inglaterra sigue configurando la ideologa estadounidense en la actualidad. Primero, facilit la conquista del "Nuevo Continente", instruyendo su legitimidad en base a referencias bblicas (la referencia bblica de la violenta conquista de Israel de la "Tierra Prometida" es un tema constantemente reiterado en el discurso de EEUU). Ms tarde, EEUU extendi su misin encomendada por Dios hasta abarcar el mundo en su totalidad. Por ello, los estadounidenses han comenzado a verse a s mismos como el "pueblo elegido" (en la prctica, un sinnimo del trmino nazi Herrenvolk). Esta es la amenaza a la que hacemos frente en la actualidad. Y por ello el imperialismo estadounidense (y no el Imperio) ser incluso ms brutal que sus predecesores, la mayora de los cuales nunca reivindicaron estar investidos por una misin divina.

No estoy entre los que creen que el pasado solo puede repetirse. La Historia transforma a los pueblos. Eso es lo que ha pasado en Europa. Sin embargo, desgraciadamente, la historia de EEUU, lejos de trabajar por la erradicacin de sus horribles orgenes, ha reforzado aquel horror y ha perpetuado sus efectos. Ello es as tanto para la "Revolucin americana" como para la colonizacin del pas mediante sucesivas olas migratorias.

A pesar de los intentos actuales de promover sus virtudes, la "Revolucin americana" no fue ms que una limitada guerra de independencia bastante desprovista de cualquier dimensin social. En ningn caso en el curso de su revuelta contra la monarqua britnica intentaron los colonos americanos transformar las relaciones econmicas y sociales: simplemente rechazaron seguir compartiendo los beneficios con las clases gobernantes de la metrpoli. Queran el poder para s mismos no para cambiar las cosas sino para seguir hacindolas igual -aunque con ms determinacin y mayores mrgenes. El objetivo prioritario era proceder a la colonizacin del Oeste que implicaba, entre otras cosas, el genocidio de los americanos nativos. Igualmente, los revolucionarios nunca cambiaron la esclavitud. De hecho, la mayora de los lderes revolucionarios eran propietarios de esclavos y sus prejuicios sobre esta cuestin se demostraron inquebrantables.

El genocidio de los nativos americanos estaba implcito en la lgica de la nueva eleccin de la misin divina para los pueblos. Su masacre no puede ser condenada simplemente sobre la base de la moral de un pasado arcaico y distante. Hasta 1960, el acto del genocidio se proclamaba bien abierta y orgullosamente. Las pelculas de Hollywood oponan al bien de los cowboys el diablo nativo americano, y esta tergiversacin del pasado ha sido central en la educacin de sucesivas generaciones.

Lo mismo ocurre con la esclavitud. Tras la independencia, tuvo que pasar cerca de un siglo antes de que la esclavitud fuera abolida. Y a pesar de las demandas de la Revolucin Francesa en el sentido contrario, cuando se produjo el hecho de la abolicin no tuvo nada que ver con la moralidad (solo se produjo porque la esclavitud ya no serva a la causa de la expansin capitalista). As, los afro-americanos tendran que esperar otro siglo para que se les concediese unos mnimos derechos civiles. E incluso entonces, el racismo profundamente arraigado de las clases dirigentes ha sido difcilmente desafiado. Hasta la dcada de los 60 el linchamiento sigui siendo un hecho habitual que procuraba un pretexto en los pic-nics familiares. De hecho, la prctica del linchamiento persiste en la actualidad, de modo ms discreto e indirecto, en las vas de un sistema judicial que enva a miles de personas a la muerte (la mayora afro-americanos) a pesar del conocimiento general de que al menos la mitad de los condenados son inocentes.

Migracin e individualismo

Las sucesivas olas de inmigracin han ayudado igualmente al reforzamiento de la ideologa estadounidense. Los inmigrantes no son en modo alguno responsables de la miseria y la opresin que causan sus exilios. Dejan su tierra como vctimas. Sin embargo, la emigracin significa igualmente la renuncia a la lucha colectiva para cambiar las condiciones en sus pases de origen; cambian su sufrimiento por la ideologa individualista del pas receptor desarraigndose. Este cambio ideolgico sirve igualmente para retrasar la emergencia de la conciencia de clase que escasamente tiene tiempo a desarrollarse antes de que una nueva oleada de inmigrantes llega para ayudar a abortar su expresin poltica. Desde luego, la migracin contribuye tambin al "fortalecimiento tnico" de la sociedad estadounidense. La nocin de "xito individual" no excluye el desarrollo de fuertes comunidades tnicas de apoyo (irlandesa, o italiana, por ejemplo) sin las que el aislamiento individual resultara insoportable. Sin embargo, tambin en esto, el fortalecimiento de identidades tnicas es un proceso que el sistema estadounidense cultiva nicamente para recuperarlo ya que debilita inevitablemente la conciencia de clase y la ciudadana activa.

As, mientras el pueblo de Pars se estaba preparando para "asaltar el cielo" (segn la Comuna de 1871), las ciudades de EEUU proporcionaron el escenario para una serie de guerras asesinas entre bandas formadas por generaciones sucesivas de pobres emigrantes (irlandeses, italianos, etc.) cnicamente manipulados por las clases dirigentes.

Hoy en EEUU no hay un partido de los trabajadores ni lo ha habido nunca. Los poderosos sindicatos de trabajadores son apolticos en su ms amplio sentido del trmino. No tienen vnculos con partido alguno con el que puedan compartir y expresar sus preocupaciones; ni han sido nunca capaces de articular una visin socialista propia. Por el contrario, suscriben, como todo el mundo, la ideologa liberal dominante que de este modo permanece incontestada. Cuando luchan, lo hacen sobre la base de una agenda limitada y concreta que en modo alguno cuestiona el liberalismo. En este sentido, eran y siguen siendo posmodernistas.

Sin embargo, para las clases trabajadoras, las creencias comunitarias no pueden proporcionar un substituto a la ideologa socialista. Ello es cierto incluso para los afro-americanos, la comunidad ms radical de EEUU, ya que la lucha de ideologas comunitarias est, por definicin, limitada a la lucha contra el racismo institucionalizado. Uno de los aspectos ms desatendidos de las diferencias entre las ideologas europeas (en su diversidad) y la ideologa estadounidense es el impacto de la Ilustracin en su desarrollo. Sabemos que la filosofa de la Ilustracin fue la cuestin decisiva para el lanzamiento de la creacin de las culturas e ideologas modernas de Europa y su impacto sigue siendo considerable hasta hoy, no solo en los centros del desarrollo capitalista, bien sean catlicos (Francia) o protestantes (Gran Bretaa y Holanda), sino tambin en Alemania y Rusia.

Ello contrasta con EEUU, donde la Ilustracin tuvo solo un impacto marginal que atrajo nicamente a una minora aristocrtica (y favorable a la esclavitud) [representada] en ese grupo encarnado en la posteridad por Jefferson, Madison y unos pocos ms. En general, las sectas de Nueva Inglaterra fueron indemnes al espritu crtico de la Ilustracin y su cultura permaneci ms prxima a las Brujas de Salem que al impo racionalismo de las Luces.

Los frutos de ese rechazo emergieron cuando la burguesa yanqui lleg a la mayora de edad. En Nueva Inglaterra emergi una creencia simple y errnea que mantena que la Ciencia (es decir, las ciencias puras, como la Fsica) deberan determinar el destino de la sociedad -una opinin que ha sido ampliamente compartida en EEUU durante ms de un siglo, no solo entre la clase dirigente, sino tambin entre la gente comn.

La substitucin de ciencia por religin explica algunos de los rasgos sobresalientes de la ideologa estadounidense. Explica por qu la filosofa es tan insignificante, porque ha sido reducida al empirismo ms reductor. Explica igualmente el frentico esfuerzo de reducir las ciencias humanas y sociales a ciencias puras (es decir, duras): as, la Economa pura ocupa el lugar de la Economa poltica y la ciencia de los genes reemplaza a la Antropologa y la Sociologa. Esta ltima y desafortunada aberracin proporciona otro punto de conexin entre la ideologa estadounidense contempornea y la ideologa nazi que ha sido favorecido sin duda por el profundo racismo que recorre toda la historia de EEUU. Otra aberracin causada por esta peculiar visin de la ciencia es una debilidad por la especulacin cosmolgica (de la cual la teora del Big-Bang es el ejemplo ms conocido).

Entre otras cosas, la Ilustracin nos ense que la Fsica es la ciencia [que estudia] ciertos aspectos limitados del universo que han sido distinguidos como objetos de investigacin, no la ciencia del universo en su totalidad (que es un concepto metafsico ms que cientfico). A este nivel, el sistema de pensamiento estadounidense est ms cerca de los intentos pre-modernos de reconciliar la fe y la razn que de la tradicin cientfica moderna. Esta visin regresiva fue perfectamente adaptada a los propsitos de las sectas protestantes de Nueva Inglaterra y al tipo de sociedad religiosa omnipresente que produjeron. Como sabemos, es este tipo de regresin lo que hoy amenaza a Europa.

Democracia y mercado

Estos dos factores que configuran la formacin histrica de la sociedad estadounidense -una ideologa bblica dominante y la ausencia de un partido de los trabajadores- se han combinado para producir una situacin completamente nueva: un sistema regido de facto por un nico partido, el partido del capital.

Los dos segmentos que integran este partido comparten la misma frmula fundamental del liberalismo. Ambos dirigen nicamente la minora que participa en este tipo de democracia truncada e impotente (un 40% del electorado). Como la clase trabajadora, por regla general, no vota, cada segmento del partido tiene su propia clientela de clase media para la cual ha ajustado su discurso. Ambos han esculpido su propio electorado compuesto de ciertos segmentos de intereses capitalistas (lobbies) y grupos de apoyo comunitarios.

La democracia estadounidense actual constituye el modelo avanzado de lo que yo he denominado "democracia de baja intensidad". Su funcionamiento est basado en la separacin total entre la gestin de la vida poltica a travs de la prctica de la democracia electoral y la gestin de la vida econmica que est gobernada por las leyes de la acumulacin de capital. Ms an, esta separacin no est sujeta a forma alguna de cambio radical; forma parte de lo que puede ser denominado el consenso general. Sin embargo, es esa misma separacin lo que destruye efectivamente todo el potencial creativo de la democracia poltica. Castra las instituciones representativas (parlamentos y otras) que de manera impotente estn rendidas por su sumisin al mercado y a sus dictados. En este sentido, la eleccin entre votar a los demcratas o a los republicanos es en el fondo ftil porque lo que determina el futuro del pueblo estadounidense no es el resultado de las preferencias electorales sino las variaciones de los mercados financieros y de otros mercados.

Como resultado, el Estado estadounidense existe exclusivamente para servir a la economa, es decir, al capital, al que obedece enteramente abandonando las cuestiones sociales. El Estado puede funcionar de este modo por una razn primordial: porque el proceso histrico que form la sociedad estadounidense ha bloqueado el desarrollo de una conciencia poltica de las clases trabajadoras.

Ello contrasta con los Estados europeos que han sido (y pueden convertirse de nuevo en) el foro obligado en el que se han desarrollado las confrontaciones entre los grupos con intereses sociales. Es por ello que los Estados europeos favorecen los compromisos sociales que se invierten en prcticas democrticas con significado real. Cuando la lucha de clases y otras luchas polticas no fuerzan al Estado a funcionar de este modo, cuando no pueden seguir siendo autnomas frente a la lgica exclusiva de la acumulacin del capital, la democracia se convierte en un ejercicio completamente intil, como ocurre en EEUU.

La combinacin de una prctica religiosa dominante -y su explotacin por medio del discurso fundamentalista- con la ausencia de conciencia poltica entre las clases oprimidas, da al sistema poltico de EEUU un margen de maniobra sin precedentes, a travs del cual puede destruir el impacto potencial de las prcticas democrticas y reducirlas a rituales benignos (la poltica como un entretenimiento, la inauguracin de campaas electorales con animadores, etc.).

Ideologa y capital

No obstante, no debemos dejarnos engaar. No es la ideologa fundamentalista la que ocupa el puesto dirigente y la que impone su lgica a los reales detentadores del poder: el capital y sus siervos del gobierno. Es el capital y solo l quien toma todas las decisiones y nicamente cuando lo ha hecho moviliza la ideologa estadounidense para que sirva a su causa. Los medios que se despliegan -el uso sistemtico y sin precedentes de la desinformacin- pueden entonces servir a sus propsitos aislando a los crticos y sujetndolos a una forma permanente y odiosa de chantaje. De este modo, el sistema puede manipular fcilmente a la "opinin pblica" cultivando su estupidez.

Gracias a este contexto, la clase dirigente estadounidense ha desarrollado una especie de cinismo total envuelto en una carcasa exterior de hipocresa que resulta perfectamente transparente a los observadores exteriores pero de algn modo invisible a los propios pueblos estadounidenses. El rgimen est bastante satisfecho de recurrir a la violencia, incluso en sus formas ms duras, cuando quiera que surge la necesidad. Todos los activistas radicales estadounidenses saben esto demasiado bien; las nicas opciones que tienen abiertas son renunciar, o ser un da asesinados.

Como todas las ideologas, la estadounidense es "cada vez ms vieja e inservible". Durante periodos de calma (marcados con un fuerte crecimiento econmico, acompaado de lo que pasan por ser niveles aceptables de beneficios) la presin de la clase dirigente sobre su pueblo disminuye naturalmente. As, de vez en cuando, el sistema tiene que infundir nuevo vigor a esa ideologa usando los mtodos clsicos: un enemigo (siempre un extranjero, ya que se ha decretado que la sociedad estadounidense es buena por definicin) es designado ("el Imperio del Mal", "el Eje del Mal") lo que justificar la movilizacin de todos los medios posibles con el fin de aniquilarlo. En el pasado ese enemigo fue el comunismo; el McCarthismo (un fenmeno que los pro-estadounidenses de hoy han olvidado ya) hizo posible el lanzamiento de la Guerra Fra y la marginacin de Europa; hoy, es el terrorismo que es, simple y claramente, un pretexto creado para servir al proyecto de la clase dirigente: el control militar del planeta.

Hegemona y poder militar

El objetivo reconocido de la nueva estrategia hegemnica de EEUU es prevenir la emergencia de ninguna otra potencia que pueda ser capaz de oponer ninguna resistencia frente a los mandatos de Washington. Para ello es necesario desmantelar pases que se han convertido en demasiado grandes de modo que [se puedan] crear un nmero mximo de satlites serviciales y dispuestos a aceptar las bases de EEUU para su proteccin. Tal y como han acordado los ltimos tres presidentes [de EEUU], Bush-padre, Clinton y Bush-hijo, solo un pas tiene derecho a ser grande y ese es EEUU.

En este sentido, la hegemona de EEUU depende fundamentalmente de su desproporcionado poder militar ms que de ninguna ventaja especfica de su sistema econmico. Gracias a su poder, EEUU pude situarse como el dirigente incontestado de la mafia global cuyo "puo visible" impondr el nuevo orden imperialista sobre aquellos que pudieran resistirse a alinearse.

Animada por su xito reciente, la extrema derecha controla en la actualidad los resortes del poder en Washington. La alternativa que se ofrece est clara: o bien se acepta la hegemona de EEUU y el liberalismo a ultranza que promueve -y que significa poco ms que una exclusiva obsesin por hacer dinero- o se rechazan ambos. En el primer caso, estaremos dando a Washington va libre para redisear el mundo a imagen de Texas. Solo eligiendo la segunda opcin podremos ser capaces de hacer algo para contribuir a la reconstruccin de un mundo que sea esencialmente plural, democrtico y pacfico.

Si hubiesen reaccionado en 1935 o 1937, los europeos hubieran sido capaces de parar la locura nazi antes de que causara tanto dao. Retrasando su reaccin hasta 1939, contribuyeron a sus cientos de millones de vctimas. Es nuestra responsabilidad actuar ahora para contener y eliminar el desafo neo-nazi de Washington.


1. Vase: Fasano Mertens, Federico: "De Hitler a Bush", separata de La Repblica, 30 de marzo de 2003 en www.moir.org.co/irak/Carta_embajador_eeuu_uruguay.htm. 2. Vase en CSCAweb: Carl Messineo y Mara Verheyden-Hilliard: Evaluacin crtica de la nueva 'Estrategia de Seguridad Nacional' de la Administracin Bush 3. Vase en CSCAweb : El 'Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense', la 'Doctrina Bush' y la guerra contra Iraq

21 de mayo de 2003. Al Ahram Weekly, 15-21 de mayo de 2003, nm. 638 Traduccin: Loles Olivn, CSCAweb

* Samir Amn, egipcio, profesor de ciencias econmicas de formacin marxista, trabaj de 1957 a 1960 en la planificacin del desarrollo de Egipto y entre 1960 y 1963 como consejero del gobierno de Mali. Tras ser director del Instituto Africano de Desarrollo Econmico y Planificacin, en la actualidad dirige el departamento africano del 'Foro del Tercer Mundo', en Dakar, Universidad de Naciones Unidas.



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