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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2007

A cara de perro con la Audiencia Nacional

Manuel F. Trillo
InSurGente


Es fcil esconderse detrs de las bambalinas institucionales. Es fcil no decir nada a nadie y provocar que los dems den la cara. Es fcil huir de las palabras y quedarse slo en los gestos y mohines que todos interpretarn como que no ests de acuerdo. Esto es lo que ha ocurrido en la Audiencia Nacional esta semana pasada cuando observaron los miembros de la ultraderecha judicial de este pas que los magistrados de la sala que tena que ventilar la excarcelacin atenuada de I. De Juana Chaos estaban dispuestos a dejarlo salir para su casa. El pleno de la AN lo componen 19 magistrados, y de ellos 16 acudieron, cuatro defendieron el derecho fundamental a la vida sobre el derecho que persigue y pretende toda prisin provisional. Y hete aqu que la ceporrera de algunos, los medios de comunicacin (radio, tv, prensa...), los vecinos de despacho, los colegas de la logia o de la cofrada, las esposas y las que no lo son tanto, el panadero y la estanquera, y quienes an pululan por la Espaa irredenta de Maeztu y Vzquez Mella, a una y en tropel se arrojaron sobre la balanza de la Justicia y la voltearon como un cubo de basura.

No pudieron aquellos cuatro con los doce. No han hablado en pblico y se han manifestado a travs de un voto particular, es lo que procedimentalmente cabe, y ah gan la partida la Espaa oscura y de garrote vil. Sin embargo s que sali a la palestra un sujeto infame, Emilio Lpez -ahora en el CGPJ- quien sin ambages apuesta por el establecimiento en Espaa de la cadena perpetua, pues no de otro modo se puede entender su acalorada defensa de sistemas penales como el francs, el alemn o el ingls. A ms, este sujeto y otro mienten, mienten con todas sus letras y sin dobles interpretaciones metafricas, es decir, pretenden engaar a la gente que en su ignorancia les escuchan o les leen, cuando afirma que el artculo 508.1 de la LECr slo est pensado y redactado para quienes sufren enfermedades sobrevenidas. En ninguna parte de su redaccin se menciona el origen de la enfermedad o del deterioro fsico o mental del preso; no le interes al legislador esta cuestin, el origen del deterioro, sino que se pusiera remedio a una circunstancia que es extrema, como el punto de muerte o agona inmediata del preso. Cuando este Lpez o ese tal Guevara, personaje tristemente clebre cuando presidi juicios renombrados en la AN, afirman que el preso se lo ha buscado (lo dicen de este modo: la causa de su situacin se haya en su propia voluntad), en realidad se sitan en ese estadio en que nadie quisiera estar cuando del Derecho se trata, en la Justicia vindicativa, pues de aqu a la ley de Lynch hay slo un paso.

Si se hiciera extensivo este pensamiento e interpretacin de estos jueces -que lo son administrativamente nada ms- la aplicacin del artculo referido slo cabra para presos cuya enfermedad no tuviera nada que ver con la voluntad del preso. Pregonan que este artculo est pensado -sabrn ellos de pensamientos!- para quienes tienen sida, para los toxicmanos terminales, los cancerosos y quienes padezcan tumores o enfermedades surgidas por el paso de los aos. Las mismas enfermedades que ellos o sus familiares han padecido, pues sus deudos de algo murieron cuando murieron, quizs de una enfermedad determinada genticamente. Por tanto, segn su interpretacin tendramos que decir que al igual que mencionan que De Juana Chaos se lo ha buscado, tambin se podra decir del sidoso, del toxicmano, del canceroso de pulmn.... y as en una larga lista. Pues todos ellos- segn su teora- se lo han buscado. Yo mismo, fumador empedernido padecer cncer -o no- de pulmn y si estuviera preso yo me lo habra buscado. No se sostiene esta distincin entre los que se lo buscan y los que no se lo buscan. No distingue la norma entre el origen y la causa y el padecimiento. Habla slo del padecimiento y de la circunstancia especfica del preso, sin distinguir tampoco entre delitos, en ese momento el legislador igualaba a todos respetando el artculo 14 de la CE. No hay humanidad que valga, pues el Derecho no es caridad, es Derecho. Leamos el artculo referido, que a este paso ser el ms conocido de toda la legislacin penal: el juez o tribunal podr acordar que la medida de prisin provisional del imputado se verifique en su domicilio, con las medidas de vigilancia que resulten necesarias, cuando por razn de enfermedad el internamiento entrae grave peligro para su salud. El juez o el tribunal podr autorizar que el imputado salga de su domicilio durante las horas necesarias para el tratamiento de su enfermedad, siempre con vigilancia precisa. No se precisa ms aclaracin; no se habla del origen de la enfermedad; ni de la causa; ni la voluntad propia o ajena; se habla de enfermedad.

Se responsabiliza al juez o tribunal, al tribunal sentenciador, y en este caso la ultraderecha judicial impone al tribunal sentenciador que se someta a los dictados del Pleno de la Audiencia. Esto es discutible, pero an as es muy extrao que el Pleno se rena para ver cada uno de los casos en que ha de decidirse la atenuacin de la prisin de todos y cada uno de los presos afectados por este artculo. Que se haya hecho en esta circunstancia es una bofetada al principio de igualdad y al propio Derecho.

No le cabe duda a nadie que es el internamiento la causa esencial del deterioro fsico del preso, pues prefiere estar muerto a ser reo de una sentencia que considera injusta. No dudo que para estos doce, y algunos ms, les hubiera resultado mucho ms cmodo que el preso se hubiera ahorcado con las sbanas de la celda, y de ese modo no tendran que verse en esta tesitura de tener que dar la cara, y descubrirse en ellos que son partidarios de la justicia represiva y vindicativa.

No hay nada peor que la hipocresa y el doble rasero; no hay nada peor que la indecencia y la mentira, y ellos son indecentes intelectualmente e hipcritas en su aplicacin de las normas; vigilantes de la ms extrema justicia formal desconocen o deprecian -que an es peor- la justicia material y desechan el principio de oportunidad tan vigente y necesario en el mbito penal. Or a Guevara y a Lpez es la peor leccin que puede recibir un estudiante de Derecho que pretenda buscar la justicia en las conductas que puedan ser reprochables. Pues ese mismo estudiante se preguntara si con el criminal Rodrguez Galindo o con Rafael Vera, uno afectado de una arritmia, y el otro de depresin, fue preciso la convocatoria del Pleno de la Audiencia para mandarlos a su casa. Vale todo?. Vale el cinismo?. Vale la mentira y hipocresa?. Vale el trilerismo jurdico?.

La Audiencia Nacional es un tribunal de excepcin como lo era el TOP, y antes el Tribunal Contra la Masonera y el Comunismo, su existencia es una vergenza en un Estado de Derecho, y es un baldn y una gabela otorgada a los jueces franquistas que no saban dnde colocarse hace treinta aos. Vulnera su existencia principios y organizacin del sistema judicial y la propia CE si a ella nos atuviramos en su articulado (Art 24). Pero ya que tenemos que soportar este cncer, al menos, al menos que quienes ocupen tales magistraturas fueran profesionales decentes. En la actualidad se ha demostrado que su profesionalidad queda en entredicho, y que su dependencia ideolgica convierten tal institucin en un lastre para el Estado de Derecho.

El auto del Pleno de la AN se recordar durante muchos aos, por eso quienes firmaron el voto particular -en un rasgo de decencia jurdica- quisieron desmarcarse de lo que esa mayora impuso. El voto particular es demoledor, pues establece el derecho a la vida de un preso sobre las pretensiones de una prisin provisional. Mientras, la mayora apost por las tesis de la ultraderecha poltica. Mucho se escribe y mucho ms se escribir sobre el caso de Ignacio De Juana Chaos, pues ya la sentencia que le condena por dos artculos son objeto de estudio en Facultades y Escuelas de Criminologa como un ejemplo de dislate jurdico y de aplicacin del derecho penal de autor. Ms an si este preso muriera en prisin -segn los mdicos le quedan tres semana a lo sumo- y entonces nos habr lucido el pelo, pues los que decidieron tal medida en la AN hablan -lo queramos o no- por el conjunto de la sociedad.



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