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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2007

El misterio que envuelve el plan de escalada del presidente Bush
Qu quieren decir con Plan B?

Tom Hayden
Huffington Post/Cubadebate


Existe un Gran Misterio entorno al nuevo plan del presidente Bush para Iraq. Si pretende enviar al ejrcito a combatir a Moktada al-Sadr en los suburbios de la ciudad de Sadr, qu suceder al primer ministro al-Maliki que depende del bloque de 40 escaos con que cuenta Sadr en el parlamento? Bush tendr entonces que deshacerse de al-Maliki en favor de una camarilla gobernante bendecida por el Consejo Supremo para la Revolucin Islmica en Iraq (SCIRI) y de los partidarios kurdos de lnea dura; acaso es eso posible y cmo?

Sepultada en las ltimas lneas de la historia publicada en el New York Times el 11 de enero aparece la referencia al Plan B, as como una declaracin hecha por un funcionario de la Casa Blanca en la que afirma que hay otras vas para lograr nuestro objetivo.

Es de esperar que el Plan B sea objeto de cuestionamiento por parte del Congreso y de los medios de difusin antes de convertirse en realidad.

A todas luces, el nuevo plan de los Estados Unidos no cuenta con apoyo en Iraq, donde el 61 por ciento de la poblacin respalda los ataques armados contra las tropas estadounidenses. Si se obvia esta realidad, el plan militar consiste en lo siguiente:

 Tomar la ofensiva en al-Anbar con 4 000 efectivos estadounidenses ms y bombardeos areos de niveles desconocidos.  Al-Anbar es la provincia en que las fuerzas de los Estados Unidos han sufrido la mayora de las bajas en la guerra. La provincia se encuentra bajo el control de tribus sunitas y alberga a miles de combatientes incondicionales; incluida la faccin de al-Qaeda con sede en Iraq

 Lanzar la ofensiva contra la zona urbana con 17 500 efectivos estadounidenses ms, inspirados en las doctrinas de contrainsurgencia en Malasia, Argelia y Vietnam, construyendo por la fuerza comunidades confinadas a fin de separar a los pobladores de los insurgentes mientras estos ltimos son perseguidos y asesinados.

En realidad, nadie puede predecir las posibilidades de xito militar estadounidense en estas operaciones. La regla general presente en los manuales de contrainsurgencia consiste en que el invasor debe tener una ventaja de 10 contra uno respecto del insurgente. Por ejemplo, en la exitosa campaa malaya realizada por Gran Bretaa la proporcin entre los efectivos de la colonia y las guerrillas fue de 300 000 a 9 000. En la situacin actual no existe semejante ventaja. En todo caso, nada impedir que nuevos insurgentes reemplacen a los que han sido asesinados en la lucha, ni que una nueva resistencia siga a la pacificacin temporal.

La eleccin de Baghdad y de al-Anbar [que contiene a Fallouja] garantiza que el mundo estar muy pendiente de los medios de difusin, lo que representa un enorme problema para la guerra meditica de los Estados Unidos. 

En cuanto al lenguaje agresivo de Bush contra Irn y Siria, incluida dos redadas contra iranes en Iraq, puede que se trate de provocaciones que conduzcan a un conflicto mayor o simplemente una mascarada de agresividad antes de que se establezca el Gobierno en alguna parte para dedicarse a la diplomacia como propugn el Grupo de Estudios sobre Iraq. El hecho de que las fuerzas armadas hayan llegado a su lmite [Baker-Hamilton], indica que engaar puede ser riesgoso.

La reaccin del Congreso, la opinin pblica y los medios de difusin debe ser sorprendente para los activistas y observadores que descartaron una estrategia del Congreso a favor del movimiento anti-guerrerista calificndola de ilgica. Luego de casi siete aos de gobierno de partido nico, el inicio de audiencias, preguntas y debate constituye una sacudida a un sistema moribundo y opresivo que se recibe de buen grado. El hecho de que tantos polticos estn organizando campaas presidenciales, lo que requiere que participen en la poltica fuera de los crculos oficiales de Washington, slo entraar mayores crticas al presidente procedente de todas partes.

La imperiosa interrogante es s cualquiera de las Cmaras puede bloquear la autorizacin y financiamiento de los 21 500 efectivos que detendra de manera eficaz la escalada y sumergira al gobierno en una lucha constitucional respecto de los poderes del Congreso. El representante Sam Farr, que constituye el baluarte anti-guerrerista de Santa Cruz, ha presentado precisamente ese instrumento legislativo, y el personal del senador Kennedy est analizando opciones similares para el Senado.

A pesar del grato retorno del sistema bipartidista del Congreso, no se puede contar con ninguno de los dos partidos para que ponga fin a la guerra por s mismo, debido a la tradicional razn maquiavlica de que las grandes potencias nunca admiten la derrota. No obstante, los partidos pueden ser llevados al punto en que los costos sobrepasen tanto los beneficios que se busque silenciosamente una estrategia de salida. El movimiento anti-guerrerista tiene que aumentar los costos ejerciendo presin sobre los pilares que sostienen la poltica.

Uno de esos pilares es la capacidad militar. Es importante apoyar las voces discrepantes en el ejrcito, en las campaas en contra del reclutamiento, y exigir al Congreso que oponga resistencia a los esfuerzos de Bush para obligar a las unidades de la Guardia Nacional a que realicen ms rotaciones.

Otro pilar es el costo presupuestario. Los demcratas informaron que no impugnarn el financiamiento de la guerra, aunque pudieran oponerse al financiamiento de la escalada propuesta. Los demcratas anti-guerreristas y el movimiento a favor de la paz podran extender la oposicin hacia la zona del centro urbano, concentrndose en los votantes de la tercera edad y del sector sindical. Segn informaciones emitidas ayer, el costo presupuestario de esta guerra fue de 357 millones 500 mil dlares, lo que en cambio podra haber sido utilizado para pagar 17 millones de becas universitarias gratis de cuatro aos de duracin. Hasta el momento, ni siquiera un solo vocero demcrata ha dado respuesta al discurso pronunciado por el presidente insistiendo en el tema de los costos nacionales.

El movimiento anti-guerrerista puede intervenir mediante acciones de distritos congresionales locales, el envo de correos electrnicos y la participacin en la marcha que se celebrar el 27 de enero. Si Bush contina con su curso actual, tiene el poder de comenzar una resistencia anti-guerrerista y prodemocrtica no vista desde la dcada de los aos sesenta.



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