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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2007

La revuelta popular libanesa contra el neoliberalismo

Alberto Cruz
Rebelin


Volveremos a nuestra aldea un da
y ahgate en el calor de la esperanza,
volveremos,
aunque el tiempo pasa
y las distancias crecen entre nosotros

Sanarji'u (Volveremos)

Una cancin de Fairuz se puede escuchar estas ltimas semanas en Lbano. Sanarjiu. Volveremos. Es una cancin de amor y de esperanza, como casi todas las suyas. Este pequeo pas est dando una leccin al mundo rabe. A pesar de la opinin que se viene trasladando de forma machacona en occidente, es ingenuo pensar que la crisis libanesa comenz con la guerra con Israel del pasado verano y que se termina con la lucha contra un gobierno que no representa a la mayora de la poblacin. Hay algo ms, es tambin una lucha contra un gobierno abiertamente neoliberal, que sigue al dictado las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Lbano es un pas que no llega a los 5 millones de habitantes. Y, sin embargo, tiene una deuda externa de 41.000 millones de dlares. La consecuencia de una poltica econmica especuladora impulsada por el primer ministro Rafiq Hariri desde el fin de la guerra civil en 1990. Hariri reconstruy Beirut a expensas del resto del pas y se centr en los sectores de lujo, en las actividades financieras y bancarias en vez de en modernizar sectores vitales en el pas como el agrcola y la pequea industria. Hariri quera volver a la situacin anterior a la guerra civil, a ese manido dicho de la Suiza de Oriente Medio, con el nico objetivo de hacer de Lbano el centro del trnsito para el dinero del petrleo de sus poderosos vecinos, especialmente Arabia Saud.

El Ministro de Hacienda de Hariri era Fouad Siniora, que impuls una serie de reformas econmicas de corte abiertamente neoliberal. El programa fue expuesto en Pars en el ao 2002 y cont con la promesa de reformar el sector pblico sin atreverse an a privatizarlo del todo-, pagar la deuda externa, cortar los gastos pblicos y aumentar los ingresos fiscales con la finalidad de balancear el presupuesto en el ao 2006. Entonces, como ahora, Siniora logr el apoyo econmico de un grupo de pases: 4.400 millones de dlares. Lbano slo ha recibido de esa cantidad prometida 2.500 millones.

La corrupcin lo devoraba todo y la situacin no mejoraba. Siniora decidi entonces dar otra vuelta de tuerca: en el mes de marzo de 2006 decidi aceptar las nuevas recomendaciones del BM y del FMI y proceder a incrementar el IVA y a privatizar los sectores de telecomunicaciones, elctrico y la compaa area Middle East Airlines (MEA). Eso fue la gota que colm el vaso de la paciencia popular. No hay que perder de vista que dos tercios de la poblacin libanesa viven en el umbral de la pobreza y que el salario mnimo no llega a los 250 dlares al mes (192 euros). Una situacin en la que vive la mayora de la comunidad shi. Segn los datos que manejan los sindicatos, el porcentaje de gente pobre en Lbano se ha incrementado un 7% en una dcada: en 1995 era del 47%, en el ao 2004 pas a ser del 54%. Es por ello que se haba decidido iniciar una serie de movilizaciones que la agresin israel del verano paraliz y se introdujeron nuevos elementos en la situacin.

Por una parte, el gobierno de Siniora vio la ocasin perfecta para eliminar a su principal adversario, Hizbul. Segn la agencia palestina Maan, Siniora mantuvo una reunin secreta con el primer ministro israel, Ehud Olmert, en el balneario egipcio de Sharm el Sheij inmediatamente despus de que fuese aprobada la Resolucin 1707 del Consejo de Seguridad de la ONU que puso fin a la guerra (1). Segn esta versin, desmentida por Siniora pero que se viene cumpliendo a carta cabal, el gobierno libans se comprometi a implantar la ley y el orden en todo el pas en alusin al sur, zona controlada por Hizbul-, a desarmar al brazo armado de este movimiento poltico-militar apoyndose en la presencia de tropas internacionales en esa parte del territorio libans y a mantener a su gobierno dentro de la rbita pro-occidental reduciendo y eliminando la resistencia libanesa y los movimientos nacionales de la oposicin.

Hizbul haba logrado la victoria sobre los israeles, y eso alarmaba y mucho a los regmenes rabes ms reaccionarios, especialmente a Arabia Saud, Egipto y Jordania, quienes desde los primeros momentos de la guerra lanzaron duras acusaciones a Hizbul y slo la admirable capacidad de lucha y de resistencia de esta organizacin hizo que, a ltima hora, desempolvasen viejas medidas polticas para intentar mediar y calmar a sus propios pueblos. Segn la agencia palestina, en esa reunin entre Siniora y Olmert tambin estuvieron representantes egipcios y saudes.

Privatizacin del sector pblico

Por otra parte, Siniora encontraba la excusa perfecta para acelerar su plan de privatizaciones alegando que la destruccin causada por los israeles haca imprescindible este tipo de medidas econmicas para sacar al pas de la ruina. La prensa libanesa informaba al detalle de este plan y deca que el impacto de las medidas [sobre la poblacin] ha sido evaluado en un panorama a medio plazo por el FMI (2).

Los empresarios rpidamente se sumaron a esta propuesta y fueron algo ms lejos: plantearon al gobierno la necesidad de ampliar la jornada laboral a 36 horas para los funcionarios; de privatizar la compaa nacional de electricidad, Electricite du Liban; la compaa area MEA, la gerencia del aeropuerto internacional Rafiq Hariri de Beirut, y los sistemas de agua y depuracin de aguas residuales (3), entre otras cuestiones.

Este era el ambiente previo a las importantes manifestaciones populares que se vieron en Lbano a lo largo de todo el mes de diciembre (4). Hizbul haca valer su poder y estableca una serie de alianzas con otras fuerzas polticas: el Movimiento Patritico Libre (cristiano), el Partido Comunista, Amal (shi), nasseristas e incluso pequeas formaciones sunes y drusas. Bsicamente, los acuerdos se basan en un gobierno temporal de unidad nacional que elabore una nueva ley electoral basada en la representacin proporcional; un estado secular y democrtico; lucha decidida contra la corrupcin y el soborno; coexistencia pacfica para eliminar el sectarismo, y condena de los asesinatos polticos, entre otras.

Todo ello cristaliz en impresionantes movilizaciones populares en el mes de diciembre, como deca, y en una serie de huelgas parciales durante los primeros das del mes de enero. El principal sindicato de Lbano, la Central General de Trabajadores (CGT), que cuenta con 350.000 afiliados, impuls la lucha contra las medidas econmicas del gobierno presentando a los trabajadores un plan de 12 puntos entre los que los ms importantes eran la lucha contra el desempleo; impedir la fuga de cerebros y la emigracin de la juventud; aumento de las capacidades productivas del sector agrcola, industrial y de servicios; reforzar el sistema de Seguridad Social (la reforma del sistema de pensiones tambin est dentro de los planes del gobierno de Siniora); combate contra la corrupcin, el soborno y el robo desde las instituciones pblicas, y el incremento del salario mnimo hasta asegurar que llega para la canasta bsica e impedir las privatizaciones del sector pblico.

Ante el autismo del gobierno, que pese a no contar con qurum para tomar decisiones tras la dimisin de los ministros de Hizbul, Amal y del Movimiento Patritico Libre decidi seguir adelante con su plan neoliberal y presentarlo formalmente en la Conferencia de Pars, se convoc una huelga general que paraliz el pas el da 23 de enero de este ao. La huelga hizo mucho dao, de ah que se desvirtuase su objetivo y los partidarios del gobierno iniciasen una serie de enfrentamientos sectarios con los opositores.

Sin embargo, estos enfrentamientos aunque se extendieron entre todos los sectores, fueron especialmente graves entre los cristianos. Las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea arremetieron contra los militantes del MPL de Michel Aoun. Los observadores, aunque reconocen que hubo enfrentamientos shes-sunes, consideran que la guerra intercristiana ha sido probablemente la ms virulenta de la huelga y de los das siguientes (5).

La nueva guerra fra

La situacin en Lbano est parecindose cada vez ms a un resurgimiento de la guerra fra. La derrota de Israel, el fiasco iraqu y la consolidacin de Irn como potencia regional han provocado un realineamiento ideolgico vestido de reforzamiento religioso: sunes contra shies, o viceversa. Es la nueva tctica estadounidense que s se est mostrando eficaz y que ellos llaman las fronteras de la sangre.

Quien est llevando la iniciativa es Arabia Saud y a ella se han sumado de forma entusiasta Jordania (es muy esclarecedor el artculo aparecido en The Daily Star el pasado 27 de enero titulado Jordania comienza a reaccionar siniestramente a la grieta sun-shi), Egipto, Estados Unidos, Israel, la Unin Europea y el gobierno de Siniora.

Es Arabia Saud quien, en carta enviada a Bush el 18 de diciembre de 2006, le sugiri que no se retirase de Iraq hasta el ao 2008 puesto que, en caso de hacerlo, financiara a la guerrilla, mayoritariamente sun. Son los saudes quienes han sugerido a israeles y estadounidenses que apoyen al presidente palestino, Abbas, en detrimento del primer ministro de Hams. Son los saudes quienes han advertido pblicamente a Irn que modere sus interferencias en Iraq (y as hay que interpretar el ltimo movimiento de Muqtada al Sder volviendo a incorporarse al gobierno de Maliki y no verlo as es no entender nada de geopoltica), en Palestina (por su anunciado apoyo poltico y monetario al gobierno de Hams) y en Lbano (6).

Y es Arabia Saud quien ms dinero a ofrecido a Lbano en la conferencia de Pars. Del total de 5.850 millones de dlares apalabrados, los saudes aportarn 1.100 (847 millones de euros) para evitar que Hizbul y sus aliados derriben al gobierno de Siniora. Le han seguido los EEUU con 795 millones de dlares. Otros, como los pases europeos, faltos de una poltica exterior autnoma siguen a sus mayores basados en una creencia casi mstica sobre la magia del libre mercado. Si algo est claro hoy da es el fracaso absoluto de las polticas monetaristas y librecambistas impuestas a sangre, y nunca mejor dicho, y fuego por el Fondo Monetario Internacional. Ese gran crtel de las finanzas en manos de los Estados Unidos para influenciar en las polticas econmicas, a costa de las polticas sociales, de los pases del denominado Tercer Mundo y dictar a estos gobiernos soberanos qu es lo que tienen que hacer, qu decir y cmo comportarse. Un FMI y un BM que tambin han decidido contribuir en esa conferencia de donantes de Pars III con casi 200 millones de dlares. Para los participantes en esta conferencia no existe el hambre, la miseria, la marginalidad. Slo una espuria pretensin por parte de una organizacin terrorista de tumbar a un gobierno legtimo al que hay que apoyar a costa de cualquier cosa.

Con este dinero se intenta comprar tiempo, que no paz. Y ms cuando el gobierno Bush acaba de dar carta blanca a la CIA para que acte contra Hizbul (7) y a otras agencias de inteligencia para que financien a los grupos anti-Hizbul. Mucho tendrn que aportar para que la rebelin de los pobres libaneses contra el neoliberalismo se termine. Como alguien ha escrito con una clara carga potica, a lo que estamos asistiendo en Lbano es a una demostracin de la fuerza de los dbiles.

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(1) Maan, 21 de diciembre de 2006.

(2) The Daily Star, 27 de diciembre de 2006.

(3) Ibid.

(4) Alberto Cruz, Hizbul lee a Gramsci http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43303

(5) Al Ahram, 25-31 de enero de 2007.

(6) Al Jazeera, 27 de enero de 2007.

(7) The Telegraph, 23 de diciembre de 2006.

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