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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2007

Cuando el capitalismo se opone a la supervivencia
El movimiento ecologista ante el deterioro global: retos y utopas

Yayo Herrero
Revista de Intervencin Psicosocial


Hace ya varias dcadas, el Club de Roma publicaba el conocido informe Meadows sobre los lmites al crecimiento. El informe constataba la evidente inviabilidad del crecimiento permanente de la poblacin y sus consumos. Alertaba de que si no se reverta la tendencia al crecimiento en el uso de bienes naturales, en la contaminacin de aguas, tierra y aire, en la degradacin de los ecosistemas y en el incremento demogrfico, se incurrira en el riesgo de llegar a superar los lmites del planeta, ya que el crecimiento continuado y exponencial slo poda darse en el mundo fsico de modo transitorio.

Ms de 30 aos despus, en 2004, aparece una revisin actualizada del informe Meadows que muestra cmo la advertencia anterior parece haber cado en saco roto y, hoy, la humanidad se encuentra, no ya en riesgo de superar los lmites, sino en situacin de translimitacin (GARCA E, 2004). Se estima que aproximadamente las dos terceras partes de los servicios que presta la naturaleza se estn deteriorando ya.

 

EL PANORAMA DE DETERIORO GLOBAL  

Tambin en 2005 se publica el Informe de Evaluacin de los Ecosistemas del Milenio (REID et al 2005), del cual se desprenden las siguientes conclusiones:

En la segunda mitad del siglo XX los ecosistemas se han deteriorado a una velocidad no conocida en ningn otro perodo de la historia. Los daos que ya ha sufrido la diversidad biolgica son irreversibles.

Los cambios producidos no son lineales y estn provocando el agravamiento de la pobreza de una gran parte de la humanidad, que es expulsada del territorio a causa de la violencia, del deterioro de los hbitats y de la destruccin de sus formas tradicionales de vida.

La degradacin de los servicios de la Naturaleza puede empeorar durante la primera mitad del presente siglo haciendo imposible la reduccin de la pobreza, la mejora de la salud y el acceso a los servicios bsicos para una buena parte de la humanidad.

Aunque la tendencia a la degradacin global podra ser parcialmente frenada si se acometiesen profundos cambios estructurales econmicos, polticos y sociales, de momento estos cambios no se estn produciendo, por lo que la humanidad camina de forma obstinada hacia el colapso.

Como ilustracin de las conclusiones de este informe, podemos pasar revista a algunos de los principales sntomas de la crisis ambiental y el deterioro global:

El fin de la era del petrleo barato est a la vista. Cada vez se va agrandando ms la brecha entre una demanda creciente y unas reservas que declinan y que, adems, presentan unas dificultades cada vez mayores para ser extradas. Las guerras por el petrleo y las fuentes de energa fsil no han hecho ms que comenzar. El pico de extraccin mxima del petrleo se acerca y la ciencia, la tecnologa y la ingeniera no pueden evitarlo. Hoy da, no existen alternativas energticas que puedan mantener la demanda actual y mucho menos su tendencia al crecimiento.

El cambio climtico, provocado por el aumento descontrolado de la emisin de gases de efecto invernadero, incrementa las alteraciones y perturbaciones no lineales y catastrficas. Estos gases son vertidos a la atmsfera por los artefactos creados por la sociedad tecnoindustrial para el transporte de personas y mercancas, as como por la desregulada actividad industrial de empresas, mayoritarimente multinacionales, que se implantan, cada vez con ms frecuencia, en el territorio de aquellos que son ms pobres.

Los efectos del calentamiento global se ven agravados por la destruccin de los sumideros de CO2 en el planeta y por el deterioro del sistema que los millones de aos de evolucin haban fabricado para defenderse de los cambios y las perturbaciones: la biodiversidad.

El ciclo del agua se ha roto y el sistema de renovacin hdrica que ha funcionado durante miles de aos, no da a basto para renovar agua al ritmo que se consume. La sequa en muchos lugares ha pasado a ser un problema estructural y no una coyuntura de un ao de escasas precipitaciones. El control de los recursos hdricos se perfila como una de las futuras fuentes de conflictos blicos, cuando no lo es ya.

El panorama de deterioro se completa si aadimos los riesgos que suponen la proliferacin de la industria nuclear, la liberacin de miles de nuevos productos qumicos al entorno cada ao, sin que se apliquen las ms mnimas normas de precaucin, la suelta de organismos genticamente modificados cuyos efectos son absolutamente imprevisibles o la experimentacin en biotecnologa y nanotecnologa que nadie sabe dnde puede llevar .

Ya nadie duda que el rpido y reciente deterioro global de los ecosistemas es claramente antropognico. Sin embargo, el reparto de responsabilidades no es homogneo. Es el sistema capitalista, basado en el consumo creciente y en la velocidad, e impuesto por los pases ricos a travs de la denominada globalizacin, el principal responsable de la destruccin.

Esta responsabilidad del mundo occidental, se puede ver claramente a partir del clculo de la huella ecolgica, un indicador que expresa en unidades de superficie de la Tierra, el uso que un determinado pas o comunidad hace de los recursos naturales y servicios que le presta la Naturaleza para absorber los residuos y regenerar los bienes consumidos.

Pues bien, comparando la huella ecolgica con la biocapacidad del territorio para proveer los recursos consumidos, podemos deducir el grado de sostenibilidad de nuestras acciones. En el estado espaol usamos el doble de recursos que los generados por la capacidad productiva de nuestro territorio. Esta es la tnica de todos los pases industrializados, con los Estados Unidos a la cabeza en el cmputo. L a huella ecolgica muestra que una parte muy pequea de la poblacin mundial "se come el mundo", consume y gasta lo que es de todos y todas. Desde el ecologismo se considera que la apropiacin que los pases ms ricos hacen de los bienes y servicios que presta la Naturaleza, genera una deuda ecolgica, la deuda que las economas del Norte, por sus impactos ambientales y sociales, tienen con las del Sur.

Desde una perspectiva de gnero, se pueden establecer paralelismos muy interesantes entre las propuestas feministas y las ecologistas. Si hablbamos de huella ecolgica para medir el impacto de los estilos de vida sobre la sostenibilidad de la Naturaleza, cabe hablar de la huella civilizadora de las mujeres (BOSCH, A.; AMOROSO, M.I. y FERNNDEZ MEDRANO, H, 2003) como indicador que evidencia el desigual impacto que tiene la divisin sexual del trabajo sobre la sostenibilidad y sobre la calidad de vida humana.

La huella civilizadora es la relacin entre el tiempo, el afecto y la energa amorosa que las personas necesitan para atender a sus necesidades humanas reales (cuidados, seguridad emocional, preparacin de los alimentos, tareas asociadas a la reproduccin, etc) y las que aportan para garantizar la continuidad de vida humana. En este sentido, el balance para los hombres sera negativo pues consumen ms energas amorosas y cuidadoras para sostener su forma de vida que las que aportan. Por ello, desde el ecofeminismo, puede hablarse de deuda femenina, como la deuda que el patriarcado ha contrado con las mujeres de todo el mundo por el trabajo que realizan gratuitamente.

Los trabajos que realiza la Naturaleza para la supervivencia, al igual que los que realizan las mujeres, no son valorados por el sistema de mercado, ya que al no ser traducidos en trminos monetarios son invisibles.

El deterioro ambiental impacta de lleno en las comunidades humanas y sus modos de vida . Joan Martnez Alier (2005) muestra cmo en todos los lugares del mundo, la irracional y creciente explotacin de los recursos naturales no slo da origen a problemas ambientales, sino tambin a numerosos y gravsimos conflictos sociales. En el siguiente cuadro se enumeran algunos de los conflictos ecolgicos-distributivos compilados por l.

Conflictos mineros evidenciados por las quejas sobre minas y fundiciones a causa de la contaminacin del suelo, del aire y del agua, y por la ocupacin de tierras por la minera a cielo abierto y las escorias.

Conflictos por la extraccin de petrleo a causa de la contaminacin del aire, del suelo y de las aguas.

Degradacin y erosin de las tierras, causadas por la desigual distribucin de la propiedad sobre la tierra, por la presin de la produccin exportadora y los monocultivos.

Sustitucin de los bosques por plantaciones de rboles destinados a la industria del papel.

Biopiratera, apropiacin y mercantilizacin de los recursos biolgicos, tanto "silvestres" como medicinales y agrcolas, sin reconocimiento del conocimiento y propiedad de los indgenas y campesinos sobre ellos y sin compensacin alguna.

Destruccin de los manglares y de las poblaciones locales cuya subsistencia depende de ellos por la industria camaronera de exportacin.

Conflictos sobre el agua, movimientos contra las grandes represas para hidroelectricidad e irrigacin y problemas. Tambin los conflictos por el uso y contaminacin de acuferos y los conflictos por trasvases de ros .

Conflictos por los intentos de evitar la sobrepesca industrial en detrimento de la pesca artesanal.

Conflictos sobre el transporte que nacen del trasiego cada vez mayor de materiales y energa:derrames petroleros en el mar, guerras relacionadas con oleoductos o gasoductos, amplicaciones de puertos y aeropuertos, construccin de nuevas autopistas.

Luchas txicas ante los riesgos que causan los metales pesados, dioxinas, etc.

Conflictos de seguridad ambiental sobre la incidencia y distribucin social de los riesgos inciertos de las tecnologas a medida que han ido apareciendo (asbestos, DDT, DBCP, otros pesticidas, energa nuclear, transgnicos) tanto en pases ricos como pobres. Conflictos debidos a la exportacin de residuos txicos, slidos o lquidos.

Contaminacin transfronteriza: emisiones de dixido de azufre que cruzaban fronteras y producan lluvia cida, contaminaciones radioactivas por ensayos de armas nucleares en el Pacfico, por ejemploo emisiones de CFC que han daado la capa de ozono.

Conflictos por los derechos iguales a los sumideros de carbono. Esta fue la propuesta de Anil Agarwal y Sunita Narain en 1991, para remediar la injusticia de que los ricos del mundo hayan estado usando y usen de manera desproporcionada y excluyente los sumideros de carbono (ocanos, nueva vegetacin, suelos) y la atmsfera como un depsito temporal. Esa situacin da lugar a una "deuda de carbono" del Norte hacia el Sur, como la ha llamado Andrew Simms .

Y mientras tanto, el movimiento ecologista...

De forma paralela a la aparicin de las alertas y los avisos sobre los riesgos del deterioro, fue surgiendo una creciente sensibilizacin ante los problemas ecolgicos y ambientales. Poco a poco, este sentimiento se fue extendiendo a parte de la opinin pblica, que ha ampliado su campo de reflexin desde lo local a lo global.

Durante los aos 70 y 80 aparecieron gran cantidad de publicaciones que realizaban una crtica del modelo desarrollista y de su brazo ejecutor, el sistema tecnoindustrial. La crisis ambiental y los temas ecolgicos fueron empapando los mbitos acadmicos, sociales y polticos, obligando a que instituciones y agentes sociales de todo tipo incluyesen en sus discursos y lneas directrices la problemtica ambiental. Recientemente el discurso ecolgico tambin ha sido asumido por las empresas y por las industrias culturales y el calificativo sostenible, se aade, muchas veces sin sentido, a su actividad.

Sin embargo, es evidente que el aumento de especialistas, publicaciones, departamentos, fundaciones o anuncios publicitarios no han conseguido, por el momento, desviar el camino hacia el colapso. Todos los indicadores de deterioro global muestran cmo la situacin empeora. La extraccin de recursos y la emisin de residuos per capita siguen aumentando a escala planetaria, ofreciendo un horizonte de destruccin cada vez ms cercano. Por tanto, la evolucin de la crisis ambiental en las tres dcadas transcurridas desde que se plante la incompatibilidad del modelo de desarrollo capitalista con los procesos que mantienen la vida, permiten deducir que los planteamientos y medidas aplicadas, ms que virar en el camino hacia la destruccin, estn apuntalando y acelerando el deterioro.

Esta incoherencia provoca un enfrentamiento cada vez ms acusado entre los colectivos que ms perciben los daos sociales, ecolgicos y ambientales que origina la actual civilizacin occidental y los grupos que denotan falta de voluntad para ponerles freno.

En todos los lugares del planeta han ido surgiendo ncleos de lo que llamamos movimiento ecologista , un movimiento plural que recoge los planteamientos de las opciones ms puramente conservacionistas (las que centraban su actividad en la conservacin de especies o espacios naturales), las luchas enmarcadas dentro de la ecologa poltica (que incorporan la dimensin social y econmica en los anlisis ecolgicos), las reivindicaciones ecofeministas, posicionamientos en los conflictos ecolgico-distributivos y, en muchos casos, todas ellos a la vez. As, la grieta inicial entre los movimientos ecologistas puramente conservacionistas y los que se definan como de ecologismo social y poltico es cada vez ms pequea ante la evidente imposibilidad de mantener o conservar nada, en un sistema que se basa precisamente en la extraccin, transformacin y venta de todo lo que existe, incluso las relaciones humanas.

 


RETOS Y DIFICULTADES DEL MOVIMIENTO ECOLOGISTA

La situacin, como vemos es preocupante y compleja. Por qu si la situacin es tan grave y crtica, una parte mayoritaria de la poblacin permanece tranquila, sin reaccionar, sin buscar o exigir medidas radicales que conduzcan a eludir ese futuro incierto al que nos aboca este modelo?

Desde nuestro punto de vista son varios los aspectos que provocan esta pasividad y constituyen los principales retos a superar por el movimiento ecologista:

1. La falta de percepcin social de la gravedad de la crisis.

2. Las personas no se reconocen como seres ecodependientes.

3. Se necesita tiempo para el cambio, pero es poco el tiempo que queda para actuar.

4. Son necesarias intervenciones colectivas en medio de un profundo deterioro de las relaciones comunitarias

5. Los comportamientos ms sostenibles son percibidos como atrasados, ineficaces o incmodos.

Los obstculos anteriores no son casuales ni inocentes. En las siguientes lneas vamos a comprobar que son inherentes a un modelo de desarrollo que persigue la maximizacin de los beneficios monetarios a corto plazo, que para funcionar necesita crecer indefinidamente en un marco fsico que, sin embargo es finito.

 

1. Invisibilidad de la crisis ambiental y el deterioro global

Hemos visto que los indicadores de deterioro empeoran. La superficie forestal del planeta disminuye velozmente, el aire puro, el agua limpia o la tierra sin contaminar empiezan a ser bienes escasos. Disminuye la seguridad alimentaria a causa del control de las semillas, los fertilizantes y los monocultivos por parte de las grandes empresas multinacionales. Aumenta la posibilidad de contraer las enfermedades que acompaan al progreso (cncer, estrs, soledad, alergia...)

Estamos rodeados de miles de productos qumicos que, sin las ms mnimas aplicaciones del principio de cautela, empaquetan los alimentos o directamente entran en su composicin, forman parte de la decoracin de las casas, de los materiales de construccin, de los medicamentos, cosmticos, juguetes, biberones, etc. Se pierde la biodiversidad, las reservas pesqueras se encuentran bajo mnimos, las especies se extinguen a un ritmo que nunca se haba conocido. Disminuyen el nmero de lenguas habladas en el mundo y la diversidad cultural.. .

Si las personas confan en su propia mirada, pueden comprobar como, probablemente, el paisaje que recuerdan de la infancia: un prado, un bosque frondoso o la playa limpia y tranquila ha sufrido una gran transformacin y apenas reconocen el lugar. En muchos casos, el paisaje de nuestros recuerdos habr sido sustituido por un bosque de gras que levantan y cementan el territorio a velocidades increbles, enormes mquinas que muerden el terreno y le arrancan trozos aplanando, tunelando, desterronando y trasladando materiales de unos lugares a otros.

Sin embargo, las tecnologas de la representacin de la realidad, a travs de los medios de comunicacin, no muestran la destruccin. En las pantallas, el medio ambiente parece una preocupacin constante. Sin embargo, los problemas ambientales aparecen desconectados unos de otros, y la realidad es un mosaico fragmentado en el que resulta complicado distinguir entre causas y efectos de la crisis.

Los ritmos acelerados de vida y la televisin como elemento bsico de entretenimiento durante los momentos de ocio retiran a las personas del territorio e impiden la interaccin entre ellas durante el tiempo no regulado (CEMBRANOS F, 2003). Las industrias culturales desarrollan una cuidada estrategia que captura el tiempo de la gente y lo ocupa con contenidos diseados por grandes conglomerados de poder cuyo principal fin es que la maquinaria del consumo siga funcionando.

La sustitucin de la informacin cercana, procedente de la propia observacin y de la interaccin con otros, por los materiales diseados por la industria cultural, permite asentar en las cabezas de las personas una nica manera de comprender la realidad y, por tanto, influir en el modo en que la gente acta en el mundo.

La imposicin de las categoras mentales a travs de las cuales se entiende la realidad, no es slo funcin de los medios de comunicacin. Tal y como se desprende del estudio sobre el curriculum oculto antiecolgico en los libros de texto de la educacin formal realizado por Ecologistas en Accin (EL ECOLOGISTA, 2005), los materiales didcticos utilizados en colegios e institutos tambin ocultan o distorsionan aspectos muy bsicos para entender el deterioro ambiental, sus causas y sus consecuencias, legitimando, de este modo el sistema econmico y social que provoca la destruccin de los espacios naturales y sociales.

Por tanto, medios de comunicacin, instituciones, empresas o entidades educativas, ofrecen una lente de colores para mirar la vida. Impiden el cuestionamiento de unas categoras que muestran la incompatibilidad esencial que existe entre el capitalismo, impuesto por las sociedades occidentales, y la conservacin de los ecosistemas y los ciclos naturales.

Resulta por tanto fundamental realizar una revisin de los esquemas mentales engaosos a travs de los cuales nos socializamos y comprendemos el mundo. No disponemos de espacio para realizar un anlisis exhaustivo, pero revisaremos muy someramente algunos de los asuntos que consideramos centrales:

Ocultacin de la existencia de lmites al desarrollo

El planeta Tierra es un sistema cerrado. Eso significa que la nica aportacin externa es la energa del sol (y algn material proporcionado por los meteoritos, tan escaso, que se puede considerar despreciable) Es decir, los materiales que componen el planeta son finitos, y lo que se renueva, por ejemplo, el agua o el oxgeno que respiramos, es responsabilidad de los trabajos que la Naturaleza hace de modo gratuito.

Como hemos visto, se sabe desde hace tiempo que la superacin de los lmites del planeta, en el uso de recursos y en la capacidad de descomponer residuos, es la causa de la crisis ambiental. Sin embargo, el sistema econmico impuesto por los pases industrializados se basa precisamente en el crecimiento ilimitado.

Este crecimiento se basa en la creciente extraccin, transformacin y comercializacin de productos. Por ello, es obvio que interesa alejar lo ms posible de las personas y los grupos la idea de lmite, inculcando la fe en el crecimiento econmico y en el dogma tecnolgico como solucin a todos los problemas que puedan surgir.

El sistema, por tanto, presentar todas aquellas alternativas que contribuya a alejar de las cabezas de las personas la idea de la reduccin del consumo, llegando incluso a instrumentalizar a su favor alternativas vlidas. Un caso paradigmtico es el del reciclaje, manipulado hasta ser convertido en la alternativa polticamente correcta para seguir consumiendo sin mala conciencia, en detrimento de la reduccin en el consumo o la reutilizacin. Sin embargo, podemos constatar cmo el incremento del reciclado del papel, no ha supuesto una disminucin en el consumo global de papel no reciclado, sino que ambos tipos de papel se consumen en mayor medida. Lo que s ha aumentado es la actividad econmica de las empresas y asociaciones que viven de reciclar, que en el caso de Espaa, se declaran deficitarias en papel usado y por ello importan su materia prima desde Estados Unidos o Francia.

En Espaa tambin, son las propias empresas recicladoras las que han obstaculizado la implantacin de un modelo de recuperacin y rellenado de envases de vidrio similar al consolidado en gran parte de Europa y que ya exista en Espaa hace 30 aos, cuando se devolvan los cascos de las botellas en la tienda en la que se haban adquirido.

Los productos reciclados se presentan en muchas ocasiones como aquello que se puede consumir tranquilamente porque mgicamente se vuelve a convertir en recursos. Cumplen tristemente el papel de esconder la existencia de lmites en los flujos de materiales y energa.

El caso del reciclaje es slo un ejemplo. La publicidad est llena de mensajes que alientan y animan al crecimiento en el consumo, alejando la idea de lmite y llegando a plantear sin rubor que gracias a consumir lo que se anuncia le hacemos un favor al medio ambiente.

Confusin entre extraccin, produccin y transformacin.

La nica produccin real que se da en el planeta es la que realiza la fotosntesis a partir de la energa del sol, del agua y de los minerales. Sus productores son los seres vivos auttrofos, o sea, los que son capaces de fabricar su propio alimento. Esta produccin es la produccin primaria, responsable que crear la biomasa.

Nuestro sistema econmico confunde lo que es produccin con lo que es extraccin. Esta segunda operacin no supone la sntesis de nada nuevo, sino que simplemente arranca de la tierra, materiales que no se pueden renovar, ya que como comentbamos el planeta es un sistema cerrado, que no recibe otra cosa que no sea la luz del sol.

Al contrario de los procesos de produccin primaria, la extraccin es una operacin claramente ineficaz. Por ejemplo, los movimientos de materiales necesarios para fabricar un anillo de oro de 10 gramos, suman 3,5 toneladas, slo en la fase de trabajo minero.

La confusin entre produccin y transformacin tambin es central, ya que crea la sensacin en las personas de que todo se puede fabricar infinitamente, enmascarando la finitud que los flujos fsicos y materiales imponen al sistema tecnoindustrial.

Tal y como demuestran numerosos estudios (NAREDO, 1999; CARPINTERO ,2005), la intervencin humana sobre la corteza terrestre orientada a la obtencin de rocas y minerales supera en importancia a la de cualquier otro agente geolgico y es creciente. Segn demuestran estos trabajos, el metabolismo de la economa requiere unos movimientos anuales de tierras, ligados a las actividades extractivas humanas, que multiplican por cinco las toneladas de sedimento que arrastran anualmente todos los ros del mundo.

La tecnologa hizo posible que la especie humana utilizara una cantidad de energa muy superior a la que incorpora en forma de alimentos. Es precisamente ese uso de la energa externa el que ha permitido forzar la recoleccin de productos derivados de la fotosntesis a travs de la agricultura, la pesca y la explotacin forestal. Esta aceleracin provoca el deterioro de los equilibrios naturales que posibilitan el proceso de la fotosntesis.

La sostenibilidad de la agricultura tradicional se basa en la armona espacial y temporal entre las extracciones y las posibilidades de recuperacin de los ecosistemas locales. La agricultura moderna fuerza las extracciones a partir del riego y los abonos de sntesis qumica provocando un desajuste entre la produccin y la conservacin de los recursos naturales en los territorios, que conduce a un progresivo deterioro, prdida de fertilidad, de diversidad biolgica, descenso de los niveles freticos, contaminacin o eutrofizacin de las aguas, etc.

As, despus de haber distorsionado el concepto de produccin y convertirlo en sinnimo de extraccin, la civilizacin industrial, adems, transforma en no renovables las verdaderas producciones primarias de la agricultura, las pesqueras y los bosques al romper los ciclos de ecosistemas naturales y deteriorarse el conjunto de minerales y de recursos biticos.

La falacia de la desmaterializacin de la economa

A finales de los aos 80, en pleno debate sobre las bases materiales de la economa mundial, irrumpi la idea de que gracias a los cambios en el consumo final de bienes y servicios, a un progreso tecnolgico que aumenta la eficiencia en el uso de los recursos reduciendo la generacin de residuos y a la sustitucin de las materias primas por otras ms eficaces, era posible presagiar una progresiva independencia del crecimiento econmico respecto al consumo de energa y recursos naturales. Este proceso, que desligaba crecimiento y lmites, fue denominado desmaterializacin de la economa (CARPINTERO, 2005).

Esta idea se vea reforzada con la aparicin de las nuevas tecnologas de la comunicacin, de las que se deca que tericamente posibilitaban un crecimiento econmico ilimitado con gasto escaso de energa y materiales.

Lamentablemente, la realidad no ha acompaado estos augurios optimistas y los costes ambientales de los nuevos procesos de fabricacin, as como el aumento de consumo global (efecto rebote) muestran que la necesidad de considerar los lmites es cada vez ms angustiosa.

Algunos ejemplos los tenemos en la tecnologa del automvil, que a pesar de haber conseguido motores ms eficientes en el gasto de combustible, ha multiplicado el mismo al venderse muchos ms coches y ser de mayor peso. Otro ejemplo es el del gasto del papel, que hipotticamente iba a disminuir con la aparicin del ordenador, ya que la posibilidad de almacenar informacin electrnicamente permita la creacin de la oficina sin papeles. Pues bien, entre 1960 y 1997 el consumo de papel en los Estados Unidos se ha multiplicado por 5. Pero, es que adems, segn el anlisis realizado por Pltzer y Gstching, la lectura de un peridico on line utiliza diez veces ms energa de origen fsil y genera dos veces ms residuos, que un peridico de papel. (CARPINTERO, 2005).

Los esfuerzos tecnolgicos para mejorar la eficiencia en el uso de recursos naturales y en la reduccin de la contaminacin pueden ser muy valiosos, sin embargo, no han demostrado servir para minimizar el deterioro ecolgico, ya que conllevan enormes costes ambientales respecto a los productos a los que sustituyen y generan, en muchos casos, un efecto rebote que transforma la eficiencia y ahorro en un consumo a mayor escala de los productos fabricados.

Contabilizar la destruccin como riqueza y bienestar

El modelo capitalista se basa en un paradigma analtico reduccionista que contabiliza los efectos derivados de la extraccin de recursos, la transformacin e, incluso, la misma destruccin, como crecimiento y desarrollo. Un ejemplo claro lo tenemos al observar que la catstrofe del Prestige, o la guerra de Irak, hicieron subir el Producto Interior Bruto de algunos pases o los indicadores de los mercados burstiles. En efecto, la contratacin de barcos de limpieza, la compra de mascarillas o la venta de armas, produce intercambios monetarios que son contabilizados para calcular indicadores bsicos, como por ejemplo el PIB.

Sin embargo, la paz, el aire limpio, los trabajos asociados a los cuidados de las personas mayores y de los nios y nias que desempean las mujeres, el callado trabajo de la fotosntesis que realizan las plantas o los servicios del regulacin del clima que realiza la Naturaleza, siendo imprescindibles para el mantenimiento la vida, son gratis y no cuentan en ningn balance de resultados de nuestro modelo econmico.

Por ello, cuando se anuncia que la economa de un pas mejora porque aumenta su PIB, podemos encontrarnos con que se dispone de menos tiempo para las relaciones personales, aumenta la violencia, o se respira aire contaminado. Eso s, los flujos monetarios habrn aumentado y alguien se habr beneficiado de ello.

Las culturas sostenibles son presentadas como atrasadas e ineficaces

La economa de subsistencia es percibida culturalmente como atrasada y pobre. Aunque casi todas las personas en las sociedades ricas aspirar a jubilarse y vivir en un lugar ms pequeo, de forma ms sencilla, la propaganda del sistema presenta la autosuficiencia y la ausencia de tecnologa occidental como una desgracia que la ayuda humanitaria tiene que remediar.

De acuerdo con lo que plantea VANDANA SHIVA (2005), el modelo de desarrollo basado en la economa de mercado, considera que las personas son pobres si comen cereales producidos localmente por las mujeres, en lugar de comida basura procesada, transformada y distribuida por las multinacionales del agrobusiness. Se considera pobreza a vivir en casas fabricadas por uno mismo con materiales ecolgicos como el bamb y el barro, en lugar de hacerlo en casas de cemento y PVC. Es propio tambin de pobres llevar ropa hecha a mano a partir de fibras naturales en lugar de sintticas.

Pero es que adems, no es cierto que en las sociedades occidentales cada vez se viva mejor y seamos ms ricos. Hemos aumentado la pobreza ambiental y social. Vivimos en un entorno ms contaminado, respiramos un aire ms sucio, comemos alimentos regados con aguas contaminadas, abonados con productos qumicos, producidos por animales enfermos y torturados, no tenemos tiempo para dedicar a las personas que queremos, trabajamos en cosas que no nos gustan, viajamos cada da mucho tiempo para llegar a nuestro trabajo, nos vemos obligados a pagar hasta para que los nios jueguen y la mayor parte de la poblacin vive endeudada con los bancos

Estamos a salvo de la destruccin gracias a ms tecnologa

La sociedad occidental predica constantemente el modelo tecnocientfico y plantea que la tecnologa y la investigacin nos va a librar de los problemas que, en muchos casos, ellas mismas han causado. El paradigma cientfico mecanicista en el que se basa la industria no considera la complejidad de los sistemas vivos ni la compleja red de interralaciones que se dan en los ecosistemas. Basta leer el Informe sobre los Efectos del Cambio Climtico en Espaa publicado por el Ministerio de Medio Ambiente para advertir cmo los cientficos confiesan no tener ni idea de cmo pueden evolucionar los ecosistemas en situacin de catstrofe.

El modo en el que ha calado en la sociedad la confianza tecnolgica puede observarse hasta en las situaciones ms simples. Un ejemplo puede ser la indignacin que provoca la ralentizacin o incluso detencin del trfico cuando nieva copiosamente, o las inundaciones cuando las trombas de agua anegan los sistemas de alcantarillado. Las personas tildan estas situaciones tercermundistas y creen que se ha producido porque no se han realizado las obras suficientes o la tecnologa aplicada en las infraestructuras involucradas no es la ms novedosa o adecuada.

La fe ciega en el modelo tecnocientfico es una de las mayores causas de que las personas no perciban la situacin crtica en la que se encuentra la humanidad ante el deterioro global.

El maquillaje verde de la sociedad

El apellido sostenible se aplica a cualquier accin y en cualquier contexto. No hay discurso poltico o informe de junta de accionistas de una multinacional que no se arrogue el calificativo de sostenible. Lo verde est de moda y los mercados ambientales comienzan a ser tan lucrativos como otros sectores clsicos como el farmacutico o el militar.

Se trata de tranquilizar a la poblacin con polticas de imagen verde, en las que todo tiende a calificarse de ecolgico y sostenible, ocultando o minimizando el deterioro causado, sin variar los criterios econmicos, ni las pautas de comportamiento que lo originan. El discurso atomizado de lo sostenible termina por desviar la atencin hacia los sntomas inconexos de la crisis ambiental, ocultando las causas.

Por ejemplo, se habla mucho del problema del cambio climtico, la contaminacin o la prdida de biodiversidad, pero se pasa de puntillas por asuntos como el creciente uso de materiales y energa o los bajos precios de las materias primas (muchas de ellas gratis a travs del expolio). Se ignora que la generacin de residuos o la destruccin del territorio y de las formas en que las sociedades se han adaptado a vivir en l, estn provocadas por la extraccin, la transformacin y la distribucin de esas materias primas.

Las empresas invierten grandes cantidades de dinero en lavar su imagen. La publicidad y los programas de responsabilidad social corporativa son las herramientas ms usadas. Son paradigmticas las campaas verdes de empresas como Repsol o Endesa, mientras en medio mundo se organizan tribunales populares para denunciar los atropellos sociales y ecolgicos que cometen fuera de nuestras fronteras y que encuentran poco eco en los medios de comunicacin y difusin.

 

2. Las personas no se perciben como ecodependientes

El fenmeno de progresiva migracin de la poblacin humana a nucleos urbanos provoca que una gran parte de las personas no observen ni experimenten de forma directa el contacto con la Naturaleza. Millones de personas se desenvuelven a diario rodeados de objetos y estructuras artificiales diseados por otras personas y fabricados por mquinas.

En la ciudad, los flujos de entrada de materiales y energa son invisibles, y los residuos generados desaparecen, por arte de magia, de los contenedores de las calles. Es difcil, por tanto que las personas se perciban como seres ecodependientes. No son conscientes de que respiran, beben, comen, se mueven o suean gracias a los trabajos silenciosos de la Naturaleza. No son testigos de su deterioro ni tienen ocasin de reflexionar sobre los inmensos flujos de materiales y energa ni de las ingentes cantidades de residuos que genera su vida cotidiana.

La concepcin antropocentrista hace que los seres humanos de las sociedades industrializadas, se sitan como una especie que, a diferencia de las dems, puede vivir ajena a los procesos de la Naturaleza, gracias a la ciencia y la tecnologa. La dependencia de la Naturaleza de las sociedades humanas permanece ignorada y ello puede explicar en parte el por qu de la desidia y resignacin ante el avance hacia el colapso de los sistemas naturales.

3. No hay casi tiempo para actuar, pero la bsqueda de la sostenibilidad necesita tiempo

Los tiempos de la biosfera son lentos. La lentitud de la bsqueda de los equilibrios y sus transformaciones, chocan contra el tiempo global de los mercados financieros, el ciberespacio y las telecomunicaciones. Los tiempos del sistema industrial se contraponen brutal y esencialmente a los tiempos para la vida. (RIECHMANN, 2000)). No existe proporcin entre la velocidad a la que se produce el deterioro en los ecosistemas y la velocidad a la que los procesos de la vida pueden adaptarse a los cambios, sobre todo, si previamente se ha desmantelado la biodiversidad, que es el sistema de proteccin que millones de aos de evolucin han diseado.

La economa de mercado necesita velocidad, los tiempos del mercado son lineales frente a los ciclos de la Naturaleza, los tiempos del neoliberalismo son veloces frente a los ritmos del consenso y de la autoorganizacin social necesaria para hacerles frente.

En apenas 300 aos se van a agotar las reservas de petrleo que la Naturaleza fabric en varios cientos de miles de aos, el clima se va a alterar dramticamente a causa de las emisiones de CO2 vertidas a la atmsfera en unas decenas de aos y se han destruido los modos tradicionales de vida de la mayor parte de la poblacin mundial y con ellos, por tanto, los conocimientos que les han permitido sobrevivir en situaciones adversas.

Adems, muchas de las actuaciones de la tecnociencia, proyectan el deterioro hacia futuros inimaginables. Los residuos radioactivos, por ejemplo, emitirn radiacin ionizante durante decenas de miles de aos y la modificacin gentica de las especies vivas puede influir en la reorientacin de la evolucin biolgica.

El activismo ecologista necesita tiempo. El tiempo necesario para el contraste de pareceres, el uso pblico de la razn, el debate libre, la formacin de consensos, la exploracin de alternativas, la revisin de las decisiones, la exigencia de responsabilidades: la calidad de estos procesos es incompatible con la prisa. Las posibilidades de transformacin requieren tiempo. Sin embargo, a la vez, es escaso el tiempo para reaccionar a las consecuencias de los actos de la propia especie humana. Se acaba el tiempo para poder cambiar el rumbo hacia la destruccin.

 

4. La sostenibilidad es impopular

Actualmente, en la cosmovisin occidental, predomina la idea de que cuanto ms tenemos, mejor vivimos. En consecuencia, el bienestar tambin se encuentra ligado al crecimiento econmico, al crecimiento en la produccin de bienes y servicios y al aumento sostenido del consumo de los mismos por parte de la poblacin. Y, para poder alcanzar este confort, la sociedad occidental basa su modelo econmico en la cada vez mayor extraccin, mercantilizacin y consumo de bienes y recursos de la Tierra a espaldas de la consideracin del planeta como sistema cerrado en el que los recursos y materiales son finitos.

Sin embargo, las necesidades bsicas materiales de las personas son limitadas. Una persona tal vez necesite comer tres veces al da, pero no puede comer quince o veinte veces. Pero, para que el sistema econmico occidental funcione el consumo debe crecer continuamente y, para ello, es preciso despertar, tambin permanentemente, nuevas necesidades que deban ser satisfechas.

Como hemos visto, la causa del deterioro y la destruccin es la superacin de los lmites del planeta, por lo que resulta obvio que las soluciones pasan por la austeridad y la autolimitacin.

La sostenibilidad pasa por superar de la asimilacin entre bienestar y ausencia de esfuerzo o molestia. Las sociedades ricas huyen del esfuerzo y trabajo fsico. Se utiliza el coche particular para ir al gimnasio en el que se camina por una cinta, se utiliza un exprimidor elctrico y se paga en un centro de esttica para que operen y den vigor artificial al msculo que se qued flcido por falta de uso.

Los comportamientos sostenibles se perciben como incmodos o molestos y, adems se oponen al dogma de la maximizacin del beneficio del sistema econmico. Por ello su sustitucin por modelos calmaconciencias que permitan seguir manteniendo el estatus y las rentas son muy bien aceptados.

 

5. Superar la situacin de individualismo y aislamiento

La supervivencia de los ecosistemas es una estrategia colectiva de intraespecie e interespecies. El equilibrio se consigue con la interaccin fuerte, tanto para adaptarse y estabilizarse como para expulsar a los perturbadores. Igualmente, l a sostenibilidad es una estrategia colectiva de simbiosis y autoorganizacin que requiere de una reconquista del territorio y de la articulacin social con las personas cercanas.

La estrategia de la globalizacin favorece el individualismo. La democracia en los sistemas capitalistas se concibe como la suma individual de voluntades. La globalizacin desprecia las interacciones que requieren tiempo. Por ello, el mercado considera que la prdida de biodiversidad se soluciona con bancos de semillas o zoolgicos, que la suma de los vecinos que habitan un inmueble es una comunidad de vecinos o que una plantacin es lo mismo que un bosque. Son las soluciones de un sistema que considera que el todo es la simple suma de las partes, obviando la densa y compleja red de relaciones que forman los ecosistemas.

Las democracias occidentales, consideran la sociedad como una coleccin de persona

s aisladas que delegan su protagonismo en un grupo de expertos certificados por el propio sistema y a travs de los cuales se participa.

Sacar a las personas del aislamiento de su televisin, tejer movimientos y redes que se articulen entre s, es otro de los retos que afronta el movimiento ecologista, al igual que el resto de los movimientos sociales.

 

EL CAMINO HACIA LA UTOPA: REFLEXIONES PARA LA SOSTENIBILIDAD

Del somero anlisis de las dificultades que el movimiento ecologista tiene para avanzar en un necesario cambio de rumbo, se desprenden las lneas de exploracin en la bsqueda del camino hacia la sostenibilidad.

En primer lugar resulta crucial trabajar aspectos educativos que permitan cambiar las gafas con las que vemos el mundo. En los prrafos anteriores apenas hemos perfilado algunas de las categoras a travs de las cuales comprendemos la realidad. Es necesario realizar una revisin profunda que permita indagar por dnde deben caminar los procesos econmicos y sociales para ser compatibles con los ciclos naturales. Esta revisin debe mostrar que la concepcin de progreso que tiene la sociedad occidental, tal vez sea simplemente deterioro; que la velocidad y la lejana no son los derechos humanos de las sociedades ricas, sino una forma de asesinar el futuro; que la individualidad o la propiedad privada no son incuestionables y que a lo largo de la historia, la naturaleza y los seres humanos, especialmente las mujeres, han desarrollado estrategias colectivas de cooperacin. El cambio de gafas desvelara la reduccin de la extraccin y de los residuos y la solidaridad como las necesarias frmulas de desarrollo para alcanzar la sostenibilidad.

En segundo lugar, hay que decir que el camino hacia la sostenibilidad implica librarse de un modelo de desarrollo que lleva a la destruccin; por ello el movimiento ecologista es activo y solidario en las luchas de resistencia mundiales al modelo de progreso y bienestar que impone la globalizacin y que se basa en la maximizacin de beneficios monetarios a corto plazo, aunque sea a costa de la salud de las comunidades humanas y de los ecosistemas. Es preciso desvelar la historia de las resistencias, la resistencia de las mujeres, de los pueblos indgenas, de los movimientos sociales. Las sociedades para la sostenibilidad deben aprender a resistir, a trasgredir, a desobedecer, a construir, a tomar protagonismo en el territorio, a desarrollar presupuestos participativos, promover bancos de tiempo, cooperativas de trueque, ocio sostenible y proyectos colectivos..

En tercer lugar, despus de todo lo hablado sobre los lmites, no hace falta decir que la autolimitacin individual y colectiva es condicin imprescindible para la sostenibilidad. El uso prudente de los recursos naturales, la recuperacin de los valores de la austeridad a la hora de consumir y la readopcin de una cultura que valora aquello que dura y permanece son tareas pendientes de una sociedad que quiera minimizar los impactos de la crisis.

En cuarto lugar, la sostenibilidad debe orientarse como una nueva relacin con el tiempo ( Riechmann 2000), reconstruyendo las sociedades, la tecnologa y las industrias de modo que tengan en cuenta el largo plazo, se acomoden de manera armnica a los ciclos temporales de la biosfera y a los tiempos necesarios para la participacin y el consenso. ste es acaso el desafo mayor al que hacemos frente en nuestro tiempo, la incorporacin de una cultura ecolgica de la lentitud frente a la cultura capitalista de la rapidez.

Acompaando a la necesidad de autolimitacin y ralentizacin de los tiempos para la vida, no podemos pensar en una economa ecolgica sin entrar en una fase de ralentizacin, de desaceleracin. Por ello en quinto lugar, la sostenibilidad slo se puede dar en un contexto de decrecimiento. En la situacin actual, de no hacer nada, la humanidad camina a la extincin. Las opciones son caminar hacia el desorden, la lucha violenta por los recursos escasos, la miseria y la enfermedad o protagonizar un descenso suave y voluntario que minimice los daos ya irreversibles y proporcione la posibilidad de irse adaptando a la nueva situacin.

En sexto lugar, el motor que hace mover la vida es la energa del sol. Por ello, una sociedad sostenible es aquella que vive del sol.

En sptimo lugar, la sostenibilidad se basa en un modelo de cercana, en el que el tranporte sea mnimo y los productos y recursos que se utilicen sean cercanos. Una economa basada en lo prximo hace que las comunidades sean menos vulnerables y que tengan un mayor control e independencia de las decisiones que se toman en centro de poder lejanos.

En octavo lugar, la vida funciona en ciclos y no en procesos lineales. La propia historia de los ecosistemas es un ciclo y no una lnea progresiva como la que pretende explicar la historia de la humanidad. El reciclaje, entendido como lla vuelta a los ciclos naturales de los materiales, es bsico para poder mantener los stocks naturales y por tanto permitir el funcionamiento de los procesos naturales.

En noveno lugar, la sostenibilidad slo se puede alcanzar en una sociedad que incorpora y da valor a los saberes y trabajos de las mujeres. Las mujeres por haber estado muy cercanas a las condiciones materiales de subsistencia, han desarrollado trabajos y habilidades que les hacen estar ms adaptadas para caminar hacia la sostenibilidad. Al igual que sucede con los trabajos de la Naturaleza, las tareas que han venido desempeando las mujeres son invisibles en el modelo econmico capitalista, ya que no se contabilizan en trminos monetarios. Visibilizar y valorar las producciones de las mujeres es, por tanto, otro de los asuntos centrales para alcanzar la sostenibilidad.

En dcimo lugar hay que decir que la sostenibilidad se basa en la autosuficiencia, la descentralizacin, la complejidad y la autoorganizacin. La vida, los ecosistemas, son una estrategia de autoorganizacin, a travs de la cual se buscan los equilibrios, las sociedades humanas sostenibles no son ajenas a esta estrategia. Para alcanzar la sostenibilidad resulta ineludible superar la solucin individualizada de los problemas y necesidades, por lo que sostenibilidad y salud comunitaria van de la mano. En este contexto, la inteligencia colectiva es una estrategia capaz de generar alternativas y construir un nuevo espacio de supervivencia. Los procesos de reflexin y actuacin que involucran al conjunto de la sociedad proporcionan una ventana para soar e inventar un modelo de organizacin social y econmica que encare la crisis que ha causado vivir de espaldas a la Naturaleza y al resto de las personas.

El movimiento ecologista intenta desvelar el riesgo que el futuro depara a los hombres y mujeres, si ellos no forman parte de la solucin y del descubrimiento de un rumbo diferente. El camino hacia la sostenibilidad es un viaje por hacer, una exploracin para construir la democracia de todo lo viviente. Sin embargo, no se emprende este camino a ciegas, sino que ya hemos perfilado unos criterios para marcar el rumbo y, sobre todo, sabemos bien qu modelos y comportamientos nos apartan de un futuro viable.

 


BIBLIOGRAFA

 

o Cembranos F. (2003). Televisin, interacciones sociales y poder. Intervencin Psicosocial, 12 (2)


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