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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2007

Hacia Guantnamo: Derecho Penal del Enemigo

Manuel F. Trillo
InSurGente


La redaccin de este texto est motivada por dos razones: 1) la decisin de la AN sobre el caso de Iaki de Juana Chaos llev a Arnaldo Otegui a declarar que se le aplica el derecho penal del enemigo, y a rengln seguido vi a Antonio San Jos -en la Cuatro, entrevistador habitual en otra cadena de la misma empresa PRISA- soltar una carcajada y contestar la mayor patochada que se puede imaginar persona alguna: ste ahora dice que el enemigo es la democracia. Su ignorancia no tiene lmites, al menos en lo que respecta al concepto impuesto por Gunter Jakobs sobre lo que es el derecho penal del enemigo y, adems de su ignorancia, tengo que afirmar que carece de toda vergenza intelectual, pues pretendi desautorizar a quien s saba de lo que estaba hablando. Mi reproche pblico ante la actitud de este periodista que -en este caso- se semeja desde PRISA a otro que hay en la COPE, aunque aparentemente desde presupuestos ideolgicos aparentemente distintos. 2) Aclarar a quien tenga la paciencia y curiosidad intelectual suficiente qu es y en qu consiste el Derecho Penal del Enemigo, pues he observado que hay quien lo confunde con el derecho penal de autor, aunque hay que decir que en ello no hay gran error, pues a la postre no deja de castigarse penalmente a una persona por ser quien es, pero hay algunas diferencias que pueden interesar a los curiosos.

Derecho Penal del Enemigo, en qu consiste


Como consecuencia de la desaparicin del bloque socialista y la cada del Muro la ideologa que sustenta el capitalismo ya no slo es dominante en su mbito de influencia, sino que se ha convertido en hegemnica, debido a que ya no hay un cotrapoder que pueda obligarle a disimular el carcter depredador y su esencia criminal (baste mirar los datos de las oficinas de la ONU sobre el sufrimiento de los seres humanos en el planeta). Por tanto, al margen de las disquisiciones sobre la naturaleza de los regmenes socialistas europeos, lo cierto es que en el panorama internacional se vea como una lucha entre potencias ideolgicas, y de ah que la filosofa y defensa de los derechos humanos fueran un ariete en boca de las potencias capitalistas de Occidente. No es mi afn entrar a debatir esta cuestin ahora, sino tener en cuenta que objetivamente su existencia supuso un esfuerzo no pequeo por parte de Occidente para mostrar a sus ciudadanos el paraso humano en el que vivan. De ah que se les llenara la boca con los Derechos Humanos y los principios establecidos en la Carta de la ONU de 1948.

As que a finales de los aos 90 se fue implantando la modificacin de algunos valores y principios en el conjunto de la sociedad, y cmo no, tambin en el mbito del Derecho Penal. Ya en 1986 el penalista alemn Gunter Jakobs public una obra avanzando este concepto de Derecho Penal del Enemigo (a partir de ahora DPE), perfeccionndolo aos ms tarde. En el ao 2000 ya se cuenta con todos los elementos tericos y ya nos aclara en qu consiste y en qu se fundamenta. Si menciono estas fechas no es por una falsa presuncin erudita, sino porque estamos en el 2007, y que ha pasado muy poco tiempo para que tal DPE se estableciera en la prctica penalista en Espaa. Y no slo en Espaa (la ley orgnica de 2003 en que establece el cumplimiento ntegro de las penas es un ejemplo, y las modificaciones recientes del CP de 1995), sino tambin en USA con el Patriot Act, y en Gran Bretaa, Italia, Francia (donde llegan a considerar como enemigos a los inmigrantes, y posibilitando las escuchas clandestinas, y persecucin especfica de determinados colectivos de ciudadanos, etc).

No es nuevo el DPE. En la historia del pensamiento jurdico-poltico ya se encuentra en Hobbes, Kant, Fichte, y en Rousseau. Por tanto no es nuevo, pero s que es nuevo que se haya extendido en estos tiempos y que se implante en las legislaciones de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Vamos hacia atrs, dirn algunos, no les falta razn, pues hace cien aos ya se encontraba en las legislaciones penales, pero a lo largo del siglo XX la realidad poltica internacional con la URSS como opositor ideolgico oblig a los tericos en las sociedades capitalistas a asumir una moderacin en los modos y en los contenidos. De ah que implantaran la democracia representativa, cdigos ciertos y claros (positivacin del Derecho) y garantas procesales e inviduales en el mbito penal. Y en este contexto podemos contemplar, en el da de hoy, rasgos de ese desprecio al Derecho Internacional (es muy ilustrativa la denominda guerra preventiva y la invasin de un pas al margen y con la condena de la ONU, sin que ello comporte sancin alguna; o las agresiones del sionismo en Palestina, etc). Tampoco nos extrae, pues, el retroceso en ejercicio de los Derechos Humanos. En este tiempo no hay nadie que se oponga al bloque hegemnico del capitalismo, y vuelve a su ser, a su esencia, a sus modos connaturales.

En qu se sostiene el DPE? Parte de un hecho que pone los pelos de punta: consideran que el ser humano no es por s mismo persona. As que establecen una distincin entre personas y aquellas que son slo individuos (no-personas). Y qu es la persona para los defensores de este tipo de Derecho Penal: alguien que acepta las normas y los dictados del Estado, y en la medida que no subvierte ni pretende subvertir, poner en peligro, el sistema establecido es considerado ciudadano. Quienes no asumen el status quo son considerados peligrosos, y por tanto no ciudadanos, individuos. Su peligrosidad permanente y previa los convierte en enemigos; su reincidencia; su negativa a la resocializacin; el plan previo -incluso desde el mismo momento del nacimiento dado que convive con individuos que ponen en tela de juicio el sistema- les sita como sujetos peligrosos. La Ley de Vagos y Maleantes, o la Ley de Peligrosidad Social, la Ley franquista Contra la Masonera y el Comunismo, son buenos ejemplos de lo que se expone (todas ellas leyes franquistas). En la actualidad, la Ley de partidos polticos, el pacto antiterrorista, la ley para el cumplimiento ntegro de las penas, el propio Cdigo Penal en su artculo 507 y en las modificiaciones posteriores (todas ellas promulgadas en democracia).

Se llega de este modo a que haya dos tipos de normas penales, un Derecho Penal del ciudadano y un Derecho Penal del enemigo. Uno se le aplica al ciudadano que, debido a su naturaleza imperfecta -no podra ser de otro modo, menos mal- puede llegar a delinquir, pero no por ello pone en tela de juicio el sistema, as que se le aplica el Derecho penal del ciudadano. Sin embargo el enemigo lo es en tanto que no acepta el status quo, y pretende modificarlo, derrocarlo y derrotarlo. Su peligrosidad es absoluta, y como tal enemigo es preciso eliminarlo, expulsarlo de la ciudad, y desde luego en ningn caso aplicarle el Derecho penal del ciudadano ya que no se le considera como tal. El enemigo es alguien que se encuentra fuera del sistema y al que no piensa regresar a este sistema impuesto, claro- y por ello no se puede beneficiar de un Derecho que no le corresponde, careciendo por ello de las garantas y beneficios que s tienen los ciudadanos (aunque sean delincuentes). De este modo se violan garantas y derechos sin que por ello haya reproche alguno por parte de la poblacin, pues ya se ha blindado idelgicamente al caracterizar al reo como enemigo y haber sido asumido acrticamente por la inmensa mayora.

El DPE se puede asemejar a un estado de excepcin, a un cuasi estado de guerra, pues es la consecuencia lgica en la medida en que se combaten enemigos, con quienes no es preciso tener contemplacin alguna, ya que estn al margen del Derecho por propia voluntad y de manera reiterada. La coartada es el terrorismo internacional o interno, el narcotrfico, las organizaciones de pederastas, el trfico de personas y de rganos humanos, y todo tipo de criminalidad organizada. De este modo se va concienciando lentamente a una poblacin desinformada y muy dada a las respuestas emocionales para que acepten las medidas especiales, las reformas de los cdigos penales, y las sentencias desproporcionadas e injustas. Nadie discutir que se apliquen medidas excepcionales, pues todos parten del hecho de que ellos no cometeran jams tales delitos y acaban con el consabido se lo tiene merecido. La muestra ms clara de cmo esta conciencia se va extendiendo se encuentra en las declaraciones de miembros del CGPJ que abogan por la modificacin del sistema penal y alaban sin ambigedades el establecimiento de la cadena perpetua.

Cmo se aplica en la actualidad


Las carartersticas bsicas del Derecho Penal del Enemigo son: 1) no es necesario que el sujeto haya delinquido, que haya llevado a cabo tan siquiera una conducta reprochable penalmente, sino simplemente que se le suponga perteneciente a un colectivo o grupo que catalogado como enemigo del sistema (de la sociedad, dicen sus defensores), y bastara la preparacin, la conspiracin, la conjura o el simple hecho de omitir determinadas conductas (la no condena, por ejemplo), esto en en s mismo causa suficiente para verse imputado y sometido a la accin penal; 2) una mayor punibilidad, un agravamiento de las penas, llegando a ser absolutamente desproporcionadas; 3) un desprecio por las garantas procesales y una vulneracin de los derechos reconocidos en toda accin penal, quedando al albur de la arbitrariedad y del capricho de los juzgadores (un caso manifiesto se encuentra en la actitud que algunos jueces de la AN han tenido en causas muy conocidas en donde los abogados de la defensa actan constantemente contra las decisiones del tribunal por vulneracin del Derecho procesal).

No se tiene en cuenta, o al menos es lo que menos importa al tribunal, el hecho, sino la personalidad del juzgado y sometido a jucio. Su pertenencia o no a determinado colectivo y grupo, o su inactividad en defensa de los valores establecidos. Por ello el derecho penal del enemigo es una variante extrema del derecho penal de autor, pues no es la conducta como tal la que se viene a valorar, sino el pasado y el futuro comportamiento del reo. Recordemos aqu la pregunta que hizo el fiscal en el proceso contra Iaki de Juana Chaos (a que se dedicar y de qu vivir ms adelante). La actitud interna del autor, sus deseos o sus pensamientos son abolutamente ajenos a Derecho penal clsico, sin embargo adquieren relevancia en el DPE. Otra muestra es la acusacin vertida contra determinados penados al reprochrseles que no se han resocializado, ni han pedido perdn, ni se han arrepentido de los delitos por los que fueron condenados en su momento. La propia modificacin jurisprudencial conocida como doctrina Parot, establece arteramente la cadena perpetua, pues no otra cosa es mantener en prisin durante 60 aos a un condenado.El hecho de que haya desparecido a todos los efectos la diferenciacin entre autora y participacin, preparacin y tentativa, o que se confundan los fines polticos con la colaboracin, es una prueba ms de cuanto sealamos al respecto. Adems hay que tener en cuenta cmo afecta a la poltica penitenciaria, llegando a prcticas como la implantancin de grupos y categoras de presos (el caso del FIES) o el hecho mismo de la dispersin y alejamiento y confinamiento en prisiones alejadas del mbito de residencia.Esta es la prueba clara de cmo se han instalado ya en los mbitos jurisdiccionales estos presupuestos penales tan reprobados y condenados por penalistas de la talla de Muoz Conde, pero aceptados por la poblacin mostrando en no pocos casos una total anuencia de ests prcticas penales tan alejadas de un derecho penal humanitario, como es el que corresponde a una sociedad del siglo XXI. El DPE en su variante del Derecho Penal de Autor significa que toda la sociedad se convierte en cmplice de las barbaridades jurdicas, de las tropelas de los tribunales, y de la muerte, bien a travs de la cadena pepetua, bien a travs de la decisin de quienes se encuentran en las crceles de dejarese morir. Es correcto ese movimiento de personas -y aqu lo utilizo al modo clsico- que rechazan de plano la ley del talin y la justicia vindicativa.

Hacia dnde nos conduce


La venganza como ideologa. La concepcin de una justicia represiva y vindicativa. La propaganda insitente a favor de la restriccin de libertades pblicas y derechos fundamentales. La eliminacin de las garantas procesales o su relativizacin. La insensibilidad ante el dolor ajeno y el fomento de actidudes egostas. La inevitable complicidad de todos detrs del sistema establecido fomentado la cultura del enemigo, la xenofobia, y el desprecio hacia lo que es y los que son diferentes. Todo ello no es un discurso moral, pues al bloque de clases dominante la moral sea la que sea- no le interesa ms que como intrumendo para el adocenamiento de la poblacin. El bloque de clases dominante es amoral. Slo le interesan los instrumentos, es practicista en extremo. Por eso debemos situarnos en el combate de los instrumentos y en la destruccin de las alianzas que ha conseguido ese mismo bloque (A. Gramsci, N. Poulantzas, etc).

Se camina indefectiblemente hacia Guantnamo, hacia un tipo de sociedad sometida y temerosa de que alguien sea tachado de enemigo. Un lugar en que no hay ms normas que las impuestas por los dirigentes y sus servidores, y en donde el Derecho ha desaparecido para una buena parte de la poblacin (vese el trato dispensado a la minoras en cada sociedad, ms an si se considera en trminos planetarios). El ciudadano ser un ser privilegiado si se le compara con el trato dado al enemigo, pues avanza la conviccin de que a nosotros nunca nos ocurrir esa desgracia de ser un exlcudo de la sociedad. Se acepta y se acpetar an ms que el trato sea diferente, que el Derecho aplicado a unos y otros no sea el mismo, y que si el enemigo es tratado como una bestia, como una no-persona, se acte contra l usando todos los medios posibles para reducirle y derrotarle, incluyendo la coaccin fsica y, cmo no, tambin la tortura (leyes en USA aprobando estas prcticas en Guantnamo, que provocaron acaso ligeras protestas sin mayor relevancia).

No es el fascismo, no es ni siquiera el nazismo, es mucho ms terrorfico, pues aquellos regmenes eran puramente artesanales -si se me permite la expresin-, pues ante el temor de que la gestapo, o la guardia civil, o las camadas de fascisti, actuaran criminalmente, ahora se acepta a pies juntillas los dictados del bloque hegemnico y se extiende el consentimiento de la poblacin para que los otros sean eliminados. Ciertamente comparten ambas formas de poder elementos comunes. Pero no nos engaemos, estamos ms cerca de El Mundo Feliz pensado por A. Huxley, que de los regmenes totalitarios del siglo XX. Obsrvese la reaccin que ha tenido y tiene la poblacin espaola ante un crimen de Estado como el perpetrado contra Ignacio de Juana Chaos (por mencionar uno): reaccionan apoyando el derecho penal del enemigo. Se felicitan sin saber que como deca Brecht (aunque el poema no es enteramente suyo) cuando vinieron a por m no haba nadie.

Cabe la desesperanza? Asuminos la derrota de antemano? Nos plegamos a los dictados del poder establecido? Siempre habr en todo momento quienes se resistan, y quienes advertirn a los dems sobre los peligros que se ciernen sobre el pensamiento y la vida de millones de seres humanos. Sern catalogados de enemigos, padecern la implacable accin criminal de un Estado con Derecho (Elas Daz), mientras ellos seguirn tras la meta de un Estado de Derecho. Por eso es loable el cambio de actitud intelectual del magistrado Baltasar Garzn, que de aquella terrible y espantosa formulacin del todo es ETA en el que inclua a la Izquierda Abertzale en apliccin del DPE, ha pasado a aceptar los principios del Derecho penal clsico, del Derecho Penal objetivo (en auto dictado recientemente determina que la izquierda abertzale no forma parte del todo es ETA). Algo es algo.

Pretenden -estar afectado de algn mal paranoico?- un Guantnamo global, que todo el Planeta se rija por los principios de guerra permanente, y sirvindoles de excusa el terrorismo internacional generalizar la concepcin del enemigo ampliando el nmero de movimientos y organizaciones que sern concebidas de tal modo (en Espaa la sentencia contra Jarrai-Haika-Segi, contra sindicalistas, asociaciones jueveniles anti-sistema, etc, y en particular contra el Movimiento Antiglobalizacin). Que se vayan preparando todos cuantos han decidido no pasar por debajo de las horcas caudinas del bloque de clases dominante.

La carcajada del ignorante periodista mencionado al principio es en realidad la risa de quienes le pagan como propagandista de un pensamiento criminal, y que citando a la democracia la rebaja a los niveles ms bajos y anmicos. La democracia que menciona est siendo atacada constantemente por sentencias como las que se dictan en la Audiencia Nacional, con la existencia de uno y cien Guantnamos. En ese mundo este periodista a buen seguro que tendr un puesto de trabajo.

(Derecho Penal de Autor, Derecho Penal del Enemigo, Derecho Penal de la Voluntad)



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