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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-02-2007

Revoluciones musicales (III)
Sinfona heroica

Jess Aller
Rebelin


Cualquiera que siga la biografa de Ludwig van Beethoven (1770-1827) podra decir que en 1798 este ha conseguido realizar el sueo de su vida. Establecido en Viena desde 1792, ao posterior al de la muerte de Mozart, ha cimentado en la capital mundial de la msica una slida fama de pianista y compositor y ocupa merecidamente el solio dejado vacante por el genio de Salzburgo. Esa era sin duda la mayor aspiracin de Beethoven en los aos difciles vividos en su Bonn natal. Digamos aqu de pasada que los dos hombres llegaron a conocerse. En un breve viaje realizado a Viena cuando tena quince aos, Beethoven improvis al piano delante de su dolo, que despus coment a sus amigos: "No perdis de vista a este chico. Creo que va a dar mucho que hablar".

Sin embargo, este ao de 1798 va a resultar terrible para Beethoven. Cualquier persona tiene un aprecio especial por el sentido que le permite apreciar los sonidos, pero en un compositor e intrprete como l, el odo es el rgano ms estimado y su sensibilidad constituye su mayor orgullo. l le otorga la destreza de captar las ms delicadas sutilezas tonales, de combinar los timbres en la orquestacin... Ese ao fatdico, Beethoven se da cuenta de que se est quedando sordo.

La sordera de Beethoven, convertida en un lugar comn, apenas nos impresiona, porque la noticia de ella nos llega unida a la de su genio indiscutible. Pero es necesario pensar lo que significaba esa sordera para l en 1798, para un msico de 27 aos que se est abriendo camino trabajosamente. Significaba simplemente el fin de todos sus sueos. Algo peor que la muerte, una penosa muerte en vida que le obligaba a renunciar a ser msico.

 

Beethoven se convierte entonces en un ser extrao que huye de la gente escondiendo su defecto. Prueba sin xito diversos tratamientos, y por fin en 1802 se refugia en Heiligenstadt, una ciudad prxima a Viena cuya vida tranquila el mdico que le trata pensaba que podra traer algn efecto beneficioso sobre su enfermedad. Transcurridos seis meses sin ninguna mejora, Beethoven est desesperado y acaricia la idea del suicidio. Un documento escrito por l en esa poca, el famoso "testamento de Heiligenstadt", conocido despus de su muerte, describe su sombro estado de nimo en estos das.

 

Sin embargo, su decisin final es la de luchar con el destino adverso y tratar por todos los medios de hacer realidad la msica que bulle en su interior. De regreso en Viena, en 1803 trabaja intensamente en una obra que significar un hito no slo en su produccin, sino en toda la historia de la msica, su tercera sinfona, conocida como Sinfona Heroica.

 

Las composiciones de Beethoven hasta ese momento, en lo que se conoce como primer perodo de su obra, se ajustaban bien a los moldes formales que haban sido establecidos por Haydn y Mozart. Sus dos primeras sinfonas, por ejemplo, podran casi pasar como trabajos de estos msicos. La tercera sinfona, sin embargo, es algo completamente distinto. Un primer rasgo que marca esta diferencia es simplemente su duracin, que es aproximadamente el doble de la de sus primeras sinfonas. Pero esta mayor duracin es slo un reflejo de una mayor riqueza y complejidad, y de una mayor libertad del artista que nos transmite sus emociones y sus ideas musicales con un sentimiento que a veces se ha considerado ya romntico. Esta obra marca un nuevo camino para el gnero sinfnico y sirve de inspiracin para las obras posteriores de autores como Schumann, Brahms o Dvořk.

 

Cabe preguntarse quin es el hroe que inspira esta sinfona heroica. Parece ser que la obra llevaba inicialmente una dedicatoria a Napolen Bonaparte y que esta fue eliminada en 1804. Este hecho se ha interpretado, a partir del testimonio de Ferdinand Ries, discpulo de Beethoven, como una muestra del despecho que produjo a Beethoven la coronacin de Napolen como emperador en 1804. Sin embargo, otras investigaciones recientes indican que es probable que esta dedicatoria estuviese bastante motivada por las perspectivas de un viaje a Francia que Beethoven se propona realizar, y que el cambio se debiera tambin a la cancelacin de este viaje y a la creciente rivalidad entre Francia y Austria. No es balad tampoco que el prncipe Lobkowitz (que al final fue el dedicatario de la sinfona) ofreciera 400 Gulden por disponer de ella de forma exclusiva durante seis meses, y sin duda esperara algn detalle a cambio de tanta generosidad.

 

Sin embargo estos asuntos resultan anecdticos ante el profundo mensaje artstico de la sinfona y la indiscutible relacin de esta con la vida de su autor. El hroe no es otro que el propio Beethoven, msico al fin a pesar de su estigma. La estructura de la obra, con un tumultuoso Allegro con brio inicial seguido de la conocida marcha fnebre, un juguetn scherzo y otro agitado movimiento final, encaja perfectamente en este esquema, y supone un viaje inicitico a travs de la lucha y el dolor de la muerte ritual a la alegra y esplendor del renacimiento. La creacin de un nuevo lenguaje musical fue slo el instrumento necesario para expresar este viaje interior.

 

Discutida en sus primeras interpretaciones, aclamada despus y convertida en emblema de una nueva sensibilidad, esta sinfona marca un hito indiscutible en la historia de la msica e inaugura una poca en que los moldes formales se enriquecen para permitir una fiel expresin de los sentimientos del artista. Pero para los que nos acercamos a escucharla hoy, cumplidos ya los doscientos aos de su estreno, sus acordes poderosos siguen narrando sobre todo la encarnizada lucha de un hombre con su destino y mostrndonos un smbolo universal de la capacidad del ser humano para sobreponerse a la adversidad.

Ludwig van Beethoven. Comienzo del 1er movimiento, allegro con brio, de la sinfona n 3 mi bemol mayor, Op. 55. Orquesta Filarmnica de Nueva York con Bruno Walter a la batuta (grabacin de 1941).

 

http://www.jesusaller.com

 

 



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