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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2007

Euskal Herria: Milakabilaka es un intento de participacin popular directa sobre la base del respeto
Una iniciativa estimulante

Eva Forest
Rebelin


Hace unos das acud a una reunin convocada por un grupo de pe

Hace unos das acud a una reunin convocada por un grupo de personas que, segn deca el papel que me dieron al llegar, es una iniciativa popular que apuesta por la superacin del conflicto poltico y armado que sufre Euskal Herria. Un grupo de personas independientes que se propone promover la participacin de la ciudadana, estimular su capacidad creadora y ganar con ello un espacio propio en el que debatir nuestros problemas. Una propuesta muy atractiva para m que tanto me interesan los movimientos populares. Se refera tambin a los deseos de paz, pero una paz verdadera, basada en todos los derechos que nos asisten, como personas y como pueblo.

La iniciativa se llama Milakabilaka y es un intento nuevo y muy sugerente de participacin popular directa. Se trata de intervenir, a ttulo personal, con todo tipo de iniciativas sobre la base del respeto.

Lo del respeto he de confesar que me inquiet un poco. Me ocurre con esta palabra lo mismo que con la palabra tolerancia y otras muchas de uso frecuente en la manipulacin poltica: a fuerza de servirse de ellas para esto y para lo contrario, resultan palabras ambiguas y sospechosas; o se han vaciado de contenido, o estn cargadas de moralina y significado perverso. Pero este sera tema de otro artculo. El caso es que el proyecto, en su conjunto, me interes mucho. Tuve la impresin de que al fin algo se activaba en esa especie de marasmo al que nos quieren relegar para que permanezcamos pasivos y de que a partir de l se podan ir creando las bases para una futura democracia: empezar a ejercitarnos en la prctica de intervenir en las discusiones, de aprender a polemizar, de armarnos de conocimientos para defender nuestros puntos de vista pblicamente, toda una gimnasia preparatoria para esa democracia participativa a la que tantos aspiramos. De regreso a casa pens mucho en ello y en el proceso de democratizacin en el que nos hemos implicado y que tantos obstculos encuentra.

Democracia, como dice el gran experto en la materia, Ricardo Alarcn, no hay ms que una y por ello mismo no debera de precisar adjetivos que la acompaaran pero, dada la confusin reinante en el mundo en el que nos movemos, a veces es preciso servirnos de ellos para clarificar los conceptos. Y si bien para algunos est claro que la democracia, o es participativa, o no es democracia, conviene tener presente tambin la otra versin, la llamada democracia formal, que es en la que nos movemos y cuya estructura es tan engaosa: Esa democracia de atractivo y falso escaparate, en cuyas entraas se fraguan los ms espantosos crmenes y que es fuente generadora de todo tipo de violencias. Ah est la gran democracia de los EE.UU. aniquilando a los pueblos que pregona va a democratizar, creando siempre destruccin y muerte. Ah est el vivo ejemplo de Iraq.

Y yo imaginaba las grandes posibilidades que podan abrirse a travs de la iniciativa Milakabilaka si realmente se converta en espacio ganado para la comunicacin y el debate: en un lugar activo de intervencin y creacin populares, en un espacio de bsqueda de caminos y propuestas nuevas, encaminadas todas ellas a la consecucin de nuestras libertades y la garanta de nuestros derechos. Y, sobre todo, en ese ejercicio democrtico en el que, a la vez que se va construyendo, se va aprendiendo la importancia de pensar en situacin para poder decidir con conocimiento de causa, para poder un da gobernarse y gobernar el pas de uno.

Pens mucho en la asamblea como base y eje de la democracia. En la necesidad de que quienes participen en esa asamblea hayan conseguido un mnimo de derechos elementales para que se pueda celebrar en condiciones favorables.

En Cuba, nico pas del mundo en donde la democracia est siendo experimentada desde hace aos, el proceso no pudo ponerse en marcha hasta varios aos despus de haber superado la alfabetizacin, mejorado la salud pblica y otra serie de deficiencias elementales. Slo cuando se alcanzaron estos niveles mnimos se inici el proceso democrtico que est en marcha.

En esta rea desarrollada del mundo en el que vivimos, no existen las dificultades del llamado tercer mundo, pero s existen impedimentos mucho ms peligrosos que bloquean nuestra sensibilidad y nos impiden pensar con criterio propio. El control del pensamiento y la gran anestesia generalizada nos mantienen no slo al margen de la democracia sino en la grande y engaosa confusin de que somos libres y gozamos de ella. No es gratuita esa expresin tan repetida por los que viven embaucados y enajenados cuando alardean de nosotros, los demcratas. Expresin que, por vaca, resulta cmica y grotesca.

En un pas como el nuestro, considerado desarrollado surgen a veces mayores dificultades ya que el llamado desarrollo es el que impide a veces ver claro y contribuye en mucho a la confusin, cuando no a la ignorancia. A veces es mejor, para aprender, partir de cero y empezar que tener que desaprender lo mal aprendido. Quienes se creen demcratas, sin serlo, tardarn mucho ms tiempo en serlo de verdad.

Pensaba en todo eso, mientras caminaba hacia mi casa. Pensaba tambin en la asamblea como foco y eje de la democracia. La asamblea, cuando se produce en condiciones, cuando todos estn dispuestos a participar con entera libertad supone un esfuerzo que obliga a trabajar al cerebro y eleva su capacidad de pensar. Se trata en ella de pensar en colectivo, de pensar sobre lo que otros piensan, de recoger lo pensado y repensarlo. Todo ello conlleva un enriquecedor aprendizaje. El resultado de una buena asamblea nunca es la suma de los pensamientos all expresados sino la sntesis de lo que all se expuso y ello supone ya un salto cualitativo en el proceso de humanizacin. Otro estmulo para seguir participando, otro avance en ese camino imprescindible si queremos decidir sobre lo nuestro. De ah la importancia de que la democracia lo sea de verdad, sea participativa. Es un paso ms del proceso en continuo movimiento. de socializacin.

Partiendo de la gran importancia de la asamblea, de la mucha gimnasia que requiere, de la prctica continua de ejercitarse en ella, de la puesta al da de nuestra sensibilidad y de nuestro cerebro, tan poco ejercitado en estos menesteres, una propuesta como la de Milakabilaka me parece importantsima y una gran camino esperanzador que se nos abre.

Insisto, de regreso a casa fui todo el tiempo pensando y eso slo es ya un dato de lo mucho que puede estimular esta iniciativa. Iniciativa que tiene prevista como accin inmediata una manifestacin en Bilbo a la que, por supuesto, acudir.

Eva Forest

Febrero 2007



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