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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2007

Cuando la conservacin implica expulsar a grupos indgenas de su territorio
Los refugiados del conservacionismo

Mark Dowie
Pueblos


No es ningn secreto que millones de pueblos indgenas de todo el mundo han sido expulsados de sus tierras para dar lugar a las grandes extracciones de petrleo y minerales, las grandes explotaciones madereras y las grandes extensiones agroindustriales. Pero pocos se dan cuenta de que algo similar ha estado ocurriendo por una causa mucho ms noble: la conservacin de tierras y de la vida silvestre.

No son slo las empresas las que tienen mala fama entre las comunidades indgenas, sino tambin, y cada vez ms, algunas organizaciones no gubernamentales internacionales.

La mayora de las maanas, una niebla a ras del suelo envuelve los valles profundos y remotos del sudoeste de Uganda, mientras las aves que se encuentran solamente en esta pequea esquina del continente elevan sus cantos en coro y los grandes simios beben el agua de claros arroyos. Los das en el denso bosque de montaa son calmos y brumosos. Las noches son una exaltacin de insectos y de aullidos de primates. Durante miles de aos el pueblo Batwa creci en este escenario de sonidos, en una armona tan estrecha con el bosque que los bilogos de principios del siglo XX que estudiaron la flora y la fauna de la regin apenas si notaron su existencia. Como seal un naturalista, eran parte de la fauna.

En la dcada de 1930, los conservacionistas internacionales convencieron a los dirigentes de Uganda de que esta zona estaba amenazada por intereses madereros, mineros y otras actividades extractivas. En respuesta a eso se crearon tres reservas de bosques: Mgahinga, Echuya y Bwindi, todas ellas superpuestas con el territorio ancestral de los Batwa. Durante sesenta aos esas reservas existieron tan solo en el papel, pero eso mantuvo alejados a los extractivistas. Y los Batwa se quedaron, viviendo tal como lo haban hecho durante varias generaciones, en reciprocidad con la biota diversa que atrajo por primera vez a los conservacionistas a la regin.

Pero cuando las reservas fueron designadas formalmente como parques nacionales en 1991 y para administrarlas se cre una burocracia financiada por el FMAM (Fondo para el Medio Ambiente Mundial, o GEF por su sigla en ingls), del Banco Mundial, circul el rumor de que los Batwa estaban cazando y comiendo gorilas de espalda plateada. Por ese entonces, este tipo de gorila era reconocido ampliamente como una especie amenazada y tambin, cada vez ms, era objeto de atraccin para los ecoturistas de Europa y Estados Unidos. Los Batwa reconocieron que los gorilas estaban siendo perturbados e incluso cazados, pero por los Bahutu, los Batutsi, los Bantu y otras tribus que invadieron el bosque desde aldeas externas.

Los Batwa, que sentan una fuerte afinidad con los grandes simios, negaron categricamente haberlos matado. A pesar de ello, y debido a la presin ejercida por los conservacionistas tradicionales de Occidente, que estaban convencidos de que la vida silvestre y las comunidades humanas eran incompatibles, los Batwa fueron expulsados a la fuerza de su territorio.

Esos bosques son tan densos que cuando salieron por primera vez de ellos, los Batwa perdieron la perspectiva. Algunos incluso se daban de bruces con los vehculos en movimiento. Ahora estn viviendo en lastimosos campos de ocupantes precarios en el permetro de los parques, sin agua corriente o saneamiento. En una generacin ms, su cultura del bosque cantos, rituales, tradiciones, historias se perder. No es ningn secreto que millones de pueblos indgenas de todo el mundo han sido expulsados de sus tierras para dar lugar a las grandes extracciones de petrleo y minerales, las grandes explotaciones madereras y las grandes extensiones agroindustriales. Pero pocos se dan cuenta que lo mismo ha estado ocurriendo por una causa mucho ms noble: la conservacin de tierras y de la vida silvestre.

Actualmente, en la lista de las instituciones destructoras de la cultura, denunciadas por lderes tribales de casi todos los continentes, figuran no solamente Shell, Texaco, Freeport y Bechtel, sino tambin, increblemente, nombres como Conservation International (CI), The Nature Conservancy (TNC), World Wildlife Fund (WWF) y la Sociedad para la Conservacin de la Naturaleza (Wildlife Conservation Society, WCS). Hasta la Unin Mundial para la Naturaleza (UICN), ms sensible a los aspectos culturales, podra obtener una mencin.

A principios de 2004 se convoc a una reunin de las Naciones Unidas en Nueva York. Era el noveno ao consecutivo en que se impulsaba la aprobacin de una resolucin para la proteccin de los derechos territoriales y humanos de los pueblos indgenas. La declaracin preliminar de la ONU establece: Los pueblos indgenas no sern desplazados por la fuerza de sus tierras o territorios. No se proceder a ningn traslado sin el consentimiento expresado libremente y con pleno conocimiento de los pueblos indgenas interesados y previo acuerdo sobre una indemnizacin justa y equitativa y, siempre que sea posible, con la posibilidad de regreso. Durante la reunin, una delegada indgena que no se identific, se puso de pie para declarar que mientras las industrias extractivas seguan constituyendo una amenaza grave para su bienestar y su integridad cultural, su enemigo nuevo y mayor era la conservacin.

En esa misma primavera, poco despus, en una reunin del Foro Internacional de Mapeamiento Indgena realizada en Vancouver, British Columbia, los doscientos delegados firmaron una declaracin que estableca que las actividades de las organizaciones de conservacin representan actualmente la mayor amenaza individual a la integridad de las tierras indgenas. Esas estocadas elocuentes conmocionaron a la comunidad conservacionista internacional, al igual que un torrente de artculos y estudios crticos subsiguientes, dos de ellos conducidos por la Fundacin Ford, que reclamaban a los grandes grupos conservacionistas que se hicieran cargo de su histrico maltrato a los pueblos indgenas.

Somos enemigos del conservacionismo, declar el lder Maasai Martin Saningo, de pie ante una sesin del Congreso Mundial de Conservacin, en noviembre de 2004, auspiciado por la UICN en Bangkok, Tailandia. El Maasai nmade, quien en los ltimos treinta aos perdi la mayor parte de sus reas de pastura por proyectos de conservacin aplicados a los largo de la zona oriental de frica, nunca se haba sentido de esa manera. Es ms, Saningo record a su audiencia que ... fuimos los conservacionistas originales. La sala guard silencio mientras l explicaba con calma cmo los criadores de ganado nmades y sedentarios han protegido tradicionalmente sus zonas de pastoreo: Nuestras formas de cultivo polinizaron diversas especies de semillas y mantuvieron corredores entre los eco- sistemas. Luego trat de entender la extraa versin de conservacin de la tierra que ha empobrecido a los integrantes de su pueblo, ms de cien mil de los cuales han sido desterrados del sur de Kenia y de las Planicies del Serengeti de Tanzania. Al igual que los Batwa, los Maasai no han sido indemnizados con justicia. Su cultura se est disolviendo y viven en la pobreza.

No queremos ser como ustedes, dijo Saningo a toda una sala de conmocionados rostros blancos. Queremos que ustedes sean como nosotros. Estamos aqu para cambiar su manera de pensar. Ustedes no pueden lograr la conservacin sin nosotros. Aunque tal vez no se haya dado cuenta, Saningo estaba hablando a un creciente movimiento mundial de pueblos indgenas que se ven a s mismos como refugiados del conservacionismo. A diferencia de los refugiados ecolgicos -aquellos obligados a abandonar sus tierras como consecuencia del calor insportable, la sequa, la desertificacin, las inundaciones, las enfermedades y otras consecuencias del caos climtico-, los refugiados del conservacionismo son expulsados de sus tierras en contra de su voluntad, ya sea por la fuerza o a travs de una variedad de medidas menos coercitivas.

Los mtodos ms suaves, ms benignos, son llamados a veces expulsin suave o reasentamiento voluntario, si bien esto ltimo es discutible. Ya se trate de una reubicacin suave o agresiva, la reclamacin principal que se escucha en las aldeas improvisadas que bordean los parques y en las reuniones como el Congreso Mundial de la Conservacin en Bangkok, es que a menudo ocurre con la aprobacin tcita o la desidia apacible de una de las grandes cinco organizaciones no gubernamentales internacionales conservacionistas, o, como han sido apodadas por los lderes indgenas, las BINGO (por el ingls, big international nongovernmental organisations). Con frecuencia los pueblos indgenas son dejados completamente al margen del proceso.

Esta lnea del conservacionismo que pone los derechos de la naturaleza por encima de los derechos de la gente despert mi curiosidad. El otoo pasado me dispuse a enfrentar cara a cara el tema. Visit a miembros de tribus de los tres continentes que estaban luchando denodadamente con las consecuencias del conservacionismo occidental y encontr una alarmante similitud entre las historias que escuch.

Khon Noi, matriarca de una remota aldea de la montaa, se acurruca al lado de una cocina al aire libre, vestida con su traje suelto, de brillantes colores, que la identifica como una Karen, la ms populosa de las seis tribus localizadas en las extensiones exuberantes, montaosas, del norte remoto de Tailandia. Su aldea de sesenta y seis familias ha vivido en el mismo valle por ms de 200 aos. Khon Noi mastica betel, escupiendo su brillante jugo rojo al fuego, y habla suavemente a travs de sus dientes negros. Me dice que puedo utilizar su nombre en tanto no identifique su aldea.

El gobierno no tiene idea de quin soy, dice. La nica persona en la aldea que conocen por su nombre es el jefe que ellos nombraron para representarnos en las negociaciones con el gobierno. Estuvieron aqu la semana pasada, con uniformes militares, para decirnos que no podamos practicar ms la agricultura de rotacin en este valle. Si supieran que alguien estuvo hablando mal de ellos, volveran y nos sacaran de aqu.

En un reciente estallido de entusiasmo ambiental estimulado por generosos ofrecimientos financieros del FMAM, el gobierno tailands cre parques nacionales tan rpido como el Departamento Forestal Real pudo mapearlos. Diez aos atrs apenas si se encontraba un parque en Tailandia, y debido a que esos pocos que existan eran parques de papel no registrados, pocos tailandeses saban siquiera que estaban ah. Ahora hay 114 parques terrestres y 24 parques martimos en el mapa. Casi 25.000 kilmetros cuadrados, la mayora de los cuales estn ocupados por tribus de la montaa y tribus de pescadores, son administrados actualmente por el departamento forestal como reas protegidas.

Un da, de la nada, aparecieron unos hombres de uniforme enseando sus armas, recuerda Kohn Noi, y dicindonos que ahora estbamos viviendo en un parque nacional. Esa fue la primera vez que supimos del parque. Nos confiscaron nuestras armas ... no ms caza de animales con trampa o con lazo, y no ms agricultura de roza y quema. As es como llaman a nuestra agricultura. Nosotros la llamamos rotacin de cultivos y lo hemos estado haciendo en este valle por ms de doscientos aos. Pronto nos veremos obligados a vender arroz para comprar las verduras y legumbres que ya no nos permiten cultivar aqu. Podemos vivir sin la caza, pues criamos gallinas, cerdos y bfalos. Pero la agricultura de rotacin es nuestra forma de vida.

Una semana antes de nuestra charla, y a poca distancia en avin al sur de la aldea de Noi, 6.000 conservacionistas asistan al Congreso Mundial de Conservacin en Bangkok. En esa conferencia y en otros mbitos, los grandes grupos conservacionistas negaron ser parte de las expulsiones. Mientras, produjeron gran cantidad de material de promocin que hablaba de su estrecha relacin con los pueblos indgenas.

Reconocemos que los pueblos indgenas tienen quizs la comprensin ms profunda de los recursos vivos de la Tierra, dice el presidente y director de Conservation International, Peter Seligman. Y aade que, creemos firmemente que los pueblos indgenas deben tener la posesin, el control y la titulacin de sus tierras. Esos mensajes estn cuidadosamente dirigidos a los principales financiadores del conservacionismo, que, en respuesta a los informes mencionados de la Fundacin Ford y otra prensa, se han sensibilizado cada vez ms con los pueblos indgenas y sus luchas por la supervivencia de su cultura.

El apoyo financiero para la conservacin internacional se ha ampliado en los ltimos aos mucho ms all de las fundaciones individuales y familiares que dieron inicio al movimiento, para incluir grandes fundaciones como la Ford, MacArthur y Gordon y Betty Moore, as como el Banco Mundial, su FMAM, otros gobiernos, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), una serie de bancos bilaterales y multilaterales, y empresas transnacionales. Durante la dcada de 1990 la USAID sola inyect casi 300 millones de dlares al movimiento conservacionista internacional, que lleg a considerar un auxiliar vital para la prosperidad econmica. Las cinco mayores organizaciones conservacionistas, entre ellas Conservation International, TNC y WWF, absorbieron ms del 70% de ese gasto.

Las comunidades indgenas no recibieron nada. La Fundacin Moore hizo un compromiso singular de casi 280 millones en diez aos, la mayor donacin ambiental de la historia, a tan solo una organizacin -Conservation International-. Y en los ltimos aos todas las BINGO se han convertido cada vez ms en empresas, tanto por su orientacin como por su afiliacin. The Nature Conservancy se jacta ahora de tener casi dos mil empresas comerciales que lo patrocinan, mientras que Conservation Internationl ha recibido casi 9 millones de dlares de sus doscientos cincuenta socios empresariales.

Con ese tipo de palanca financiera y poltica, as como subdivisiones en casi todos los pases del mundo, millones de miembros leales y presupuestos de nueve cifras, CI, WWF y TNC han ejercido una enorme presin a escala mundial para aumentar el nmero de las llamadas reas protegidas -parques, reservas, santuarios de vida silvestre y corredores creados para preservar la diversidad biolgica. En 1962 haba alrededor de 1.000 reas protegidas oficiales en todo el mundo. Actualmente hay 108.000, y cada da se agregan ms. La superficie total de tierra en rgimen de proteccin para la conservacin en todo el mundo se ha duplicado desde 1990, cuando la Comisin Mundial de Parques estableci el objetivo de proteger el 10 por ciento de la superficie del planeta. Ese objetivo ha sido superado ya que actualmente est protegido ms del 12% de toda la superficie terrestre, un total de unos 30,43 millones de quilmetros cuadrados. Se trata de una superficie mayor que el macizo territorial del continente africano. Durante la dcada de 1990, la nacin africana de Chad aument la cantidad de tierras nacionales en rgimen de proteccin de 0,1 a 9,1%. Toda ese territorio haba estado previamente habitado por quienes ahora se estima ascienden a 600.000 refugiados del conservacionismo.

Ningn otro pas adems de India, que oficialmente admite la cifra de 1,6 milln, contabiliza siquiera esta nueva clase de refugiados en aumento. Las estimaciones mundiales ofrecidas por la ONU, la UICN y unos pocos antroplogos van de 5 a decenas de millones. Charles Geisler, socilogo de la Universidad de Cornell, quien ha estudiado el tema de los desplazamientos en frica, tiene la certeza de que la cifra solamente en ese continente supera los 14 millones.

La verdadera cifra mundial, de conocerse alguna vez, dependera de la semntica de palabras tales como desalojo, desplazamiento y refugiado, acerca de las cuales las facciones vinculadas a los diversos aspectos del tema debaten interminablemente. El mayor argumento es que existen refugiados del conservacionismo en todos los continentes excepto la Antrtida, y en la mayora de los casos sus condiciones de vida son mucho ms difciles que las que tenan antes, impedidos ahora de ingresar a las tierras en las que crecieron durante siglos y hasta miles de aos.

John Muir, precursor del movimiento conservacionista en los Estados Unidos, argument que habra que aislar la vida silvestre y dejarla sin habitantes, para satisfacer la necesidad humana urbana de recreacin y renovacin espiritual. Fue un sentimiento que se convirti en poltica nacional con la aprobacin de la Ley de Vida Silvestre de 1964, que defini la vida silvestre como un lugar donde el hombre mismo es un visitante que no permanece. No deberamos sorprendernos de encontrar fuertes residuos de esos sentimientos entre los grupos conservacionistas tradicionales.

La preferencia por la naturaleza virgen ha permanecido en un movimiento que ha tendido a valorar a toda la naturaleza con excepcin de la naturaleza humana, y se ha negado a reconocer la dimensin salvaje positiva de los seres humanos. Hasta la fecha continan las expulsiones en todo el mundo. El gobierno indio, que desaloj a 100.000 Adivasis (poblacin rural) en Assam entre abril y julio de 2002, estima que en la prxima dcada desplazar a 2 o 3 millones ms. La poltica se debe en gran medida a una ley de 1993 propuesta por WWF, que exiga que el gobierno aumentara las reas protegidas en un 8%, principalmente para proteger el hbitat del tigre.

Una amenaza ms inmediata se refiere a la inminente expulsin de varias comunidades mayas de la regin de Montes Azules en Chiapas, Mxico, un proceso que comenz a mediados de la dcada de 1970 con la intencin de preservar el bosque tropical virgen, lo cual podra fcilmente hacer estallar una guerra civil. Conservation International est muy involucrado en esa controversia, al igual que una serie de industrias extractivas.

La poblacin tribal, que tiende a pensar y planificar en trminos de generaciones, y no de semanas, meses y aos, todava espera que le presten la consideracin prometida. Por supuesto, la declaracin preliminar de la ONU es el premio, porque debe ser ratificada por numerosas naciones. La declaracin no ha sido aprobada hasta ahora, principalmente porque dirigentes poderosos como Tony Blair, del Reino Unido, y George Bush, de los Estados Unidos, amenazan con vetarla, con el argumento de que no hay y nunca debera haber una cosa como los derechos humanos colectivos.

Lamentablemente, los grupos de derechos humanos y los conservacionistas internacionales se enfrentan sobre la cuestin del desplazamiento, cada uno de los bandos culpando al otro de la crisis particular que perciben. Los bilogos conservacionistas argumentan que al permitir que las poblaciones nativas realicen actividades agrcolas, cacen y hagan recoleccin en las reas protegidas, los antroplogos, los preservacionistas culturales y otros grupos que apoyan los derechos indgenas se vuelven cmplices de la prdida de diversidad biolgica.

Algunos, como el presidente de Wildlife Conservation Society (WCS), Steven Sanderson, dice abiertamente que cree que todo el programa conservacionista mundial ha sido secuestrado por quienes defienden a los pueblos indgenas, colocando la vida silvestre y la biodiversidad en peligro. Los pueblos de los bosques y sus representantes tal vez hablen por el bosque, dijo Sanderson, Tal vez hablen por su versin del bosque; pero no hablan por el bosque que nosostros queremos conservar. WCS, originalmente la Sociedad Zoolgica de Nueva York, es una BINGO de menores dimensiones y estatura que TNC, CI y similares, pero es ms insistente que sus colegas en el argumento de que los derechos territoriales indgenas, si bien son una cuestin social vlida, no ataen a los conservacionistas.

Las soluciones de mercado presentadas por los grupos de derechos humanos, que pueden haber sido aplicadas con la mejor de las intenciones sociales y ecolgicas, comparten un resultado lamentable, apenas discernible por detrs de una hbil promocin que acta como pantalla de humo. En casi todos los casos los pueblos indgenas son trasladados a la economa monetaria sin tener los medios para participar en ella plenamente. Quedan permanentemente contratados como polica montada de parques (nunca como guardaparques), porteros, mozos, segadores o, si logran aprender un idioma europeo, guas ecotursticos. Dentro de este modelo, la conservacin se acerca an ms al desarrollo, mientras las comunidades nativas se asimilan dentro de los estratos ms bajos de las culturas nacionales.

No debera sorprendernos, pues, que los pueblos tribales consideren a los conservacionistas como otros colonizadores -una extensin de las fuerzas letales de la hegemona econmica y cultural-. Sociedades enteras como los Batwa, los Maasai, los Ashaninka de Per, los Gwi y Gana de Botswana, los Karen y Hmong del sudeste de Asia, y los Huaorani de Ecuador estn siendo transformados de comunidades independientes y autosuficientes en comunidades pobres y profundamente dependientes.

Cuando el otoo pasado viaj por toda Mesoamrica y la cuenca andino amaznica visitando a miembros del personal de CI, TNC, WCS Y WWF, buscaba seales de que se vislumbraba algn despertar. El personal de campo con el que me entrevist era totalmente consciente de que el espritu de exclusin sobrevive en las oficinas centrales de sus organizaciones, junto con un prejuicio sutil pero real contra la sabidura indgena no cientfica. Dan Campbell, director de TNC en Belize, admiti que tenemos una organizacin que a veces intenta emplear modelos que no encajan en la cultura de las naciones con las que trabajamos. Y Joy Grant, de la misma oficina, declar que como consecuencia de un prolongado desacuerdo con los pueblos indgenas de Belice, la poblacin local es ahora la clave para todo lo que hacemos.

Somos arrogantes, fue la confesin de una ejecutiva de CI que trabaja en Amrica del Sur, quien me pidi que no la identificara. Me conmovi que lo admitiera, hasta que continu dando a entender que ste era apenas un defecto menor de carcter. En realidad, la soberbia fue citada por casi todos los cerca de cien lderes indgenas con los que me entrevist, como un impedimento importante para construir canales de comunicacin con las grandes organizaciones conservacionistas.

Si las observaciones de campo y los sentimientos de los trabajadores de campo se filtraran en las oficinas centrales de CI y de las otras BINGO, podra haber un final feliz para esta historia. Existen modelos de trabajo positivos de conservacin socialmente sensible en todos los continentes, especialmente en Australia, Bolivia, Nepal y Canad, donde la legislacin nacional que protege los derechos territoriales indgenas no deja a los conservacionistas forneos otra opcin que la de unir sus manos con las de las comunidades indgenas y elaborar formas creativas para proteger el hbitat silvestre y sostener la biodiversidad, permitiendo a la vez que los ciudadanos indgenas habiten sus asentamientos tradicionales.

En la mayora de esos casos es la poblacin nativa la que inicia la creacin de una reserva, que seguramente es denominada un rea indgena protegida o un rea de conservacin comunitaria. Las reas indgenas protegidas son una invencin de los aborgenes australianos, muchos de los cuales han recuperado la posesin de sus tierras y la autonoma territorial en el marco de nuevos tratados con el gobierno nacional. Las reas de conservacin comunitaria estn apareciendo en todo el mundo, desde las aldeas pescadoras de Laos, junto al Ro Mekong, hasta el bosque Mataven en Colombia, donde seis tribus indgenas viven en 152 aldeas, bordeando una reserva ecolgicamente intacta de 16.188 kilmetros cuadrados.

Los Kayapo, una nacin de indios amaznicos con los cuales el gobierno brasileo y CI han formado un proyecto de conservacin cooperativo, es otro ejemplo. Los lderes Kayapo, reconocidos por su militancia, se negaron rotundamente a ser tratados tan solo como otra parte interesada de un acuerdo a dos puntas entre un gobierno nacional y una ONG conservacionista, como suele ocurrir con los planes de gestin cooperativa. En todas las negociaciones insistieron en ser un actor en igualdad de condiciones, con derechos iguales y soberana territorial. Como resultado se cre el Parque Nacional Xingu, el primer parque del continente en posesin de los indgenas, para proteger las formas de vida de los Kayapo y otros grupos indgenas amaznicos que estn decididos a permanecen dentro de los lmites del parque.

En numerosos casos, una vez que se establece un rea de conservacin comunitaria y se garantizan los derechos territoriales, la comunidad fundadora invita a una BINGO a enviar a sus ecologistas y bilogos para compartir la tarea de proteger la biodiversidad combinando la metodologa cientfica occidental con el conocimiento ecolgico indgena. Y en ocasiones pedirn ayuda para negociar con gobiernos poco dispuestos.

Por ejemplo, el pueblo Guaran Izoceos, que vive en Bolivia, invit a la organizacin Wildlife Conservation Society a mediar en un acuerdo de co-administracin con su gobierno, que hoy da permite a la tribu administrar y tener la posesin de parte del nuevo Parque Nacional de Kaa-Iya del Gran Chaco. No obstante, tal vez no haya que poner demasiadas esperanzas en unos pocos modelos exitosos de co-administracin. La insaciable codicia empresarial por energa, madera, medicinas y metales estratgicos sigue siendo una amenaza considerable para las comunidades indgenas. Sin duda, una amenaza mayor que el conservacionismo. Pero las fronteras entre ambas se estn borrando.

Especialmente problemtico es el hecho de que las organizaciones conservacionistas internacionales siguen trabajando confortablemente en sus sedes con algunos de los extractivistas de recursos mundiales ms agresivos, como las empresas Boise Cascade, Chevron-Texaco, Mitsubishi, Conoco-Phillips, International Paper, Rio Tinto Mining, Shell y Weyerhauser, todas ellas miembros de una entidad creada por CI, denominada el Centro de Liderazgo Ambiental para Empresas. Por supuesto, si las BINGO fueran a renunciar a sus socios empresariales perderan millones de dlares en ingresos y acceso al poder mundial, sin lo cual ellos creen sinceramente que no podran ser efectivos. Y hay algunos bilogos conservacionistas respetados e influyentes que todava apoyan frreamente la idea de una conservacin vertical, centralizada y amurallada. John Terborgh, de la Universidad Duke, por ejemplo, cree que los proyectos co-administrados y las reas de conservacin comunitaria son un error enorme. Considero que un parque tendra que ser un parque y no debera haber gente que lo habitara, declara. Su argumento se basa en tres dcadas de investigacin en el Parque Nacional del Manu, en Per, donde los indgenas Machiguenga pescan y cazan animales con armas tradicionales. A Terborgh le preocupa que comprarn los botes a motor, rifles y sierras que usan los otros indgenas fuera del parque, y que la biodiversidad sufrir.

Luego est el paleontlogo Richard Leakey, quien en el Congreso Mundial de Parques de 2003, realizado en Sudfrica, desencaden una andanada de protestas cuando neg la existencia misma de los pueblos indgenas en Kenia, su tierra ancestral, y argument que el inters mundial por la biodiversidad puede en ocasiones estar por encima de los derechos de la poblacin local.

An as, muchos conservacionistas han comenzado a darse cuenta de que la mayora de las reas que procuraban proteger son ricas en biodiversidad precisamente porque quienes vivan all llegaron a comprender el valor y los mecanismos de la diversidad biolgica. Algunos incluso admitirn que condenar a 10 millones o ms de personas a una vida de pobreza y desposeimiento ha sido un error enorme, no solamente un error desde el punto de vista moral, social, filosfico y econmico sino tambin ecolgico.

Otros han aprendido por la experiencia que los parques nacionales y las reas protegidas rodeadas de gente indignada y hambrienta, que se define a s misma como enemiga de la conservacin, generalmente estn condenados al fracaso.

Ms y ms conservacionistas parecen estar preguntndose cmo es que, despus de aislar una extensin de tierra protegida del tamao de frica, la diversidad biolgica mundial contina decayendo. Debehaberalgoterriblemente equivocado con este plan -especialmente despus de que la Convencin de Diversidad Biolgica document el pasmoso hecho de que en frica, donde se han creado tantos parques y reservas y donde los desalojos de indgenas tienen sus mayores ndices, el 90% de la biodiversidad est fuera de las reas protegidas. Si deseamos preservar la biodiversidad en las extensiones remotas del planeta, lugares que a menudo todava estn ocupados por pueblos indgenas que viven de una manera ecolgicamente sustentable, la historia nos ensea que lo ms torpe que podemos hacer es expulsarlos de all.


Mark Dowie ensea ciencia en la Universidad de California, Escuela de Graduacin en Periodismo de Berkeley. Fue editor y redactor de la revista Mother Jones y editor general de InterNation, un consorcio transnacional de prensa de Nueva York. Es autor de cuatro libros, entre ellos Losing Ground: American Environmentalism at the Close of the Twentieth Century (1995, MIT Press), que fue nominado para un Premio Pulitzer. Este artculo fue publicado por primera vez en la revista Orion, y reproducido en la Revista Biodiversidad de octubre de 2006, proyecto conjunto de REDES-AT (Uruguay) y GRAIN (Espaa).


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