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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2007

Presidenciales en Francia: en el stano del ciego?

Georges Labica
SinPermiso


La coyuntura actual

Se caracteriza por el deslizamiento hacia la derecha de las principales fuerzas polticas.

De ah el inaudito abanico de opciones de derecha que se ofrece hoy al electorado francs: Le Pen, De Villiers, Sarkozy, Bayrou, Royal.

El discurso centrado en la seguridad, convertido en ideologa dominante, legitima todos los dispositivos del liberalismo, ltima fase del capitalismo mundializado, declarado insuperable.

El sistema

Cuando no se ignora pura y simplemente, es apenas objeto de alusiones (evocativas, a veces, de una VI Repblica), nunca de declaraciones programticas precisas.

Ahora bien; hay que recordar que este sistema no es democrtico: sectores enteros de opinin o sea, de fuerzas sociales estn excluidos de toda representacin, tanto por el juego de la recogida de firmas para ser candidato (agravado en el caso del PS por su exigencia de que procedan de representantes electos suyos) (1), como por el mecanismo electoral (el reparto de las circunscripciones electorales, que no ha cambiado desde 1982). Y a eso an hay que agregar el papel figurativo/consultivo del parlamento, la sumisin de ste a un gobierno sustrado al aval electoral y el plebiscito de un individuo el presidente de la Repblica investido de poderes monrquicos.

El sistema produce dos efectos : a) La existencia de organizaciones partidarias consagradas al juego electoral, a fin de preservar o de aumentar las posiciones adquiridas polticas, morales y financieras. b) El nmero de abstencionistas, que no ha dejado de aumentar en los ltimos veinte aos, al punto de constituir la mayora del electorado, pero que no son contabilizados electoralmente. Esto tiene dos consecuencias comunes a todas nuestras democracias modlicas occidentales : 1. El bipartidismo que se afirma, en Francia, de eleccin en eleccin, muy probablemente consagrado en el prximo escrutinio; 2. Unos representantes electos, incluido el Presidente, minoritarios, y por lo mismo, y en buena lgica republicana, inhabilitados para ejercer funciones ejecutivas. En ambos casos, se ensancha todava ms el hiato, ya gigantesco, entre las elites y el pueblo.

Este cerrojo garantiza la dominacin de las potencias monopolistas, principalmente a travs de los medios de comunicacin bajo su control. Su asociacin (de bandidos) distribuye los papeles de la prxima contienda electoral.

Los postulantes/concurrentes

Son conocidas y vienen de lejos las manipulaciones que instalaron al frente del escenario electoral a la pareja Sarkozy/Royal. Se dira, pues, que hay que guardar ya duelo por la alternativa que habra podido oponrsele. Recordemos : consista sta en definir un programa autnticamente antiliberal, basado en la concentracin de las fuerzas sociales comprometidas con las luchas contra la constitucin europea, rechazada por ms de 60 % el 29 de mayo 2005, y contra el CPE (Contrato de Primer Empleo), proyecto que el gobierno tuvo que retirar bajo la presin de una movilizacin de masas. En lo tocante a la llamada revuelta de las banlieues (suburbios), a fines de 2005, no encontr en una izquierda, cuando no reticente, hostil, ni relevo ni portavoz. Se puede especular sobre las razones del fracaso, sin privarse, por cierto, de sealar a los culpables. Limitmonos a decir, ms directamente, que, frente al desafo de constituir la fuerza unitaria (inter- y extrapartidista) que se precisaba para una verdadera contestacin, el sistema sali ganando una vez ms.

Se trataba de coraje, de invencin, tal vez de aventura. Qu se vio en cambio? Las incoherencias de las AG (Asambleas Generales), sin base poltica comn, los reflejos de tendero y, tratndose del principal actor esa mayora del PS que haba optado por el NO, los bocones de Fabius a Emmanuelli y otros Montebourg (2) fundidos entre las brumas de un congreso de sntesis (Le Mans) sin asperezas doctrinales. Traidores ? Ms bien arrepentidos, testimonio de que la lgica de clase no haba sido para ellos ms que un recreo sin porvenir. Y el hombre de convicciones, Chevnement, vena, a su vez, a serenar su buena conciencia por un plato de lentejas. No quedaba sino el engendro de esa bruma, Mme. Royal, para federar a los fantasmas. Se volva as a las viejas cantilenas del voto til y del voto barrera, con las que se desgastaron generaciones enteras de militantes de izquierda, hasta la payasada de 2002.

Hiptesis

Hay pues que votar por Royal? Varias actitudes son posibles al respecto : la pinza en la nariz, la resignacin, el realismo, la confianza, la esperanza... Cules son los argumentos?

Se apela, con la aportacin inestimable de algunos filsofos autoconvocados como refuerzo aun sin tener mayor competencia en la materia que cualquier otro ciudadano, a la existencia de contradicciones en el interior del PS que podran hacer estallar su aparente unidad y sobre las cuales podran gravitar las fuerzas asociadas orientadas ms a la izquierda. No vale la pena recordar lo que se produjo, no hace mucho tiempo, con la muy peculiar Izquierda Plural(3), ni volver sobre las experiencias histricas, para formular algunas dudas sobre las capacidades actuales del PS. Este partido est perdiendo definitivamente su S para no representar ms que a los sectores medios superiores y a los cuadros (por ejemplo, entre los nuevos afiliados, hay un incremento de ms del 166 % en el Alto Sena, conurbacin residencial de las clases medias ricas, que poco tiene que ver con los pobres de los quartiers(4), mientras que un porcentaje importante de obreros votan al Frente Nacional (5). Aparece claro, pues, que la lnea Royal, an sin llegar a formar, como sugiere el cronista de La Stampa Cesare Martinetti, un ticket Sarkozy/Royal, estar ms cerca de Bayrou que de Buffet.(6) Para algunos, este anclaje derechista abrira la va para una izquierda radical, capaz de tener xito all donde los comits anti-liberales fracasaron. Con una audacia an mayor, y apoyndose en la analoga Royal/Sarkozy, que funcionaron, cada quin en su campo, como imanes capaces de atraer limaduras de toda laya, podra esperarse que con una fuerza de atraccin en declive, se diera una redistribucin de naipes.. en beneficio del centro derecha

Algunos datos

Ello es que nada en las proposiciones de la candidata (ni en el programa de su partido), o en sus intenciones ms supuestas que manifiestas , autoriza a pensar que Sgolne Royal pueda poner el menor coto a las polticas neoliberales. Al contrario, con ella se est consumando la transformacin de su partido, ya comenzada con la experiencia Mitterrand-Jospin, que embarc al pas por la senda de la mundializacin. En el mismo estilo que Sarkozy, liquidador de los ltimos restos de un gaullismo apenas preservado por Jacques Chirac. Mientras tanto, y dejando de lado los compromisos sociales inherentes a la verborrea electoral, no hay la menor garanta sobre dos cuestiones decisivas como son Europa y el conflicto rabe-israel, entre otras. Sobre la primera, en su lgica de votar S a la constitucin europea, Sgolne Royal no ha renunciado en absoluto a convocar, como proponen Angela Merkel o Jos Manuel Barrosso, una nueva consulta que anule la precedente. Si, por otra parte, puede decirse, como algunos han hecho, que en su viaje al Prximo Oriente en el que no tuvo reparos en dar su aprobacin a la construccin del muro de la verguenza en nombre de la seguridad de Israel Royal estuvo mal aconsejada, no puede menor de resultar seriamente inquietante la capacidad de Madame Yo quiero para ejercer la funciones del primer magistrado de Francia. Reincidi luego, sumndose a su rival Sarkozy en la expresin del deseo de acoger a Israel en el espacio de la francofona (a la espera de su ingreso en la Unin Europea), en la cena anual del CRIF (7).

El mal menor, pues ?

Podramos esperar dos efectos. El primero sera la ambicin de impedir que Sarkozy, al quien se presenta a la vez como un Bonaparte de va estrecha, una Sra. Thatcher o un Berlusconi, fuera capaz de transformar Francia o en una repblica bananera o en una colonia estadounidense o en una dictadura de los accionistas, a elegir. El peligro se agiganta a conveniencia, a fin de hacer ms llevadero el remedio. Pues lo cierto es que la diferencias de matiz entre los dos grandes candidatos, ya en lo tocante al proceso y al valor del trabajo (desde la flexibilidad y las deslocalizaciones hasta el desempleo y las jubilaciones), ya en lo que hace a la enseanza y la investigacin, o en lo tocante a la seguridad o a la poltica internacional, son milimtricas. Ciruga brutal o delicada, de cualquier modo hay que pasar por quirfano.

Con el segundo efecto se nos querra convencer de que, con todo y con eso, quedara una va abierta a la adopcin de medidas antiliberales, sociales, igualitarias y por qu no? superadoras del capitalismo. Pero, adems que no estamos en 1936, ni en 1981, el mtodo del avestruz nunca produjo buenos resultados, al menos en poltica. Est escrito en las pginas ms gloriosas de la socialdemocracia : la anestesia de los trabajadores y de los dominados, en general, es el precio que se paga por las credulidades sumisas. El mal menor, proyectado como bien deseado, parte de dos supuestos. Es el primero una representacin idealizada del PS, que lo toma por lo que ya no es, ni doctrinal ni sociolgicamente. Se suea con un Congreso de Tours al revs (8), y acaso con una substitucin PCF, cuando el triste estado en que este ltimo se halla, despus de la renuncia a su identidad, debera resultar suficientemente ilustrativo. La tentacin, favorecida por la perspectiva electoral, de dar crdito al PS es fuerte. El segundo supuesto imagina que los antiguos partidarios del NO formaran una base de apoyo para un reagrupamiento antiliberal, cosa que ellos mismos han rechazado explcitamente. O que un voto masivo a Royal ofrecera a los revolucionarios la posibilidad de alterar en un sentido positivo el socialiberalismo, olvidando que ya se crey lo mismo (y se hizo creer) en 2002 con el de 82 % de votos otorgado a Chirac frente al espantapjaros de un Le Pen agitado para asustar (9).

Si el deseo, en fin, y el placer de atravesarse en el camino de Sarkozy cuyo peligro no ofrece duda no son para nada ilegtimos y llevan a elegir el menor entre dos males, tambin se puede de todos modos preferir no estar enfermo...

Qu hay de recurrir a Jos Bov, apremiado a presentarse como candidato por los comits que desconfan de los partidos existentes? Es demasiado tarde; lo que est roto, roto est. Podra redundar en una ulterior dispersin de las candidaturas, lo que no hara sino reforzar el chantaje del voto til. El personaje, adems, para quien las revoluciones son antiguallas del siglo pasado (entindase el siglo XIX), no se pronuncia contra un acuerdo con el PS.

Qu hacer?

Porque ese es fondo del problema, la leccin de la coyuntura actual, que obliga a romper con las ilusiones tradicionales, rechazando el principio mismo de una alianza o de un compromiso con el PS, incluso en el caso de la victoria de ste. O dicho con otras palabras, la opcin Royal (y PS) es totalmente inadecuada a la situacin. No alimentemos quimeras que ocultan la realidad. Recordemos el peligro de la consagracin del bipartidismo, de la alternancia en el poder al estilo anglosajn entre dos aparatos, lo que significa como la clase meditico-poltica no ceja en pretender el fin de una confrontacin que anda ya coja, y aun de la distincin misma entre derecha e izquierda. Mientras que el sobredicho poder no obstante las repetidas fustigaciones declamatorias contra el golpe de Estado permanente (10) instaurado por la Constitucin gaullista se vera, una vez ms, arropado por los privilegios monrquicos de la funcin presidencial (inmunidad penal, opacidad financiera, dominio reservado) (11). Adase a eso otro atolladero, de una dimensin superior, excogitado por nuestros creyentes. Tiene que ver con lo que hay que calificar de exclusin poltica. Forzada o voluntaria, se solapa a menudo con la exclusin social. Convierte al cuerpo electoral en un tullido, en un organismo prcticamente invlido, tras sucesivas amputaciones: no inscripcin en las listas electorales, abstencin, sufragios en blanco o nulos, que vienen a aadirse a al llamado voto de protesta o testimonial, y en condicin de tal, constitucionalmente eliminado. Discriminacin y arbitrariedad campan aqu por sus respetos, habida cuenta de que el rechazo manifiesto al sufragio y la abstencin son perfectamente legtimos en otros escrutinios (en sindicatos, empresas y asociaciones). La utilidad del voto til no cobra su pleno sentido, sino en el contexto de ese voto intil que ha de disimularse con empeo. Mas, cualquiera que sea la forma en que se lo tome, cualesquiera que sean las motivaciones de los individuos, representa, en su principio, una reserva de honda contestacin al sistema: porque se trata de una afirmacin de rechazo de las reglas del juego impuestas y de los ostracismos y las confusiones que ellas traen consigo.

Elegir

Expresa el voto en blanco la voluntad de mantener las propias manos limpias, o la abstencin, la de dejar que las cosas sigan su curso? Desde luego que no, pero s la de mantenerse lo ms pegado a la situacin concreta de nuestros das, que llama, no hay que temer la expresin, a un sobresalto revolucionario. Lo que significa denuncia de un electoralismo pegadizo que reduce los derechos del ciudadano a las intermitencias de los escrutinios. Es preciso que llegue el momento en que la exclusin, lo intil, aparezcan como lo que verdaderamente son : una expresin poltica, no ms eclctica, despus de todo, que los votos anti-Europa. Desde luego que elegir esta opcin no anuncia por lo pronto un porvenir de trinos. Tampoco se trata de substituir al movimiento de masas. Es evidente que ese movimiento, sometido a los efectos conjugados de la degradacin de las condiciones de trabajo y de existencia, del incremento de las desigualdades, del condicionamiento meditico y del servilismo sindical, no est maduro para lanzar de manera concertada un proceso de cambio radical cuyas formas habrn de ser necesariamente inditas. Es acaso soar en el vaco negarse a creer que este pas ha sido domesticado al punto de abandonar la lucha de clases, que dio la impronta de originalidad a su historia?

La tarea de cada uno consiste, pues, en contribuir, por modestos que sean sus medios, y tratndose de intelectuales, slo con palabras que se han hecho inaudibles, a la toma de consciencia. Y en sostener, contra todos los consensos dominantes, contra todas las cleras, todas las revueltas que moldean nuestra sociedad.- 31 enero 2007.

NOTAS:

(1) 500 firmas de representantes electos (alcaldes, senadores, diputados) son exigidas para poder hacer acta de candidatura a la presidencia. //

(2) Dirigentesde la oposicin de izquierda del PS, que llamaron a votar No cuando el referendum sobre la constitucin europea, con el apoyo de una mayora de militantes socialistas, contra la direccin. //

(3) Nombre que se di, despus de la eleccin de Franois Mitterrand a la Presidencia de la Repblica (1981), a la coalisin PS, PCF, Verdes y Radicales de Izquierda. Los ministros comunistas terminaron por retirarse despus del viraje a una poltica de derecha (1983), sin ningn beneficio para su partido. //

(4) Designacin adoptada por el mundo meditico-poltico de los barrios suburbanos que estallaron a fines de 2005. //

(5) Jean-Marie Le Pen, presidente del Frente Nacional, declaraba ya hace algunos aos, que su partido contaba con el mayor nmero de obreros. //

(6) Franois Bayrou es el candidato de la UDF, formacin de centro-derecha, que se delimit de su alianza con la UMP; Marie-Georges Buffet es la candidata del PCF. //

(7) Se trata del Consejo Representativo de las Instituciones Judas de Francia, de obediencia abiertamente sionista, que pretende hablar en nombre de la comunidad juda del pas. A sus recepciones, se precipita toda la clase poltica, comenzando por el gobierno. //

(8) El Congreso de Tours (1920) protagoniz la ruptura entre los partidarios de las 21 condiciones leninistas, que fueron mayoritarios y formaron el PCF; mientras que los reformistas, minoritarios, dieron nacimiento al PS. //

(9) En las ltimas elecciones presidenciales, los socialistas, y todas las organizaciones de izquierda con ellos, llamaron a votar por Chirac, persuadidos que tendra en cuenta sus aspiraciones. //

(10) F. Mitterrand titul as uno de sus libros, cuando se encontraba en la oposicin. Lo hizo retirar una vez que fue elegido presidente. //

(11) As se denomina, desde De Gaulle, todo lo que concierne la poltica internacional.

Georges Labica , filsofo marxista, profesor emrito de la Universidad de Paris X (Nanterre), militante consecuente toda su vida, ha publicado numerosas obras. Es coautor del Dictionnaire critique du marxisme, y autor, entre otras obras, de Dmocratie et rvolution, de Friedrich Engels savant et rvolutionnaire, de Le marxisme-lninisme y Robespierre. Une politique de la philosophie (ste ltimo traducido al castellano por Joan Tafalla y publicado por Ediciones El Viejo Topo en 2005).

Traduccin para www.sinpermiso.info: Hugo Moreno





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