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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2007

EEUU, fuera de Irak

Editorial de La Jornada


Mientras la clase poltica estadunidense se enreda en elucubraciones sobre posibles maneras de no perder una guerra, que est perdida desde hace mucho tiempo, la violencia generada por la ocupacin extranjera en Irak sigue cobrando vidas a un ritmo aterrador.

La semana pasada la cifra de muertos fue de mil, incluidos los ms de 130 por el atentado del sbado 3 de febrero en una zona chita de Bagdad y los cerca de 30 causados ayer en bombardeos de represalia contra un barrio sunita y en otras acciones militares. En enero murieron, entre civiles y militares, ms de mil 800 iraques y 87 ocupantes. En los primeros cuatro das de febrero las tropas de Washington perdieron 13 efectivos.

Tanto en lo poltico como en lo militar, el gobierno de George W. Bush se encuentra ya totalmente perdido en el teatro de operaciones. En Estados Unidos, la oposicin mayoritaria a la persistencia de la ocupacin se manifest en forma contundente el fin de semana antepasado, cuando una multitud de ms de cien mil personas se dio cita en los alrededores del Capitolio para exigirle al Congreso que incida en una pronta retirada de las fuerzas estadunidenses en Irak. El nico aliado de importancia que le queda a la Casa Blanca en el extranjero, el primer ministro Tony Blair, ha cado a extremos abismales de impopularidad, no slo por su empecinamiento en acompaar a Bush hasta el fin en el desastre iraqu, sino tambin por las investigaciones acerca de financiamientos polticos ilegales recibidos por el Partido Laborista.

Por su parte, la resistencia nacional de Irak, lejos de debilitarse por efecto de los brbaros e indiscriminados ataques lanzados por las fuerzas areas y la artillera terrestre de los ocupantes, parece fortalecerse y multiplicar su poder de fuego. As lo indica el dato de que en los pasados 15 das Estados Unidos ha venido perdiendo helicpteros a un ritmo de dos por semana, cuatro en total en el periodo, y ms de cincuenta desde mayo de 2003, por accin de las armas antiareas de los insurgentes. Por lo dems, la capacidad de la inteligencia militar de los agresores se ve severamente cuestionada por un asunto que cae en el terreno de lo tragicmico: Abu Ayu Al Masri, el hombre al que Washington considera el principal dirigente de Al Qaeda en la nacin invadida, se encuentra preso desde hace aos en una crcel egipcia, segn lo sealan familiares del propio Al Masri en una carta publicada por el diario cairota Asharq Al Awsat.

La Casa Blanca argumenta que no sera procedente el retiro de sus efectivos antes de que se logre poner fin a la violencia atroz desatada por la invasin de 2003. El alegato deja de lado que la presencia de los estadunidenses es el principal factor de confrontacin en el territorio iraqu y que, a estas alturas, la nica forma que tendra el gobierno de Washington para colaborar en la pacificacin de Irak sera sacar de all a sus tropas.

El ms elemental sentido de humanidad, la ms bsica nocin geopoltica y hasta el clculo poltico ms rampln y pragmtico indicaran la pertinencia, por no decir la urgencia, de que las fuerzas de ocupacin sean retiradas de Irak. Pero Bush parece tener una razn poderosa, adems de la soberbia personal, para perpetuar la carnicera: su lealtad a la mafia poltico-empresarial y al complejo industrial-militar de Estados Unidos, los cuales han venido realizando negocios esplndidos con un costo "colateral" de centenas de miles de vidas y con cargo a los bolsillos de los contribuyentes desde el inicio mismo de la agresin blica contra los iraques.



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