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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2007

El duque y el ladrn de gallinas

Frei Betto
Alai-amlatina


El Duque de Charolais (1700-1760), noble francs, al regresar de una cacera vio a un hombre que, desde su casa, observaba el movimiento de la calle; quizs porque aquel da los animales le haban desviado la puntera, Charolais coment con su cochero: "Veamos si le atino en aquel cuerpo". Apunt y mat al desconocido.

Al da siguiente el asesino pidi clemencia al Duque de Orlans. Este le advirti: "Seor, la indulgencia que solicitis se debe a vuestra distincin y calidad de prncipe de sangre; ella os ser concedida por el rey (Lus XV), pero se le conceder mejor todava a quien haga lo mismo con vos".

La impunidad es una prerrogativa de quien tiene poder. Esa es una regla brasilea. Aqu, los Duques de Charolais son reiteradamente indultados por el mismo Poder Judicial que se muestra implacable con los pobres. Nuestras leyes fueron hechas para atenuar los crmenes de los Charolais; nuestro sistema penitenciario, para castigar inmisericorde a quien roba una lata de margarina o es sospechoso de mezclar cocana en el bibern del beb, aunque la acusacin haya sido rebatida por el informe pericial.

Los polticos se apropian de los recursos pblicos; los diputados se hartan de enmiendas parlamentarias; los suplentes se embolsan, en menos de un mes, el equivalente a 210 salarios mnimos; los elegidos ensean a las empresas a burlar al fisco va triangulacin en el exterior. Porque, investidos de mandato federal, permanecen impunes hasta tanto sean juzgados por el STF que nunca envi a un diputado federal a la crcel. Con un desprecio cnico hacia los electores, los partidos adoptan una postura connivente con los acusados, sin expulsarlos de sus filas y ni siquiera impedir que sean desaforados.

Qu se va a esperar de las nuevas generaciones si un importante periodista asume que asesin a su enamorada por motivo torpe y la condena ni siquiera le restringe la libertad? Un banquero comete una estafa por US$ 14 mil millones sobre sus cuentacorrentistas y la Justicia le autoriza a disfrutar de su suntuosa mansin. Un accidente areo mata a 154 personas y nadie va a la crcel. Se abre un crter en las obras del metro de So Paulo, tragndose a varias personas; se rompe el dique de una explotacin minera, contamina ros y arrasa ciudades de Minas Gerais; se agrietan autopistas y la culpa es de las lluvias, sin que ninguna persona sea responsabilizada y apresada.

Podran multiplicarse los ejemplos. Bien conocen el lector o la lectora otros tantos casos. La Polica Federal hace su trabajo de investigacin y detencin, el Ministerio Pblico acta en defensa de la ley, pero el Poder Judicial, supremo intrprete del queso suizo de nuestra legislacin penal, siempre encuentra los agujeros por los que se cuelan los ratones impunemente. As, el joven se pregunta: vale la pena ser honesto? En vez de virtud y deber, la honestidad se transforma en vergenza y humillacin.

Felizmente hay muchos en el Poder Judicial con sentido de justicia. Y con buen humor. Es el caso del juez Ronaldo Tavani, de la Comarca de Varginha (MG), que en Carmo da Cachoeira concedi la libertad provisional a un hombre capturado en flagrante hurto de dos gallinas y que le pregunt al comisario: "Desde cundo el hurto es crimen en este Brasil de bandidos?"

He aqu la sentencia del magistrado:

"El da cinco de octubre / del ao todava en curso, / en Carmo da Cachoeira, / tierra de buena gente, / ocurri un hecho indito / que me dej desconcertado./ El joven Alceu da Costa, / conocido por "Rolinha", / aprovechando la madrugada, / resolvi salir de lo normal, / sustrayendo a otro / dos sabrosas gallinas.

Agarrando un saco plstico / que all mismo encontr, / el agente muy experto/ escondi lo que rob, / dejando el lugar del crimen / del mismo modo como entr. El seor Gabriel Osrio, / hombre de mucha prudencia, / notando que haba sido / vctima del grave acto, / recurri a la autoridad / para relatarle el hecho. / Ante la noticia del crimen, / la polica diligente / se hizo cargo de los pesares de Osrio / y form una patrulla / con un cabo y dos soldados / y quin sabe si tambin un teniente.

As es cmo el aparato / de la Polica Militar, / atendiendo a una orden expresa / del delegado titular, / no pens en otra cosa / sino en capturar. / Y despus de algn trabajo / el lpero fue encontrado / y fue capturado en un bar. / No opuso resistencia, / siendo conducido entonces / ante el comisario. / Preguntado por el hurto/ que haba cometido, / respondi Alceu da Costa, / bastante extrovertido: / "Desde cundo el hurto es crimen / en este Brasil de bandidos?" /

Ante tan fuerte argumento / se call el comisario, / mas por deber de su cargo / el capturado fue encerrado, / yendo a prisin / aquel pobre hombre. / Y hoy, despus de un mes / de dictado auto de prisin, / me llega a las manos el informe / que me parte el corazn. / Suelto o dejo preso / a ese msero ladrn? Soltarlo es una decisin / que prohbe nuestra ley / pues todos saben que la ley / es para el pobre, el negro y la puta... / Por eso le pido a Dios / que dirija mi conducta.

Es muy justa la leccin / del padre de estas Alturas. / No debe quedar en prisin / quien hurt dos gallinas, / si no estn tambin presas / personas mucho ms culpables. / De esta forma es que concedo / a ese hombre simpln, / con base en el CPP, / la libertad provisional, / para que vuelva a su casa / y pase a vivir en la gloria.

Se hace un hombre honesto / y sale de ese camino, / que permanezca en Cachoeira / al lado de su familia, / debiendo, por el contrario, / cambiarse para Brasilia".

(Traduccin de J. L. Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de "Alfabetto - autobiografia escolar" (tica), entre otros libros.



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