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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2007

La intervencin etope en Somalia: mirando atrs en la historia

David Gonzlez
Sodepaz

Editado por el Centro de Estudios sobre frica y Medio Oriente (La Habana)


Aunque tras la reciente intervencin etope en Somalia se mueven intereses globales, sus motivaciones primarias responden a arraigados intereses histricos etopes que no se pueden pasar por alto.

Aunque tras la reciente intervencin etope en Somalia se mueven intereses globales, sus motivaciones primarias responden a arraigados intereses histricos etopes que no se pueden pasar por alto.

A lo largo de la milenaria historia etope, desde tiempos del Reino de Axum, las amenazas a la seguridad del estado establecido llegaban por va martima, provenientes del norte, sobre las costas y tierras bajas de lo que hoy es Eritrea. Despus del advenimiento del Islam, que liquid los reinos cristianos de Nubia, la frontera noroeste con lo que hoy es el Sudn se volvi muy sensible.

Sin embargo, Etiopa nunca se sinti realmente amenazada desde las direccioneseste y sudeste hasta el empuje colonial, ingls e italiano, desde el Golfo de Adn y el Ocano ndico, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Las poblaciones que habitaban los extensos territorios al este y sudeste de Addis Abeba, en su mayora oromos, nunca haban dado muchos problemas y reconocan algn tenue sometimiento al poder central amrico casi siempre mediante el pago de tributo. Las fronteras del reino no eran fijas, y ms bien se iban desdibujando en la medida en que se adentraban en el desierto del Ogadn, adonde en determinada poca del ao las tribus nmadas somales que poblaban territorios ms cercanos a la costa iban desde siempre a pastar sus rebaos.

Todo esto cambi cuando el Emperador Menelik II percibi que los europeos hacan avanzar sus tropas desde la costa en direccin al Ogadn para fijar fronteras que patentizaran la ocupacin efectiva de los territorios africanos segn dictara la Conferencia de Berln de 1885-1886. Comprendiendo la amenaza, Menelik envi a sus legiones para hacer frente a la penetracin, y justo en el sitio en que toparon los ejrcitos adversarios se fij la frontera definitiva de Etiopa con las Somalia italiana y la Somaliland inglesa. La primera consecuencia de ello fue que amricos y tigrios pasaron a ser minora dentro de las nuevas fronteras del reino etope, que perdi la costa eritrea a manos de Italia. La segunda fue que los somales se sintieron desmembrados y despojados de sus tradicionales territorios de pastoreo.

Pero, dentro de Etiopa, las amenazas y presiones del exterior indujeron al emperador a buscar la coexistencia entre etnias y religiones diversas, sobre todo ahora que cristianos y musulmanes, sumaban cifras ms o menos iguales dentro del reino. Esto fue facilitado por el hecho de que Menelik II fue el primer emperador proveniente de Shoa, provincia central etope muy mestizada tnicamente y diversa desde el punto de vista religioso. Ese fue un factor que le facilit derrotar en Adua, en 1896, el intento italiano de colonizar todo el pas, con lo cual Etiopa -nico caso en frica- conserv su independencia poltica en aquella coyuntura.(1)

Por breves que fueran los decenios de ocupacin colonial efectiva, estos crearon realidades diferenciadoras en cada territorio, de modo que tanto la reincorporacin de Eritrea a Etiopa en 1956 como la unificacin (negociada entre lites) de las antiguas Somaliland inglesa y Somalia italiana en 1960 fueron incmodas y efmeras.

Tanto el gobierno de Mengistu como el de Siad Barre no solo fracasaron en sus intiles afanes por -respectivamente- conservar intactas las fronteras del viejo rgimen etope y reunificar territorios ancestrales somales (que la llevaron a invadir el Ogadn en 1964 y 1977), sino que estos provocaron adems peligrosos estallidos nacionales en el trnsito del decenio de los 80 a los 90 en una zona de fronteras sensibles: ambos pases quedaron sumidos en encarnizados conflictos internos que conmovieron a ambas naciones y ms all de sus fronteras.

Etiopa consigui resurgir del caos pero reducida en dimensiones y sin costas, y con un gobierno centrado en la minora tigria, lo que retrotrajo al pas a la situacin de fines del siglo XIX. Eritrea logr su independencia, pero afectada por el aislamiento internacional y por antagonismos fronterizos con Etiopa. Somalia se desmembr en sus partes originales, con un norte (Somaliland) pacfico pero sin reconocimiento internacional, y un sur desprovisto de gobierno central y sumido en la anarqua desde 1991. En los tres ltimos lustros, el Cuerno Africano ha sido la regin ms voltil del frica, con una paradoja especial: la desmembrada Somalia es (en su etnia, su lengua y su religin) el pas ms homogneo de frica, al tiempo que las enfrentadas Etiopa y Eritrea tienen una composicin tnica muy similar, y proporciones casi idnticas entre cristianos e islmicos -divididos a partes iguales en ambos pases.

Mientras Etiopa y Eritrea iniciaban peridicamente hostilidades, la comunidad internacional se preocupaba solo en determinados instantes por devolver la paz y el orden a Somalia. El estrepitoso fracaso de la Operacin "Restauracin de la Esperanza" condujo en 1994 al rpido retiro de las tropas de la ONU y de toda atencin internacional. En los convulsos aos que siguieron, no hay que olvidar la derrota de combatientes islmicos en el poblado somal de Luuq (1996) a manos de fuerzas etopes, los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar-Es-Salaam (en 1998, reivindicados por Al Qaeda, y cuyos autores, segn Washington, podan refugiarse en Somalia) y el conflicto fronterizo Etiopa-Eritrea (1998-2000). El gradual encarnizamiento de las relaciones con Eritrea ha conducido incluso a muchos analistas a interpretar hoy la intervencin etope en Somalia desde ese ngulo.

Ms avanzado en el nuevo milenio, la fijacin de la administracin Bush con Al Qaeda a raz del 11 de septiembre volvi a poner a Somalia en la mirilla de Washington. Los Estados Unidos parecieron al borde de una nueva intervencin, alimentados por informacin de inteligencia etope que tenda a exagerar el "peligro somal" como real o potencial refugio del llamado "terrorismo islmico"(2). Pero la intervencin no tuvo lugar, y el problema qued en manos de la organizacin regional, la IGAD, que tras catorce largas series de negociaciones entre los distintos clanes y seores de la guerra consiguieron componer un gobierno provisional generalmente aceptado por todas las partes en pugna.

Pero el problema sobrevino cuando se trat de mudar al gobierno provisional somal de Nairobi (donde fue compuesto) a Mogadiscio. A lo largo de las negociaciones, y como consecuencia sobre todo de los renovados enfrentamientos entre los jefes de clanes y los seores de la guerra en procura de mejor posicionamiento para las tajadas que se repartan del gobierno provisional, un nuevo poder haba ido ganando fuerza en el terreno dentro de Somalia: las llamadas cortes islmicas, de bastante popularidad en tanto lograban pacificar, poner orden y suministrar servicios a una poblacin civil harta de la guerra. De hecho, los seores de la guerra y los jefes de clanes haban perdido el poder en el terreno en la mitad sur del pas a mano de las cortes islmicas.

El gobierno provisional, establecido precariamente en Baidoa, a medio camino entre Mogadiscio y la frontera etope, y apoyado apenas por las magras fuerzas militares de algunos jefes de clanes, comenz a negociar con las cortes, con la esperanza de llegar a alguna forma de reparto de poder, pero varias rondas de negociaciones no produjeron resultados. Adems, las fuerzas del gobierno provisional a menudo entraban en conflicto entre s, y no podan hacer frente con efectividad al avance de las cortes, de modo que en el verano pasado, Etiopa comenz a introducir soldados en Somalia con la idea de apuntalar al gobierno provisional y proteger su propia frontera, aunque arguyendo que solo se trataba de unos pocos centenares de asesores militares. No obstante, en respuesta a esa presencia, algunas figuras de las cortes islmicas amenazaron -una vez ms en la historia- con "liberar" las zonas de Etiopa pobladas por somales y sublevar a todos los musulmanes etopes. La prensa norteamericana filtr la informacin de que el Premier etope habra dicho a funcionarios norteamericanos que sus fuerzas podan barrer a los islamistas "en una o dos semanas". Las cosas subieron de tono, sobre todo luego que funcionarios de la ONU aseguraran que en Somalia haba unos 2,000 soldados de Eritrea, a los que se estaban sumando cada vez ms "combatientes irregulares" de Yemen, Egipto, Siria y Libia, y que su intencin era "convertir a Somalia en el tercer frente de la Guerra Santa, despus de Irak y Afganistn"(3).

Al margen del grado de legalidad internacional o de popularidad interna de que pudiera disfrutar el gobierno provisional somal, y del grado de arraigo que hubieran podido conseguir las Cortes Islmicas en el terreno, el gobierno de Addis Abeba poda tener razones para sentir intranquilidad ante amenazas formuladas por fuerzas hostiles en buena parte de su periferia y que son muy similares a las que en el pasado aislaron a la nacin etope y desencadenaron enfrentamientos muy costosos para el pas. Recordemos que la relativa tranquilidad alcanzada en las relaciones entre cristianos e islmicos dentro de Etiopa, no excluye conflictos localizados.

Tampoco puede olvidarse que el actual gobierno etope tuvo su origen en un movimiento enraizado en el Tigray, no solo la regin originaria de la cultura, la lengua y la religin cristiana etopes, sino tradicionalmente la ms expuesta a los embates de los adversarios extranjeros, y tambin aquella en la que radic el poder del imperio desde tiempos inmemoriales y hasta hace poco ms de un siglo, por ser la cuna de casi todos los emperadores etopes. Valdra la pena repasar, precisamente en el momento actual, las circunstancias en que el poder pas de la nobleza del Tigray a manos de la nobleza de Shoa en aquel entonces.

El emperador Yohannes, que sera el ltimo de origen tigrio, haca frente a una difcil situacin internacional como consecuencia de las apetencias imperiales europeas, estimuladas por la reciente Conferencia de Berln, y tambin por losavances de las fuerzas islmicas mahdistas que haban lanzado una "guerra santa" contra Etiopa y, procedentes del Sudn, avanzaban en el Tigray. Yohannes consigui derrotar a los mahdistas en la batalla de Metemma en 1889, pero al costo de su propia vida y de la devastacin material y poltica del Tigray, que fuera teatro de los enfrentamientos(4).

Pero la historia no solo nos lega pasajes que nos facilitan a veces la interpretacin del presente y la previsin del futuro. Tambin nos lega en ocasiones un cmulo de problemas a desenredar y resolver. Y en ese sentido, la guerra en curso pudiera estar recordndonos que todo el Cuerno Africano es hoy un activo laboratorio poltico donde se estn retrazando fronteras y rediseando formas y relaciones de poder. Todo ello nos aconseja suma prudencia al interpretar los acontecimientos y, sobre todo, al sealar crticas o atribuir culpas entre sus actores del Cuerno Africano.

Referencias:

(1) Gonzlez, D.: Etiopa, la oposicin contrarrevolucionaria, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1987, p. 41-45.

(2) Gonzlez, D.: "Somalia en la mirilla", Problemas actuales de frica y Medio Oriente: Una visin desde Cuba, CEAMO-CLACSO, 2003, p. 53-76.

(3) Gettleman, J.: "Ethiopia Hits Somali Targets, Declaring War", The New York Times, 12-25-06

(4) Gonzlez, D.: Etiopa, la oposicin contrarrevolucionaria, p. 40-41

http://www.sodepaz.net/modules.php?name=News&file=article&sid=3803



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