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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2007

Actualidad de Mandeville
Cmo el mercado convierte los vicios privados en pblicas virtudes

Andrs Herrero
Rebelin



En su investigacin moral sobre la naturaleza de la sociedad y de los hombres, Mandeville (1670-1733) asume la tesis de Hobbes (1588-1679) de que el hombre es un lobo para el hombre, y sus conclusiones, son recogidas y desarrolladas ampliamente despus por Adam Smith (1723-1790), idelogo del liberalismo e inspirador del sistema econmico que impera actualmente en el mundo.

Como mdico importante, amigo y protegido del canciller de la corte inglesa, Mandeville haba recibido una slida formacin cientfica y una educacin pragmtica, que haca de la experiencia la fuente de todo conocimiento <para conocer el mundo, debemos estudiarlo. Nuestro saber es a posteriori, y tenemos que razonar basndonos en los hechos>.

Hechos que demuestran de manera incontestable, que los vicios privados de los individuos, constituyen la principal fuente de riqueza de la sociedad:

<Nos ganamos la vida suciamente, gracias a la gula y la codicia ajena. No existe profesin ni comercio sin engao. El lujo d trabajo a un milln de personas, y el orgullo a un milln ms. Ambicin y vanidad, son los grandes promotores de la industria.

La mejor de las virtudes, necesita la asistencia del peor de los vicios. Si todos bebiramos lo que necesitamos, o comiramos solo lo que nos sienta bien, la economa no prosperara. Las tabernas contribuyen sin duda a la embriaguez y embrutecimiento de la gente, pero los impuestos provenientes del alcohol suponen una parte considerable de la renta nacional, sin olvidar la que aporta el cultivo de la malta y el trabajo que su comercio proporciona a destileras, taberneros, carreteros....

Igualmente, la soberbia y el afn de sobresalir, han edificado ms escuelas y hospitales que todas las virtudes juntas. Las universidades, son los mejores mercados para comprar la gloria y la inmortalidad, con poco mrito. Sus mecenas y benefactores saben que la medida de las honores y alabanzas que se les prodigarn, irn en proporcin a la cuanta de la donacin que realicen. Los vicios son la condicin de la prosperidad y riqueza de una nacin. Las virtudes pueden hacer buena a una nacin, pero nunca grande. El bien emerge del mal, como los polluelos de los huevos. Querer grandes beneficios sin grandes vicios, es vana utopa. No se puede gozar de lo bueno, sin participar de lo malo>.

No hay escapatoria. El hombre es un ser corrupto por naturaleza, y sus vicios son el man de donde brota toda riqueza. El Mercado (entendido como negocio) se impone, las leyes sustituyen la falta de moralidad, y es la habilidad de los gobernantes (los buenos polticos son para el cuerpo social, lo que los buenos mdicos para el cuerpo humano), la encargada de convertir esos defectos en prosperidad.

Mandeville reduce al individuo a un conjunto de egosmos, pasiones y apetitos, que hacen imposible la virtud, ya que cualquier acto que realice, lo har impulsado por su propio inters, placer y conveniencia, dado que <es imposible para el ser humano, tener mejores deseos para los dems, que para s mismo>.

Y puestos a ser malos, mejor viciosos y gozando de opulencia, que no llenos de bondad y nadando en la miseria. Ser prcticos, no hace falta decirlo, constituye para Mandeville la virtud suprema, por no decir la nica. Mandeville defiende los vicios que considera tiles, los que mueven la economa, crean trabajo y hacen florecer los negocios, y no los lesivos, como destruir propiedades, asesinar o robar, precisando que <solo los vicios que se convierten en delitos, deberan ser castigados>.

El mal es todo aquello que atenta contra el orden social. Lo bueno coincide con lo til, y se cuantifica en trminos econmicos. Si a mayor vicio, corresponde mayor bienestar, la sociedad ms viciosa, ser la mejor; aunque como acertadamente le respondi Hume (1711-1776): <si es el vicio el que produce todo lo bueno, entonces no puede tratarse de vicio, sino de virtud>.

Aunque Mandeville sostiene que cada persona es para s misma el bien ms grande, no por eso deja de reconocer que, en un momento dado, puede haber otros bienes que le interesen ms que su propia vida; como sucedi con su compatriota Toms Moro (1478-1535), que llev su amor a la verdad y a la libertad de conciencia hasta sus ltimas consecuencias, perdiendo su cabeza en el patbulo. Ni todos los actos buenos se cometen por malas razones, ni todo lo que le favorece a uno, tiene porque repercutir de forma negativa sobre los dems. El bien y el mal no son categoras absolutas, y hasta el mismo Mandeville admite que <el valor en un asesino es nefasto y la inteligencia en un malvado, inconveniente>.

Luego si no todo es bueno, tampoco todo ser malo en el hombre. El hombre forma parte de la naturaleza, y preguntarse si es bueno o malo, equivale a preguntarse si la naturaleza lo es. Una cosa es que la naturaleza no sea un hada bienhechora, y otra muy diferente que sea una madrastra, aunque seamos los seres humanos los que atribuimos significados a acciones para ella indiferentes. Vida y muerte tienen el mismo valor para la naturaleza y se equilibran mutuamente entre s, haciendo del universo un juego de suma cero; realidad que confirma Mandeville:

<Sea la lluvia o el sol, ninguna de las cosas creadas es una perpetua bendicin, ni tampoco hay ninguna virtud o cualidad, que sea buena en todas las situaciones y circunstancias.

Lo que para unos es calamitoso para otros resulta delicioso. No existe nada tan perfectamente bueno que no resulte perjudicial para nadie, ni tan malo que no resulte beneficioso para alguien. Las cosas solo son buenas o malas en relacin con otras.

Desde el punto de vista de la naturaleza, ni morir es un mal, ni vivir un bien.

Cuando calificamos las acciones de los hombres como buenas o malas, lo hacemos considerando solamente el dao o beneficio que de ellas recibe la sociedad, y no el que reporta al que las realiza. La recompensa que recibe el hombre por ejecutar una accin meritoria, se reduce al placer de hacerla. La virtud tiene en su ejercicio, su propia recompensa>.

Pero con eso se queda, si luego resulta que no sirve para nada. Mandeville no se priva de proclamar que la prctica de la virtud, no es posible en lo personal, ni conveniente en lo social; que la sencillez y moderacin no solo no nos aportan ninguna de las cosas buenas de este mundo: comodidades, riqueza, poder, xito y honores, sino que al contrario, nos impiden disfrutar de ellas. La virtud tiene para l una connotacin negativa <la frugalidad es una virtud hambrienta>, lo que le lleva a manifestar, que en ningn sitio se nota ms su ausencia, ni ms escandalosa resulta, que en el comportamiento de los profesionales de la fe:

<En ninguna parte encontr costumbres ms austeras, ni desprecio ms grande por los placeres terrenales que en las rdenes religiosas, donde la gente renuncia al mundo y se aparta de l por propia voluntad. El problema es que no es sino una hipcrita farsa; que el amor de que hacen gala no es otra cosa que discordia, y que entre ellos proliferan la envidia y maledicencia, si no la glotonera, la embriaguez y otras flaquezas todava ms execrables que el mismo adulterio. Y en lo que hace a las rdenes mendicantes, que han hecho voto de pobreza, en nada, salvo en sus hbitos, se distinguen de los mendigos, a la hora de engaar a la gente con sus tonos lastimeros y la ostentacin de su miseria, aunque tan pronto como estn fuera del alcance de la vista, abandonan su beata gazmoera y dan rienda suelta a sus verdaderos apetitos.

Las virtudes no son ms que el resultado que la adulacin produce en el orgullo. El orgullo nos hace creer que tenemos cualidades superiores a las que en realidad poseemos, y considerarnos mejores de lo que en realidad somos. Si la humanidad no se deleitara con las alabanzas, no habra mrito alguno en negarse a escucharlas >.

La virtud sera la autopelota que el hombre se hace a s mismo. Ms no conforme con denunciar toda virtud como una impostura, Mandeville equipara a la autntica virtud con la renuncia. La virtud segn l, consistira en desprenderse de lo que uno ms aprecia o necesita, y sera algo as como el estrellato, una meta difcil, por no decir imposible de alcanzar. Cuando realmente la virtud no puede basarse en la negacin de la naturaleza humana, al igual que no debe hacerse de la represin o de la necesidad, virtud.

Es obvio que dormir en un mal colchn, no lo vuelve a uno mejor que dormir en uno bueno, y que ser virtuosos no consiste en sustituir el sexo por la devocin. Como tampoco la honradez se debe interpretar como la autocontencin de las ganas de robar, o el ser pacficos, como la capacidad de sobreponerse a las tentaciones de asesinar al prjimo. Tanto el egosmo como el sexo o el orgullo, constituyen tendencias naturales totalmente legtimas, ni buenas ni malas, que cumplen su funcin, y que en su justa medida resultan tiles, pero que exacerbadas, se vuelven patgenas y peligrosas. Nadie en su sano juicio se atrevera a decir que los conejos son malos, pero introducidos por el hombre en Australia, se convirtieron en una plaga. El problema no radica en que el ser humano posea orgullo, sino en como se manipula ste, volvindolo como un arma contra s mismo y sus semejantes. Mandeville facilita al respecto, unas cuantas recetas de probada eficacia:

<El orgullo no puede ser destruido, pero s gobernado. Esa falsa estimacin propia, alimentada interesadamente por la sociedad, es la que nos lleva a tratar de aparentar y demostrar lo que valemos.

Por eso, resulta fcil hacer creer a los hombres, cualquier cosa que se diga en su favor, y no existe hombre invulnerable a la adulacin. Lo que uno diga en alabanza de una ciudad, todos sus habitantes lo escuchan con placer. Elogiad las letras y os ganaris la gratitud de todos los escritores.

El que nos importe tanto la opinin de los dems, procede de la alta estima en que nos tenemos. Si queris hacer fuerte y opulenta a una sociedad, tenis que excitar sus pasiones, sus deseos; despertad en el hombre el orgullo y esclavizarlo por medio de l. Dividid la tierra, aunque la haya sobrante, y el afn de poseerla despertar su codicia.

La sed de fama, inflama el corazn de los hroes. Antes preferirn perecer que pasar por cobardes; por eso, rendir honores a los muertos, es el mtodo ms seguro para engatusar a los vivos. Decidles que los que ms valen, son los que desafan el peligro, y los ms orgullosos, llegarn a imaginar que sienten el valor palpitar en sus pechos, confundiendo el orgullo con el valor y superando as su temor a la muerte. Lo de menos en un oficial es el vigor; la esperanza del ascenso y el afn de emulacin, sern en un momento dado ms valiosos que toda su fuerza corporal.

La vanidad de los simples soldados, ha de explotarse al precio ms bajo posible, pues son muchos. Poned plumas en sus cascos, enviadlos a combatir en nombre de la patria, y pensando en la gloria de caer en el campo del honor, no dudarn en luchar hasta el fin, antes que incurrir en el desprecio de sus compaeros. Cualquier msero labriego que se pone la casaca roja, creer de buena fe a todo el que le llama caballero, aunque lo desmienta el trato que le dispensan los oficiales, la mezquina paga que recibe por correr toda clase de peligros, y el poco caso que se le hace cuando quede mutilado o ya no son necesarios sus servicios. Un hombre puede creerse virtuoso porque sus pasiones estn adormecidas, pero las pasiones solo pueden vencerse con otras de mayor fuerza. Nada hay de lo que un hombre no pueda ser enseado a avergonzarse. La vergenza, el temor al rechazo y desprecio de la sociedad, se utilizan para sofocar sus apetitos. La recompensa por reprimirlos, en vez de dejarse dominar por ellos, es la aprobacin de los dems.

El amor de las madres a los hijos es una pasin, pero como toda pasin puede ser superada por otra pasin que satisfaga el amor propio ms que el amor a la descendencia. La misma mujer que destruye a su hijo de soltera, si se casa, cuidar tiernamente de sus retoos. Las prostitutas casi nunca los destruyen, porque han perdido el pudor, y la condena pblica no les hace efecto>.

Falla la virtud, falla el hombre y falla su naturaleza. Lo que triunfa es el vicio; a falta de virtud, la voluptuosidad es la que manda <los hombres de condicin superior tienen como preocupacin mxima el refinamiento de su placer> y lo nico bueno de ellos, procede del exterior, del condicionamiento social recibido:

Que individuo no ha encubierto alguna vez sus flaquezas? Todas las excelencias de los hombres son adquiridas. La educacin es la forma de disimular las imperfecciones humanas y ocultar nuestros apetitos. Las buenas cualidades del hombre son el resultado del arte y la educacin; nada civiliza ms a los hombres que sus temores. Son malos quienes no han sido adiestrados, como son ingobernables todos los caballos que no han sido domados.

La amabilidad, la cortesa y los buenos modales sirven para ocultar el orgullo. La modestia permite hacer creer a los dems, que el aprecio que sentimos por ellos, excede al que nos profesamos a nosotros mismos, y por eso, cualquier manifestacin de orgullo resulta ofensiva e inconveniente para los dems.

Cualidades como la benevolencia, la amabilidad, o la simpata, el individuo las pone en juego tan solo para ganarse el favor de sus semejantes. Un hombre comienza a ser una persona tolerable, cuando para satisfacer su pasin, se conforma con algn mezquino equivalente, pero el hombre jams rompe con sus vicios, excepto los que se oponen a su propia naturaleza>. Mandeville asume que la codicia abunda ms que la generosidad; que la rivalidad predomina sobre la cooperacin. Por supuesto, que lo que cada persona haga es cosa suya, aunque si los materiales son defectuosos, difcilmente la obra ser buena. Mandeville considera que el hombre es un animal sociable, solo porque est domesticado, entendiendo por sociabilidad, gobierno, temor y disciplina, puesto que <la tarea del poltico es civilizar a la sociedad, porque la naturaleza ha destinado al hombre a vivir en sociedad, como a las uvas a convertirse en vino>.

Lo ms valioso del hombre son sus logros y conquistas materiales, de ah que para Mandeville la mayor felicidad posible, si no toda, resida en las cosas mundanas:

<Yo llamo placer, no a las cosas que los hombres dicen que son las mejores, sino a aquellas que ms parecen complacerles.

El dinero conviene a todos los estados y condiciones; no solo vale para comprar los honores, sino que constituye un honor en s mismo. Cualquier honor sin riqueza en que apoyarse, es un peso muerto.

El dinero es el mejor remedio contra la pereza y la obstinacin, y el que con mayor presteza obliga a los individuos ms orgullosos a rendir homenaje a sus superiores. Nada resulta tan seductor y embriagador como el dinero. El dinero no solo es un acicate que incita a los hombres al trabajo y les hace amarlo, sino que los consuela de sus fatigas y dificultades>.

El bienestar material es lo que ms se aproxima la felicidad. La felicidad la proporciona la riqueza y gratificacin de los instintos, ms que la satisfaccin de estar en paz con los dems y de acuerdo consigo mismo. El problema del gnero de felicidad propuesto por Mandeville, es que no puede alcanzarse sin un monstruoso coste humano. Argumenta el ensayista ingls lcidamente, y no se equivoca, que el sacrificio de los pobres, constituye la condicin indispensable para la prosperidad y grandeza de la nacin, o lo que es lo mismo, para el disfrute de los ricos. El que los organismos superiores se nutran de los inferiores, forma parte del orden inmutable de la existencia: <Igual que los animales no trabajan, nada es ms natural con el curso de las cosas, que unas criaturas vivan a costa de otras.

La mayor riqueza es poseer una multitud de pobres laboriosos. Sin ellos, no podran existir los placeres de una gran nacin; de ellos derivan todas las comodidades y bienes, y hay que procurar su multiplicacin, del mismo modo que se previene la escasez de provisiones.

Igual que se debe impedir que el pobre pase hambre, conviene evitar que pueda ahorrar. El inters de la nacin exige que los pobres gasten todo lo que ganen para que sigan estando necesitados. Es prudente aliviar sus necesidades, pero desatinado curarlas>.

Menuda sorpresa, descubrir que todo lo bueno procede del trabajo y no de los vicios, y que todos los lujos, caprichos y vanidades mundanas, que tanto parecen complacer a Mandeville, se quedaran en nada sin el concurso de los ms desfavorecidos. Mandeville menciona a los pobres como el mayor bien de la nacin... pero de cual de ellas, la de los terratenientes o la de los jornaleros?... acaso es la misma?... a quin si no estn destinados sus frutos?...

No puede existir mayor vicio en el mundo, que pretender tener una masa de pobres a su disposicin, algo que hasta el propio Mandeville reconoce implcitamente al confesar que <nadie debera exigir servicios que l mismo no est dispuesto a prestar a otros>, aunque l contemple el vicio desde una ptica elitista, considerndolo como una falta de aplicacin de los inferiores a sus tareas:

<Apenas tenemos suficiente nmero de pobres para proveer a nuestra subsistencia, y no es talento ni genio lo que necesitamos, sino diligencia y aplicacin. Para conseguir prosperidad, hay que obligar al hombre a rendir al mximo de su capacidad. El problema es que hay gran nmero de jornaleros que si pudieran sostenerse trabajando nicamente cuatro das a la semana, sera difcil persuadirles para que trabajaran el quinto. Cuando vemos que un artesano no puede ser empujado a su trabajo hasta el martes, porque el lunes le queda todava parte de la paga de la ltima semana, como podemos pensar que trabajara alguna vez, si la necesidad inmediata no le obligara? Incluso hay criados que se han constituido en sociedad, quedando obligados entre ellos a no servir a amo alguno por menos de una suma determinada, de forma que si alguno pierde su trabajo por seguir los estatutos de su honorable corporacin, sea atendido por los dems hasta que pueda encontrar otro empleo.

La cantidad de trabajadores, ajenos a todo lo que no sea su labor, es demasiado pequea; pero lo importante es que los inferiores, lo sean no solamente en riqueza, sino tambin en conocimientos. Cuantas menos nociones tengan de una existencia mejor, ms contentos se sentirn con la suya. Es necesario que sus saberes se limiten a sus ocupaciones. Los hombres que han de permanecer hasta el fin de sus das en condiciones de vida duras, aburridas y penosas, cuanto antes empiecen a practicarlas, ms pacientemente se sometern y acostumbrarn a ellas. Las penalidades no son tales para los que se han criado entre ellas.

No es posible que muchos miembros de la sociedad vivan en la ociosidad, disfrutando de todas las comodidades y placeres que puedan inventarse, sin que haya al mismo tiempo multitud de gentes que trabajen duramente para ellos.

Aborrezco la inhumanidad y no quisiera que me creyeran cruel, pero ser excesivamente compasivo, sera una debilidad imperdonable. Se dir en mi contra, que es brbaro negar a los hijos de los pobres la oportunidad de desarrollar sus facultades, puesto que Dios los dot de iguales talentos que los ricos, pero no creo que esto sea ms penoso que su falta de dinero, cuando tienen las mismas necesidades que los dems.

Incluso entre las gentes ms bajas, a pesar de su humilde origen, hay personas bien dotadas, que logran elevarse de la nada. Pero hay gran diferencia entre impedir a los hijos de los pobres que mejoren su condicin, o negarse a darles una educacin que no necesitan, cuando pueden ser empleados ms tilmente en otros menesteres>.

Como trabajar en provecho de los Mandeville de turno y compaa, se entiende. Para que alguien sea ms, otro tiene que ser menos. Lo caracterstico del vicio es que o bien los medios, o bien los fines, fallan; mientras que la virtud se basa en la perfecta sintona entre ambos. En su afn de situar la utilidad por encima de cualquier consideracin tica o humana, Mandeville no vacila en proclamar que <es falso que sea mejor que quinientos culpables escapen al castigo, a que lo sufra un inocente; para el bienestar y tranquilidad de la sociedad es mejor lo segundo> sobre todo, cuando no hay el menor riesgo de que a l y a los de su condicin, les toquen un solo pelo.

Quiz por eso, Mandeville hace de la desigualdad humana el factor decisivo del xito material en la sociedad:

<Hay una gran diferencia entre ser sumiso o dcil; el que se somete a otro acepta lo que le disgusta para huir de lo que le desagrada ms; dcil es el que se muestra til a la persona a la que se somete. Para ello, es necesario que interprete su servidumbre como algo que redunda en su propio beneficio. No hay otro ser viviente que pueda ser convertido tan fcilmente en un manso servidor de su especie como el hombre>.

El pobre es ganado humano, al que el rico debe atender y cuidar como su posesin ms valiosa. Y del mismo modo que cuanto ms grande es el rebao, mayor su rendimiento, cuanto ms aumenta la cabaa humana, ms rentable resulta para sus propietarios los ricos, razn que explica el crecimiento continuo e imparable de la poblacin del planeta.

Sin embargo, hasta un utilitarista puro y duro como Mandeville, se rebela en ocasiones, contra su propia doctrina de obtener la eficacia a cualquier precio:

<Experimento tal aversin hacia los eunucos, que no han logrado superarla las lindas declamaciones de ninguno de ellos; rechazo esa forma de mutilar a personas solo con fines de diversin. Cierto es que nada es ms efectivo que la castracin para preservar la voz, el problema radica en que sea preferible.

Lo que la mayora de los hombres desean es riqueza, poder y gloria, la cuestin es si tal felicidad vale la pena, teniendo en cuenta el precio que debe pagarse por ella>.

Cuestin interesante que Mandeville solo se plantea, cuando su subconsciente, o tal vez su conciencia, le traiciona. Porque enseguida, Mandeville vuelve a contradecirse cuando sostiene que al hombre hay que atarle corto para que se comporte adecuadamente, al tiempo que apuesta por el laissez faire y el liberalismo a ultranza, como la panacea mgica para el funcionamiento ptimo de la sociedad: <En la composicin de toda nacin, las diferentes clases de hombres deben mantener una cierta proporcin para lograr una mezcla armnica. Y esta proporcin nunca se consigue mejor, que cuando nadie se entromete e interfiere en ella.

Pero a menudo, las buenas intenciones nos roban la felicidad que fluira espontneamente si nadie se dedicara a desviar u obstruir la corriente. La maquinaria social funciona por s sola, sin ms dificultad que dar cuerda a un reloj>.

Se enuncia aqu por primera vez la famosa mano invisible de Adam Smith; esa bella fbula del Mercado libre, justo y equitativo, que reparte y d a cada cual lo que se merece. Deidad soberana e inocente, situada por encima del bien y del mal, capaz de reciclar los trapos sucios del hombre y transmutarlos por arte de magia en trajes de seda.

Sin embargo, Mandeville y Adam Smith olvidan el pequeo detalle de que, en su sistema, todo lo que existe bajo la capa del cielo tiene dueo, sean tierras, justicia, democracia o alimentos. Y que el Mercado no poda ser una excepcin, cuando hasta en la Luna se estn vendiendo parcelas. Mercado, por supuesto annimo, pero al que habra que tomar las huellas dactilares, para saber a quien pertenece y quien instiga sus delitos.

Mandeville se vale del egosmo como argumento para invalidar y descalificar globalmente al ser humano y justificar la imposicin de una sociedad de clases como la mejor de todas. La suya es una concepcin mercenaria y mercantilista de la vida, que ha triunfado y se ha extendido de punta a punta del planeta, y que se corresponde milimtricamente con su negativa visin del ser humano.

La una no podra existir sin la otra.

Lo nico que ha cambiado en los tres siglos transcurridos desde entonces, es que la nocin del ser humano de Mandeville, se mantiene activa, aunque disimulada eso s, bajo el paraguas de los derechos humanos, la democracia y la civilizacin, mientras la explotacin crece sin cesar, los ricos se vuelven cada vez ms ricos, y el nmero de pobres se multiplica sin cesar, tal y como l propugnaba. Ya falta menos para que toquemos a pobre por ONG.

Pero mientras la humanidad progresa por el camino que l proyect, la gran honestidad intelectual de Mandeville hace que ste se revele inconscientemente como su peor crtico <nuestra especie est tan engreda de s misma, que se imagina que todas las cosas del universo han sido creadas para su recreo y servicio y son de su propiedad>.

Sentencia inapelable, de la que no escapa el ganado humano, ni por supuesto los ricos, y que indica que la solucin, hoy como hace veinte mil aos, se sigue llamando igualdad, no competitividad, y cooperacin en vez de pillaje.

 Nota: las citas de Mandeville han sido extradas de su libro la Fbula de las Abejas.


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