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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2007

Los indgenas de Perij nos muestran el pasado, el presente y el futuro de Venezuela

David Segarra
Rebelin


Una columna de indgenas Bar se dirige a pie y en mulo a travs de una antiguo camino en la selva. Avanzan silenciosos, armados apenas con una vieja escopeta y las mismas flechas de macana que sembraron el terror entre los conquistadores espaoles. 514 aos despus vuelven a enfrentarse a una invasin de su territorio. En medio de la frondosidad nos encontramos con una zona donde la vegetacin ha sido arrancada de raiz. Una gigantesca carretera est siendo construida para desarrollar nuevas haciendas ganaderas. Pero es sta una obra fantasma, donde no hay permisos, no hay accesos, no hay nadie. Nadie que responda por la destruccin. As han sido los ltimos siglos: sin ms ley que la fuerza de los colonizadores, ya fueran soldados espaoles, hacendados o petroleras. Solo la resistencia Bar les ha hecho frente. Ayer como hoy.

En Caracas, una amiga documentalista mexicana haba recibido la propuesta del canal pblico Vive TV para realizar un reportaje sobre el proceso de demarcacin territorial del pueblo Bar. Juntos emprendimos el largo camino hasta la Cordillera de Perij. All arribamos a la ganadera ciudad de Machiques, donde los indgenas yukpas y bars se deslizan como sombras, entre la indiferencia y el desprecio. Nuestra primera entrada al mundo indgena fue a travs de las misiones capuchinas. Es necesario comprender que los frailes fueron los primeros blancos que llegaron sin la intencin de robar y asesinar. A pesar de acompaar inicialmente a los soldados, los misioneros de largas barbas fueron aprendiendo de los indgenas y apreciando el carcter comunitario de su sociedad. Cuando en 1960 las misiones contactaron a los Bar, la situacin se haba aproximado al exterminio y sobrevivan solo unos pocos centenares de ellos. Hoy en da su territorio es menos del 10% del originario. La colonizacin espaola y luego criolla los ha obligado a refugiarse en montaas y junglas.

Tras horas en una camioneta pirata, recorriendo caminos hechos por las propias comunidades, llegamos a su capital, Saimadoyi. Abandonada por todos los gobiernos, la autogestin del pueblo es absoluta. El lder de la comunidad nos ha dado permiso para permanecer y realizar grabaciones y entrevistas. El fin de semana hay trabajo comunitario y entre todos arreglamos como podemos la carretera. Vivimos en su casa y somos sus huspedes, comemos y bebemos su agua de ro y sus animales de caza y pesca. Acomodados en una simple construccin de palma admiramos sus rostros llenos de orgullo al ver por TeleSur al presidente de Bolivia, el indgena aymara Evo Morales. Mgicamente, en un lugar tan inaccesible, donde no hay carreteras ni telfono, la televisin va satlite llega a los hogares. En los das siguientes vamos aprendiendo como junto a la propiedad familiar e individual existe una propiedad colectiva destinada al bien comn. Igualmente nos explican como el lder, o atubay, es elegido democrticamente y puede ser revocado, siendo su autoridad fundamentalmente moral.

Todos recuerdan emocionados como Chvez fue el primer presidente que les visit, el 12 de octubre de 1999, ahora celebrado como da de la resistencia indgena. En esa visita el presidente se comprometi a apoyar a los pueblos indgenas y se opuso a la explotacin de Perij por las empresas carbonferas. Ocho aos despus, las concesiones para extraer el carbn siguen siendo una amenaza que hace temblar las entraas de la montaa. Los indgenas apoyan fervientemente el proceso bolivariano pero exigen que se les reconozcan sus derechos sobre la tierra. Su primera demanda es la defensa del territorio al que describen como su misma madre. Ellos se muestran pacientes despus de cinco siglos de lucha y resistencia, pero con la firmeza y determinacin exigen hechos y no solo bonitas palabras. No quieren regalos ni promesas, solo el reconocimiento de sus derechos por medio de los Ttulos de Propiedad Colectiva. Con el asesoramiento inicial de misioneros y luego de antroplogos, el pueblo Bar tiene muy claro cual es su territorio y quieren que se reconozcan legal y definitivamente sus lmites. De esta manera evitaran la depredacin de transnacionales y terratenientes. Mientras tanto, sus manos seguirn empuando rifles y flechas.

La siguiente parada es la comunidad de Karaakaek, a la cual tenemos que llegar por una casi intransitable senda entre las montaas que delimitan el valle Bar. Ms pequea, la comunidad est situada en lo alto de una pequea colina cuyos pies son baados por un ro de ensueo, donde beben, se baan, juegan y se alimentan. Teniendo una fuente de agua tan pura y abundante no existe una msera bomba que les evite tener que acarrear cada da litros y litros a la espalda. Como en Saimadoyi, el nico transporte es un 4x4 de la comunidad que a pesar de llevar inscrito "Gobernacin del Zulia", ellos tienen que pagar religiosamente cada mes. Los maestros nos ensean como la educacin es una de las pocas polticas gubernamentales que tienen un impacto real. Podemos escuchar como muchos jvenes estn estudiando a travs de las misiones Ribas y Sucre. La formacin y preparacin, afirman ellos mismos, les servir para enfrentarse mejor a los desafos y fuerzas que les amenazan. Porque es aqu, en la frontera de su tierra, donde arrecian los ataques. Solos en la noche han tenido que luchar contra el fuego que los hacendados propagan, incendiando selva, vida y belleza, para extender sus pastos y sus infinitas haciendas. Nosotros mismo pudimos ver como una obra de grandes dimensiones se estaba llevando a cabo de manera totalmente ilegal, a la vez desforestando y expoliando nuevos territorios. Y es que esa es la clave. En Perij no existen ms ley que la del hacendado. Aqu no hay una presencia real del Estado. Son los Bar quienes estoicamente protegen la frontera venezolana, su biodiversidad y las fuentes de agua de toda la regin del Zulia. Ellos son quienes guardan donde nace Venezuela.

Como ltima estacin en nuestro viaje por tierras perijaneras llegamos a Kumanda, minscula poblacin bar, encerrada entre alambradas, algunas de ellas electrificadas. Gota ancestral en un mar de modernas haciendas ganaderas que la han acorralado y rodeado completamente. De la misma manera que los indgenas norteamericanos, en Kumanda viven en una autntica reserva donde son extranjeros en su propia tierra. Los antiguos y legtimos propietarios tienen que pedir permiso a los invasores para poder atravesar sus cercados. La en otros tiempos impenetrable selva de la parte baja de Perij es hoy en da una planicie que se extiende hasta el horizonte. Aqu se encuentran gran parte de los pastos para las reses que alimentan la industria crnica venezolana. La tristeza y la pobreza se hacen tangibles en Kumanda, los fuertes brazos indgenas se vuelven desnutridos y enfermos.

Venezuela, hemos podido comprobar, tiene una deuda moral con el pueblo Bar al haber permitido que se les arrebatase el 90% de su territorio y al haber realizado contra ellos un autntico genocidio. Frente a esta realidad histrica, la demanda que escuchamos reiteradamente es la delimitacin definitiva de su territorio. Siendo su tierra propiedad de ellos mismos, podran seguir defendiendo la naturaleza, el agua y la frontera de las amenazas del carbn y los ganaderos depredadores. Pero ahora lo haran con la ley y el Estado de su parte. El pueblo Bar, nos han transmitido sus gentes, espera del gobierno bolivariano una poltica que les haga justicia y que entienda que ellos son los verdaderos guardianes de los intereses venezolanos en la Sierra de Perij.

Ya en Caracas, entre el caos, el humo y la omnipresencia de la cultura individualista y consumista no puedo dejar de recordar a los Bar. Inmersos en el actual debate sobre el modelo poltico venezolano, ellos nos han enseado que la suya es una sociedad estructurada en base a unos principios de armona, sostenibilidad, democracia participativa y propiedad colectiva e individual que deberan inspirar el nuevo sistema. Desde mi casa del Guarataro, junto a la transitada avenida San Martn, pienso que no podr haber un autntico avance social sin hacer justicia con los pueblos originarios. Junto a Bolvar, Zamora y Rodrguez deber alzarse la sabidura ancestral indgena. Ellos fueron en el pasado, son en el presente y seguirn siendo en el futuro. Ellos perduran. Aprendamos de ellos.


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