Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2004

Extranjero en mi propia tierra (1)

Saber Zaitoun
Live from Palestine

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


Ttulo de una serie de seis artculos sobre el viaje a Palestina realizado por un profesor palestino-estadounidense. Se publican en dos partes, cada una de las cuales agrupa tres de los artculos.

1. En la oscuridad de la noche

Fue un largo viaje en avin: siete horas desde Estados Unidos a Frankfurt, una espera de varias horas en el aeropuerto y el trasbordo al avin que nos llevara a Tel Aviv. Aunque Palestina es mi patria, no haba vuelto desde haca cinco aos. La ltima ocasin en que estuve all fue en 1999, en el momento lgido del Proceso de Paz de Oslo. Entonces todo el mundo estaba optimista, esperanzado en que dcadas de un viejo conflicto llegaran a su fin y pudieran disfrutar de una vida normal como el resto de la humanidad. Haban regresado muchos emigrantes y Ramala, que iba a convertirse de hecho en la capital del futuro Estado palestino, viva momentos de auge.

Pero esta vez no saba en realidad qu me esperaba. El punto culminante de la paz haba durado muy poco, y la regin se haba deslizado hacia un conflicto violento, errneamente calificado como "Intifada", despus de la provocativa irrupcin de Sharon en la mezquita de al-Aqsa. Durante los ltimos tres aos y medio haba contemplado innumerables imgenes de violencia y horror en la televisin. En la CNN haba podido seguir durante horas las sangrientas secuelas de un atentado suicida en Tel Aviv. En la BBC y despus en Al-Jazira, pude presenciar la serie de terrorficos ataques que los israeles lanzaron sobre Gaza y Cisjordania, contra mi propio pueblo, mis amigos y mi familia. Cada vez que escuchaba que se haba producido un ataque en Ramala, mi corazn se sobresaltaba, y de inmediato coga el telfono para llamar a mis padres y comprobar que se encontraban bien. Cuando me enteraba de que haba tenido lugar un ataque suicida en Jerusaln, volva el sobresalto, porque saba que a continuacin habra una incursin de represalia israel. En una ocasin o que helicpteros Apache israeles haban bombardeado algunas dependencias de la Autoridad Palestina en Ramala, a unos 100 metros de la casa de mis padres. Llam y mi anciana madre contest al telfono. Mi padre estaba fuera trabajando y ella estaba sla. El bombardeo haba cortado la electricidad en toda la ciudad y mi madre no poda encontrar velas desde su silla de ruedas. Poda or el estruendo de las bombas a travs del telfono.

Mi mujer, con la que me haba casado haca cuatro aos, viajaba conmigo sin saber tampoco qu poda encontrarse. No es palestina ni rabe y no haba estado antes en Oriente Prximo. Yo tena muchas ganas de que conociera mi pas de origen pero desde que estall la Intifada actual, por diversas razones, nos vimos obligados a posponer el viaje. A pesar de todas las garantas que le ofreca, ella, como es lgico, estaba preocupada por su seguridad. Mi propio miedo secreto, sin embargo, era el que ella tuviera una primera impresin negativa de mi pas al contemplar tanta destruccin y peligros. Tena impresas en la mente las imgenes del bombardeo del complejo residencial de Arafat y del campo de refugiados de Jenn e imaginaba que nos encontraramos una Ramala en ruinas. En fin, que bamos retrasando el viaje una ao tras otro a la espera de que la situacin mejorara.

Pero, en su lugar, las cosas seguan empeorando. Cada ao era peor que el anterior: tras la masacre de Jenn y el asedio de la Baslica de la Natividad en Beln, el gobierno de Sharon haba comenzado a construir un Muro para mantener a los palestinos encerrados en sus ciudades convertidas en prisiones. Haba visto muchas imgenes del Muro que pareca muy alto, medieval y amenazador. Como quiera que tengo algo de claustrofobia, tema que llegara el momento de verme frente a l. Cul sera mi reaccin entonces? As que, aunque los acontecimientos se iban a peor, finalmente decidimos que no haba razn para esperar por ms tiempo. Vayamos a Ramala antes de que desaparezca del mapa.

Aunque estoy establecido en Estados Unidos desde hace 15 aos, soy palestino, cristiano rabe nacido en Jerusaln a principios de los aos 70, ya bajo la ocupacin israel. Mis padres son originarios de las ciudades rabes de Yafa y Ramleh, en la actualidad prcticamente absorbidas por un Tel Aviv en rpido crecimiento. Ambos tuvieron que abandonar sus casas bajo el fuego israel en abril de 1948 cuando los grupos terroristas judos Irgun y Haganah atacaron sus ciudades. La mayora de las familias rabes en aquella poca estaban desarmadas y la defensa de las ciudades era ridcula, gracias a la poltica de los treinta aos de ocupacin britnica. Mis padres, y sus familias, escaparon para salvar sus vidas y se establecieron en Ramala, convirtindose en unos ms de los 800.000 refugiados palestinos expulsados en circunstancias semejantes. Un mes despus, los sionistas proclamaron el Estado judo que denominaron Israel. Mucho despus, en 1967, Israel invadi a sus vecinos rabes y se apoder de Cisjordania, con lo que complet su control sobre Palestina, y de esta manera mis padres volvieron a estar sometidos a ocupacin. Aunque nacido en Jerusaln, resida en Ramala, y los israeles me lo pusieron de manifiesto al darme un carn de identidad especial de color naranja, diferente del de color azul que tienen los residentes en Jerusaln, ciudad que los israeles consideran su capital.

An orange Israeli ID, identifying a Palestinian resident of the West Bank.

Documento de identidad israel de color naranja para los palestinos de Cisjordania. Cualquiera que sea sorprendido sin llevar este documento de identidad es objeto de maltrato, encarcelamiento y/o multas. En esta estrella amarilla de David del moderno Israel figura Religin: cristiano.

Uno constata que todo en Israel est codificado y discriminado con colores: distintos colores en los documentos de identidad; diferentes colores en las placas de matrcula de los coches; Salas para rabes en el aeropuerto, donde tuvimos que soportar cuatro horas de interrogatorios especiales sobre el viaje mientras los viajeros judos pasaban los controles de seguridad en minutos; pasos de fronteras en el ro Jordn especiales para turistas con el fin de que no vean las cotidianas sesiones de tortura que los palestinos comunes tienen que soportar cada vez que necesitan pasar el Jordn.

Los israeles parecan estar orgullosos de estas discriminaciones cuando en la embajada nos informaron con arrogancia que, probablemente, mi mujer vera rechazada su solicitud de visado por el hecho de estar casada con un palestino. Cmo podra visitar mi mujer mi lugar de nacimiento si la etnia del marido era un requisito imprescindible? Adems, por qu habra de tener inters en visitar aquel lugar sumido en la guerra si no fuera por estar casada conmigo? Para conseguir su visado, mi mujer volvi sla a la embajada, con una gran cruz bien visible, y lo solicit hacindose pasar por turista que iba a permanecer en Jerusaln. En esa ocasin lo consigui.

Lo que hizo que el viaje nos produjera ms miedo fue el asesinato, unos das antes de la fecha prevista de partida, del lder de Hamas, el Jeque Ahmed Yassin. Tras largas deliberaciones, horas de seguir los noticiarios de Al-Jazira, y mltiples llamadas a casa, decidimos arriesgarnos y seguir adelante. Los peridicos que nos dieron en el avin no eran muy tranquilizadores ya que informaban de las amenazas de Hamas y sugeran que sus represalias podran consistir en un ataque al aeropuerto de Tel Aviv. Pero lo que nos preocupaba ms, no obstante, era la respuesta previsible de Israel si Hamas picaba el anzuelo y llevaba a cabo las represalias.

El viaje, realmente, se volvi muy incmodo cuando abordamos el avin que nos llevara a Tel Aviv. De pronto, yo era uno de los pocos rabes que viajaban en un vuelo atestado de pasajeros judos. Todos tenan una extraa expresin en sus rostros, como si estuvieran vigilndonos, y de hecho nuestros vecinos nos miraban con frecuencia. Un anciano, sentado cerca de nosotros que viajaba slo, pareca bastante comprensivo. Por dos veces nos pidi un bolgrafo para rellenar sus cuestionarios, y las dos veces se lo prestamos con una sonrisa. Despus de aterrizar en Tel Aviv, mientras esperbamos a que se abriera la puerta del avin, intent hilvanar una conversacin con nosotros: Es la primera vez que vienen a Israel?. Comet el estpido error de contestar que no y poco a poco comprendi que yo era palestino. Fue el primero en salir del avin y yo iba detrs de l. Al final de la escalera, esperaba un grupo de agentes de seguridad del aeropuerto. Con una inclinacin de cabeza, aquel anciano dijo algo y lo que ocurri seguidamente es que el guardia se plant de un salto delante de m, cortndome el paso. Los quince minutos siguientes fuimos interrogados en la misma pista, y no se nos permiti subir al autobs que llevaba a la terminal, mientras todos los que desembarcaban nos observaban.

Finalmente en la terminal, el lugar de nacimiento reflejado en mi pasaporte, y una simple pregunta sobre mi conocimiento del hebreo fueron suficientes para identificarnos y para conducirnos a la infame Sala para rabes, que ahora se haba reducido a un pequeo rincn del aeropuerto. A pesar de llevar casados cuatro aos y de lo que haba aprendido sobre Palestina y el conflicto durante ese tiempo, mi mujer no daba crdito a la manera de tratarnos en el aeropuerto de Tel Aviv. Al principio, pens que se estaban dedicando a comprobar nuestros pasaportes, un pensamiento fugaz ya que ella no poda saber lo vaco que estaba el aeropuerto y la cantidad de guardias de seguridad femeninos que estaban charlando sin hacer nada mientras se nos deca que tenamos que esperar. Despus una fatigoso viaje de veinte horas se nos hizo esperar tres horas y media, sin permitirnos comer, hasta que al fin se nos escolt hasta la salida del aeropuerto y se nos introdujo en un taxi israel, a cuyo conductor dieron instrucciones para que no nos dejara bajar hasta que estuviramos en el interior de Cisjordania. El conductor nos dej en un punto de control apartado, cercano al aeropuerto pero a una hora de Ramala, en la oscuridad de la noche, y tuvimos de inmediato la sensacin de entrar en una crcel.

2. Una Ocupacin invisible

Desde aquel checkpoint al borde de Cisjordania donde nos haba dejado el taxi israel, el camino hacia Ramala se deslizaba a travs de valles sumidos en la oscuridad por las pendientes occidentales de Cisjordania, y atravesaba muchas nuevas colonias israeles (supuestamente asentamientos). Tomamos un taxi para Ramala, el mismo que se haba enviado para recogernos en el aeropuerto pero al que se le haba prohibido hacerlo y se le haba dicho que nos siguiera.

El taxista estaba preocupado por tener que volver por aquella carretera entre colonias, que aunque estaban iluminadas con brillantes luces presentaban un aspecto lgubre y parecan tranquilas y somnolientas como si toda la gente estuviera escondida en el interior de sus casas. Todas las colonias estaban rodeadas por alambradas de pas que encerraban grandes parcelas de tierra (arrebatadas a las aldeas rabes vecinas). La entrada a cada una de ellas estaba fuertemente vigilada por personal armado en camiones o tanques. Estaba claro que aquellos colonos israeles aunque se mostraran seguros en pblico vivan sumergidos en el miedo.

Poco despus, finalmente, llegamos a una vieja (y no tan bien pavimentada) carretera que enlazaba las aldeas rabes. En el cruce se alzaba una torre de vigilancia que en la penumbra de la noche, recordaba a un castillo embrujado de Transilvania. Ese es el puesto de control en el que un francotirador palestino mat a diez soldados israeles. Ellos lo tienen cerrado ahora. Nuestra primera noche en Palestina se presentaba llena de misterio.

Afortunadamente, la vieja carretera entr en la ciudad palestina de Bir Zeit, sede de la famosa Universidad y con almazara milenarias. Al fin, encontraba un ambiente familiar. Al contrario que la carretera que una las colonias israeles que bordeaba las zonas habitadas, sta conduca directamente a la antigua ciudad y aunque las luces de las calles no eran tan brillantes, la gente del pueblo estaba en las calles, sus tiendas abiertas, los nios jugaban y de los restaurantes al aire libre sala una ruidosa msica. La ciudad entera estaba viva y aquella noche no se respiraba miedo en el ambiente. Aunque el conductor tena temor a que alguien nos atacara por llevar placas de matrcula israeles en su coche, no nos sucedi nada.

Tras aquellas 24 horas de viaje sin interrupcin y de falta de descanso, nuestra primera noche de vuelta a casa result muy deprimente. Lo primero que llam nuestra atencin al entrar en la casa de mis padres fue un gran agujero de bala que haba en la puerta, recuerdo que los soldados israeles haban dejado durante su registro de viviendas en la incursin que realizaron en abril de 2002. Aunque el conserje les ofreci las llaves, y les explic que el dueo de la casa estaba de viaje, los soldados se empearon en disparar en la puerta. El disparo estaba lejos de la cerradura, y haba traspasado las dos hojas de la puerta, una de ellas supuestamente a prueba de balas, despus explot en muchos fragmentos, cuyas huellas se podan ver en la pared opuesta del cuarto de estar. Los fragmentos ms grandes atravesaron la pared, la parte trasera de un armario situado en la otra habitacin y siguieron hasta la ventana del otro lado de la casa cuyos cristales rompieron.

Es evidente que el disparo de aquel proyectil dum-dum no fue hecho para abrir la puerta, ni fue un disparo de advertencia, fue disparado para mostrarnos quien mandaba, quien poda disparar a cualquier puerta, pared o habitacin. Por fortuna, mis padres estaban en esos momentos fuera, ya que en caso contrario podran haber pensado en abrir la puerta.

Pese a aquella espeluznante entrada, el resto de nuestra estancia fue relativamente tranquila y sin sobresaltos (gracias a Dios). La tan esperada represalia de Hamas no se llev a cabo, ni vimos los habituales enfrentamientos en televisin. Personalmente, tena grabadas imgenes muy vvidas de la primera Intifada que haba presenciado antes de partir para Estados Unidos a finales de los 80. Entonces, asistamos a enfrentamientos casi diarios en el centro de Ramala entre los soldados israeles y jvenes (tipos) que les lanzaban piedras. A menudo los soldados hacan uso de fuego real de mortfero efecto.

Tambin con frecuencia, los soldados golpeaban a cualquiera que consiguieran agarrar en las cercanas tras los enfrentamientos, entre ellos a dos de mis hermanos que fueron golpeados por el simple hecho de encontrarse en el lugar equivocado en el momento inoportuno. Sin embargo, ahora en el ao 2004, no presenciamos ningn incidente semejante. De hecho, difcilmente se vea a algn soldado israel en el centro de Ramala. Preferan situarse en los bien defendidos checkpoints de las afueras, desde donde podan controlarnos desde lejos sin arriesgar sus vidas.

No es preciso decir que la situacin no siempre haba estado tan tranquila. Todo el mundo en Ramala hablaba horrorizado de la incursin, cuando el ao 2002 los soldados israeles derribaron el complejo oficial de Arafat, establecieron el toque de queda en la ciudad, registraron una a una todas las casas (robando dinero y joyas de paso) y aterrorizaron a la poblacin. Fueron momentos muy difciles para la gente de all. La mayora de los edificios oficiales de la ciudad fueron destruidos. Lo que vimos durante nuestro viaje era el resultado de dos aos de rpida reconstruccin. Todos nos decan tambin que ahora Ramala era uno de los lugares ms tranquilos de Cisjordania y Gaza. Otros lugares, especialmente Gaza, Nablus, Jenn y los campos de refugiados no son tan afortunados.

Por ejemplo, el segundo da de nuestra estancia, estaba viendo la CNN por satlite cuando informaron de que un nio palestino de 12 aos haba sido asesinado en un campo de refugiados de Cisjordania, as de escueto. No mencionar el nombre del chico, es lo habitual en la CNN, pero en esta ocasin la cadena de televisin ni tan siquiera inform del lugar donde se haba producido el incidente, un campo de refugiados, como si dijeran a quin le importa el lugar? . Volv a escucharlo una segunda vez: queramos saber si ese campo de refugiados se encontraba cerca de Ramala- informacin que para nosotros resultaba de vital importancia para decidir si era seguro salir ese da. Dejamos la CNN y nuestra nica posibilidad de obtener informacin era al-Jazira, en donde no slo identificaron el lugar donde se haba producido el suceso: el campo de Balata en Nablus, sino que dieron los horrendos detalles del mismo, y cmo el pobre chico estaba jugando en la terraza de su casa cuando le abati el proyectil israel.

Desde otro punto de vista, la tranquilidad y quietud de que disfrutamos durante nuestra estancia fueron muy decepcionantes. Tal como he dicho antes, todo estaba en calma slo porque los soldados de ocupacin haban decidido no entrar en el centro de la ciudad. Si hubieran querido reafirmar su autoridad lo hubieran podido hacer en cualquier momento en Ramala sin oposicin alguna, ya que la polica de la Autoridad Palestina, reincorporada justo un mes antes, tena prohibido llevar armas. La gente, incluso, se negaba a obedecer sus rdenes en la direccin del trfico. En resumen, los israeles entran en las ciudades de forma ocasional, para detener a los lderes de la resistencia o la gente que les molesta. As que la mayor parte del tiempo, prefieren permanecer fuera de nuestras ciudades porque es una manera ms barata de controlarnos. En lugar de enviar grandes refuerzos de soldados para enfrentarse a potenciales situaciones de lucha urbana, su estrategia consiste en construir un Muro enorme para mantenernos en pequeos enclaves y dejar pequeos destacamentos de fuerzas armadas en sus lugares de paso. Les resulta una solucin ms barata gracias a la complicidad del Gobierno de Estados Unidos al transferirles fondos de los contribuyentes estadounidenses para financiar ese Muro medieval.

Las consecuencias de esa poltica puede resumirse en una palabra asfixia. En vez de oprimir a los palestinos mediante proyectiles y violencia, como han venido haciendo en el pasado, la opresin israel ha tomado una forma ms administrativa e institucional. El centro de Ramala slo tiene un superficie de unos kilmetros cuadrados. Se puede ir de un extremo al otro, de un checkpoint a otro en unos minutos, pero sin autorizacin de los carceleros israeles no se puede salir de esos lmites. La sensacin real es asfixiante. Semejantes restricciones de movimientos sofocan lo que queda de la economa palestina y contribuyen al aumento del ya enorme paro existente.

Pero todava resulta ms significativo el que los palestinos, ahora confinados en sus respectivas ciudades, ni tan siquiera puedan ver a sus opresores. No hay a quien culpabilizar, nadie a quien odiar- al menos de forma visible. Los nios palestinos pueden protestar y manifestarse todo cuanto quieran, pero no hay quien les escuche. Mientras estuvimos all, Israel estaba muy atareada en la construccin de su Muro de Segregacin, precisamente a las afueras de Ramala, en varias aldeas de la zona occidental, a pesar de las supuestas sentencias del Tribunal Supremo israel que ordenaban detener la construccin. Esas aldeas se encontraban en el interior del territorio de Cisjordania, en tierras rabes, y el Muro, como siempre, separaba a los campesinos de la mayor parte de sus tierras y de sus pozos de agua. Vi en la televisin cmo los soldados israeles expulsaban a los aldeanos de sus tierras y acallaban sus pequeas protestas. Un puado de voluntarios internacionales, e incluso israeles, defendan a los campesinos. Lo verdaderamente sorprendente era que all estaba yo, un palestino, contemplando delante del televisor cmo se oprima a sus vecinos y no poda tan siquiera ir all a ayudarles a protestar porque los checkpoints israeles nos separaban.

En relacin con el Muro, al principio me sent entusiasmado al enterarme en EE.UU. de que el Tribunal Supremo haba ordenado detener su construccin. Al menos todava existe alguna justicia all, pens ingenuamente. Pero despus de verlo con mis propios ojos, comprend la letra pequea del asunto. Lo que el Tribunal Supremo israel ordenaba era detener la construccin pero no la preparacin- un trmino, en apariencia ms inofensivo, que en el lenguaje israel incluye cosas como las expropiaciones de tierras de las aldeas, la demolicin de las casas palestinas que se encuentran en el trazado del Muro, la excavacin de zanjas, el minado de los campos, y el llevar bloques de hormign para dejarlos en el sitio.

La segunda de las clusulas escondidas es que cada una de las rdenes est relacionada con el Muro en una u otra aldea, por ejemplo en Abu Dish, de forma que mientras se para all su construccin contina a toda velocidad por otras zonas. Se han previsto centenares de kilmetros de Muro en Cisjordania y el Tribunal Supremo de Israel los examina centmetro a centmetro. (Supremo en qu, me pregunto). Este sistema de impartir justicia se asemeja ms a una forma de extorsin de los pobres campesinos, cuyas tierras han sido arrebatadas, a quienes se obliga a gastar grandes cantidades de dinero en tasas judiciales, una astuta forma de que las vctimas financien a sus opresores.

Cuando se haya terminado el Muro, se llegar a una situacin todava mas absurda: la gente que se ver encerrada en los enclaves-prisin se pudrir sin tener a los culpables a la vista, mientras los israeles seguirn con sus tareas cotidianas despreocupados y podrn olvidar las desgracias de los palestinos que se encuentran en sus patios traseros. De esta manera, los ocupantes se convertirn en invisibles para los ocupados, y el ocupado invisible para el ocupante!

3. Checkpoints y Muros

Cuando fui por primera vez a Estados Unidos para mis estudios universitarios, no pueden imaginar el impacto que me produjo, durante mis primeras vacaciones de Semana Santa, el viaje a Florida- de unas 24 horas-, al comprobar que nadie nos paraba para pedirnos el documento de identidad o para preguntar a dnde bamos. En Cisjordania, en el trayecto de unos diez kilmetros de Ramala a Jerusaln, hoy los viajeros deben detenerse dos veces en los puntos de control israeles. Aunque ya haba visto checkpoints con anterioridad, en este ltimo viaje los procedimientos establecidos en esos dos puntos de control eran absolutamente surrealistas.

Antes, podamos llegar con nuestro propio coche a Jerusaln. Ahora los coches raramente pueden hacerlo. En su lugar, tenemos que tomar un taxi hasta al primer checkpoint, bajar y hacer cola de pie y, tras pasar el control, tomar otro taxi hasta el segundo puesto, atravesarlo andando y tomar el tercer taxi hasta Jerusaln. Los taxistas se niegan a pasar los checkpoints porque no cobran dinero alguno por el tiempo de espera en las largas colas. Por todo ello, si uno tiene la suerte de disponer del permiso correspondiente, el viaje completo lleva ms de una hora. La mayora de los palestinos que viven en Cisjordania no tienen autorizacin para hacerlo, aunque puedan necesitarla desesperadamente para trabajar, estudiar o ir al hospital. Hasta 1993, Jerusaln era el centro econmico de Palestina y mucha gente que viva en Ramala trabaja all. Ahora, el bloqueo israel asfixia a la ciudad y toda Cisjordania.

Cada uno de los checkpoints parece una zona militar, en la que existe una torre de vigilancia, una zona peatonal y dos carriles para coches: uno de ellos en el que se producen largas esperas para los coches palestinos y el otro reservado a los israeles con el paso libre. Las distintas zonas estn separadas por alambradas de pas y bloques de hormign. Toda la zona alrededor de los puntos de control est patrullada de forma permanente por jeeps del ejrcito israel que vigilan a los palestinos que intentan saltarse esa tortura. El emplazamiento de los checkpoints puede ser totalmente arbitrario, por ejemplo, el segundo de acceso a Jerusaln, est situado justo en mitad de una zona de viviendas en Beit Hanina, hasta el punto de que algunas casas se encuentran tan pegadas al paso de control que las ventanas del segundo piso estn a la altura de la torre de vigilancia. En la otra parte, un pequeo concesionario de coches se encuentra a caballo entre los dos lados de la lnea divisoria.

Para ir a Beln en Cisjordania, la carretera ms corta atraviesa Jerusaln pero no es accesible a los palestinos, quienes normalmente deben soportar cuatro horas de viaje por una peligrosa de montaa, a mitad de camino del Mar Muerto, para llegar a la ciudad. A pesar de disponer del permiso correspondiente, nuestro viaje a Beln fue casi igual de penoso, puesto que nos llev cerca de tres horas y media. Fuimos all al Viernes Santo y pronto nos encontramos con que Israel prohiba la entrada en Jerusaln los viernes- da de culto religioso musulmn- antes de las dos de la tarde a los hombres palestinos menores de 45 aos con el fin de evitar que se rena mucha gente para orar en el ms santo lugar islmico en Palestina (la mezquita de al-Aqsa). En el segundo puesto de control de Jerusaln, los soldados se negaron a dejarme pasar, aunque permitan a mi mujer que lo hiciera. De nada sirvi que yo fuera cristiano, ni que no furamos a visitar Jerusaln sino a atravesarlo para ir a Beln, ni el disponer de una autorizacin en la que constaba que el fin del viaje era una festividad religiosa cristiana. No se puede utilizar argumentos racionales cuando el otro cree que su rifle M-16 es el que toma la decisin.

Decididos a ir, ambos permanecimos de pie esperando, al lado de un nmero creciente de palestinos que, como nosotros, queran entrar en Jerusaln. Algunos abandonaron y se fueron con el propsito de rodear el checkpoint, pero otros nos avisaron del peligro de las patrullas israeles en las carreteras adyacentes. Aquel da, como casi todos los viernes de los cuatro ltimos aos, a muchos palestinos se les negaba el derecho a rezar el Viernes Santo en Jerusaln, por cuya Va Dolorosa Jesucristo haba caminado 2000 aos antes. Mientras permanecamos all, con las imgenes recientes del Templo Baha que habamos visitado en Haifa el da anterior, no pude por menos que rerme de las declaraciones de Israel al considerarse protectora de las minoras religiosas como los drusos y bahaes mientras persiguen, de hecho, a las principales mayoras de cristianos y musulmanes. Para mayor irona, los soldados que nos impidieron pasar en el punto de control eran drusos.

Cuando finalmente nos dejaron pasar, y tras tomar el tercer taxi, llegamos al checkpoint de Beln, que presentaba grandes diferencias con los de Ramala y Jerusaln. Al pasar por el Monasterio de San Jorge (Mar Elias), que se encuentra a mitad de camino entre Jerusaln y Ramala, atravesamos colinas que recordaba en otra poca cubiertas de frondosos pinares y campos de olivos. Ahora, sin embargo, estaban desertificadas y deforestadas. La colina de la derecha- que pertenece a Cisjordania y que en otros tiempos perteneca a la antigua aldea de Beit Jala ( La Gilo bblica)- estaba ocupada ahora por la colonia sionista de Gilo, a la que la CNN con frecuencia se refiere como a una barriada de Jerusaln, y desde la que habitualmente se llevan a cabo ataques contra Beit Jala. A la izquierda vimos otra colonia, la de Har Homa, construida en 1996, justo en pleno proceso de paz, mientras los lderes israeles negociaban con Arafat sobre la devolucin de Cisjordania y solicitaban el privilegio de anexionar a Israel las colonias ya existentes.

Digno de sealar es el hecho de que los mismos checkpoints permanentes se fueron estableciendo no durante los periodos de violencia sino en 1993, al inicio del Proceso de Paz de Oslo. As, en lugar de construir puentes entre los pueblos, el proceso de paz trajo un nuevo grado de separacin entre los rabes y los judos. En los aos 70 y 80, durante mi perodo de crecimiento, recuerdo que mantenamos frecuentes y amistosas relaciones con israeles cuando visitbamos a amigos judos de mi familia y veamos a turistas israeles en Ramala. Este tipo de relaciones se ha convertido en imposibles con los checkpoints. La generacin de nios que ha crecido en los aos 90 slo puede ver a la otra parte desde detrs de las barreras, ya sean nios que lanzan piedras, o soldados ocupantes o colonos. Desde este punto de vista, no resulta sorprendente que el Proceso de Oslo haya dado lugar a un situacin de mayor violencia que la derivada de los conflictos anteriores a Oslo.

El punto de control de Beln, consiste en unas enormes instalaciones militares cercanas a la carretera, entre las dos colonias. Comparado con l, el de Ramala parece una barricada improvisada. La carretera est cortada al paso de vehculos, por lo que tuvimos que bajarnos y caminar por un largo camino peatonal, paralelo a la carretera, rodeado de alambradas con pas. El camino rodea la carretera y los edificios y est vigilado por varias cmaras. Al final del mismo, nos encontramos en un largo tnel a cuyo extremo los soldados esperaban para comprobar nuestra documentacin (por dos veces). Al otro lado de la calle, vimos a unos 15 jvenes palestinos, con la cara contra la pared y las manos sobre la cabeza. Al parecer, haban intentado evitar el checkpoint.

Al salir del tnel, una sensacin de tranquilidad nos embarg durante unos pocos pasos al encontrar a los dos lados de la calle unos hermosos olivares pertenecientes a las ciudades de Beit Sahur y Beit Jala. Pero no dur mucho. A slo unos 100 metros del puesto de control nos topamos con la sombra de una enorme seccin del Muro de Segregacin que est construyendo Israel. A ambos lados de la calle, el Muro separa a los habitantes de Beit Jala y Beit Sahur de sus olivares, que en efecto han sido anexionados a la colonias de Gilo y Har Homa.

Despus de pasar unas horas en la Iglesia de la Natividad en Beln, hicimos una pequea escapada a Beit Sahur y a un monasterio que hay ms all. En la carretera nos encontramos con otra parte del enorme Muro que se construye para encerrar a Beln por el Este. Al volver del monasterio a la puesta de sol, se nos inform de que el checkpoint de Beln cerraba a las seis de la tarde, varias horas antes de lo que nuestro permiso nos permita permanecer en Jerusaln. As que la nica manera de salir de Beln era intentar correr el riesgo de atravesar la frontera cerca de Beit Jala. Nuestro taxista nos dej all, asegurndonos que sera fcil encontrar un taxi en el otro lado y que nos llevara a Jerusaln a travs de la colonia de Gilo. Atravesamos una zanja y caminamos por una calle oscura. A un lado se vea un puesto militar israel de vigilancia. Nos movimos lentamente para evitarlo y vimos otra torre en el lado contrario. Se oan ladridos de perros en la oscuridad de la noche y la calle estaba desierta, salvo un jeep militar que patrullaba. Seguimos andando tranquilamente, rogando que la patrulla no nos diera el alto. Era casi como si intentramos escapar de una crcel de alta seguridad. De todo nuestro viaje, ese episodio fue el ms espantoso, porque yo me imaginaba a los soldados disparando contra nosotros y colocando explosivos en nuestros cuerpos para presentarnos como terroristas suicidas. La zona estaba tan oscura y aislada que podran haberlo conseguido.

Al fin, encontramos un taxista rabe que tena placas de matrcula israeles y que estaba dispuesto a llevarnos hasta el checkpoint de Ramala, a travs del nuevo Jerusaln oeste judo y las colonias de alrededor. El taxista estaba decidido a sacar provecho de la situacin y nos pidi cuatro veces lo que costaba el trayecto, pero felices de escapar de all, accedimos. El taxi tom una de las nuevas carreteras de circunvalacin que enlazan las colonias del suroeste de Cisjordania con Jerusaln, con tneles que pasan por debajo de las zonas de poblacin palestina. Por el tnel, y pasado un checkpoint llegamos a las barriadas de Katamon y Talbieh- antes zonas rabes de Jerusaln Oeste-, despobladas en 1948. Desde all, el taxi tom otra carretera de circunvalacin, esta vez construida sobte un viaducto de gran altura que sobrevuela las aldeas rabes de al-Jib y Bir Nabala, para conectar las colonias al norte de Jerusaln. Desde aquella alta y amurallada carretera no se distingua seal alguna de vida rabe, incluso cuando alcanzamos su tramo ms alto. Nuestras fantasas de estar escapando de una prisin de alta seguridad, quedaron interrumpidas de pronto por el chirrido del coche al detenerse para que nuestro taxista nos dejara en el punto de control de Ramala.

Dr. Saber Zaitoun es el seudnimo de un palestino-estadounidense, que se encuentra en la treintena. El Dr. Zaitoun creci baj la ocupacin israel y fue a Estados Unidos por primera vez para completar sus estudios durante la primera Intifada. Est casado, y en la actualidad es profesor en una Universidad de la Costa Este. Para ms informacin sobre su viaje a Palestina, por favor consulten: www.triptopalestine.com



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