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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2007

Un ao de Evo Morales: el auge econmico, la amenaza de balcanizacin y el papel del Ejrcito

Alberto Cruz
Rebelin


El 22 de enero Evo Morales cumpli un ao en la presidencia de Bolivia. No se puede negar que en este tiempo, y a pesar de los problemas que ha tenido que enfrentar, hay mejoras claras en la mayora de los indicadores econmicos principales que han sido posibles gracias a que una de las primeras medidas de su gobierno fue el terminar la relacin con el Fondo Monetario Internacional. El permitir que expirase el acuerdo con el FMI le ha dado al gobierno de Morales una cierta libertad para impulsar nuevas polticas econmicas y de desarrollo.

Una de las primeras medidas puestas en marcha por el gobierno de Evo Morales fue la de aumentar su control sobre los hidrocarburos. Los altos precios en el mercado internacional y el aumento de impuestos a las petroleras iban a demostrar a los bolivianos que los cambios podan llegar a sus bolsillos beneficindose, adems, de los planes sociales que han llegado hasta los lugares ms alejados y abandonados: programas de alfabetizacin, crditos blandos para la compra de tractores en las cooperativas agrcolas, extensin de la sanidad gracias a la implicacin de 2.000 mdicos cubanos y otras mejoras.

Con sobresaltos en su aplicacin y crticas por lo que se considera una tibia poltica a la hora de poner en prctica la nacionalizacin de los hidrocarburos, lo cierto es que ello ha permitido al pas tener un crecimiento siempre hablando en trminos macroeconmicos- del 41% en este ao, un porcentaje nunca visto en Bolivia en los 20 aos que el pas estuvo sujeto a las directrices del FMI y del Banco Mundial.

Sin embargo, no les falta razn a los crticos. Si bien es cierto que hay una posicin antiimperialista, de independencia del FMI y del BM, se ha hecho todo lo posible por preservar la estabilidad macroeconmica. Evaluando los contratos [con las multinacionales como la espaola Repsol, la brasilea Petrobras, la britnica BG o la francesa Total] y sus alcances en funcin de los intereses del desarrollo nacional, resulta preocupante constatar que seguimos prioritariamente respondiendo al inters de las empresas que han encontrado en los nuevos trminos del contrato, trminos no solo aceptables, sino adems, condiciones favorables a su carcter transnacional: conservan un papel estratgico en la industria de hidrocarburos del pas y obtienen mayores ganancias cuanto ms se consolide el papel que nos han asignado en su estrategia internacional, el de pas primario exportador, se lee en un informe especializado publicado a finales de 2006.Y sigue diciendo algo ms inquietante an: la posibilidad de iniciativas bolivianas para industrializar el gas y el petrleo, son posibles pero en todo caso, no prometen ser de gran impacto; en gran medida porque los recursos econmicos que deberan destinarse a YPFB, estn sino omitidos, s francamente reducidos por un buen tiempo. Lo cierto es que bajo las nuevas condiciones que asumimos, la interrogante sobre con qu recursos se capitalizar YPFB para asumir el reto estratgico de la industrializacin, queda sin respuesta. La industrializacin en territorio nacional y a travs de YPFB, pierde viabilidad pues se opta en los nuevos trminos contractuales, por ratificar a YPFB como empresa supervisora y administradora de contratos; renunciando a que tome el control operativo de la industria y a que sea efectiva gestora de su desarrollo (1).

El gobierno de Morales ha tenido un comportamiento ms bien pragmtico y no ha otorgado a la compaa estatal, Yacimientos Petrolferos Fiscales de Bolivia (YPFB), el papel predominante que viene jugando en Venezuela PDVSA, por ejemplo, para impulsar un cambio drstico en la mejora de las condiciones de vida de la gran mayora de la poblacin. Una oportunidad perdida en la que hay que apuntar el importante papel que ha jugado el Brasil de Lula a la hora de moderar la aplicacin de la medida nacionalizadora. No obstante, no son pocas las voces que piden una refundacin de YPFB para que la produccin y explotacin de los hidrocarburos est realmente en manos de esta institucin estatal.

El juego de la oligarqua

La moderada nacionalizacin de los hidrocarburos no molest expresamente a la oligarqua (segn las encuestas el 90% de la poblacin boliviana apoya la nacionalizacin), pero s lo hizo la aprobacin de una ley de reforma agraria que si se aplica en su literalidad supondra redistribuir entre los campesinos unos 123.000 kilmetros cuadrados de tierras ociosas e improductivas, una extensin equivalente a dos pases, Austria y Suiza juntos, por dar un dato. Por el momento slo se ha entregado a los campesinos el 11% de estas tierras ociosas en manos de terratenientes. No es una lucha frontal contra el latifundio, ni mucho menos, pero s es una medida que la oligarqua consider una amenaza vital para su status quo puesto que es donde se ubica todo su poder: la propia Conferencia Episcopal de Bolivia considera que el 90% de las tierras productivas de Bolivia estn en manos de 50.000 personas.

A partir de entonces los intentos para derrocar al gobierno de Morales no han hecho ms que tomar diferentes formas, entre la que la ms novedosa es la reivindicacin autonomista de una serie de departamentos: Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija. Slo en estos departamentos triunf la propuesta de la oligarqua de autonoma regional, abrumadoramente derrotada en el resto del pas, pero en el diseo de lo que est ocurriendo juega un papel crucial el embajador de EEUU en el pas andino, Philip Goldberg. Este hombre ha ocupado cargos importantes en las representaciones diplomticas estadounidenses en la ex Yugoslavia y en Kosovo, por lo que su nombramiento no fue casual puesto que se produjo slo unos meses ms tarde de que fracasase el referndum autonomista impulsado por la oligarqua. En Bolivia se ha seguido muy detenidamente la trayectoria de este embajador y se habla del peligro de balcanizacin del oriente del pas (2).

Desde ese momento, el objetivo es derrocar a Morales. La llamada oposicin y la lite econmica consideran que las reformas puestas en marcha son una amenaza para su forma de vida y se valen de todos los medios posibles para impedir que se consoliden. Es, adems, una lucha racista: si no nos unimos los cambas [blancos, habitantes mayoritarios de estos departamentos], los collas [indgenas] nos van a querer arruinar, ya que lamentablemente tenemos un presidente indgena (3). Se puede decir ms alto, pero no ms claro.

Tras el fracaso parcial a la hora de impedir la aplicacin de la ley de reforma agraria -aunque va muy lenta- la oligarqua ha optado por agitar la bandera de la autonoma de lo que en Bolivia se conoce como la media luna, los departamentos ms orientales, donde se incluyen las mayores reservas de gas del pas y donde existen ms tierras frtiles. Durante los meses de noviembre y diciembre la oligarqua lanz varios ultimtum advirtiendo al gobierno que si no atenda sus demandas declarara la autonoma de facto, a lo que Morales respondi con un llamamiento a las Fuerzas Armadas para que defendiesen la unidad nacional.

Alianza campesino-militar

Aunque la pretensin secesionista no es verosmil en un futuro inmediato, s merece la pena detenerse en el papel que el gobierno de Evo Morales est otorgando al Ejrcito y que recuerda mucho a lo que hizo el presidente de Venezuela, Hugo Chvez, nada ms ganar las elecciones de 1998: apoyarse en el Ejrcito como nica institucin implantada en todo el territorio.

Uno de los primeros objetivos de Morales tras ganar las elecciones fue neutralizar al Ejrcito como un hipottico obstculo a su gobierno. El Ejrcito de Bolivia ha sido siempre clasista, fuertemente influido por la Doctrina de Seguridad Nacional que patrocinaba EEUU y que, en sntesis, consideraba al Ejrcito como el garante de la seguridad interior, es decir, el control de las movilizaciones sociales. Morales pretendi convertir al Ejrcito en su aliado y, siguiendo el modelo venezolano, garante de la revolucin democrtica. Para ello aprovech la crisis de los misiles el envo a EEUU de misiles chinos en poder del Ejrcito de Bolivia durante el mandato de su antecesor en el ejecutivo- para pasar a retiro a 28 generales, ascender a mandos intermedios como coroneles, abrir las academias militares a cadetes indgenas (vetados hasta ese momento) y ganarse as una mayor fidelidad por parte del nuevo estamento militar.

El cambio en el Ejrcito, realizado no sin temores puesto que la oligarqua cuenta con importantes vnculos con un estamento que siempre le ha sido fiel, se visualiz el 1 de mayo de 2006, cuando Evo Morales decret la nacionalizacin de los hidrocarburos y el Ejrcito ocup los campos y refineras de las multinacionales, provocando un no disimulado malestar en la Unin Europea, expresado a Morales a travs del comisario europeo de Energa, Andris Piebalgs, y el ministro austraco del mismo ramo, Martin Bartenstein (Austria ostentaba en ese momento la presidencia de turno de la UE). Medio ao despus la misma operacin se ha realizado con la nacionalizacin de la minera simbolizada en la toma de control por el Estado de la planta de fundicin de metales de Vinto, en Oruro, el pasado 9 de febrero. Tambin aqu haba efectivos del Ejrcito y Morales anunci que ser esa institucin quien se encargue de controlar 25 centros tecnolgicos donde se capacitar a los futuros tcnicos en minera.

Al mismo tiempo, Evo Morales ha otorgado a las Fuerzas Armadas de Bolivia la misin de extender el desarrollo social a todas las partes del pas ante la incapacidad del Estado para garantizar su presencia en todo el territorio y garantizar la atencin de las necesidades bsicas de la poblacin. As, no es infrecuente ver a soldados en tareas de desparasitacin, vacunacin, alfabetizacin en colaboracin con el Ministerio de Educacin y Cultura- o construccin de carreteras. Tambin el Ejrcito lleva adelante la Campaa Ciruga de Mano Gratuita en zonas apartadas, cubriendo el aspecto al que no llegan los mdicos cubanos, encargados de la medicina preventiva.

Y ello en un momento en el que Morales ha decidido acelerar la alianza campesino-militar al otorgar el estatus militar a los ponchos rojos, soldados campesinos aymaras de larga tradicin combativa en Bolivia, a quienes encomend defender la integridad del territorio junto a las Fuerzas Armadas (4).

La oligarqua ha visto en ellos una amenaza real y los considera un grupo ilegal armado, amenaza con una guerra civil y afirma que hay que respetar el voto popular de los departamentos que aceptaron el planteamiento autonmico. He aqu una perla de manipulacin informativa, muy del gusto de los defensores de las libertades al estilo Globovisin en Venezuela: el Gobierno [de Evo Morales] promueve la violencia, la exclusin de las minoras, el racismo, el sectarismo, ahonda la diferencia de etnias, clases sociales, campesinos y citadinos, ricos y pobres y est polarizando peligrosamente al pas en regiones. No tiene la visin de aceptar que la media lunaquiere autonoma, que se la gan con el voto. Quiere centralizar, copar el poder y las instituciones del Estado y carece de un programa de gobierno. La eleccin de los jueces de la Corte Suprema de Justicia a dedo, significa comprar la justicia (5).

Es el discurso universal de la oligarqua cuando ve peligrar sus privilegios, vlido para cualquier pas del mundo. El primer ao de Evo Morales tiene luces y sombras, pero es necesario apoyar una experiencia que ha rescatado la soberana y dignidad de Bolivia impulsando al mismo tiempo una democracia multicultural y participativa como no se ha visto nunca en ese pas andino y ello contando con el rechazo oligrquico y estadounidense. Tal vez se poda haber hecho ms y mejor, pero desde luego lo hecho hasta ahora no es poco.

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(1) Bolivia Press n 12, 3 de diciembre de 2006.

(2) CEDIB, 15 de enero de 2007.

(3) Declaraciones de David Torrico, presidente del denominado Comit Cvico de Pando al diario La Razn el 4 de julio de 2006.

(4) La Razn, 24 de enero de 2007.

(5) La Razn, 25 de enero de 2007.

Alberto Cruz es analista del Centro de Estudios Polticos para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo

[email protected]



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