Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2007

Estado Corporativo o Estado Social de Derecho?

Oto Higuita
Rebelin



Est candente el debate poltico en Colombia. En el trasfondo, luchan dos concepciones del mundo radicalmente diferentes. La una, la que el presidente lvaro Uribe y sus seguidores y altos mandos del Estado defienden, procura el establecimiento de un Estado corporativo que tiene como pilar la seguridad llamada democrtica para el beneficio de una minora en el pas. Seguridad que no se fundamenta ya en las instituciones histricamente creadas para ello (instituciones polticas como el Congreso, educacin, salud, seguridad social, ejrcito, polica, etc.) sino que involucra activamente sus ciudadanos sin importar sus intereses de clase, para que se comprometan activamente (cooperantes del Estado corporativo) en la preservacin de la seguridad de la propiedad privada y el usufructo de la riqueza por parte exclusiva de la minora dominante colombiana y sus aliados: grandes terratenientes, industriales, financistas, poderosos grupos econmicos; y las transnacionales que usufructan los recursos naturales estratgicos como el petrleo, y se apropian las empresas pblicas ms rentables de la nacin como telecomunicaciones, petrolera estatal, cadenas de almacenes, empresas cerveceras, sistema de salud, educacin, etc.

La otra visin del mundo, la que defendemos tanto la izquierda desde el recin fundado Polo Democrtico Alternativo, amplios sectores democrticos del pas y el movimiento social, aboga por la creacin del Estado Social de Derecho restituyndole de nuevo su papel central en la consecucin del mximo bienestar para su poblacin sobre la base de la ms amplia realizacin de los derechos (justicia social) y libertades a la que todos y todas aspiramos disfrutar en una sociedad democrtica. Dentro de esta concepcin alternativa a la que hoy impera en Colombia, la seguridad (social, no policial) la entendemos como el mximo bienestar de toda la poblacin, ms no de una minora, a travs del goce de la riqueza (justicia social) y los derechos (salud, educacin, seguridad social, vida digna) que consagran nuestra Constitucin. Con ella buscamos, adems, hacer letra viva la Constitucin del 91 que cada da muere con los atropellos, injusticias, crmenes de lesa humanidad, desaparecidos, amenazas de muerte, masacres, secuestros, expropiaciones de tierras a campesinos pobres y medianos, despidos masivos de empleados por cierres de empresas, etc.

Este es el verdadero debate que hay en el trasfondo del enfrentamiento entre la cabeza del ejecutivo, el presidente lvaro Uribe, y los dirigentes del Polo como Carlos Gaviria, Gustavo Petro, Antonio Navarro, Jorge Robledo, Wilson Borja y que, incluso, salpica al expresidente Csar Gaviria. No podemos dejarnos intimidar ni amedrentar por el tono agresivo y desproporcionado del presidente. Sabemos bien, no es la primera vez que pierde su compostura, que cuando se sale de sus cabales se lanza a la opinin pblica con acusaciones y ataques que nos pone en la mira de la ya conocida guerra sucia al Polo, a los voceros de las vctimas del paramilitarismo y a todo aquel o aquella que asuma una posicin radicalmente contraria a la suya. Sus acusaciones de que en el Polo hay "terroristas de civil", son una muestra palpable de que concibe a ste no como su contradictor poltico legtimo en la disputa por el poder, sino como un enemigo a muerte.

De esta situacin, lo preocupante no es el hecho de que en Colombia haya una lucha tenaz entre dos proyectos de sociedad y que a uno de ellos le llegar su muerte poltica, sino que sta disputa no desemboque en la eliminacin fsica del adversario. No deseamos ni promoveremos desde el Polo la eliminacin de nuestros contradictores polticos. Pero es claro que el Polo le apuesta al fin del proyecto autoritario y al Estado corporativo de la seguridad democrtica que ha beneficiado a una minora que todo posee y goza. Por eso, nuestra preocupacin es que ya se empezaron a sentir las amenazas de parte del nuevo grupo paramilitar guilas Negras contra sindicatos, ONGs, y distintos voceros de la oposicin en Colombia.

Al presidente lvaro Uribe y quienes lo acompaan en la empresa poltica e ideolgica de hacer de Colombia un Estado y sociedad corporativa al servicio de los intereses de una minora, le tenemos que responder desde la izquierda, el Polo, el movimiento social y democrtico con la ms clara conviccin y resolucin de luchar en todos los espacios polticos legales que hemos venido ganando (no ddivas que alguien nos haya concedido gratuitamente, sino resultado de la propia lucha del pueblo colombiano) con la ms amplia movilizacin y sin dejarnos provocar ni atraer por la idea de que en Colombia todo lo tenemos que resolver va la eliminacin fsica del adversario.

Que sean las armas de la razn, el debate profundo y amplio de ideas el hilo conductor en la disputa por el poder. Tenemos todo el derecho a hacerlo, a exigirlo y a impedir con la movilizacin en la calle que quienes ven amenazados sus intereses de clase por al avance y lucha organizada del pueblo a travs del Polo, nos impongan como salida la guerra sucia otra vez.

Impediremos con la movilizacin y la lucha electoral que en Colombia se imponga una ideologa de corte fascista como la que defiende el presidente lvaro Uribe. Ideologa poltica fundada en ideas falsas de la realidad y que solo sirven a sus intereses de clase, creyendo que cambiando el modo de pensar de la gente con la propaganda (que la izquierda es terrorista) y la demagogia (haciendo creer que la seguridad democrtica es beneficiosa para todos) se transforma la realidad, y as contribuiran con sus ilusiones sobre sta a producir de nuevo la embriaguez de todo un pueblo.

Ya conocemos en lo que termina la embriaguez de un pueblo una vez que fue creada por una eminencia gris como Laureano Gmez en los aos 30s. En una guerra civil, La Violencia, que arras con el pueblo liberal y conservador. No estaremos maduros como pueblo para impedirlo? Que el desespero del presidente y sus lugartenientes en esta batalla poltica e ideolgica por el poder, no sea el combustible que encienda ms una pradera que ya no tiene donde arder.

Al presidente hemos logrado ponerlo a la defensiva y hoy el Polo como oposicin tiene la iniciativa. Este round poltico lo perder, sus respuestas de odio, rabia y graves acusaciones contra nosotros son prueba irrefutable que se le agot su poltica, su capacidad de resistencia y que lo tenemos a la defensiva. Haremos realidad nuestro anhelo de vivir una vida digna, de derechos y en paz en Colombia desde el Estado Social de Derecho.

* Oto Higuita es miembro de la direccin nacional del Polo
[email protected]



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter