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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2007

Las dos caras de un energo-fascismo emergente
La carrera energtica mundial y sus consecuencias

Michael T. Klare
Znet


Una vez ms se ha puesto de moda entre el grupo cada vez ms reducido de partidarios de la intil guerra del presidente Bush en Irak hacer hincapi en el peligro del "islamo-fascismo" y la supuesta ambicin de los seguidores de Osama bin Laden de establecer un rgimen monoltico, al estilo Talibn, un "Califato", que se extienda desde Gibraltar hasta Indonesia. El presidente mismo ha usado este trmino ocasionalmente durante estos aos, utilizndolo para describir los intentos de los extremistas musulmanes de crear "un imperio totalitario que niega toda libertad poltica y religiosa". Aunque quiz haya cientos, incluso miles de individuos perturbados y suicidas que comparten esta visin ilusoria, el mundo en la actualidad se enfrenta a una amenaza ms sustancial y universal que podra ser denominada: energo-fascismo, o la militarizacin de la lucha mundial por los siempre menguantes suministros energticos.

Al contrario que el islamo-fascismo, el energo-fascismo, con el tiempo, acabar afectando a todas y cada una de las personas en este planeta. O bien nos veremos obligados a financiar o a participar en guerras en el extranjero para asegurar suministros vitales de energa, como el conflicto actual en Irak, o bien nos veremos a merced de aquellos que controlen el grifo energtico, como los clientes del monstruo energtico ruso Gazprom en Ucrania, Bielorrusia y Georgia; o bien, ms pronto o ms tarde nos encontraremos en constante vigilancia por parte del estado, no sea que consumamos ms de nuestra parte asignada de gasolina o nos dediquemos a transacciones ilcitas con la energa. Esto no es simplemente una pesadilla de ciencia ficcin, sino una realidad que potencialmente abarca todos los aspectos de la vida y cuyos rasgos bsicos, que estn pasando ampliamente inadvertidos, se estn revelando hoy en da:

Entre estos rasgos se incluyen:

  • La transformacin del ejrcito de EE.UU. en un servicio mundial de proteccin del petrleo cuya misin principal es defender las fuentes de suministro de petrleo y gas natural de EE.UU. en el extranjero, mientras vigilan los principales gaseoductos y rutas de suministro del mundo.
  • La transformacin de Rusia en un superpoder energtico , con control sobre los mayores suministros de petrleo y gas natural de Eurasia y con la determinacin de convertir estos recursos en una fuerza creciente de influencia poltica sobre los estados vecinos.
  • La pelea despiadada entre los superpoderes por las reservas de petrleo, gas natural y uranio que queden en frica, Amrica Latina, Oriente Medio y Asia, acompaada de cada vez ms frecuentes intervenciones militares, la constante instauracin y cambio de regmenes clientes, corrupcin y represin sistemtica, y el continuo empobrecimiento de la gran mayora de los que tienen la mala suerte de vivir en esas regiones ricas en energa.
  • Creciente intromisin y vigilancia de la vida privada y pblica al crecer la dependencia de la energa nuclear, que trae consigo un aumento de la amenaza de sabotajes, accidentes y el desvo de materiales que se pueden fisionar a manos de proliferadores nucleares ilcitos.

Juntos, estos fenmenos y otros relacionados, constituyen las caractersticas bsicas de un resurgente energo-fascismo mundial. Aunque puedan parecer dispares, todas ellas comparten una caracterstica comn: una creciente participacin del estado en la obtencin, transporte y asignacin de suministros de energa, acompaado por una mayor inclinacin a emplear la fuerza contra aquellos que se resistan a las prioridades del estado en estas reas. Como en el fascismo clsico del siglo veinte, el estado asumir un control cada vez mayor sobre todos los aspectos de la vida pblica y privada buscando lo que se dice ser un inters nacional esencial: la adquisicin de energa suficiente para mantener la economa y los servicios pblicos funcionando (incluyendo el ejrcito).

El interrogante de la demanda / suministro

Tendencias como stas, poderosas y que, potencialmente, pueden cambiar el mundo no ocurren porque s. Los rastros del ascenso del energo-fascismo se pueden encontrar en dos fenmenos principales: un choque inminente entre la demanda y los suministros de energa, y la histrica migracin del centro de gravedad de produccin energtica planetaria del norte al sur.

Durante los ltimos 60 aos, la industria internacional de energa ha conseguido con xito satisfacer la creciente sed de energa mundial en todas sus formas. Slo en lo referente al petrleo, la demanda mundial pas de 15 a 82 millones de barriles al da entre 1955 y 2005, un aumento del 450%. La produccin mundial creci en una cantidad similar en esos aos. Se espera que la demanda mundial siga creciendo en la misma proporcin, si no ms rpido, en los aos venideros, impulsada en gran medida por la creciente influencia de China, India y otros pases en desarrollo. No hay, sin embargo, ninguna esperanza de que la produccin mundial pueda mantener ese ritmo.

Muy al contrario: un creciente nmero de expertos en energa creen que la produccin mundial de crudo "convencional" (liquido) pronto alcanzar un cenit quiz tan pronto como en 2010 o 2015, y entonces comenzar una disminucin irreversible. Si esto resulta ser verdad, ninguna cantidad de arenas de alquitrn canadienses, esquistos bituminosos, u otras fuentes "no convencionales" podrn evitar una escasez catastrfica de combustible-lquido al cabo de una dcada ms o menos, lo que producir un trauma econmico general. El suministro mundial de otros combustibles primarios, como el gas natural, el carbn y el uranio no disminuirn tan rpidamente, pero todos estos materiales son finitos y en un momento dado sern escasos.

El carbn es el ms abundante de los tres; si se consume al ritmo actual, se puede esperar que dure quizs otro siglo y medio ms. Sin embargo, si se utiliza para reemplazar al petrleo (en varios proyectos 'carbn a lquido'), desaparecer mucho ms rpido. Por supuesto esto no tiene en cuenta la contribucin desproporcionada que tiene el carbn en el calentamiento global, si no se cambia la forma en la que se quema en las centrales elctricas, el planeta ser inhabitable mucho antes de que se agote la ltima mina de carbn.

El gas natural y el uranio sobrevivirn al petrleo en una dcada o dos ms, pero finalmente, tambin alcanzarn su cenit de produccin y comenzaran a disminuir. El gas natural simplemente desaparecer, como el petrleo; cualquier escasez futura de uranio se puede, en alguna medida, superar mediante una mayor utilizacin de reactores generadores, que producen plutonio como producto derivado; esta sustancia puede, a su vez, ser usada como combustible en un reactor. Pero cualquier aumento en el uso de plutonio puede tambin incrementar ampliamente el riesgo de proliferacin de armas nucleares, creando un mundo mucho ms peligroso y el correspondiente requerimiento para que los gobiernos descuiden todos los aspectos de la energa nuclear y su comercio.

Dichas posibilidades futuras estn generando una gran ansiedad entre los funcionarios de las principales naciones consumidoras de energa, especialmente los EE.UU., China, Japn y los poderes europeos. Todos estos pases han llevado a cabo grandes revisiones en su poltica energtica durante los ltimos aos, y todos han llegado a la misma conclusin: ya no se puede depender slo de las fuerzas de mercado para satisfacer los requisitos energticos esenciales nacionales, y por eso, el estado debe asumir cada vez ms responsabilidad para llevar a cabo la tarea. sta fue, por ejemplo, la conclusin fundamental de la Poltica Energtica Nacional adoptada por el gobierno de Bush el 17 de mayo de 2001 y que se ha seguido servilmente desde entonces, igual que la postura oficial del rgimen comunista chino. Cuando se encuentra resistencia a esas polticas, adems, los funcionarios del gobierno ejercen el poder del estado con ms regularidad y con ms mano dura para conseguir sus objetivos bien a travs de sanciones comerciales, embargos, arrestos e incautaciones, o bien a travs del uso de la fuerza directa. Esto forma parte de la explicacin de la aparicin del energo-fascismo.

Su crecimiento tambin est impulsado por el cambio geogrfico de la produccin de energa. En una poca, la mayora de los pozos ms importantes de petrleo del mundo se encontraban en Norteamrica, Europa y los sectores europeos del Imperio Ruso. Esto no era una casualidad. Las compaas energticas ms importantes preferan operar en pases hospitalarios, cercanos, relativamente estables y sin inclinaciones a privatizar los depsitos energticos. Pero estos depsitos hace tiempo que han sido mermados y las nicas reas todava capaces de satisfacer la creciente demanda mundial estn en frica, Asia, Amrica Latina y en Oriente Medio.

Casi todos los pases en estas regiones han estado sujetos al dominio colonial y todava abrigan una profunda desconfianza hacia la implicacin extranjera; algunos tambin albergan grupos tnicos separatistas, insurgencias, o movimientos extremistas que los hacen poco hospitalarios para las compaas petroleras extranjeras. Por ejemplo, la produccin de petrleo en Nigeria ha sido reducida bruscamente durante los ltimos meses debido a una insurgencia en el empobrecido Delta del Nger. Ha sido dirigida por miembros de los grupos tribales pobres que han sufrido terriblemente por la devastacin medioambiental causada por las operaciones de la compaa petrolera en su medio, mientras reciban pocos beneficios tangibles resultado de los ingresos del petrleo; la mayor parte de los beneficios que se quedan en el pas son robados por las elites gobernantes en Abuja, la capital. Si combinamos esta clase de resentimiento local con una falta de seguridad y, a menudo, grupos gobernantes inestables, no es sorprendente que los lideres de las principales naciones consumidoras hayan tomado cartas en el asunto cada vez ms a menudo, preparando acuerdos preferentes con las obedientes autoridades locales y facilitando proteccin militar, donde sea necesario, para asegurar una entrega segura del petrleo y del gas natural.

En muchos casos, esto ha resultado en el establecimiento de unas relaciones benefactor-cliente impulsadas por el petrleo, entre las principales naciones consumidoras y sus principales suministradores, similares al hace ya tiempo establecido protectorado de EE.UU. en Arabia Saudita y el ms reciente apoyo de EE.UU. a Ilham Aliyev, el presidente de Azerbaiyn. Tenemos ya el comienzo del equivalente energtico de la clsica carrera armamentstica, combinado con muchos de los elementos del "Gran Juego" que una vez jugaron los poderes coloniales en algunas de las mismas partes del mundo. Militarizando las polticas energticas de las naciones consumidoras y aumentando las habilidades represivas de los regmenes clientes, se est comenzando a colocar los cimientos para un mundo energo-fascista.

El Pentgono: Un Servicio de Proteccin de Petrleo Mundial.

La expresin ms significativa de esta tendencia ha sido la transformacin del ejercito de EE.UU. en un servicio mundial de proteccin de petrleo cuya funcin principal es proteger los suministros de energa en el extranjero junto con su sistema mundial de distribucin (oleoductos y gaseoductos, buques cisterna y rutas de suministro). Esta misin conjunta se articulo en un principio por el presidente Jimmy Carter en enero de 1980, cuando describi el flujo de petrleo del Golfo Prsico como un "inters vital" para los EE.UU., y afirm que este pas empleara "cualquier medio necesario, incluyendo la fuerza militar" para vencer cualquier intento de bloquear este flujo por parte de un poder hostil.

Cuando el presidente Carter emiti este edicto, pronto llamado la Doctrina Carter, los EE.UU. no posean ninguna fuerza capaz de llevar a cabo esta tarea en el Golfo. Para llenar este vaco, Carter creo una nueva entidad, el (RDJTF en sus siglas en ingls), una mezcla de fuerzas con base en EE.UU. creadas especialmente para su posible empleo en Oriente Medio. En 1983, el presidente Reagan transform el RDJTF en el Comando Central (Centcom), que es el nombre que lleva en la actualidad. El Centcom ejerce el mando sobre todas las fuerzas de combate de EE.UU. desplegadas en la zona del Golfo Prsico, incluyendo Afganistn y el Cuerno de frica. En la actualidad, el Centcom est principalmente ocupado con las guerras de Irak y Afganistn, pero nunca ha dejado de lado su papel original de vigilancia del flujo de petrleo del Golfo Prsico de acuerdo a la Doctrina Carter.

En la actualidad, se dice que el mayor peligro para el flujo de petrleo del Golfo Prsico proviene de Irn, que ha amenazado con bloquear los envos de petrleo a travs del vital Estrecho de Hormuz (el estrecho pasaje en la entrada al Golfo) en caso de un ataque areo estadounidense en sus instalaciones nucleares. Como posible anticipacin a un movimiento de tales caractersticas, el Pentgono ha ordenado recientemente el envo de fuerzas areas y navales adicionales al Golfo y ha sustituido al General John Abizaid , Comandante del Centcom, quien estaba a favor del compromiso diplomtico con Irn y Siria, por el Almirante William Fallon, Comandante del Mando del Pacfico (Pacom) y un experto en operaciones areas y navales combinadas. Fallon lleg al Centcom justo cuando el presidente Bush, en un discurso a la nacin televisado el 10 de enero, anunci el despliegue un grupo de batalla de portaaviones en el Golfo y advirti de duras acciones militares contra Irn si no dejaba de apoyar a los insurgentes en Irak y no cesaban sus intentos de adquirir tecnologa para enriquecer uranio.

Cuando la Doctrina Carter se promulg por primera ven en 1980, iba dirigida principalmente al Golfo Prsico y a las aguas circundantes. En los ltimos aos, sin embargo, los polticos estadounidenses han llegado a la conclusin de que EE.UU. debe extender esta clase de proteccin a todas las regiones productoras de petrleo importantes en el mundo subdesarrollado. La lgica para una Doctrina Carter de escala global se describi por primera vez en un informe de un grupo de trabajo bipartito, "La Geopoltica de la Energa", publicado por el Centro de Estudios Estratgicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, en noviembre 2000. Debido a que los EE.UU. y sus aliados son cada vez ms dependientes de los suministros de energa de proveedores extranjeros inestables, el informe llegaba a la conclusin, "Los riesgos geopolticos que acompaan a la disponibilidad de energa no parece que vayan a corregirse". Bajo estas circunstancias, "los EE.UU., como nico superpoder en el mundo, deben aceptar sus responsabilidades especiales para salvaguardar el acceso a los suministros de energa en todo el mundo".

Esta manera de pensar, adoptada por Demcratas y Republicanos por igual, parece haber gobernado el pensamiento estratgico de EE.UU. desde finales de los 90. Fue el presidente Clinton el primero en poner esta poltica en funcionamiento, extendiendo la Doctrina Carter a la cuenca del Mar Caspio. Fue Clinton quien declar originalmente que el flujo de petrleo y gas del Mar Caspio hacia Occidente era una prioridad de seguridad para EE.UU., y quien, con esos objetivos, estableci lazos militares con los gobiernos de Azerbaiyn, Georgia, Kazajstn, Kirguizistn y Uzbekistn. El presidente Bush ha mejorado estas relaciones considerablemente, estableciendo de esta manera una buena base para la presencia permanente del ejercito de EE.UU. en la regin, pero es importante considerarlo como un intento bipartito, de acuerdo con la creencia compartida de que la proteccin del flujo de petrleo mundial es cada vez ms que una funcin vital, es la funcin vital del ejercito estadounidense.

Ms recientemente, el presidente Bush ha extendido el alcance de la Doctrina Carter al oeste de frica, en la actualidad una de las fuentes principales de petrleo para los EE.UU. Se ha dado especial nfasis a Nigeria, donde las tensiones en el Delta (donde se encuentran la mayora de los campos petrolferos tierra adentro del pas) han ocasionado un descenso importante en la produccin. "Nigeria es la quinta fuente ms importante de petrleo para EE.UU.", segn la Justificacin de Presupuesto del Congreso para Operaciones en el Extranjero del Departamento de Estado del Ao Fiscal 2007 "y una interrupcin en el suministro de Nigeria representara un duro golpe para la estrategia de seguridad petrolfera de EE.UU.". Para prevenir dicha interrupcin, el Departamento de Defensa est proporcionando al ejercito nigeriano y a las fuerzas de seguridad internas numerosas armas y equipo con la intencin de sofocar las tensiones en la regin del Delta; el Pentgono tambin est colaborando con el ejercito nigeriano en un nmero de patrullas y vigilancia con el objetivo de mejorar la seguridad en el Golfo de Guinea, donde se encuentran la mayor parte de los campos martimos de petrleo y gas del oeste de frica.

Por supuesto, los oficiales de alto rango y la elite de la poltica exterior generalmente odian reconocer estas motivaciones tan insensibles para la utilizacin de la fuerza militar; prefieren hablar de extender la democracia y luchar contra el terrorismo. Pero de vez en cuando, una pista de esta profunda conviccin basada en la energa sale a la luz. Especialmente revelador es un informe de la fuerza operante del Consejo de Relaciones Exteriores sobre "Consecuencias para la Seguridad Nacional de la Dependencia en el Petrleo de EE.UU." . Copresidido por el antiguo Secretario de Defensa James R. Schlesinger y el antiguo director de la CIA John Deutsch, y aprobado por un grupo de polticos de elite de ambos partidos, el informe proclamaba las tpicas llamadas a ignorar sobre eficiencia energtica y conservacin, pero luego termin con la nota militarista, manifestada por primera vez en el informe CSIS de 2000 (tambin copresidido por Schlesinger): "Varias operaciones de rutina del ejercito de EE.UU. desplegado regionalmente (presumiblemente por el Centcom y Pacom) han realizado contribuciones importantes para mejorar la seguridad energtica, y la continuacin de dicho trabajo ser necesaria en el futuro. La proteccin de vas de transporte por mar del petrleo por parte del ejercito naval de EE.UU. es de suma importancia". El informe tambin exige una intensificacin del compromiso naval de EE.UU. en el Golfo de Guinea en la costa de Nigeria.

Cuando expresan esas opiniones, los polticos estadounidenses adoptan a menudo una postura altruista, proclamando que los EE.UU. estn llevando acabo "un bien social" cuando protegen el flujo de petrleo global en nombre de la comunidad mundial. Pero esta postura altiva y altruista ignora aspectos cruciales de la situacin:

Primero, los EE.UU. son el primer "devorador" de petrleo mundial, consumiendo uno de cada cuatro barriles de petrleo que se consumen al da en el mundo.

Segundo, los oleoductos y rutas navales que protegen los soldados y marines estadounidenses poniendo en peligro sus vidas y su integridad fsica son principalmente aquellas orientados hacia los EE.UU. y aliados cercanos como Japn y los pases de la OTAN.

Tercero, son, a menudo, las compaas con base en EE.UU. las que son protegidas por el ejrcito estadounidense en operaciones en el extranjero en reas peligrosas, de nuevo con un gran riesgo para el personal militar implicado.

Cuarto, el Pentgono es en s mismo el mayor "devorador" de petrleo en el mundo, consumiendo 134 millones de barriles de petrleo en 2005, tanto como Suecia.

As que aunque es verdad que otros pases puedan obtener algunos beneficios de las actividades militares estadounidenses, los principales beneficiarios son la economa estadounidense y las corporaciones gigantes de EE.UU.; los primeros perdedores son los soldados estadounidenses que arriesgan sus vidas cada da para proteger los oleoductos y las refineras, los pobres en esos pases que ven poco o ningn beneficio de la extraccin de sus reservas naturales, y el medio ambiente mundial en general.

El coste de esta empresa gigante, tanto en sangre como material, es enorme y sigue subiendo. Para empezar, hay una guerra en Irak que puede haberse comenzado por varios motivos, pero que, al final, no se puede separar de la histrica misin, en un principio dispuesta por el presidente Carter, para eliminar cualquier amenaza potencial al libre flujo de petrleo desde el Golfo Prsico. Un ataque a Irn tambin podra tener una serie de motivos, pero, tambin, estara ligado a esta misin en un anlisis final, incluso si tuviese el efecto perverso de bloquear los suministros de petrleo, elevando los precios de la energa, y llevando a la economa mundial a caer en picado. Y es seguro que habr ms guerras sobre el petrleo despus de stas, con ms victimas estadounidenses y ms victimas de msiles y balas estadounidenses.

El coste en dlares tambin ser grande. Incluso si la guerra en Irak queda excluida de la cuenta, los EE.UU. gastan ms o menos un cuarto de su presupuesto de defensa, unos 100 mil millones de dlares al ao, en gastos relacionados con el Golfo Prsico, aproximadamente el precio anual para aplicar la Doctrina Carter. Se puede discutir sobre qu porcentaje del aproximadamente billn de dlares de coste de la guerra de Irak se debera aadir a esta cuenta, pero seguramente estamos hablando de un mnimo de muchos cientos de miles de millones sin un final a la vista. La proteccin de oleoductos y rutas navales en el Ocano Indico, Pacfico, el Golfo de Guinea, Colombia y la regin del Mar Caspio aaden otros miles de millones adicionales a la cifra.

Estos costes crecern en un futuro ya que los EE.UU. sern, previsiblemente, cada vez ms dependientes de la energa que proviene del sur, y la resistencia a la explotacin de sus campos petroleros por parte de Occidente crezca, y cuando se acelere la carrera energtica contra las recientemente ascendentes China e India, y segn las elites de la poltica exterior dependan cada vez ms del ejercito estadounidense para superar esta resistencia. Al final, la subida de estos costes necesitar elevar los impuestos o reducir los beneficios sociales, o ambas cosas, y en algn momento, la creciente necesidad de recursos humanos para vigilar estos campos petrolferos, refineras, oleoductos, rutas martimas podran suponer la reanudacin del servicio militar obligatorio. Esto generar resistencia generalizada a estas polticas internas, y esto, a su vez, puede desencadenar toda clase de medidas represivas del gobierno que podran arrojar una sombra mucho ms oscura de Energo-fascismo sobre nuestro mundo.

No ser el "Islamo-fascismo" sino el "Energo-fascismo", la lucha mundial fuertemente militarizada por los cada vez ms escasos suministros de energa, el que dominara los asuntos mundiales (y ensombrecer las vidas de la gente corriente) en las prximas dcadas. Esto es as porque los principales mandatarios gubernamentales estn cada vez menos dispuestos a confiar en las fuerzas de mercado para satisfacer las necesidades nacionales de energa y estn asumiendo la responsabilidad directa de la obtencin, entrega y asignacin de los suministros de energa. Los lderes de los principales pases son cada vez ms propensos a usar la fuerza cuando lo consideran necesario para superar cualquier resistencia a sus prioridades energticas. En el caso de los EE.UU., esto ha obligado a reconvertir nuestras fuerzas armadas en un servicio mundial de proteccin del petrleo (http://www.tomdispatch.com/index.mhtml?pid=157241) ; otras dos muestras significativas del emergente Energo-fascismo son: la llegada de Rusia como un "superpoder energtico" y las implicaciones represivas a los planes para confiar en la energa nuclear.

Los Ricos y los Pobres en Energa

Con la demanda mundial de energa en crecimiento constante y unos suministros que disminuyen (o al menos no aumentan al mismo ritmo), el mundo se est dividiendo incluso ms que antes en dos clases de naciones: los que tienen energa propia y los que no la tienen. Los que la tienen, son pases con suficientes reservas domsticas (alguna combinacin de petrleo, gas, carbn, energa hidrulica, uranio y fuentes alternativas de energa) para satisfacer sus propias necesidades y poder exportar a otros pases; y los que no la tienen carecen de dichas reservas y deben compensar este dficit con importaciones caras o sufrir las consecuencias.

De 1950 al 2000, cuando la energa era abundante y barata, la distincin no era tan obvia mientras los pobres en energa posean otra forma de poder: inmensa riqueza (como Japn), armas nucleares (como Gran Bretaa y Francia); o amigos poderosos (como los pases de la OTAN y del Pacto de Varsovia). No hace falta decir que para los pases pobres que no posean ninguna de estas ventajas, ser un pas sin energa propia era una carga incluso entonces, contribuyendo poderosamente a una crisis en su deuda externa que todava afecta a muchos de ellos. En la actualidad, estas otras muestras de poder han pasado a ser menos importantes y la distincin entre los que tienen energa propia y los que no la tienen es mucho ms significativa, incluso para pases ricos y poderosos como EE.UU. y Japn.

Sorprendentemente, hoy en da hay muy pocos pases con energa propia en el mundo. Los ms notables entre estos pocos privilegiados son Australia, Canad, Kazajstn, Kuwait, Nigeria, Qatar, Rusia, Arabia Saudita, Venezuela, Irn, Irak (si estuviese libre de conflictos) y unos pocos ms. Estos pases estn en una posicin envidiable ya que no tienen que pagar precios astronmicos por petrleo y gas natural importados y sus lites gobernantes pueden exigir toda clase de beneficios, polticos, econmicos, diplomticos y militares, a los lideres extranjeros que llaman a la puerta para comprar grandes cantidades de sus productos energticos. De hecho, pueden dedicarse al delicioso juego de enfrentar a un lder extranjero contra otro, juego al que el presidente de Kazajstn, Nursultan Nazarbeyev, un invitado regular en Washington y Pekn, es muy aficionado.

Yendo un poco ms lejos, esta bsqueda de favores puede llevar a un intento de dominio poltico, haciendo de la venta de petrleo y gas natural un contingente que har consentir al receptor sobre ciertas demandas polticas expuestas por el vendedor. Ningn pas ha abrazado esta estrategia con mayor vigor y entusiasmo que la Rusia de Vladimir Putin.

El Nacimiento del Superpoder Energtico

Al final de la Guerra Fra, pareca como si Rusia fuese un ex superpoder desolado y echado a perder, empobrecido de espritu, riquezas e influencia. Durante aos, los polticos norteamericanos le trataron con desdn. Sus lderes fueron forzados a aceptar acuerdos humillantes como la expansin de la OTAN a antiguos satlites de Mosc en Europa del Este y la abolicin del Tratado Anti Msiles Balsticos. A muchos en Washington deba de parecerles como si Rusia fuese solo una reliquia histrica, una ex potencia que ya no iba a desempear un papel importante en la poltica mundial.

Hoy en da, Mosc y no Washington, parece ser quien re el ltimo. Con el control sobre las mayores reservas en Eurasia de gas natural y carbn as como enormes reservas de petrleo y uranio, Rusia es el nuevo mandams, un superpoder energtico en vez de uno militar, pero un superpoder despus de todo.

Primero, echemos un vistazo al panorama general: Rusia es el rey absoluto de los productores de gas natural. Segn BP (antiguamente British Petroleum), este pas solo posee 1,7 cuatrillones de pes cbicos de reservas de gas fehacientes, o lo que es lo mismo un 27% del total de reservas mundiales. Esto es incluso ms significativo de lo que puede parecer ya que Europa y la antigua URSS dependen ms del gas natural para sus necesidades totales de energa, un 34%, que ninguna otra regin en el mundo. (En Norteamrica, donde el petrleo es el combustible dominante, el gas natural supone slo un 25% del total). Ya que Rusia es, con mucha diferencia, el principal suministrador del gas de Eurasia, disfruta de una posicin de dominio en el suministro sin igual entre otros suministradores de energa, excepto Arabia Saudita con al petrleo. Incluso en eso, Rusia es el segundo principal productor del planeta, slo 1,4 milln de barriles menos que los 11 millones de barriles diarios de Arabia Saudita a principios del 2006. Rusia tambin posee las segundas mayores reservas de carbn del mundo (despus de los EE.UU.) y es el principal consumidor de energa nuclear, con 31 reactores operativos.

Poco despus de asumir el cargo de presidente en 1999, Vladimir Putin se dispuso a convertir esta superabundancia de energa, el equivalente econmico a un arsenal nuclear, en una forma de influencia poltica que devolvera a Rusia su estatus de superpoder. Al controlar el flujo de energa a otras partes de Eurasia desde Rusia y las antiguas republicas soviticas como Kazajstn y Turkmenistn (cuya energa se exporta a travs de oleoductos rusos), dedujo que podra ejercitar la clase de influencia poltica que disfrutaron los mandatarios soviticos durante el apogeo de la Guerra Fra. Para conseguirlo, sin embargo, tena que dar marcha atrs a la amplia privatizacin de la industria del petrleo y gas que ocurri a principios de los 90 despus del desmantelamiento de la URSS y devolver elementos vitales de la industria energtica privada en Rusia a manos del estado. Como no haba ninguna forma legtima de hacer esto bajo el sistema legal post comunista en Rusia, Putin y sus asociados se valieron de mtodos ilegtimos y autoritarios para desprivatizar estos valiosos recursos. Aqu, podemos ver otra cara emergente del Energo-fascismo.

Es llamativo que el mismo Putin hubiera detallado hacia tiempo las razones para concentrar el control sobre las fuentes de energa en Rusia en manos del estado. En un resumen de 1999 de su tesis de doctorado sobre "Materias Primas Minerales en la Estrategia para Desarrollar la Economa Rusa", afirma que el estado ruso debe supervisar la utilizacin de las materias primas minerales del pas, incluyendo los campos petrolferos en manos privadas, por el bien de la poblacin rusa. "El estado tiene el derecho a regular el proceso de adquisicin y uso de las materias primas, y particularmente de las materias primas minerales, independientemente de quien sea el propietario", escribi. "En este sentido, el estado acta en el inters de la sociedad en general." No se puede imaginar una mejor justificacin para el Energo-fascismo.

La expresin ms famosa de esta opinin ha sido el llamado Asunto Jodorkovsky. En 2003, Mijail Jodorkovsky, el consejero delegado de Yukos, entonces el principal productor de petrleo de Rusia, fue arrestado acusado de fraude y evasin de impuestos. Haba ido en contra de Putin buscando toda clase de acuerdos energticos independientemente del estado, incluyendo posibles empresas conjuntas con Exxon Mobil, y apoyando a las fuerzas polticas contrarias a Putin en Rusia; cualquiera de las dos cosas poda haber sido suficiente para ganarse la ira del Kremlim.

Sin embargo, ahora est claro que el objetivo ltimo de Putin al preparar la detencin fue ganar el control de Yuganskneftegaz, principal activo de Yukos, que supona un 11% de la produccin petrolera rusa . Con Jodorkovsky y sus principales asociados en la crcel esperando juicio, el gobierno subast Yuganskneftegaz a una compaa tapadera, la cual despus la revendi a la compaa estatal Rosneft a un precio ms bajo que el del mercado. De un solo golpe, Putin se las arregl para desbaratar Yukos y convertir a Rosneft en la principal productora de petrleo del pas.

El presidente ruso tambin ha buscado extender el control estatal a la distribucin y exportacin de petrleo y gas bloqueando cualquier intento de compaas privadas para construir oleoductos que puedan competir con los que pertenecen y son operados por Gazprom , el monopolio de gas propiedad del estado, y Transneft , monopolio estatal de oleoductos. Los EE.UU. y otras naciones consumidoras llevan tiempo presionando a favor de la construccin de oleoductos y gaseoductos privados en Rusia para aumentar la salida de energa a Europa y otros mercados extranjeros y tambin para diluir el poder de Gazprom y Transneft. El Kremlin, sin embargo, ha frenado sistemticamente dichos intentos.

Si la concentracin de propiedad de los recursos en manos del estado por medios dudosamente legales es una dimensin del energo-fascismo emergente en Rusia, una segunda es la utilizacin de este poder para intimidar a estados sin recursos energticos propios en las fronteras rusas. La expresin ms notable de esto hasta la fecha ha sido el corte de suministro de gas natural a Ucrania el 1 de enero de 2006. En apariencia, Gazprom cort el flujo por una disputa sobre los precios del gas ruso, pero la mayora de los observadores creen que la accin tuvo la intencin de amonestar al presidente de Ucrania, prooccidental, Victor A. Yushchenko. Recuerden, esto sucedi justo en invierno, y el gas natural es la principal fuente de calor en Ucrania, al igual que en la mayora de pases de Europa del Este y la antigua URSS. Grazprom reanud el suministro despus de un compromiso de ltima hora sobre los precios y siguiendo grandes quejas de clientes de Europa occidental que estaban sufriendo sus propias perdidas (ya que los ucranianos desviaron el gas que se diriga a Europa para su propio uso). Este fue el momento cuando quedo claro para todos que Mosc estaba totalmente dispuesto a abrir y cerrar el grifo de energa como una herramienta en la poltica exterior.

Desde entonces, Mosc ha empleado esta tctica en varias ocasiones para intimidar a otros estados vecinos en lo que denominan su "extranjero cercano" (como los EE.UU. solan hablar de Amrica Latina como su "patio trasero"). El 29 de julio de 2006, alegando un escape, Transneft par los envos de petrleo a la refinera de Mazeikiu en Lituania despus de que sus propietarios anunciaran su venta a una compaa polaca, no a una rusa. Los observadores de esta accin especulan que los polticos rusos intentaban forzar una absorcin rusa de la refinera.

En Noviembre, Gazprom amenaz con multiplicar por ms de dos el precio del gas natural al antiguo miembro de URSS, Georgia, pasando de 100$ a 230$ los 1.000 metros cbicos. La alternativa que se ofreca era un cese en los envos. De nuevo, la presin poltica se cree que fue por lo menos una parte del motivo ya que el gobierno prooccidental de Georgia ha desafiado a Mosc en una amplia variedad de temas. En diciembre, Gazprom utiliz el mismo truco con Bielorrusia, exigiendo un mayor reajuste de precios de un aliado cercano (y empobrecido) que recientemente haba mostrado signos de independencia.

sta es pues otra cara del energo-fascismo en Rusia: el uso de su energa como un instrumento de influencia poltica y de coercin a estados vecinos debilitados y sin energa propia. "No es que la energa sea una nueva arma atmica", dijo Cliff Kupchan, asesor del Grupo Eurasia al Financial Times, "pero Rusia sabe que el petro-poder, aplicado agresivamente y con inteligencia, puede dar rditos diplomticos."

El Gran Hermano y el Renacimiento Nuclear

La ltima cara del energo-fascismo que se va a comentar aqu es el aumento inevitable de la vigilancia y represin estatal atendiendo a un esperado incremento en la energa nuclear. Al comenzar a escasear el petrleo y el gas natural, los lderes de gobiernos e industria sin duda presionarn para conseguir una mayor dependencia de la energa nuclear para obtener energa adicional. Este es un programa que posiblemente ganar impulso con la creciente preocupacin por el calentamiento global, principalmente como resultado de las emisiones de dixido de carbono procedente de la combustin de petrleo, gas y carbn. El presidente Bush ha hablado repetidamente de su deseo de fomentar una mayor dependencia de la energa nuclear y el Decreto de Poltica Energtica de 2005, apoyado por el gobierno, ya provee una variedad de incentivos para empresas elctricas para que construyan nuevos reactores en EE.UU. Otros pases como Francia, China, Japn, Rusia y la India tambin planean aumentar su dependencia de la energa nuclear, incrementando ampliamente la expansin de reactores nucleares en el mundo.

Numerosos problemas obstaculizan este llamado renacimiento, entre ellos los gastos astronmicos que implica y el hecho de que no se haya ideado todava un sistema seguro para almacenar a largo plazo los deshechos nucleares. Adems, a pesar de las mejoras en la seguridad de las centrales nucleares, persisten las preocupaciones sobre el riesgo de accidentes nucleares como los que ocurrieron en Three Mile Island en 1979 y en Chernbil en 1986. Pero ste no es el lugar para valorar estos temas. Djenme que me centre en dos aspectos especialmente preocupantes de un futuro crecimiento de la industria de la energa nuclear: la posible federalizacin de la ubicacin de los reactores nucleares en EE.UU. y las implicaciones represivas mundiales de una mayor disponibilidad de materiales nucleares que podran caer en manos de terroristas, criminales y estados "canalla".

Actualmente, las municipalidades, condados y estados en EE.UU. todava ejercen un control considerable sobre la concesin de permisos para la construccin de nuevas centrales nucleares, concediendo a los ciudadanos en estas jurisdicciones la oportunidad de resistirse a la ubicacin de un reactor en "su patio trasero". Durante dcadas, ste ha sido uno de los principales obstculos para la construccin de nuevos reactores en EE.UU. junto con el costoso y duradero proceso jurdico necesario para meterse en el bolsillo a legislaturas estatales, juntas de condados y agencias medioambientales. Si prevalece esta prctica, posiblemente nunca veremos un verdadero "renacimiento" de la energa nuclear aqu, incluso si se construyen unos pocos reactores nuevos en reas rurales pobres donde la resistencia ciudadana es mnima. Por lo tanto, la nica manera de aumentar la dependencia de la energa nuclear es federalizar el proceso de permisos dejando a las agencias locales de lado y concediendo a los burcratas federales el poder sin restricciones para conceder permisos para la construccin de nuevos reactores.

Le parece improbable al lector? Bien, consideremos lo siguiente: la Ley de Poltica Energtica de 2005 estableci un precedente importante para la federalizacin de dicha autoridad privando a los funcionarios estatales y locales de su poder para aprobar la ubicacin de plantas de "regasificacin" de gas natural. Se trata de plantas enormes que se utilizan para reconvertir el gas natural lquido, transportado en barco desde suministradores extranjeros, en gas que se puede distribuir por tuberas a los clientes en EE.UU. Varias localidades de las costas este y oeste han luchado contra la construccin de dichas plantas en sus puertos por miedo a que puedan explotar (no es una preocupacin nada rebuscada) o se puedan convertir en objetivos terroristas, pero han perdido el poder legal para hacerlo. Pues vaya con la democracia local!

Esta es mi preocupacin: que un gobierno futuro apruebe una enmienda a la Ley sobre Poltica Energtica dando al gobierno federal la misma autoridad para la ubicacin de reactores nucleares que la que ahora tiene para las plantas de regasificacin. Los federales entonces anunciarn planes para construir docenas o incluso cientos de nuevos reactores en o cerca de lugares como Boston, New York, Chicago, San Francisco, Los ngeles, Denver y lugares parecidos, argumentando una necesidad urgente de energa adicional. La poblacin protestar en masa. Los funcionarios locales, comprendiendo a los manifestantes, se negaran a detenerlos en masa. Pero ahora estamos hablando de desafiar ordenes federales, no estatales o municipales. Despus de esto, se enva a la Guardia Nacional o al ejrcito regular para sofocar las protestas y proteger la construccin de los reactores: energo-fascismo en accin.

Finalmente, existe otro peligro de la proliferacin de la energa nuclear: habr que aumentar sistemticamente la vigilancia estatal de todas las personas incluso remotamente relacionadas con el comercio de energa nuclear. Despus de todo, cada planta de enriquecimiento de uranio, cada reactor nuclear, cada almacn de desechos nucleares, y cualquiera de los pasos intermedios entre ellos, es una fuente potencial de materiales fisionables para terroristas, traficantes del mercado negro, o estados "canalla" como Irn y Corea del Norte. Esto significa, por supuesto, que todo el personal empleado en estas plantas, y todos sus contratistas y subcontratistas (y todos sus familiares y contactos) tendrn que ser constantemente investigados por posibles conexiones ilcitas y ser mantenidos bajo estricta vigilancia todo el tiempo. Cuantos ms reactores haya, ms plantas y ms contratistas tendrn que estar sujetos a esta clase de vigilancia, y cuanto ms, los empleados de seguridad tambin tendrn que estar sujetos a unos niveles incluso ms altos de vigilancia por parte de las agencias de seguridad del estado. Es una frmula para Gran Hermano a una enorme escala.

Y luego est el problema especial de los reactores generadores. Estas plantas generan ms material fisionable que el que consumen, a menudo en forma de plutonio, el cual, a su vez, se puede someter a combustin en reactores para generar electricidad pero tambin se puede usar como combustible de armas nucleares. Aunque esta clase de reactores estn actualmente prohibidos en EE.UU., otros pases, incluido Japn , estn construyndolos para rebajar su dependencia de los combustibles fsiles y el uranio natural, tambin un recurso finito. Al aumentar la demanda de energa nuclear, ms pases (incluso, posiblemente, EE.UU.) tendrn que construir reactores generadores. Pero esto aumentar inmensamente el suministro global de plutonio listo para las bombas, lo cual obligar a un aumento incluso mayor de vigilancia estatal sobre la industria de la energa nuclear en todos sus aspectos.

El Puo de Hierro del Estado

Todos los fenmenos discutidos en estos dos artculos, la transformacin del ejrcito de EE.UU. en un servicio mundial de proteccin de petrleo, el crecimiento del equivalente energtico de una gran carrera armamentista, la emergencia de Rusia como un superpoder energtico y la necesidad de un aumento de la vigilancia a la industria de la energa nuclear, son manifestaciones de una nica tendencia que abarca estos diversos aspectos: la tendencia de los estados a extender su control sobre cada aspecto de la produccin energtica, compra, transporte y ubicacin. Esto, a su vez, es una respuesta al agotamiento de los suministros energticos mundiales y un desplazamiento en la ubicacin de la produccin de energa, del norte al sur. Todo esto lleva ya tiempo ocurriendo, pero esta destinado a ganar un mayor impulso en los aos venideros.

Muchos ciudadanos y organizaciones preocupadas, el Apollo Alliance , el Rocky Mountain Institute , y el Worldwatch Institute , por nombrar unos pocos, estn tratando de desarrollar respuestas democrticas razonables a estos problemas derivados del agotamiento de la energa, inestabilidad en zonas productores de energa y el calentamiento global. La mayora de los lderes de los gobiernos, sin embargo, parecen tener la intencin de enfrentarse a estos problemas mediante un aumento del control estatal y una mayor confianza en el uso de la fuerza militar. Si no nos resistimos a esta tendencia, el energo-fascismo puede ser nuestro futuro.

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Michael T. Klare es Catedrtico de Estudios sobre Paz y Seguridad Mundial en el Colegio Hampshire y el autor de Blood and Oil: The Dangers and Consequences of Americas Growing Dependence on Imported Petroleum (Sangre y Petrleo: Los Peligros y Consecuencias de la Creciente Dependencia de EE.UU. del Petrleo Importado) (editorial Owl).

Este artculo apareci primero en Tomdispatch.com, un weblog de Nation Institute, que ofrece un suministro continuo de fuentes alternativas y de opinin de Tom Engelhardt, durante largo tiempo redactor editorial, cofundador de The American Empire Project (El Projecto del Imperio Norteamericano) y autor de The End Of Victory Culture (El final de la Cultura de la Victoria, una historia del triunfalismo norteamericano en la Guerra Fra), una novela, The Last Days of Publishing, (Los ltimos Das del Mundo Editorial) y Mission Unaccomplished (Misin Incumplida), (Nation Books), la primera coleccin de entrevistas de Tomdispatch.

Traducido por Eva Calleja y revisado por Miguel Montes Bajo



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