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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2007

Elogio de la Disputa
La decisin de Cauchy

Darel Avalus
Rebelin


El barn Augustin Louis Cauchy fue un excelso matemtico que alcanz justificada celebridad por sus significativos aportes al anlisis.

De pequeo, Augustin fue un chico de notable rendimiento acadmico; lleg a dominar perfectamente el latn, y a los 15 aos gan le grand prix dhumanits, instituido por el Gran Aprovechador de la Revolucin Francesa, el timador Napolen (dit emperador Bonaparte). Para completar la felicidad de sus padres, le petit Augustin Cauchy era, como toda su familia, un ferviente catlico, razn por la cual mereci un extenso artculo en el tomo XII de la muy reaccionaria versin de la enciclopedia Espasa-Calpe, editada en la primera mitad del siglo pasado. (No hay que suponer que sus versiones posteriores lo sean menos; podra aventurarse por el contrario que muchos de sus signatarios y legatarios trabajan con similares luces y denuedo para Encarta Corporation.)

Cuando la monarqua recuper el poder en Francia en 1816, adems de desatar buclicamente un feroz y vengativo terror blanco, se ocup de reorganizar la Acadmie. Con este fin edit una ordenanza, una de cuyas medidas otorgaba al matemtico barn Augustin Louis Cauchy el asiento que ocuparan hasta ese instante el matemtico Gaspard Monge, inventor de la geometra descriptiva, y el fsico Nicols Lonard Sadi Carnot, enunciador de la segunda ley de la termodinmica. El primero de los depuestos haba colaborado con la Revolucin Francesa, mientras que el segundo era hijo de Lazare Carnot, miembro de la Asamblea Legislativa en 1791, de la Convencin Nacional en 1792 y del temido Comit de Salvacin Pblica en 1793.

El barn Cauchy, independientemente de sus merecimientos intelectivos, no mostr escrpulos ni emiti reparos por recibir una nominacin que implicaba tan torcido comportamiento para con sus camaradas de ciencias (Conocimientos bsicos mundanales acreditaran las sospechas de quienes supongan que esa actitud no le gan el afecto de sus colegas, Laplace y compaa, mayoritariamente y sospechosamente ateos.)

El rgimen que sucedi a los Borbones tras la Revolucin de 1830 exigi el juramento de sus funcionarios. Cauchy revelando ms valor y firmeza que durante su designacin se neg a hacerlo por razones ideolgicas y, sin que nadie lo molestara, sus temores lo llevaron a un auto-exilio en Turn. Con la jerga mecanicista que poda esperarse de un cientfico de la poca, Cauchy explic su conducta con una frase grfica, preclara y acertada: La mente humana posee una gran inercia.

Tena razn el atribulado sabio, aunque l no pudiera explicarse las causas de ese fenmeno mediante enlaces sinpticos (vnculos neuronales) y las imgenes mentales que ellos definen, trasmisores cerebrales, procesos fisiolgicos intracraneales, entramados conductuales y otras contundentes nociones: unos aos lo alejaban de la aceptacin cientfica generalizada de la naturaleza objetiva del universo subjetivo humano y de las relaciones (dialcticas, biyectivas, orgnicas, no lineales, multidimensionales) entre soma y psych, uno de los ms significativos logros del siglo XX (tan rico en eventos de todo tipo), en consideracin a su repercusin; y muchos ms lo separaban del momento en que esas frtiles especulaciones adquirieran confirmacin experimental.

Como el Blaise Pascal que expres Le cur a ses raisons que la raison ne connat point [El corazn tiene razones que la razn no conoce], Cauchy senta empata o antipata y se vea interiormente compelido a observar una conducta, sin ms explicaciones que las providenciales, porque tampoco se saba a la sazn que en psicologa, la comprensin de un fenmeno es la parte principal de su superacin o dominio.

No es posible exagerar la importancia de ese conocimiento. l nos acerca al vencimiento de la ira; al desbaste de incomprensiones; al crecimiento individual mediante la superacin dialctica de quines hemos sido y, de alguna manera, siempre somos, para estar en condiciones de apuntar hacia s y no hacia el entorno social circundante, como generalmente hacemos la saeta del vector con que identificamos la voluntad propia; al establecimiento de lmites confiables de nuestros compromisos y a la evaluacin realista de su alcance, incluyendo las nociones de partidismo, lealtad, fidelidad, y similares. El dominio espontneo, pero profundo, de estas verdades hizo exclamar a K. Marx que no era marxista: serlo le habra impedido ora autonegarse dialcticamente, ora encasillar al marxismo, concibindolo como un sistema cerrado (siendo en verdad exactamente lo contrario, segn puede deducirse del asiento de su mtodo edificador: prctica y realidad). Ni expositor encadenado, ni exposicin culminada.

Las personas del pasado que pensaron en esos temas que hoy llamamos existenciales probablemente intuyeran que los humanos como demuestran piras, condenas, encierros, ejecuciones, castigos y torturas somos seres potencialmente predispuestos a dudar (mismo apresto innato que explica la fe), a socializar y a tender hacia la libertad, y que el desarrollo (en sociedad y solo en ella) de esas naturales inclinaciones nos convierte en seres vidos de saber [homo sapiens], de amar y de re-crear el mundo circundante. El presente ha comenzado gradualmente a explicar los fundamentos materiales de sus intuiciones, realidad virtual mediante.

Tal vez el ms valioso de los resultados que las ciencias neurolgicas nos regalan hoy sea la comprensin de que no hay procedimientos educativos, tanto menos coercitivos, que consigan conductas humanas, asumidas y permanentes, que nieguen o atenten contra esa realidad psico-neuronal de los seres humanos sin que individualmente se afecten profundamente, en todos los planos de su realidad psico-somtica, y sin que a nivel social se opongan, finalmente, a las condiciones que provocan sus desequilibrios personales. La maleabilidad de nuestro universo interior no trasciende las fronteras de su negacin: no hay vas para aniquilar totalmente lo humano en cada quien. La inexistencia de tales caminos impidi a los esclavos la aceptacin de su inhumana condicin y a los nazis el triunfo permanente de su ideologa.

De esta forma, los dos polos antagnicos tangibles que desde su psiquismo han regido la conducta individual de los seres humanos, acuciados ciertamente por las circunstancias objetivas del mundo en que han sido, se encuentran en: a) las representaciones mentales culturales, debidas a la educacin (concebida en su sentido ms amplio); b) las representaciones mentales exigidas por los cambios de visin que genera la poca. (Para todos es legtimo el aserto de que las ideas son la elaboracin psquica de la realidad.)

Elogio de la disputa

La historia es prdiga en ejemplos de personas destacadas en algunas ramas del saber que han sido vencidas por la inercia mental.

Casi nadie ignora la agria disputa entre Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz, que dur hasta la muerte del alemn, en torno a la autora del mtodo conocido como clculo infinitesimal. Newton, cuyos actos de dudosa moralidad intelectual en otras muchas instancias han sido harto documentados, adujo como justificacin de su reticencia en dar a conocer los procedimientos matemticos por l descubiertos el temor a la burla de sus contemporneos.

(Cunta vanidad en seres mortales, pertenecientes adems como todo lo vivo a una especie enfrentada de hecho a idntico mortal destino!)

Menos conocida es la categrica desavenencia del eximio matemtico conde Louis de Lagrange y el no menos talentoso Jean-Baptiste-Joseph Fourier en torno a la descomposicin de funciones peridicas en series trigonomtricas convergentes. (Lagrange tema a la trascendencia epistemolgica de esta idea: por complejo que sea un proceso o fenmeno, hay siempre un modo de presentarlo a travs de componentes ms simples.)

La muerte por suicidio de Ludwig Edward Boltzmann, a los 62 aos, podra ser banal si no hubiera estado motivada por la incapacidad del creador de la fsica estadstica en demostrar la existencia de tomos y molculas, fundamento de sus visiones.

No resulta extrao que Johann Carl Friedrich Gauss [Gau] haya sido la primera persona en comprender que la geometra de Euclides no era sino uno de los posibles lenguajes, destinados a describir matemticamente la realidad. Sin embargo, llama la atencin el hecho de que no hiciera conocer sus hallazgos por recelo al ridculo y la incomprensin. Sus aprensiones no eran balades: Nikoli Ivnovich Lobachevsky fue cesanteado como rector de la Universidad de Kazn, tras dejar conocer sus notables resultados sobre el tema. Tal exoneracin persegua disipar el ridculo que presumiblemente causaran las elucidaciones del atrevido matemtico antes de que se extendiera a toda la comunidad intelectual pan-rusa, en extremo sensible desde entonces a las opiniones de connotados extranjeros.

Imparcialmente uno podra preguntarse: si esos son ejemplos referidos a las ciencias fsica y matemtica, amparadas ambas en el recurso del experimento y la demostracin formal, cun tormentoso no ha de ser el camino que se alza ante los inmateriales atisbos humansticos? Como demuestra fehacientemente la historia, son fundadas nuestras inquietudes.

Naturalmente, ejemplos aislados no son evidencia suficiente del todo. Es ms, si se juzga a partir de caractersticas aisladas, ni siquiera la conducta adoptada por el todo menos uno en el pasado es seguridad suficiente del curso que seguir el nico acaecer restante. (Es conocida la acertada e ingeniosa observacin de Friedrich Engels acerca de que la salida cada amanecer del sol por el Oriente no ofrece en s misma certeza respecto al modo de ocurrencia de este fenmeno el da de maana.)

Afortunadamente para nuestro confort occidental, la confirmacin de una tesis no exige su certificacin mediante el agotamiento de todas sus realizaciones puntuales: para validar nuestras presunciones, nos basta con comprobarlas en el modelaje formalizado que hacemos del objeto en cuestin. (Al fruto de ese proceder lo llamamos ciencia.) As han sido construidos (intuicin incluida) desde la primera rueda arqueolgica hasta los agresivos y potentes artculos nanotecnolgicos. (Aseverar que semejantes virtudes cognitivas sean tan ventajosas para la dicha como lo son para la molicie tal vez resulte un tanto azaroso.)

Sucede, no obstante, que los ejemplos aducidos son apenas una mirada, un botn de muestra, un araazo discursivo, una cultivada (no culterana) bocanada de alerta, porque todo, absolutamente todo, el saber humano se ha ido acumulando de igual modo: la nueva realidad fuerza los cambios pertinentes en las imgenes mentales de los individuos, para que las representaciones sinpticas surgidas en lucha con la inercia mental produzcan las nuevas aproximaciones a esa realidad.

Mas, cuidado!: como puede comprender fcilmente todo aquel que viva en sociedad, ni siquiera quienes comparten poca, cultura, nacin, posicin, educacin y circunstancias revelan idnticas imgenes de conexiones sinpticas, ni la formacin de estas transcurre mediante sucesiones gemelas de neuronas estimuladas ante un mismo reflejo, ni las respuestas neuronales poseen igual intensidad y permanencia, ni los vnculos finales as obtenidos provocan en su poseedor sinnimas evocaciones, ni es equivalente el dominio que ejercen ellas sobre las conductas de cada cual.

Sin considerar la reciedumbre de la inercia mental (misma que nos esclaviza ante vicios, manas y costumbres), acciones ingenuas, ignaras o impensadas nos llevan a aplicar intensamente los atributos volitivos de que estamos dotados, no a luchar por modificar nuestros demonios, sino a incidir alentados por la evidencia aparente, aportada por las imgenes mentales propias, acaso airadamente, sobre giros, posturas y opiniones vigentes en nuestro entorno, lo cual no desacredita las discrepancias gnoseolgicas y desacuerdos verbales; antes bien, los contextualiza, vale decir los refuerza, porque muestra que la dialctica de los procesos acontecidos est relacionada, en verdad, con la modificacin profunda de asentadas imgenes mentales. Nadie se supone incoherente, ni siquiera los orates.

Hay que discutir sin devaluaciones apriorsticas. Tenemos que convencer y no imponer, persuadir y no agredir, discurrir y no someter, argir y no silenciar, discutir y no incriminar, alegar y no sobrecoger.

Es claro que las nuevas realidades desactualizan controversias de temas vencidos Alguien cuerdo (los maximalistas, fundamentalistas y neocons quedan excluidos por definicin, aunque merecen atencin mdica especializada) estara dispuesto a reactivar y reanudar las argumentaciones tomistas? Si no hubiera sido por la ominosa implosin del socialismo irreal de las naciones de Europa Oriental y Asia Occidental, igualmente improcedente parecera a todos litigar, hoy da, acerca de la validez de las soluciones capitalistas al problema humano. La tragedia vivida por aquellos pueblos ha re-actualizado un debate, para muchos, decadente, y hemos de encararlo con el vigor y la firmeza que nutren la razn.

Todos a quienes importa el futuro debemos luchar en ese campo de pensamientos y conceptualizaciones; hacerlo, adems, con ardor para no extenuarnos, sin perder paciencia, compostura o fe en la solidez de las ideas. Hay que apelar a la cordura, hay que llamar a la racionalidad, hay que educar. Hay que mostrar la absurdidad del proyecto capitalista porque l supone el acceso de los menos a la posesin de riquezas como consecuencia del empobrecimiento brutal de los ms, y esa situacin es socialmente insostenible. Lo impiden la consistencia y robustez de la humana urdimbre de enlaces neuronales, mismos que definen quines y cmo somos, nuestras tendencias potenciales ingnitas y nuestros poderes humanos.

Quienes sospechan que el comunismo ser un estado sin disputas, o que la vida de las personas del futuro transcurrir sin agudas trifulcas, ni conoce al prjimo ni a s mismo.

Luchamos porque somos de un modo ineludible. Luchamos porque no podemos rehusar el cumplimiento de nuestra ingnita tendencia a permitir el imperio de la realidad ms racional en cada caso. Luchamos y aprendemos que la lucha no significa aniquilar las visiones del otro mediante el exterminio del otro, sino la superacin dialctica de sus posiciones, su admisin casustica en las nuestras y su validacin lmite. Luchamos porque contradiccin no significa antagonismo excluyente, sino diversidad de enfoques y perspectivas. Lucharn nuestras imgenes, no sus portadores.

Luchamos porque, como Cauchy, carecemos de la opcin de evitarlo.



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