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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2007

Vacila el bipartidismo
Crujidos

Rossana Rossanda
Revista Sin Permiso


Vacila desde todos los frentes el bipolarismo que desde 1989 se haba erigido como principio base de todas las asambleas electivas, a imitacin del sistema anglosajn. En Europa, polticamente ms compleja, no funciona. Franceses, italianos, alemanes conocen bien poco el uno del otro slo lo hacen quienes tienen poder de decisin: la Comisin de la UE, el Banca central, el Ecofin, la coordinadora de las policas pero las poblaciones estn investidas de los mismos procesos que estn dislocando los respectivos escenarios institucionales. Comn es el reacomodarse de un centro que tiende a cortar las alas de las coaliciones que reflejan sectores importantes pero polticamente minoritarios de la sociedad. Este es el verdadero objeto de la peligrosa navegacin del centroizquierda de Romano Prodi en estas semanas sobre los pacs y sobre la poltica exterior, con el refinanciamiento de la misin en Afganistn y la ampliacin de la base norteamericana en Vicenza. Y todava ms difcil ser, en las prximas semanas, la mesa de las jubilaciones.

La primera negacin del bipolarismo lleg hace tiempo desde Alemania con la Grosse Koalition entre la SPD y la CDU, que tambin haba cortado las famosas alas extremas, y volvi a la palestra en las ltimas elecciones: en este caso el bipolarismo funciona slo como medida de las relaciones de fuerza, en un sistema de gobierno compartido de dominacin moderada, es decir, centrista.

En Italia, la mayora del centroizquierda est volcada en el mismo sentido, y no slo el ala ultra de la Margherita y de Mastella, que querran librarse de las llamadas izquierdas radicales, o sea Rifondazione, PDC, quizs los Verdes y sustituirlas con los votos de la UDC y algn trnsfuga de Forza Italia.

No es slo una tentacin parlamentaria, inducida por la exigidad de los nmeros, especialmente en el Senado: es el deseo de la mayor parte de los medios antiberlusconianos, basta leer los editoriales de Eugenio Scalfari, no sospechoso personalmente de querer mayoras variables, pero intolerante hacia aquello que llama maximalismo de las izquierdas.

En Francia, el clsico duelo fatal y final entre dos ideas de pas que tomaran cuerpo en las elecciones presidenciales del prximo abril, es encarnado por el repentino emerger en la coalicin gubernativa saliente por una especie de Follini-Rutelli trasalpino, Franois

Bayrou, que amenaza a los candidatos de la UMP, Nicolas Sarkozy y del Partido Socialista, Segolne Royal. No es que el candidato centrista parezca poder vencer, pero est mordiendo a uno y a la otra, que hasta ahora dominaban sin contrastes la escena. En el sistema de voto francs, en la primera vuelta pueden presentarse todos aquellos que tengan quinientas firmas de ya electos, mientras que a la segunda van al ballottage slo los primeros dos. En concreto, el 21 de abril estarn en campo del lado de la saliente centroderecha Jean Marie Le Pen (un cocktail de Almirante y Bossi), Nicolas Sarkozy, actual ministro del Interior y ultraliberal, y el rampante Franois Bayrou, mientras que la actual oposicin presenta seis nombres, por los socialistas Segolne Royal, ex ministra del gobierno Jospin y presidente de una gran regin, Marie George Buffet, secretaria del PCF, Arlette Laguiller, inoxidable lder de Lucha Obrera, Dominique Voynet por los Verdes y, si obtienen como parece las quinientas firmas de sponsors, Olivier Besancenot, secretario de la Liga Comunista Revolucionaria y Jos Bov por el ecologismo sin partido. Hasta hace tres semanas, la animadora de un exitoso programa ecolgico en TV pareca poder alcanzar un puesto transversal anlogo a aquel que se propone Bayrou.

Por cierto, la fascinacin que, al menos en los sondeos, provocan estos personajes viene del hecho de que parecen romper un juego prefijado entre roles. Pero es apariencia, porque ellos no pueden ms que colocarse en el baricentro de las fuerzas que hay en campo, y varan con su variar. Hoy por hoy es una opcin centrista. En 2007 no mucho queda de las categoras que estructuraban la derecha y la izquierda hasta 1990; en Francia, al contrario que entre nosotros, an est viva la opcin antifascista, y si por desilusin o despecho llegara todava una vez ms al segundo turno Jean Marie Le Pen, todos los votos se dirigiran hacia su rival, cualquiera ste fuese, como en 2002 se volcaron sobre Jacques Chirac, incluso jvenes e inmigrantes de los banlieues con las banderas al viento. Y como si el sentido comn ms all de los Alpes hubiera heredado de la segunda mitad del siglo XX la intolerancia hacia el racismo y el antisemitismo, cosa que entre nosotros no ha sucedido cuando Berlusconi ha capitalizado a los fascistas. Mientras que es cada vez ms confusa en la escena de la representacin poltica la contradiccin social. Desde 1945 hasta los aos '70 pareca - y sera cuestin de reverlo sin esquematismos - que el antifascismo contena en s una valencia progresista: fascismo y nazismo haban llegado a arrojar en los campos de exterminio a judos, gitanos y bolcheviques despus de haber devastado todas las organizaciones polticas, sindicales y obreras. Pero hoy, a pesar de sus filiaciones imperativas, el liberalismo parece haber perdido los estigmas de un autoritarismo al menos preparatorio de una posible precipitacin fascista. Esta se propaga hasta las izquierdas histricas. Sucedi, en suma, el proceso inverso de cuando la percepcin de una profunda contradiccin entre las clases haba penetrado en la cultura democrtica en absoluto marxista, sino liberal. As, las constituciones post blicas estn bajo ataque y el tratado constitucional europeo ignoraba o dilua en frmulas vacas cada recuerdo. No por caso los trabajadores franceses y holandeses votaron no.

Es innegable que este oscurecimiento est inserto en el cuadro de la globalizacin, pero es tambin irrebatible que el dominio capitalista que la induce no tiene nada de objetivo y separado del choque de intereses y de ideas en la sociedad. Ahora, esta presunta objetividad est siendo introyectada por las izquierdas histricas, abatiendo hasta los residuos de las socialdemocracias, por lo que nuestro centroizquierda, la oposicin francesa y en Alemania la de la CDU, a pesar de que cuentan con las izquierdas radicales para batir al centroderecha, tienden a librarse rpido de ellas despus. Por qu otra cosa sino ha sido atormentada la coalicin de Prodi? Prodi se hizo ilusiones de gobernar las contradicciones con razonabilidad y, vocablo preferido, equidad. As ha actuado sobre la finanziaria, as sobre la lluvia de liberalizaciones iniciadas por Bersani, que slo golpeaban directamente nichos corporativos, y as hasta ahora ha aplazado el tema jubilaciones no obstante los estrpitos de la Comisin o los bien educados pero precisos mandamientos del gobernador Draghi.

Pero estos se desencuadernaron rpido. Primero se hizo presente el choque sobre la poltica exterior. El gobierno ha tenido fe en el retiro de Irak, pero en cuanto al resto privilegia todava la lnea de un Bush en declive, en lugar de la de la nueva mayora democrtica que rige el Congreso e incluso el Senado, y apunta a un cambio de ruta en Medio Oriente. No debera Italia mirar hacia ella como hacia un futuro ya iniciado? Parece en cambio que nuestro gobierno tiene el ojo fijo en una administracin no slo desastrosa sino tambin derrotada, que rige todava slo bajo las reglas de un extremismo presidencial. As, si en el caso de Irak el centroizquierda se ha mantenido al margen, facilitado por el hecho de haber sido una guerra decidida unilateralmente, no pudo desenredarse de Afganistn (que por otro lado en el programa de la Unin no haba sido ni siquiera considerado) y donde el conflicto se hace cada vez ms incandescente.

Si en este punto se encuentra una mediacin (la famosa discontinuidad) sta no basta para hacer una poltica exterior. Si en Irak y en Afganistn la prioridad italiana es salvar las vidas italianas, es bastante poco para sostener que tenemos una posicin fuerte sobre la tragedia que, por otra parte, hemos contribuido a crear.

El punto central para aquel sector del mundo y para el mundo en general, incluidos nosotros, es la retirada de los Estados Unidos por una razn diferente y urgente: mientras nuestra presencia fue y sigue siendo probablemente ms grave para nosotros que para los afganos o iraques, la norteamericana constituye el detonante que ha prendido fuego Medio Oriente y multiplicado el fundamentalismo hasta desbarajustes impensables antes del 11 de septiembre y en crecimiento exponencial. Los Estados Unidos se han transformado en el smbolo mismo del enemigo, han dado todos los motivos para ello, y hasta que permanezcan all no ser posible la paz y se embrollarn tambin los conflictos internos. Que los EEUU se vayan es una prioridad mundial, y para Europa cuestin de vida o muerte. No es tarea sencilla, tanto ms cuando falta un proyecto pacfico alternativo, que no consista slo en beneficencias sino en iniciativas polticas ante todo en lo que respecta a la cuestin Israel y Palestina, ya atrozmente daada. Frente a la amplitud del problema, Qu sentido tiene que el gobierno se limite a desengancharse, y con dificultad, de la intervencin armada? No menosprecio los movimientos de Massimo d'Alema, no por casualidad Italia es objetivo de los embajadores (poquitos) que han escrito la irrisoria, adems de irritante carta de reproche a nuestro gobierno. Seamos serios, despus del retiro no se han propuesto sino vaguedades frente a la hoguera que la guerra norteamericana ha alimentado como un fsforo sobre la paja y que no bastar ni siquiera el retiro norteamericano para apagar. Es una ruina humana, poltica, cultural de dimensiones crecientes.

Quin reconoce sus dimensiones? Ni siquiera la izquierda radical, si se limita al retiro de nuestro contingente, como hasta ahora ha hecho. Es verdad que no puede ser slo Italia, debera ser Europa. Pero Italia est presionando sobre Europa? Ni siquiera hacemos un decente trabajo de anlisis: por qu en un pas como Afganistn, que no era por cierto de los ms atrasados, han vencido los talibanes? Por qu estn de nuevo recuperndose? Por qu Irak ha oscilado peligrosamente de Saddam Hussein a los chitas y de stos al ms brutal conflicto intertnico e interreligioso? Qu ha pasado con los palestinos que se asesinan en la franja de Gaza? Una deriva mortal se ha abierto paso. Y no se necesita mucho para ver que en ella han ayudado, hechas todas las proporciones, tambin dos debilidades opuestas de las izquierdas europeas, viejas y nuevas: la lnea de la injerencia humanitaria y la de un elogio indiferenciado de las diferencias al punto de prescindir del esquema que las pueda garantizar: un sistema poltico compartido de coexistencia. La nuestra es una parlisis poltico-intelectual.

Intil es desacomodar los grandes problemas para el caso de Vicenza. Bajo ningn argumento razonable se justifica la eleccin de duplicar o ampliar una base norteamericana destinada a operaciones logsticas de los EEUU hacia el Medio Oriente (qu otra cosa si no?). El actual gobierno no debe honrar las elecciones contingentes del gobierno precedente. Que por lo dems van contra lo opinin pblica norteamericana expresada en las ltimas elecciones.

La fragilidad de Prodi en este punto es tan evidente que parecen hasta excesivas las preocupaciones de la protesta vicentina de no tener consigo el "gobierno amigo". No son autnomos los movimientos, no han nacido para empujar y no para ser empujados? Que la manifestacin del 17 de febrero ser grande es una cosa cierta [aproximadamente 100.000 personas, N. de la R.]. Ser un problema para la comuna de Vicenza, que no parece dotada de grandes luminarias, y quizs para la mayora, pero que se las arregle la mayora.

Sobre sta me permito dos palabras. Nadie ha obligado a nadie a candidatearse en una coalicin que se saba desde el inicio dividida en diversos frentes cruciales: no se hace poltica slo desde un recinto parlamentario. Y esto se lo digo a las conciencias inquietas. Pero nadie obligaba a Romano Prodi a hacerse acompaar por conciencias que saba inquietas y motivadas por culturas tan diferentes: no se rodea uno de posiciones tan articuladas sin pagar un precio.

No es correcto que, dentro y fuera de la mayora, se sugiera al presidente del consejo pasar por sobre las excitaciones en absoluto imprevistas ni superficiales de muchos, hasta que no haya otra va de salida que asumir la responsabilidad de hacer caer al gobierno, reabriendo el camino a un gobierno de derecha. Y no es correcto que una minora, aun seriamente motivada, responda: no eres autosuficiente, te hago caer hoy o preparo tu cada maana si recoges votos de otra parte. Una coalicin como esta impone a todos y en igual medida ir hacia una mediacin, que a veces consiste simplemente en escuchar al otro. Sobre la cuestin de Vicenza, Prodi debe escuchar aquello que no es slo una preocupacin personal de un grupsculo de parlamentarios. Un gobierno fuerte debe saber tambin volver atrs.

No lo har? El problema simtrico se le plantea entonces a las izquierdas radicales. Yo no importo nada, pero no he acusado nunca a Rifondazione de haber hecho caer el gobierno de Prodi la primera vez, cuando ste rechaz proceder sobre una, claramente prometida, fase dos. Es el no haberse ido lo que ha producido la sucesiva derrota del centroizquierda, no la eleccin de Bertinotti.

No estoy segura de que si estuviera hoy en una de las dos cmaras me comportara del mismo modo. Pero no es un caso que, cuando en el pasado me ha sido propuesto entrar no he aceptado.

Rossanna Rossanda es una escritora y analista poltica italiana, cofundadora del diario italiano Il Manifesto.
Traduccin para www.sinpermiso.info de Ricardo Gonzlez-Bertomeu



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