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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2007

Gnero y alternativas populares en Latinoamrica y el Caribe

Isabel Rauber
Rebelin

Texto basado en el artculo: Movimientos sociales, gnero y alternativas populares en Latinoamrica y El Caribe, publicado en Itinraires No, 77, IUED, Ginebra, 2005.


Un nuevo mundo a partir de una perspectiva igualitaria entre el gnero femenino y el masculino, debe tener como respaldo un grupo constituido por nosotras/os mismas/os, capaz de evaluar nuestra comprensin del mundo y ayudarnos a dar nuevos pasos en el claroscuro de nuestra historia.
Ivone Gebara

La problemtica

En Amrica latina, en el perodo de implantacin del modelo neoliberal con la consiguiente aplicacin de sus planes estructurales de ajuste, se han desatado importantes jornadas de resistencia a tales polticas, protagonizadas en lo fundamental, por actores sociales que confluyeron en la formacin de novedosos, numerosos y diversos movimientos sociales. [1] Entre ellos: Los sin tierra de Brasil, los indgenas de Chiapas, de Ecuador, de Bolivia las asambleas barriales de Buenos Aires, los desocupados y jubilados de Argentina, los cocaleros del Chapare, los movimientos barriales de Repblica Dominicana, Colombia, Brasil y Mxico A la cabeza de las resistencias y las luchas, ellos espejan en sus actos la realidad en la que los ha situado el sistema. En todos ellos las mujeres resultan protagonistas fundamentales.

Nuevos actores y actoras sociales, junto a los tradicionales, han participado de un modo u otro en revueltas populares, ocurridas espontneamente (acumulacin social mediante) o impulsadas por movimientos sociales que lograron articularse entre s. Las experiencias de los ltimos 15 aos resultan particularmente elocuentes al respecto: Chiapas, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia

Estos procesos estimularon el debate entre los actores sociales (nuevos y viejos) acerca de la posibilidad de cambiar la realidad en que viven, acerca del sentido y el alcance de tales cambios (proyecto alternativo), y acerca de quines seran los sujetos que lo llevaran adelante. Simultneamente se replantearon reflexiones acerca de la problemtica del poder, cmo se constituye, cules son los mecanismos de su produccin y reproduccin, cmo se transforma y por qu medios. A tono con ello, la bsqueda de respuestas a una interrogante subordinada: el poder se toma o se construye?

Se entiende el poder, en primer lugar, como una relacin social, o mejor dicho, como un modo de articulacin de un conjunto de relaciones sociales que interactan de un modo concreto en cada sociedad. Estas relaciones no se reducen a la esfera del poder poltico, se asientan en las relaciones econmicas establecidas por el dominio del capital, y se reafirman y reproducen a travs de un complejo sistema sociocultural que define un determinado modo de vida. Todo ello se resume y condensa como poder dominante, poder que produce y reproduce una compleja trama social, econmica, poltica y cultural, interarticulada a travs de la vida cotidiana. [2]

El modo de articulacin sociocultural que reafirma, impone y recrea el tipo de poder dominante fue definido por Gramsci como hegemona, concepto que hoy cobra peculiar significacin prctica en el proceso de disputa con el poder, y de construccin de poder propio (contra-hegemona popular) desde abajo.

La construccin de poder propio se asume, desde esta perspectiva, como parte del necesario proceso de de-construccin de la ideologa y las culturas dominantes y de dominacin, que es simultneamente un proceso de construccin de nuevas formas de saberes, de capacidades organizativas y de decisin y gobierno de lo propio en el campo popular. Son nuevas formas que constituyen modos de empoderamiento local-territoriales, bases de la creacin y creciente acumulacin de un nuevo tipo de poder participativo-consciente no enajenado‑ desde abajo, de desarrollo de las conciencias, de las culturas sumergidas y oprimidas, con mltiples y entrelazadas formas encaminadas a la transformacin global de la sociedad.

Esto supone construir desde abajo la hegemona poltica, ideolgica y cultural acerca de la nueva sociedad que se desea, simultneamente que se la va diseando y construyendo (a la hegemona y a la nueva sociedad) desde ahora, en cada espacio. Postergar la lucha por la superacin de la enajenacin humana y el inicio de los cambios necesarios para lograrla para despus de la toma del poder, empaa y aleja la posibilidad de liberacin en vez de contribuir a ella. Y esto implica un cambio radical en la lgica de las luchas sociales, en la construccin de la conciencia poltica, de la organizacin, del poder propio y, tambin, respecto al sujeto social y poltico de las transformaciones.

De conjunto, esto conforma una nueva estrategia de transformacin social, de poder, de liberacin, estrategia que para diferenciar de la que apostaba todo a la toma del poder‑ identifico como de construccin de poder desde abajo.

El camino de la construccin de poder desde abajo constituye una mirada integral radical del proceso de transformacin social, que solo puede ser tal si es ‑a la vez y en todas sus mltiples y yuxtapuestas dimensiones‑, un proceso de apropiacin del mismo por parte de cada uno de los actores sociales que lo protagoniza (como grupo y como individuo). La construccin entrelazada a la articulacin abre pistas para tender puentes para construir redes y nodos articuladores ‑en lo social, en lo poltico, en lo sociopoltico, en lo econmico‑social, en lo cultural‑, entre los sectores sociales, sus problemticas y sus expresiones organizativas, entre lo poltico y lo reivindicativo, entre lo cotidiano y lo trascendente, entre lo local y lo nacional, entre lo micro y lo macro, entre el territorio barrial y la ciudad, entre los excluidos y los incluidos, entre las formas de inclusin y exclusin, entre lo nacional y lo internacional. [3]

Lejos de ser el centro de la transformacin social, el poder poltico es uno de sus instrumentos. Centrar y limitar la discusin en la antinmica interrogante acerca de si el poder se toma o se construye, es empobrecer el pensamiento, achicar los horizontes, y podar las alas de las voluntades de quienes luchan y construyen inspirados en la posibilidad de concretar los sueos de un maana diferente.

Sin embargo, entre los movimientos sociales y polticos del continente, las posiciones se han complejizado y polarizado, entre otros factores, por la supervivencia del pensamiento dogmtico en sectores del campo poltico e intelectual de la izquierda latinoamericana, que mantienen todava influencias significativas sobre el conjunto militante. Estos han aferrado su accin poltica a la toma del poder, y la han contrapuesto a la de muchos movimientos sociales que apuntan a transformar la sociedad en proceso contradictorio de construccin y deconstruccin permanente de poder, conciencia, organizacin y cultura desde abajo. Para quienes comparten esta concepcin no hay un despus en cuanto a tareas, enfoques y actitudes se refiere, lo nuevo se va gestando y construyendo desde ahora, parcialmente, en balbuceos, en cada resistencia y lucha enfrentada al capital, y se desarrolla y profundiza en todo el proceso de transformacin de modo permanente.

La contraposicin entre tomar el poder o construirlo acta como barrera que bloquea las capacidades para re-conocer la realidad social compleja y diversa, mestiza y multifactica de hoy, para pensar y actuar a partir de ella, junto a la reflexin y re-apropiacin crtica de las experiencias del socialismo predominante en el siglo XX. La presencia de dicha barrera es particularmente notoria en lo que hace al debate acerca del sujeto (o los sujetos) de las transformaciones, que no puede circunscribirse hoy antes tampoco, en Amrica Latina‑ a la clase obrera y sus problemticas sectoriales.

A primera vista pudiera parecer que los movimientos sociales sustituiran el protagonismo que otrora tuviera la clase obrera, y que ‑por tanto‑, personifican a los nuevos sujetos de la transformacin. Pero ellos son, por un lado, expresiones sociales de la fragmentacin, atomizacin y ramificaciones de la clase obrera producidas por la globalizacin neoliberal del capital y de su poder destructivo en la esfera productiva y tambin, por tanto, en la produccin y reproduccin de la vida social y natural de los seres humanos. Por otro lado, son la resultante del agravamiento extremo de la contradiccin capital‑trabajo y de las contradicciones (secundarias) a ella directamente articuladas. Su existencia se relaciona tambin, por tanto, con las nuevas contradicciones sociales.

Los nuevos actores y actoras sociales surgidos en las ltimas dcadas, junto con la clase obrera tal y como ella existe hoy, resultan todos sujetos potenciales de los cambios sociales, con pleno derecho y capacidad.

Esto anuncia el desarrollo simultneo de un proceso de articulacin‑conformacin de un actor colectivo, pensador y constructor desde el presente de la sociedad futura anhelada. La posibilidad actual de (auto)conformacin de este actor colectivo depende de la capacidad de los actores sociales para articularse entre s a travs de coordinaciones diversas y el desarrollo de procesos de maduracin colectiva. Por esta va podr ir conformndose un actor social y poltico interarticulado, conciente de sus fines sociohistricos, capaz de identificarlos, definirlos y trazarse vas (y mtodos) para alcanzarlos, actor que ‑en tal situacin‑ defino conceptualmente sujeto popular. [4]

Ya no es posible pensar (ni aceptar) la supuesta existencia de varios tipos de sujetos de la transformacin subordinados entre ellos: El sujeto histrico: la clase obrera; el sujeto social: el pueblo, los aliados de la clase, el campesinado, los estudiantes, los sectores medios; el sujeto poltico: el partido poltico (de la clase). Consiguientemente no puede admitirse como obvia la supuesta necesidad de construir la cadena orgnico‑poltica de subordinaciones jerrquicamente constituidas de arriba para abajo: partido-clase-pueblo.

Hoy es necesario replantearse la existencia del sujeto de la transformacin social entendindolo como un sujeto que es uno y a la vez mltiple, es decir, heterogneo, diverso y ‑por tanto‑ articulado. As lo van evidenciando las tendencias concretas hacia la construccin de articulaciones locales, regionales, continentales y mundiales que poco a poco van conformndose entre diversos actores sociales en los distintos escenarios del continente y el mundo. Todos reclaman para s el derecho de hacer poltica, y actan claramente en ese terreno de modo directo o indirecto.

A tono con ello junto a muchas otras variadas razones‑, sera errneo continuar pensando las alternativas, circunscribiendo la poltica y lo poltico a la accin de los partidos. Resulta fundamental renovar las miradas y las reflexiones de los procesos sociotransformadores, sus perspectivas, los alcances de la accin poltica y sus actores, la relacin entre partidos de izquierda y movimientos sociales populares. El camino de la accin poltica resulta de la articulacin encadenada de luchas reivindicativas polticas, sectoriales e intersectoriales, adems de las de clase obrera estrictamente.

Todo esto tiene relacin directa con la elaboracin de propuestas alternativas, con las prcticas que las van construyendo y los pensamientos que reflexionan crticamente sobre ellas y las orientan. En este empeo, por su articulacin radical y transversal con los ejes planteados, lo referente a la temtica de gnero destaca particularmente.

Gnero, un concepto de significacin mltiple

En la definicin, interpretacin y empleo del concepto existen diferencias, ambivalencias y no pocas veces significaciones opuestas. Por ejemplo, las que emplean algunas agencias de desarrollo regenteadas desde el Norte, las que predominan en el ambiente acadmico cientificista [Lima Costa 2002: 203-206], y las que lo hacen en los mbitos sociales y polticos.

Quiz por ello algunas feministas como, por ejemplo, la periodista Margarita Cordero, de Repblica Dominicana, rechacen el empleo del concepto gnero argumentando que su uso tiene () una explicacin a la medida de todos los problemas, por lo que segn ella‑, () entorpece ms que ayuda a la construccin de un pensamiento democrtico. [Cordero 2002: 2]

Pero sumarse al reclazo indiscriminado del concepto gnero por sus mltiples empleos y significaciones, empobrece la perspectiva transformadora acumulada y construida por el feminismo consecuente a nivel mundial. El desafo es una y otra vez retomar su contenido deconstructor-cuestionador integral de las relaciones sociales asimtricas de poder establecidas entre hombres y mujeres en detrimento de estas, y tambin entre mujeres de distinta clase, raza, nacionalidad... Comprender que la categora gnero se construye tanto social como relacionalmente. [Lima Costa 2002: 206]

Actualizar su contenido, significacin y alcances transformadores en cada una de las realidades del continente es el mayor aporte acadmico, social, poltico y cultural‑ que podemos intentar hacer las y los feministas que compartimos esta visin de gnero, articulndonos a los movimientos sociales, a sus labores de formacin poltica, a sus bsquedas y construcciones inacabadas de propuestas alternativas.

‑Oriundo del Norte?

 

Algunos rechazos se refieren al origen del concepto en los pases del Norte, pretendiendo negar por ello su correspondencia con las realidades de las mujeres del Sur, sin embargo, esta afirmacin no se corresponde plenamente con los hechos. Habra que conocer en detalle microscpico la historia del mundo entero para poder afirmar con certeza dnde se emple por primera vez el concepto (no solo dnde se escribi y public), y en qu momento. Ello no es factible por ahora, por tal razn, puede aceptarse el planteamiento de quienes afirman que su formulacin proviene del Norte, pero ciertamente, como muy bien expone Lima Costa [2002], desde hace ms de un siglo muchos aspectos estaban ya siendo abordados aunque con otros trminos‑ por movimientos de mujeres de frica y Latinoamrica.

‑Sustituto de mujer?

 

Hablar hoy de problemtica de gnero, de enfoques de gnero, de perspectiva de gnero, etc., resulta cada vez ms frecuente entre los movimientos de mujeres o feministas, tambin en los movimientos sociales campesinos, de trabajadores, as como en algunas ramas de la investigacin y la enseanza sociolgica y poltica. Pese a lo elaborado del concepto en el mbito de especialistas, no existe una comprensin ni un criterio unificado acerca de lo que se quiere decir con gnero. Se lo emplea sobre todo en los movimientos sociales‑ como sinnimo (y sustituto) de mujer. As, las anteriores Secretaras de la mujer se han convertido en las actuales Secretaras de gnero, con lo cual, como seala Lima Costa [Op. Cit.: 207] se vuelva a hacer invisible a las mujeres. De ah que pese al empleo generalizado del concepto‑, sea menester explicitar cada vez el contenido y los referentes terico-prcticos desde los que se sostiene una posicin determinada.

‑Sinnimo de sexo?

 

Resulta frecuente tambin que sexo y gnero sean interpretados como sinnimos, sobre todo en culturas de origen hispnico, en las cuales, desde el lenguaje, el "gnero" femenino corresponde al sexo femenino, a la hembra, a la mujer, y el "gnero" masculino al sexo masculino, al macho, al varn. Para puntualizar nexos y diferencias, de un modo sinttico vale decir que: "El gnero es la forma social que adopta cada sexo, toda vez que se le adjudican connotaciones especficas de valores, funciones y normas, o lo que se llama tambin, no muy felizmente, roles sociales." [Aquino, 1992, p. 67]

Esto significa que la conformacin del gnero, entonces, no est fatalmente encadenada a lo biolgico, sino a lo cultural, a lo social. La creacin histrico‑cultural social de estereotipos de gnero desde la concepcin patriarcal‑machista a partir de la cual se define la identidad (el ser) de cada sexo, hace que las caractersticas y diferenciaciones de cada sexo (lo biolgico) contengan una alta asimetra discriminatoria en perjuicio de las mujeres.[5]

Las diferencias biolgicas entre los sexos se confunden (mezclndose en una), con las construcciones socio‑culturales de valores y significaciones que se adjudiquen a lo masculino y a lo femenino en cada momento histrico. "(...) esta relacin se plantea como natural, cuando el gnero se asimila e iguala al sexo, al pretender que las diferencias entre la mujer y el hombre son estrictamente de carcter biolgico, y por esa va se rodea de un aura de naturalidad e inevitabilidad (...). En el actual sistema sexo‑gnero con dominacin masculina, la diferencia biolgica oculta la generacin social del gnero y es base de un sistema opresivo. // Se cree, de esta forma, que la subordinacin de la mujer es natural porque se asienta en el hecho, tambin natural, de la inferioridad femenina." [Sojo 1992: 67]

Una bisagra entre lo pblico y lo privado

 

Por esta va, "(...) lo pblico se valora como resultado de las interacciones sociales, mientras que lo domstico (lugar de la individualidad y lo personal) se asla de lo poltico y se rodea de un halo de naturalidad. Ello, relacionado con el establecimiento de un sistema sexo‑gnero con dominio masculino, implica que el espacio domstico, como campo de la mujer se naturaliza y se asla de la poltica, se vive como adecuado a presuntas caractersticas femeninas, tambin de ndole natural, considerando la utilizacin de la biologa como dispositivo del poder." [Idem: 69-70]

Con el desarrollo de la humanidad, el mundo o esfera pblica qued cada vez ms separado de la esfera privada y con ello tambin los roles atribuidos a cada gnero al interior de la familia. A consecuencia de una secular (incluso puede decirse milenaria) acumulacin cultural de experiencia y saberes, los hombres adquirieron mayores habilidades para la vida social y pblica, la poltica y las guerras, la economa y el poder (del Estado, de las empresas, de la esposa, de la familia y de los hijos [patria potestad?]). Las mujeres adquirieron mayores habilidades para entenderse con el cuidado de la casa y la crianza de los hijos, debiendo contentarse supuestamente con dar placer a los maridos o amantes, con el cultivo de labores manuales y, rara vez, de las artes y las letras. Es decir, se tornaron expertas en hacer todo aquello que necesitaban los hombres para sentirse cmodos, compensados y complacidos, para dedicarse de lleno a su vida pblica y privada. En esa divisin‑discriminacin de roles, el saber tambin le fue prohibido, hasta hace poco ms o menos un siglo‑, a las mujeres. Hace poco ms de dos siglos las mujeres inclinadas a las ciencias y la sabidura, si pertenecan a familias vinculadas a la iglesia, tuvieron que internarse en conventos para desarrollar sus aspiraciones intelectuales. All se dedicaron a estudiar, aprendieron y desarrollaron sus conocimientos, pero a costa de la castracin de otras necesidades igualmente humanas de su ser.

Con la reiteracin secular de semejante asignacin de roles, el mundo de lo privado se fue cargando de un doble sentido: para los hombres, era un mbito donde podan hacer y deshacer a su antojo ya que, para ellos, privado quiere decir que es de su propiedad. Para las mujeres, por el contrario, como lo acota Mara Antonieta Saa, el mundo privado signific, ms que algo ntimo y propio, un mundo "privado de" libertad, de saber, de desarrollo pleno como seres humanos.[6]

El mundo de lo pblico, predominantemente masculino y autoritario, dueo de la produccin, del saber, de la poltica y del poder, necesita y crea a travs de la conjugacin de diversos mecanismos econmicos, sociales, culturales‑, un mundo privado subordinado a sus necesidades, una de las cuales es mantener, reproducir, y ampliar dicha subordinacin. Es decir, garantizar la produccin y reproduccin de las relaciones de subordinacin entre ambos mundos y entre los hombres y las mujeres que los integran. Pese a los mitos que alimentan el imaginario de que la mujer es la reina del hogar, la que ejerce el poder desde atrs del teln, etctera la realidad es que la mujer se encuentra en relacin de desventaja en los mbitos pblico y privado. Quiz por ello, hoy todos los mbitos estn en situacin de disputa de poderes y derechos entre hombres y mujeres.

Veamos un ejemplo acerca de la situacin de las mujeres en la Cuba actual: El transformar la condicin de subordinacin a la que estaba relegada la mujer y llevarla fuera del espacio domstico, al que estaba confinada histricamente, convirtindola no solo en objeto de las transformaciones sociales, sino tambin en sujeto de ellas mismas, fue un importante objetivo del Proyecto Social de la Revolucin Cubana. [Vasallo 2002: 19] Sin embargo, como acota la autora unas pginas ms adelante, A pesar de los avances y logros de las mujeres en estas ltimas cuatro dcadas, se mantiene una importante contradiccin: ha avanzado considerablemente en la conquista del mbito pblico y en el ejercicio de derechos fundamentales, pero sigue siendo la protagonista principal del mbito privado. Tiene an la mxima responsabilidad en la reproduccin de la fuerza de trabajo y es aqu donde con ms rigor se ha sentido la crisis econmica que nos afecta y que en Cuba se ha dado en llamar Perodo Especial. [Vasallo 2002: 23]

‑Gnero o clase?

 

En la perspectiva que sostengo, el concepto gnero trasciende el plano estrictamente acadmico analtico. Su estudio cobra tambin otros sentidos sociales pues se articula a la bsqueda de la construccin de relaciones sociales de equidad de gnero, al visibilizar los nexos genealgicos que existen entre las relaciones de subordinacin de la mujer al hombre, la produccin y reproduccin de un tipo de poder (subordinante, discriminante, excluyente y autoritario), y los intereses de una clase determinada: la explotadora, en detrimento de todos los otros seres humanos, particularmente, de las mujeres. En poltica, esto significa comprometerse con los procesos que buscan transformar y/o remover desde la raz los pilares ltimos de la produccin y reproduccin social de este tipo de poder (y de sociedad que a l corresponde).

Esto implica rechazar la supuesta neutralidad de la ciencia poltica que, en algunos casos, no expone sus presupuestos reales de partida o, en otros, aunque lo haga, no logra superar el horizonte abstracto liberal al analizar las relaciones de poder y especficamente, las de gnero, sin desnudar su carcter explotador discriminatorio, de clase y, junto con ello, su contenido patriarcal-machista construido social, econmica, histrica, y culturalmente a travs de siglos.

Al analizar el proceso de acumulacin originaria de capital, Carlos Marx y Federico Engles, abordan el entrecruzamiento genealgico entre la existencia de la subordinacin y discriminacin de gnero y los intereses de determinada clase. Entre sus amplias reflexiones, deseo destacar aqu, la siguiente: Con la divisin del trabajo, que lleva implcitas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la divisin natural del trabajo en el seno de la familia y en la divisin de la sociedad en diversas familias opuestas, se da al mismo tiempo, la distribucin y, concretamente, la distribucin desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido. La esclavitud, todava muy rudimentaria, ciertamente, latente ya en la familia, es la primera forma de propiedad, que, por lo dems, ya aqu corresponde perfectamente a la definicin de los modernos economistas, segn la cual es el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de otros. Por lo dems, divisin del trabajo y propiedad privada son trminos idnticos: uno de ellos dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de esta. [1974: 31. Cursivas en el original. Negritas y subrayado de IR]

Es curioso notar que tales planteamientos quedaron relegados o directamente fueron desconocidos por las corrientes predominantes del marxismo dogmtico bajo el prisma reduccionista y mecnico, hicieron de la explotacin econmica un problema exclusivo de la clase obrera industrial (mal identificada como proletariado), y de la economa un mbito separado de lo social y lo cultural. La izquierda formada mayoritariamente en este pensamiento hizo de la problemtica de la discriminacin y explotacin familiar y la explotacin socioeconmica de las mujeres, una cuestin particular, una contradiccin secundaria del capitalismo. No la relacion con la problemtica de clase, ni la consider una parte importante (fundamental) de la lucha (de clases) para poner fin a la explotacin del hombre por el hombre ‑segn el lenguaje sexista de entonces‑, expresin que hoy debe leerse como la aspiracin universal al fin de toda explotacin de unos seres humanos por otros.

Gnero y clase se dan la mano, y lejos de contraponerse y excluirse logran desentraar el contenido del poder patriarcal machista autoritario poniendo al descubierto su genealoga y pertenencia de clase: La de los que detentan el poder basado en la explotacin, discriminacin, subordinacin, opresin y exclusin de los seres humanos en lo econmico, poltico, jurdico, ideolgico, religioso, cultural, en los mbitos social y familiar. Ello se conforma, moldea y se asienta, en primer lugar, en la produccin y reproduccin de un tipo cultural de relacin hombre-mujer en el seno de la familia. Esta relacin ha constituido identidades y fijado roles. De ah que su modificacin y transformacin radical (desde la raz) suponga un proceso social complejo interarticulado de mltiples transformaciones y transiciones.

Adems de estar al servicio de una determinada clase: la del capital, y especficamente de los hombres de esa clase: los capitalistas, el poder discriminador, explotador y excluyente para afianzarse como tal‑ ha necesitado (y necesita) mimetizarse socialmente, invisibilizar su contenido de clase y presentarse como un componente natural de la vida social y, en tanto tal, eternizable. Para ello apela a todo su aparato poltico, ideolgico, religioso y cultural, concitando la complicidad (aceptacin) no consciente‑ de tales prcticas por parte de la amplia mayora de hombres y mujeres. La generalizacin socio‑cultural de la supuesta superioridad y los privilegios de los hombres de las clases capitalistas antes artesanos y comerciantes, antes seores feudales, antes esclavistas‑ como si fueran caractersticas naturales propias de todos los hombres, le garantiza al poder autoritario machista del capital, por un lado, invisibilizar su origen, contenido y pertenencia de clase y, por el otro, contribuir a la reproduccin de su esencia explotadora, subordinante, discriminante y excluyente de la gran mayora de los seres humanos.

Con el capitalismo se han perfeccionado y modificado viejos mecanismos y modelos de subordinacin de la mujer al hombre. El capital ha acondicionando el funcionamiento de la vida social pblica y privada y los roles de hombres y mujeres en ellas, acorde con el funcionamiento del mercado y las necesidades de la compleja produccin y reproduccin de su hegemona econmica, ideolgica, poltica y cultural. Las consecuencias deshumanizantes que ello acarrea en la vida familiar de millones de pobres despojados de sus trabajos, de sus tierras, de sus casas, de su pas, junto a la sobrecarga econmica, fsica y espiritual que ello representa, alcanza niveles insospechados en la poca de la globalizacin neoliberal, en las regiones empobrecidas del planeta, particularmente para las mujeres y los nios. Ellos se ven envueltos en modalidades de violencia, esclavitud o sumisin que haban sido superadas histricamente por la humanidad.

Cabe continuar haciendo estudios de mujeres?

 

La problemtica de gnero, sus estudios y sus propuestas transformadoras que buscan la equidad en las relaciones de gnero (y de poder), no pueden considerarse de mujeres ni para mujeres; sus reflexiones y conclusiones ataen a hombres y mujeres y, por tanto, a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, como existe una relacin asimtrica de poder entre hombres y mujeres, existen privilegios y espacios a defender por parte de ellos, y oportunidades y espacios a conquistar por parte de ellas. Sera ilusorio pensar que esta relacin asimtrica cambiar espontneamente, y esperar que la igualdad y la justicia para las mujeres llegue a nosotras sin luchar por nuestros derechos.

La experiencia demuestra, por ejemplo, que es errado esperar que nuestra voz sea escuchada si no logramos hacernos escuchar. Como afirma la religiosa y luchadora social brasilea, Pompa Bernasconi: Es necesario que nos tornemos competentes, que estudiemos y procuremos participar en los debates, en los dilogos, perdiendo el miedo de hablar, de exponer nuestras ideas, para ocupar nuestro espacio porque, por la propia educacin, la mujer qued siempre en un segundo plano, para los estudios, para la participacin en los debates, etctera. Colocando nuestra forma de hablar y de pensar iremos quebrando ese machismo, asumiendo nuestro lugar. [En Rauber 1998: 84]

Por ello, en los estudios de gnero teniendo presente la interrelacin social hombre‑mujer que subyace y condiciona todo anlisis‑, considero importante priorizar el conocimiento de las experiencias de luchas de las mujeres por la equidad, la participacin, las oportunidades en diversos espacios. Somos conscientes de que no es todo el problema, pero se corresponde ‑de las dos partes‑ con la ms interesada en poner fin a la explotacin, subordinacin y discriminacin existente. Tales reflexiones buscan as, tambin, contribuir a la maduracin crtica y el crecimiento colectivo de las mujeres respecto a su rol en el proceso de transformacin social y en la construccin de las alternativas que dicho empeo reclama.

Coincido con Lima Costa, por tanto, cuando relativiza la pertinencia y utilidad transformadora de los estudios sobre masculinidad, sobre todo cuando se desarrollan desarticulados de la perspectiva crtica feminista. () demasiado a menudo el estudio de la masculinidad parece alcanzarse a costa del estudio de las mujeres, con la desafortunada implicacin de que los problemas sobre las mujeres han perdido inters o son tan familiares que ya no hay que cuestionarlos ms. Adems, cuando la investigacin presta mayor atencin a las preocupaciones del gnero y a la fragilidad de vnculos entre los varones, tiende a ignorar los fuertes lazos entre masculinidad, poder patriarcal y privilegio. [Op. Cit.: 211]

Luchar por nuestros derechos, resistir los embates de la complicidad masculina en todos los mbitos de nuestro quehacer, y crear a la vez nuestros nuevos modos de ser mujer en el mundo, ir poco a poco modificando los roles, las identidades, las relaciones Nada puede lograrse por separado de una transformacin social mayor. Y aunque ser difcil convertir el ideal utpico en realidad, para las mujeres es el nico camino: la lucha y la construccin de lo nuevo que ser, en gran medida, engendrado y parido por nosotras. Nos anima la conviccin de que los hombres se irn sumando poco a poco, ganando conciencia acerca de la importancia de luchar por la equidad de gnero para construir un mundo diferente y justo. Esto supone nuevos modos de ser mujer y de ser hombre, que se irn conformando en la medida que vayamos conquistando espacios y transformndolos, demostrando que no se trata de una lucha contra ellos ‑para desplazarlos y ocupar su lugar, invirtiendo la relacin de poder‑, sino a favor de la liberacin de todas y todos.

Esta afirmacin tal vez no resulte muy acadmica para algunos porque no existen hechos tangibles en que la respalden, pero es racional. Y somos optimistas porque al igual que el gran sabio de la dialctica, confiamos en que: si todo lo real es racional, todo lo racional puede llegar a ser real.

Lucha por la igualdad de gneros en los movimientos sociales
Presencias, comportamientos y enfoques diferenciados

En los estudios realizados con organizaciones barriales de Santo Domingo, Repblica Dominicana, de Lima, Per, con organizaciones integrantes de Va Campesina, en Brasil, con organizaciones piqueteras de Argentina, entre otras, hemos notado que la presencia y participacin de las mujeres resulta mayoritaria y decisiva para la dinmica y el desarrollo de tales organizaciones. Ellas luchan sin frenos para garantizar la alimentacin bsica, el techo, la tierra, el agua, y para mejorar las condiciones de vida de la comunidad que son ‑a la vez‑ las de su familia y las de ellas mismas, por ser ellas quienes primero chocan con las dificultades diarias en el mbito hogareo. En momentos diferenciados pude observar que esa presencia militante de las mujeres marca comportamientos y enfoques especficos:

- Emplean un lenguaje directo, sencillo.

- Las propuestas tienen un sentido prctico de aplicacin inmediata.

- Convencen con sus obras, no con discursos.

- Trasladan a la organizacin sus capacidades administrativas adquiridas en el manejo del hogar.

- Laboran en la comunidad agregando otra jornada a su jornada familiar, sin recibir remuneracin a cambio.[7]

- Hacen poltica a travs de la lucha diaria por la sobrevivencia.

- El liderazgo se basa en el rol maternal de las mujeres.

a) La comprensin del alcance estratgico de las luchas por la sobrevivencia

 

En los barrios empobrecidos, marginados o excluidos, la lucha empieza cada da por buscar el sustento para ese da. Se trata de una guerra sin cuartel contra la muerte que asecha en cada rincn, a cada instante. El hambre, las enfermedades y el analfabetismo son tres implacables soldados de la muerte que entrecruzados‑ deambulan por las realidades cotidianas de los pueblos saqueados, explotados, empobrecidos y excluidos de Latinoamrica. Estas penurias son enfrentadas de modo silencioso y cotidiano, sin descanso, por las mujeres de las barriadas empobrecidas en las periferias de las ciudades, por las indgenas de los Andes y las ladinas de aldeas y ciudades, por las campesinas con y sin tierra de los campos del continente: Comedores infantiles, panaderas comunitarias, almacenes colectivos, centros de salud, ncleos de alfabetizacin, huertas colectivas, etc., fueron y son impulsados fundamentalmente por mujeres. Ellas asumen siempre la conduccin de los hilos estratgicos de la sobrevivencia aunque, aparentemente ‑para el pensamiento tradicional del quehacer poltico‑, su mentalidad sea cortoplacista y domstica. Sin su labor, para millones de seres humanos el da de maana sera imposible.

Las organizaciones comunitarias o cooperativas locales cuyo objetivo primero es la sobrevivencia alimentaria, han sido formadas generalmente por madres de familia y, al igual que ellas, conjugan diversos intereses: los de las mujeres, los de las familias, y los del barrio. A partir de su trabajo en comedores, las mujeres organizadas brindan salidas alternativas a los diferentes problemas de supervivencia, se alivia el hambre de las familias abaratando el costo de los alimentos y se previene y cura enfermedades en la comunidad contando con la vigilancia nutricional en los comedores y botiquines comunales. Atienden campaas de vacunacin y tratan de prevenir el clera, la deshidratacin, la diarrea y la tuberculosis. [Crdova Cayo 1995: 109]

En el barrio de Lima en el que ocurre la experiencia mencionada en la cita anterior, se conjuga la actividad de dos tipos de organizaciones: de la Junta Directiva Vecinal y de las organizaciones de mujeres. Estas organizaciones () atienden dos reas diferenciadas: la primera preocupada por asuntos de infraestructura y servicios urbanos que cuenta con la direccin y gestin de los varones y con el trabajo comunal voluntario de los vecinos. El segundo espectro de problemas, bajo la mirada de las vecinas, atiende aspectos relacionados a la supervivencia, como la alimentacin y la salud. Ambos aspectos afectan a los pobladores en la vida comunal y en la vida familiar.

Atender la preparacin de cientos de menes, es asunto asumido por las organizaciones femeninas y se vincula directamente con la reproduccin cotidiana de la familia.

La realizacin de una obra comunal de instalacin del servicio de luz elctrica o de agua, es realizada bajo la responsabilidad del comit vecinal, dirigido mayormente por varones y beneficia al conjunto de la poblacin. () el trabajo de los varones en el barrio tiene un impacto visible y tangible, a diferencia del de las mujeres que se hace invisible. [Crdova Cayo 1995: 109-110]

Como expresa la autora, existe una invisibilizacin del trabajo de las mujeres y, por tanto, se hace invisible tambin el sentido y alcance estratgico de ese trabajo; es una invisibilizacin que tiene un alto contenido ideolgico‑cultural, pues se anuda a la reproduccin de obsoletos paradigmas respecto a la identidad de la mujer, sus capacidades y mbitos de desempeo.

La permanencia en ellas del imaginario y estereotipo cultural acerca de lo que significa ‑social e individualmente‑ ser mujer y ser hombre, a pesar de las prcticas que niegan tales supuestos mostrando su lado intencionado e ideolgico, pone de manifiesto, una vez ms, que la incorporacin del enfoque de gnero en las diversas organizaciones, en su estructuracin interior, en sus objetivos y en el terreno de la formacin de su pensamiento estratgico, resulta vital.

b) Manejo mltiple de la dimensin y concepcin espacio‑temporal

 

Las mujeres que participan en labores comunitarias no relacionan empleo del tiempo con dinero no reembolsando. Tienen un manejo (y concepto) del tiempo diferente, ya que deben multiplicarlo para poder cumplir con sus responsabilidades en el mbito familiar y comunitario, y no pocas veces tambin en el laboral.

Hablando de ello con la dirigente indgena peruana, Concepcin Quispe, ella reflexionaba: La Confederacin Campesina del Per me paga mi pasaje, pero mi tiempo no. Para venir, por ejemplo, ahora, me han dado mi pasaje, de un aeropuerto a otro aeropuerto, de ese aeropuerto yo tengo que arreglarme para llegar, eso no se incluye. Y t crees que en este momento, con esta crisis, con esta hambre y con esta miseria, las mujeres van a tener posibilidades? No. Claro, el hombre dice: Carajo!, yo voy a ir y tengo que tener en el bolsillo siquiera mil Intis[8], tengo que tener diez mil. Quieras o no quieras le tienes que dar. Con nosotras no es as. [En, Rauber 1992: 109]

Precisamente por el tipo de labor que desempaan en las organizaciones sociales, las mujeres que all se desempean tienden a relacionar el empleo del tiempo que invierten en la realizacin de actividades comunitarias con el tiempo que ellas dedican a su familia, haciendo de la comunidad una prolongacin del mbito familiar. Sin embargo, contradictoriamente con ello, en la mayora de los estudios realizados en Repblica Dominicana y en Argentina, las mujeres que militan en mbitos comunitarios han manifestado que este es un tiempo que ellas les roban a la familia.

Habiendo interiorizado que su lugar es la casa y su papel atender a la familia, todo lo que ella haga en la comunidad y por la comunidad que tambin es por y para la familia‑ se lo impone como labores que puede desempear adems de cumplir con sus deberes hogareos, es decir, como algo que puede hacer luego de cumplir con lo que considera su obligacin como madre y esposa. Esto podra explicar tal vez, la presencia de sentimientos de culpa que hemos encontrado en un porcentaje considerable de estas mujeres, en los lugares donde hemos realizado estudios al respecto: Repblica Dominicana, Cuba, Argentina, Ecuador, Per.

La violencia como respuesta

 

La culpa mencionada podra ser parte del soporte cultural de la tolerancia de muchas mujeres para soportar los ataques violentos de sus esposos cuando dan los primeros pasos fuera de la casa.

Es fundamental que la mujer interiorice que ella no es merecedora de tales reprimendas, que con su participacin en actividades comunitarias o con su presencia en organizaciones sociales no le est robando tiempo a la familia, no est descuidando a sus hijos, sino desarrollndose como ser social que es, asumiendo tareas y responsabilidades colectivas que comprenden tambin a su familia. Obviamente siempre queda abierto el camino de dar la vuelta y marcharse del hogar o expulsar al marido, pero esta no es una decisin simple, en primer lugar, por los vnculos econmicos que anudan la vida de ambos y, sobre todo, debido a la dependencia de la mujer respecto del hombre para mantenerse ella y sus hijos. En segundo lugar, debido a la carga cultural que la mujer lleva adentro, aunque no comparta los mtodos, tiende a justificar al marido una y otra vez. No ocurre as en todos los casos, pero es todava una actitud muy frecuentemente las mujeres.

c) La interconexin entre lo privado y lo pblico en la comunidad

 

Con mucho esfuerzo, a travs de las soluciones de sobrevivencia, de la lucha por la salud y la alfabetizacin, a travs de la vida en campamentos de asentados sin tierra o en los cortes de rutas piqueteros, ellas construyen redes que disean modos de interdependencia y conexin nuevas entre lo publico y lo privado. Al integrar el espacio domstico en la comunidad, ellas logran ‑de hecho‑ la prolongacin de lo que Vianello [2001] llama el espacio ovular domstico. A su vez, ello implica incorporar la vida comunitaria al interior de la vida ovular, estableciendo relaciones de interaccin e interdependencia entre una y otra. Incluso los problemas familiares, como la violencia del esposo hacia la esposa, pueden ser tratados de un modo diferente cuando ella es parte de un movimiento social comunitario.

As lo refleja, por ejemplo, el testimonio de Marcelo Pereira, dirigente piquetero argentino, integrante de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) en el barrio San Jos, en La Matanza. Reflexionando acerca de su experiencia en este aspecto, coment: A este movimiento [piquetero] me trae mi madre, mi esposa. Yo era muy crtico; vivindolo fue como cambi de parecer y empec a profundizar lo que es este movimiento.

Una vez vengo de afuera, del Norte, con una camioneta que haba ido a probar, justo era el fin de octubre, cuando se iniciaba el corte de la Ruta 3 de los seis das... Yo saba que mi esposa y mi mam estaban en el movimiento, pero nada ms. Cuando me entero del corte, como saba que mi mam estaba en la CCC, zapateaba, echaba chispas pensando en lo que pasara, quera saber dnde estaran ella, mi mujer y mi hijo.

Pis el acelerador; de 160 Km. por hora no bajaba, pensaba cmo me iba a encontrar a mi familia. Con mi pareja iba a ser un desastre el encuentro porque yo vena enojadsimo, mal... no vea la necesidad. Yo era bastante agresivo con mi pareja y vena decidido a llevarla a casa a trompadas, pues los problemas los resolva siempre a trompadas, con mi pareja, con mis amigos...

Al llegar all, me met al piquete con camioneta y todo: me encuentro a mi seora toda negra, llena del holln de las gomas quemadas, pero tambin estaba mi madre, mi cuada, mis vecinos y amigos que se criaron junto conmigo. Me qued asombrado al ver a toda mi familia, a todos esos chicos, a mis vecinos, a mis amigos; me qued paralizado. Me integr al piquete de inmediato. Durante el tiempo que dur, trabaj de da, y de noche iba para el piquete, haca las guardias de seguridad, lo que fuera.

He cambiado muchsimo, he aprendido en la discusin con mis compaeros, haciendo anlisis. El movimiento tambin me ense a cambiar, sobre todo, el comportamiento violento hacia mi esposa, hacia mi familia; poco a poco uno va tomando medidas, va cambiado. [Rauber 2003]

Como expongo en el artculo sobre las mujeres piqueteras: En condiciones de exclusin social, pobreza y gnero se entremezclan, dotando de mltiples sentidos a las acciones que hombres y mujeres realizan para enfrentar la situacin impuesta por la guerra de sobrevivencia, a la par que tornan ms complejo cualquier debate sobre las alternativas posibles, particularmente, en el plano de las relaciones sociales-familiares hombre mujer. Los roles, valores y patrones de conducta han saltado por los aires junto con la desocupacin, el abandono del Estado de su responsabilidad social para con sus ciudadanos, el chantaje por migajas de pan, la desnaturalizacin de la familia y las responsabilidades de cada cual. [Rauber 2002: 160]

d) La integracin de la organizacin social como parte de su vida familiar y personal y viceversa

 

En los estudios realizados en barrios pobres de Santo Domingo, constatamos que las mujeres organizadas, las no organizadas, y tambin los hombres, tienen ‑en general‑ una visin positiva ponderada acerca de la importancia de las organizaciones barriales en la vida de la mujer. Esto se debe, por un lado, a que las organizaciones ayudan a mejorar la vida en el barrio y con ello‑ contribuyen a mejorar la vida cotidiana en el hogar. Por otro, porque las mujeres aprecian a la organizacin barrial como un espacio de igualdad y de liberacin de la rutina gris de las tareas domsticas. Y tambin, porque las organizaciones barriales propician una mayor participacin de los hombres en las tareas del hogar.

La organizacin barrial resulta de hecho un espacio puente entre la casa y el barrio, entre el claustro domstico femenino y su salida a la vida pblica. Como lo afirman las propias mujeres: ellas se sienten all iguales que los hombres.

Este es uno de los resultados positivos ms evidentes de la presencia de las mujeres en las organizaciones barriales y reivindicativas de variado tipo: all ellas aprenden a valorarse como actoras sociales activas, capaces de pensar y actuar con cabeza propia.

e) La participacin y la representacin

 

La participacin de las mujeres es mayoritaria en la base, pero va disminuyendo progresivamente en la medida en que se elevan las responsabilidades en cargos de representacin intermedia y, ms an, en la direccin general. Ello se debe a trabas de diversos rdenes, adems de que tradicionalmente‑ los espacios de representacin son considerados propios de los hombres, algunas veces ello ocurre porque las mujeres se niegan a integrar estos mbitos porque consideran que no tienen tiempo para ello o por baja autoestima. Otras veces, ni siquiera son propuestas para cargos con responsabilidad y representacin por la competencia que los hombres desatan contra ellas.

Porque nosotras tenemos instalado en nuestro ser lo que hemos aprendido por tiempos inmemoriales. En primer lugar, que nosotras trabajamos para adentro de la casa, en los sustratos menos visibles, de la alimentacin, del cuidado. Estamos asignadas para ocupar un lugar de servicio, pero no cualquier servicio sino de servicio a un poder existente. Y tenemos que desandar esto que est instituido en nuestro ser: estar siempre en el segundo lugar. [En Rauber 1998: 192-193]

Es por ello que, una vez ms, surge como tarea imprescindible apuntalar los procesos concretos de organizacin con amplia participacin femenina, fortaleciendo las capacidades de accin y representacin de las mujeres acorde con sus realidades y necesidades. Cuando esto emerge en los movimientos sociales con los que interactuamos, elaboramos conjuntamente los contenidos y los ritmos del aprendizaje: sobre gnero y poder, sobre empoderamiento, sobre poltica, sobre participacin, sobre comunicacin, manejo de computacin, etctera. Con ello nuestra labor funde prctica y teora en mbitos sociales concretos. No basta con denunciar la exclusin de las mujeres de los lugares de toma de decisiones; es fundamental llegar a conclusiones prcticas y comprometerse con su realizacin en la medida que ello sea factible y compartido por las organizaciones sociales con las que se interacta.

Aportes de la perspectiva de gnero a la construccin de alternativas populares

Las alternativas populares se refieren a las caractersticas de la sociedad que se busca, del tipo de poder que siguiendo a Gramsci‑ a ella se corresponde, es decir, del tipo de interrelacin entre democracia, estado y sociedad. Es por ello que pensarlas y disearlas teniendo en cuenta la bsqueda de equidad de gnero desde las races mismas de la conformacin del poder, resulta central. En este sentido, adems de lo ya expresado, subrayando algunos elementos en los que se destacan particularmente los aportes de esta perspectiva.

Ampla los fundamentos de la apuesta a la construccin de poder desde abajo

Como se ha planteado, la concepcin de gnero resulta enriquecedora de la nocin del poder, lo es tambin, por tanto, respecto de las propuestas y las prcticas de construccin de poder desde abajo impulsadas por los nuevos movimientos sociales.[9] Incorpora elementos sociopolticos que profundizan dichos procesos: aporta elementos claves para transformar ‑articulada y simultneamente‑ las relaciones de opresin, explotacin, discriminacin y exclusin, en la sociedad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la organizacin vecinal o sindical, en el partido, en los movimientos de mujeres, etctera.

La mirada de gnero rompe las barreras del pensamiento poltico tradicional de la izquierda que separa la cotidianidad, lo reivindicativo social, del quehacer poltico. Al desnudar el contenido poltico de lo que se supona privado, el enfoque de gnero () impacta a la sociedad en dos niveles: por un lado, porque pone nuevos temas en el debate y evidencia su contenido poltico, y por otro, porque politiza lo privado y devela que dentro de las relaciones personales encubiertas y justificadas por amor, afecto y entrega hay relaciones terribles de poder entre los sexos." [Vargas Valente S/F: 4]

El reclamo de equidad de gnero es radicalmente democratizador, precisamente porque no puede haber una verdadera democratizacin del mundo pblico si se mantienen intactas las relaciones hombre-mujer en el mundo privado, y si se mantiene, en general, la subordinacin de lo privado en funcin del desarrollo de lo pblico. Porque:

-"La democracia slo para hombres es tan brbara y tan incompleta como lo fue la democracia griega, basada en la igualdad de derechos entre los miembros de una pequea aristocracia, y en la ausencia completa de derechos para las grandes masas populares.

-"No hay ni puede haber democracia en donde las mujeres no tienen los mismos derechos del hombre y en donde, en consecuencia, la vida social en todos sus aspectos no est constituida y dirigida por hombres y mujeres sin distincin.

-"(...) Sin las mujeres no hay democracia. Sin democracia no hay progreso del pueblo. Sin democracia no hay sentido profundo de la patria." [Lombardo Toledano 1984: 11-18]

Esto alude a tres elementos importantes:

-El mundo de lo privado es parte del poltico (aunque ms no fuese como condicin de su existencia) y como tal, susceptible de convertirse en poltico.

-Las luchas por la democratizacin de las sociedades deben para llegar hasta la raz‑ incorporar la democratizacin de las relaciones hombre-mujer en lo pblico y en lo privado. En consecuencia:

-Las luchas de las mujeres en contra de su discriminacin y marginacin ataen a la democratizacin de toda la sociedad.[10] Esto supone la transformacin radical del poder, por lo que constituyen una lucha poltica.

Acrecienta el significado, contenido y alcances de la accin poltica y de la dimensin ciudadana

Al incorporarse al mundo poltico los nuevos actores y las nuevas actoras sociales, incorporan a l tambin sus intereses, sus puntos de vista y necesidades, sus visiones de la realidad en que viven y la conciencia poltica acerca de ella. Si toda accin de transformacin de las relaciones de poder all donde stas se den es una accin poltica, los temas referidos a la sexualidad, a la violencia contra las mujeres, a las relaciones padres e hijos y hombre mujer, y, en general todos los que abordan la organizacin de la vida cotidiana, cobran una importancia fundamental en la dimensin y accin poltica actual y futura.

En este sentido, las luchas por la equidad de gnero le imprimen un contenido ms complejo a la poltica y a la accin poltica,[11] sacndola del mbito de la lucha por el poder del Estado, articulndola a los otros mbitos de la vida social, enlazando adems de lo pblico y lo privado‑, lo estratgico con lo cotidiano y reivindicativo. No se trata de luchas o problemticas separadas. Las luchas de las mujeres, como la de otros actores sociales, reafirma que la lucha es reivindicativo‑poltica, es decir, una lucha contra las estructuras, los medios, los valores, la cultura y los mecanismos de produccin y reproduccin material y espiritual del poder de dominacin discriminatorio y discriminante, excluyente y crecientemente marginador de mayoras, y de construccin de poder y cultura propios.

Entre mltiples aspectos, esto reafirma que:

1. Que lo reivindicativo sectorial no es un defecto o traba que debe ser superado por el proyecto poltico. Este no est ubicado por encima de lo reivindicativo sectorial, sino que parte de ah, y lo contiene articulndolo en una nueva dimensin y proyeccin.

a) Lo poltico no es jerrquicamente superior a lo reivindicativo.

b) Lo reivindicativo no tiene un techo o lmite, como no sea el que le fija su propia contraposicin con lo poltico.

La falta de articulacin de lo poltico con lo reivindicativo se traduce en la fractura entre las luchas por la transformacin de la sociedad y las que impone la dinmica de la vida cotidiana, el ideal de la nueva sociedad ansiada con los modos alternativos y solidarios de vida generados en mbitos de la comunidades, etctera.

2. Que es necesario articular las protestas (oposicin) con propuestas concretas (posicin propia) capaces de orientar en sus luchas a la poblacin del sector en conflicto en cada caso. Esto es: construir respuestas concretas a problemticas tambin concretas. Reclama elaborar respuestas inmediatas a reivindicaciones inmediatas, pero ello no implica que la inmediatez y la temporalidad sean su horizonte y lmite natural. Al contrario, tales propuestas encierran un alto potencial poltico que es posible (y necesario) poner de manifiesto en el propio proceso de lucha por su concrecin.

Es all, cuando el proceso prctico pedaggico de formacin de conciencia poltica logra su mayor potencialidad. Sobre la base de procesos colectivos de reflexin‑formacin sobre sus luchas los actores sociales van conformando procesos prctico‑terico‑pedaggicos de formacin de conciencia poltica. En ellos se va poniendo de manifiesto la raz sistmica del problema y tambin la dimensin y el alcance altersistmico (no confundir con anti-sistmico) de la propuesta. En esto radica, de ltimas, el contenido y sentido poltico central de lo reivindicativo sectorial.

Aceptar esto implica romper con la an mayoritaria idea de que la prctica poltica corresponde slo a partidos polticos o a especialistas, [12] supone reconsiderar lo que se entiende por escena poltica, tradicionalmente entendida como el campo de accin abierta de las fuerzas sociales mediante su representacin en partidos. Pero la escena poltica comprende al conjunto de fuerzas sociales actuantes en el campo de la accin poltica en un momento dado, independientemente de que stas se hallen organizadas o no en estructuras poltico‑partidarias. Respetando todo lo que son o puedan llegar a ser las opciones partidarias, la participacin poltica de la ciudadana, de hecho, reclama la incorporacin de los diversos actores y actoras a una discusin y a un escenario ms amplio que el de los partidos.

La incorporacin de las mujeres a la vida poltica no puede circunscribirse entonces a su incorporacin a los partidos tradicionales de izquierda o derecha, ni a integrar sus listas electorales. En determinadas realidades, esto resulta un paso importante para la transformacin del mundo pblico, pero no basta. Porque no es extrao ni difcil encontrar a las mujeres desempeando tareas de contenido infraestructural tambin en los mbitos pblicos, acondicionando, agilizando y potenciando con ello el tiempo y las capacidades masculinas para que los hombres se concentren en la toma de decisiones, y en la ejecucin y el control de las mismas Se requiere que la responsabilidad del mbito privado y las labores domsticas no sigan recayendo slo sobre las mujeres y que la presunta inferioridad de esos papeles no se traslade a las labores pblicas. [Ramrez. 1994, p.9].

Es por eso que la participacin de la mujer en la vida poltica, es necesariamente subversiva porque concierne al fundamento mismo de la sociedad, a la vida social, la vida de la familia, los roles tradicionales del hombre y de la mujer, las reparticiones de carga en el seno familiar. [Saada 1990: 21-22]

La participacin de las mujeres tiene que darse a todos los niveles, en lo (...) econmico social, cientfico, tecnolgico e inclusive en la planificacin de las polticas de desarrollo tan importante para el avance de nuestros pases. La democracia adquiere as un sentido bsico de derecho a la vida, a una vida diferente, a una vida donde no solamente haya bienestar, sino donde haya posibilidades de desarrollar la igualdad de los seres humanos, respetando la posibilidad de ser diferentes. [Idem: 3]

Incorpora con fuerza la cultura terico‑prctica de la educacin popular

La articulacin de las concepciones y prcticas de la educacin popular, resulta imprescindible en los actuales procesos de construccin de alternativas: ella orienta la accin del pensamiento a tomar como punto de partida las prcticas concretas, para reflexionar desde all y colectivamente, es decir, se propone construir el conocimiento desde abajo, con todos los y las protagonistas de las luchas y, por el mismo camino, definir los rumbos, alcances y objetivos de las mismas.

La educacin popular est presente en las organizaciones sociales, en los procesos de formacin y en las prcticas de vida y organizacin sobre la base de prcticas horizontales y participativas. Si se tiene en cuenta que en tales organizaciones las mujeres son la fuerza mayoritaria y clave, puede comprenderse que el empleo sistemtico de la educacin popular que se caracteriza por dar la palabra a los sin voz, contribuye a hacer visible ‑social y polticamente‑ la presencia de las mujeres en los procesos sociotransformadores, contribuye a dignificar y valorizar su palabra, su pensamiento y su accin. Y esto es as tanto hacia el exterior de la organizacin como hacia su interior, y en cada mujer, en la elevacin de su autoestima y su capacidad para constituirse en una ciudadana plena y activa.

Su prctica educativa ‑que construye saberes a partir de los modos de vida concretos‑, levanta los puentes bsicos que ponen al descubierto los nexos e intercondicionamientos entre un determinado modo de existir y reproducirse del mundo privado y un determinado modo de existir y reproducirse del mundo pblico, y contribuye a que los que participan del proceso educativo puedan descubrir los nexos entre una realidad supuestamente privada e individual, aparentemente casustica, con la realidad de un determinado modo de existencia econmica, poltica y cultural de la sociedad en que vive.

Saber y poder se conjugan en los procesos de su realizacin. Por ello resulta, por un lado, cuestionadora radical del poder hegemnico, discriminador y excluyente del capital, haciendo visible los nexos que existen entre este y una determinada conformacin histrico cultural‑ de las identidades, los roles y los mbitos atribuidos ‑en tal relacin‑, a los gneros. Por otro, al fortalecer el conocimiento colectivo de los movimientos sociales acerca de sus experiencias, al contribuir al mejor anlisis de evaluacin de logros y deficiencias, la educacin popular es clave tambin para los procesos de empoderamiento social,[13] entendiendo que el primero y fundamental de ellos es el del saber: qu, cmo, para qu, quines. Como dice Pompea Bernasconi: () el poder est vinculado al saber y al hacer. Por eso, en la educacin popular es importante lograr que el pueblo descubra su saber y posea una conciencia crtica de la realidad para que tenga poder sobre ella y pueda modificarla. [En, Rauber 1998: 75-76]

Por todo ello, para las mujeres de las organizaciones sociales populares la educacin popular es una herramienta importante: legaliza su participacin, otorga sentido social a su saber supuestamente limitado por lo cotidiano y sin importancia, la autodescubre como ciudadana y a travs de su saber formacin mediante‑ contribuye a profundizar los procesos concretos de empoderamiento en los que ellas participan, tornndolos para s, es decir, fortalecindolas como actoras sociales y polticas plenas.

Reivindica el reconocimiento positivo de las diferencias, de los y las diferentes

Reivindicar la diferencia como va de profundizacin de la individualidad del ser humano propia de la modernidad, es el reclamo primero de la posmodernidad. Junto a ello, emergen tambin con fuerza los estudios acerca de lo micro, y muestran su riqueza y pertinencia frente a las anteriores predominantes visiones macro que invisibilizaron gran parte de las realidades particulares. Ambos aspectos pueden considerarse a mi entender‑ como uno de los importantes aportes de esta corriente de pensamiento. Pero el centrarse casi exclusivamente en la explicacin de la diferencia, de lo micro, ha mostrado su lado flaco, al tornar los anlisis particulares en abstractos y unilaterales al considerarlos inconexos con los fenmenos del mundo real (interdependiente, multifactico, complejo). Esto dificulta pensar la sociedad como totalidad, buscar los nexos socio-econmicos y culturales entre los sectores sociales que la integran, descubrir adems de sus diferencias‑ sus intereses comunes y, por tanto, su capacidad y posibilidad de pensar, luchar y organizarse colectivamente por sus derechos.

En los ochentas en los Estados Unidos, surgi la teora que las opresiones sociales son interseccionales y no meramente aditivos, y entonces las feministas no pueden desconectar la identidad de gnero de las identidades raciales y de clase e intereses. Esto seala que debemos rechazar la idea de que las mujeres tienen intereses en comn como grupo (Collins 1990, Harris 1990, Spelman 1988). Pero esta conclusin parece dejar los movimientos de mujeres sin una base social para unirse a pesar de diferencias de raza, clase y sexualidad. Gayatri Spivak propone la idea de una esencial estrategia de mujeres como grupo social (Spivak 1990). Pero, podemos suponer que las mujeres como grupo social tienen intereses en comn? [Ferguson 2005]

Transformado en objetivo de s mismo lo diferente pierde sentido social y poltico ya que por esta va‑ la sociedad sera una suma creciente de grupos humanos e individuos aislados entre s, fragmentados y clasificados por gnero, raza, color de piel, edades, lenguas, identidades, preferencias sexuales, gustos musicales, etctera.

Qu hacer con las diferencias?

El reconocimiento y destaque de las diferencias, en tanto estas han sido construidas por actores sociales en el proceso de su vida real, resulta indispensable, pero para construir alternativas superadoras, es fundamental que ese reconocimiento se constituya en la base para dar pasos concretos hacia la articulacin de los y las diferentes, respetando sus identidades, sus problemticas, sus aspiraciones, imaginarios y necesidades, contribuyendo tambin por esta va a profundizar la matriz democrtica de la sociedad.

Esto requiere avanzar en el pensamiento y en las prcticas integradoras de una realidad tan fragmentada como compleja y diversa, que rene realidades e identidades yuxtapuestas intrnsicamente interconectadas, intercondicionadas e interdefinidas entre s.

Como seala Ferguson: Sin un anlisis de dominacin social a base de sistemas mltiples, las mujeres pueden lograr empoderamiento en relacin a ciertos hombres, pero quedan sin poder en relacin al racismo, imperialismo, capitalismo. [Ferguson. 2005] Ciertamente, reflexionando sobre experiencias de empoderamiento de mujeres, pueden obtenerse importantes lecciones sobre el significado negativo ‑en el sentido de empobrecedor de las prcticas y sus alcances‑, que contiene la visin estrictamente sectorial, fragmentada, centrada exclusiva y unilateralmente en la bsqueda de satisfaccin de las necesidades de un actor social diferente.

No cuesta trabajo darse cuenta de la diversas banalizaciones que se han hecho sobre la diferencia, mostrndola como el llavn del descubrimiento (y de la manifestacin) de las diferencias hombre-mujer, y tambin entre las mujeres.

Por este camino, el concepto gnero puede ser atractivo y til en ciertos mbitos y sectores sociales de mujeres, pero disminuye considerablemente su importancia crtico‑transformadora para conocer, pensar las actuaciones sociales y construir las alternativas posibles, orientadas hacia un nuevo tipo de sociedad humana, desde y mediante las prcticas del presente.

Es en este sentido que el destaque de las diferencias, y de las y los diferentes resulta un aporte importante a tener en cuenta: contribuye a desmitificar la carga polticamente negativa que ello tiene an en el seno de gran parte de la izquierda latinoamericana, donde predomina el pensamiento poltico tradicional, que se propone alcanzar la unidad de todas las organizaciones sociales y polticas apelando a la unanimidad y homogeneizacin de todos: partidos, movimientos, pueblo, y cuando sea posible‑ de la sociedad toda. El enfoque de gnero contribuye a pensar la unidad, lo colectivo, sobre nuevas bases, haciendo del reconocimiento de las diferencias ‑en vez de un obstculo‑ un enriquecimiento, un pilar para posibles articulaciones. Es un granito de arena puesto en el caldero de la construccin colectiva, plural y diversa de lo nuevo.

Esta sigue siendo desde la perspectiva de los movimientos sociales que construyen alternativas‑, su importancia analtica y prctica fundamental. Ello no impide, sin embargo, que se site en un terreno de disputas y grandes controversias ideolgicas y de poder.

Conclusiones

1.

Fundar y construir una nueva civilizacin humana desafo presente de la humanidad en busca de supervivencia‑ significa fundar y construir un nuevo modo de vida.[14] Esto significa incorporar la nocin y visin de gnero como elemento constitutivo del pensamiento y las prcticas cuestionadoras de las sociedades actuales, y de los procesos de construccin de las nuevas. Ello posibilitar hacer visibles y modificar las relaciones sociales asimtricas establecidas entre hombres y mujeres, base para la produccin y reproduccin de otras tantas asimetras y discriminaciones: de color de piel, discapacidad fsica, etnia, cultura, belleza, identidad sexual, etctera.

2.

Llegar a la conciencia universal de ello supone un largo proceso histrico de transicin‑, complejo y multifactico que combina procesos de auto constitucin de actores‑sujetos en sujeto colectivo (popular), con procesos de construccin de propuestas y proyecto alternativo, con la construccin de poder cultura y organizacin polticosocial‑ desde abajo.

En ello, las transformaciones que tienen lugar en las dinmicas de la vida cotidiana, ocupan un lugar fundamental. No porque de ah nazca el cambio de toda la sociedad, sino porque sin enraizarse all, sin articular la utopa del mundo nuevo a la vida de la familia, este ser un imposible. Para eso ‑en primer lugar y a la vez‑, la familia debe modificarse a s misma, en tanto gestante de ese nuevo ser humano, de esa nueva sociedad y de ese nuevo mundo. Es vital ir hacindolo posible desde ahora, transformndolo desde nuestra propia vida cotidiana domstica y comunitaria, integrndola a nuestras prcticas familiares, comunitarias, sociales, polticas, etctera.

3.

La comunidad se abre paso como un espacio (y un concepto) integrador de lo pblico y lo privado. El mbito comunitario cobra cada da ms importancia tanto en la lucha por la sobrevivencia, en la construccin de redes sociales de subsistencia ‑en lo econmico, educativo, salud, etc.‑, como en el desarrollo de slidas redes interfamiliares que distribuyen la dura carga de las labores domsticas cotidianas y mejoran la posibilidad de integracin laboral de las mujeres. A ellas se le abren puertas en el sector informal, generalmente en el servicio domstico, aunque este todava no es reconocido mayoritariamente como trabajo, social y jurdicamente (no tienen derechos como trabajadoras, por ejemplo, no tienen vacaciones pagas, ni aportes jubilatorios, ni cobertura por enfermedad, etc.). Para poder desempaarse en l, las mujeres han de desarrollar redes de apoyo mutuo para el cuidado y alimentacin de los nios de unas mientras las otras trabajan, y viceversa. As, redes solidarias entre mujeres se abren paso ms all del mbito familiar.

Un modo de vida diferente, basado en la horizontalidad y democratizacin solidaria de responsabilidades y tareas se va conformando a travs de de estas prcticas en la dimensin comunitaria. En ella, a travs de la cultura participativa de las mujeres, se van haciendo cada vez ms visibles los nexos que se establecen entre la posibilidad de participacin en el mundo pblico y las tareas del mundo privado, articulando tiempo de trabajo y dedicacin en uno con el tiempo y la dedicacin en el otro.

4.

Resulta fundamental disputar el sentido comn de los hombres y mujeres del pueblo, en primer lugar el de los trabajadores y las trabajadoras, en la amplia diversidad en que ellos existen en la actualidad. Valores como la solidaridad, la justicia social, la equidad de gnero, razas e identidad sexual, el derecho efectivo al trabajo, el respeto a la naturaleza, debern ir conquistando la cabeza y el corazn de millones y millones de seres humanos.

Solamente cuando la aplastante mayora de la poblacin en cada uno de nuestros pases descubra la mentira y el fraude para con sus propias vidas llevado a cabo por el poder clasista, machista y excluyente desarrollado hasta ahora y, particularmente, por el poder correspondiente al capitalismo contemporneo, cuando descubra la trampa mortal a la que el capital los ha conducido mediante engaos desde las primeras etapa de su acumulacin originaria, y vaya vislumbrando a la par otro modo de vida posible, tendr deseos de explorar nuevos caminos y la voluntad para intentarlo prcticamente. Este no resulta vale reiterarlo‑ un camino fcil ni corto; es parte de una larga e indispensable transicin hacia una nueva humanidad.

5.

El planteamiento de gnero pretende llegar hasta los cimientos mismos de la cultura del poder patriarcal que fue heredado y desarrollado por el capitalismo. De ah su fundamental importancia para un replanteo profundo del conjunto de relaciones sociales de una sociedad dada y del poder, en el sentido de posibilidad de construccin de nuevo proyecto social (alternativa). No digo que sea suficiente, pero s necesario, imprescindible, insoslayable. Para avanzar hacia una concepcin ms integral es importante, adems de todo esto, sumar, articular los enfoques, las crticas y los planteamientos de otros mbitos, como la ecologa, la tica, la jurisprudencia, etc., siempre atravesados radical y transversalmente por el enfoque de gnero y su relacin con el poder (o los poderes).

6.

Las reflexiones en torno a las alternativas ‑que suponen el cuestionamiento transformador de las relaciones de poder existentes‑, se enriquecen hoy con la inclusin de la perspectiva de equidad de gnero en sus anlisis y reflexiones acerca del poder actual y sus posibles caminos superadores hacia una humanidad constituida con equidad y justicia social. Cualquier concepcin que las aborde prescindiendo de comprender en sus anlisis acerca de la naturaleza y alcance del poder a las relaciones de gnero que lo sustentan y sobre las que se sustenta, resulta incompleta y cercenada en su valor prctico y terico. Y a la inversa ocurre tambin, si se aborda la cuestin de gnero sin vincularla al cuestionamiento de las relaciones de poder (econmicas, culturales, sociales, familiares, etctera).

7.

Es necesario edificar nuevos referentes tericos integrales, visiones del mundo que ayuden a superar la fragmentacin del pensamiento y a reflexionar con lucidez sobre los procesos de emancipacin social y los modos de producir subjetividades acordes con estos retos.

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* Isabel Rauber es Dra. en Filosofa de la Universidad de La Habana, Directora de la revista Pasado y Presente XXI, estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos; integrante del Foro Mundial de las Alternativas.

[1] Los movimientos sociales tienen caractersticas diversas: a) pueden expresar a organizaciones y actores sociales pertenecientes a un mismo sector social, por ejemplo, trabajadores, indgenas, campesinos, desplazados internos, sin techo, etc.; b) pueden articular a actores sociales e individuales en torno a una problemtica intersectorial, como por ejemplo: la lucha por la paz en Colombia, la defensa del Amazonas, o la soberana alimentaria, etc.; c) pueden dar cuenta de una problemtica social transversal: equidad de gneros, de etnias, identidad sexual, etctera; d) pueden constituirse para responder a un tema o problema puntual, coyuntural: ayuda a damnificados por inundaciones, por terremotos, contra actos represivos, contra gobiernos corruptos, etc. Como su nombre lo indica, su gnesis y sus modos de organizacin y de lucha varan, ya que se definen marcados por las identidades, experiencias, dinmicas y problemticas que enfrentan los actores sociales que le dan cuerpo en cada momento histrico-concreto.

[2] Las relaciones de poder parten del interior del funcionamiento del capital para inundar a travs de las relaciones mercantiles- todas las relaciones sociales, familiares, culturales, etc. Esto resulta muy marcado en la actualidad cuando la transformacin de lo social en mercanca acenta las relaciones de poder en todos los sectores de la vida colectiva. En otras palabras, la imposicin de la ley del valor refuerza las relaciones de poder. [Houtart 2004:2]

[3] La expresin desde abajo no alude a una ubicacin geomtrica, a lo que est situado abajo, si bien indica ciertamente un posicionamiento poltico-social desde donde se produce la construccin, colocando en un lugar central, protagnico, a la participacin de los de abajo. Construir desde abajo indica ante todo una concepcin y una lgica‑ acerca del poder del capital y del nuevo poder popular, acerca de cmo contrarrestar, destruir y transformar el primero, y cmo construir el poder propio. Es por eso que dicha lgica resulta necesaria estratgicamente, independientemente del lugar desde el cual se piensen y realicen las transformaciones: en la superestructura poltica, o en una comunidad, desde un puesto de gobierno o en la cuadra de un barrio. Construir y transformar desde abajo no implica negarse a construir en mbitos que podran ubicarse arriba. La ubicacin y el rol organizativo institucional que se ocupe en el proceso de transformacin puede estar arriba, abajo, o en el medio; construir desde abajo indica siempre y todo momento y posicin un camino lgico‑metodolgico acerca de cmo hacerlo y una apuesta prctica a su realizacin.

[4] Ver Rauber 2004-a: 55-57.

[5] Por ejemplo, para los difundidos estereotipos patriarcal‑machistas, ser mujer se equipara con tener sensibilidad y ternura, dejarse llevar por la emocin, la pasividad, la sumisin, la intuicin, en definitiva, por lo irracional subjetivo y misterioso. Correlativamente, ser hombre se identifica con tener valor, fuerza y poder, y esto con lo racional, con la capacidad para actuar fra y decididamente, pensar cientficamente, etc. Estos estereotipos, entre muchos otros, definen identidades y capacidades de cada sexo, y expresan la base socio‑cultural de las asimetras sociales en las relaciones entre los sexos sobre las que se asienta la subordinacin jerrquica de la mujer al hombre. Se alimenta as la confusin entre gnero y sexo, entre lo socio‑cultural y lo biolgico.

[6] "(...) si analizamos un poco el concepto de `mundo de lo privado', quiere decir: privado de. En el fondo, privado de libertad. Es un mundo privado necesario para el desarrollo del 'mundo de lo pblico'. As como el mundo pblico est cruzado por una serie de opresiones y de contradicciones de clase, explotaciones de clase, el mundo de lo privado, de lo domstico, de la familia, tambin est organizado jerrquicamente (...)." [Saa 1985.]

[7] Esto no es un detalle menor si se tiene en cuenta que son millones los seres humanos que encuentran contencin diaria y alimentos a travs de la labor de las mujeres en organizaciones comunitarias. El tiempo de trabajo invertido por ellas es una riqueza expropiada a las mujeres y no valorada an. Esto es tambin parte de lo que significa la feminizacin de la pobreza.

[8] Unidad monetaria del Per.

[9] As lo reconoce, por ejemplo, la CEPAL, cuando en su informe para Naciones Unidas, seala: "El anlisis desde la perspectiva de la participacin de las mujeres ilumina muchos otros movimientos sociales, cambios culturales, incorporacin de los marginados, ampliacin de la ciudadana, nueva relacin entre lo privado y lo pblico, relacin con el poder, democracia." [Naciones Unidas 1989: 6]

[10] Considerando que las mujeres somos la mitad o un poco ms de la mitad de los habitantes del planeta‑, incluso si fuera un asunto slo de mujeres, sera muy importante su incorporacin al debate y a las propuestas sobre la democracia en nuestras sociedades, con igual centralidad que otros problemas sociales. Pareciera que hay que recordar siempre que todos y cada uno de ellos comprende a las mujeres, quienes al interior de cada problema‑, resultan doblemente afectadas: por el problema y por los maridos, padres, hermanos, religiosos o compaeros del problema.

[11] (...), la poltica es bsicamente un espacio de acumulacin de fuerzas propias y de destruccin o neutralizacin de las del adversario con vistas a alcanzar metas estratgicas. [Gallardo 1989: 102‑103] Prctica poltica, por tanto, es aquella que tiene como objetivo la destruccin, neutralizacin o consolidacin de la estructura del poder, los medios y modos de dominacin, o sea, lo poltico.

[12] Esta interpretacin resulta hoy indefendible; sostenerla implica suponer que existen gradaciones de sujetos: a) aquellos que aportan slo en nmero porque son incapaces de trascender el horizonte reivindicativo inmediato: los movimientos sociales, barriales, sindicales, estudiantiles, de mujeres, cristianos, etc., b) los que son capaces no slo de captar el conjunto de los problemas y las vas para solucionarlos sino tambin de guiar a los dems: los partidos de izquierda (de la clase obrera), tradicionalmente autoconsiderados vanguardia.

Ya no puede pensarse en los movimientos sindicales, barriales, de mujeres y otros, como "soportes" de polticas elaboradas por fuera de ellos desde tales partidos. La actividad poltica y los actores que la llevan a cabo no puede definirse fuera del terreno en el que se desarrolla ni al margen de sus protagonistas. [Ver: Rauber 1997: 7, 8, 23, 30-32]

[13] Por empowerment [empoderamiento], entendemos un proceso de desarrollo de las capacidades de negociacin, a nivel familiar y colectivo, para arribar a una apropiacin mas igualitaria del poder. No es suficiente interrogar acerca de las asimetras de las relaciones de gnero y sus implicaciones sobre el medioambiente y el desarrollo, es necesario interrogar de qu manera puede haber una concientizacin de la desigualdad de esas relaciones sociales entre hombres y mujeres y cules seran las posibilidades de cambiarlas de modo tal que permitan a las mujeres una verdadera participacin en los procesos de poder y de toma de decisiones. Esta perspectiva no descansa solamente sobre una relacin ms justa en la sociedad entre hombres y mujeres, sino sobre la hiptesis segn la cual el empoderamiento de las mujeres puede impulsar una transformacin de la sociedad que permita no solamente romper con el desarrollo desigual de manera general, sino tambin de atacar los problemas medioambientales que le acompaan. [Hainard y Verschuur 2001: 29-31]

[14] Ello implica el desarrollo yuxtapuesto, simultneo y articulado de procesos de transformacin de la sociedad, de sus modos de produccin y reproduccin, y de transformacin-autotransformacin de los propios seres humanos que realizan esas transformaciones: los hombres y las mujeres y las interrelaciones sociales entre ellos establecidas.



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