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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2007

Controversia en torno a la Objecin Fiscal al Gasto Militar

Antonio Escalante y Jos Toribio
Rebelin



En abril de 2006 se public un texto sobre la Objecin Fiscal al Gasto Militar OFGM a peticin del peridico Diagonal, titulado La Objecin Fiscal a debate.
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La propuesta de esta publicacin brind la posibilidad de elevar a pblico algunas ideas sobre este asunto. Por aquel entonces no fueron bien avenidas entre algunos sectores del movimiento antimilitarista. Se argumentaba que se haban realizado en plena campaa de Objecin Fiscal perjudicndola y que se haban hecho pblicas antes de haber sido conocidas dentro.

En Enero de 2007 los contenidos de esta reflexin fueron expuestos y defendidos en la asamblea estatal de Alternativa Antimilitarista-MOC. Tras ello se difundi el texto que aparece a continuacin en la lista Infomoc (la lista de AA-MOC) pretendiendo con ello mantener el debate dentro del cenculo antimilitarista, con la idea de aclarar pormenores, incorporar otras reflexiones, y poder as afrontar serenamente el debate.

Sin embargo, hemos notado un vaco unnime a las ideas aqu expuestas, vaco que interpretamos al ver que dos de las pginas antimilitaristas ms activas no se han hecho eco de lo que aqu se expone: nos referimos a Insumissia y Tortuga.

Si dentro del movimiento no se quieren debatir estas cuestiones quiz sea oportuno hacerlo fuera.

Las reflexiones que aqu aparecen estn hechas desde dentro del antimilitarismo, con el deseo de mejorar nuestras herramientas de lucha.

Lo que en adelante se defiende es que la actual campaa de OFGM se inscribe dentro de un concepto constrictivo de lo que se conoce como Desobediencia Civil DC.

Esto no implica necesariamente que lo que ahora se hace no deba hacerse o que deba atenerse a lo que de forma ms estricta se debera considerar como DC. No debemos renunciar a transgredir las normas con las herramientas que estn a nuestro alcance, pues es una evidencia que los derechos fundamentales, incluso para quienes los reconocen formalmente nominalmente, no se aplican de forma efectiva.

S implica, sin embargo, que llamemos a las cosas por su nombre, y que desde la honestidad poltica se asuman las limitaciones de ciertas actuaciones para que no se presenten como algo que no son.

Entresacamos de la declaracin de la Asamblea estatal de OF lo siguiente:

La OF a los gastos militares es un movimiento de desobediencia civil que se plasma en la disposicin a no colaborar econmicamente con el Estado y con los impuestos que nos obligan a contribuir al gasto militar.

Tcnicamente, hacer OF consiste en dejar de pagar la parte de nuestros impuestos que corresponde al gasto militar, segn los presupuestos generales del estado. Ese dinero lo desviamos a otros destinos que consideramos socialmente tiles.

Asumimos as nuestro protagonismo a la hora de decidir sobre los temas de Defensa: qu, cmo y de quin queremos defendernos, y en definitiva decidimos sobre qu tipo de sociedad queremos construir.

Cules son nuestros objetivos? Seguir impulsando, con el dinero desviado del gasto militar, proyectos que impulsan una transformacin desmilitarizadora.

La objecin fiscal no ha sido todava reconocida legalmente: llevarla a cabo puede implicar pequeos problemas con Hacienda. Pero es una de las pocas formas de oponerse a un sistema que prioriza la inversin en muerte, y que descuida o impide la inversin en Justicia.

Aunque esta declaracin no es reciente, s lo es esta de 2006 que dice: La OBJECIN FISCAL AL GASTO MILITAR, facilsima de hacer, es una campaa pblica y noviolenta de DESOBEDIENCIA CIVIL que tiene lugar en multitud de pases desde hace dcadas. Gracias a ella podemos dejar de colaborar con los ejrcitos y evitar que se financien las guerras con nuestros impuestos. 2

Es una temeridad y una imprudencia decir que de ciertas acciones se siguen determinadas consecuencias cuando esto no ocurre. Adems, nuestro crdito poltico se ve seriamente daado cuando tras un discurso radical se esconde una prctica no tan radical (aunque no por eso peor, en los tiempos que corren).

Veamos los supuestos en que se desarrolla actualmente la OFGM.

En primer lugar hay que comenzar diciendo que la OF no sirve para lo que se propone tal cual est concebida en sus objetivos tcnicos, esto es, si pensamos que realizando la OFGM detraemos recursos del GM.

Imaginemos a alguien que va a hacer la declaracin de la renta y decide hacer OFGM.

Primer supuesto: Hacienda lo ignora. Tanto si la declaracin de la renta es a favor (te devuelven) como si es en contra (pagas) el estado abonar (primer caso) o dejar de ingresar (segundo) una cantidad equis que recibir una entidad particular que, segn criterio, constituye una alternativa de gasto mejor que el GM.

Esto podra generar la ilusin de que lo hecho ha servido y que, efectivamente, se han trasvasado recursos de lo militar a lo no militar.

Pero si rascamos un poco vemos que esto NUNCA sucede. El estado no deja de comprar un tanque Leopard pongamos por caso tras contabilizar el dinero que las personas contribuyentes han detrado al fisco por motivos de conciencia (tanto si el estado pag de ms como si dej de ingresar). Si los objetivos tcnicos de la OF son detraer recursos al militarismo negndose a pagar impuestos para la guerra o su preparacin, esto nunca ocurre. Dira ms: la experiencia nos demuestra que ao tras ao, el estado no slo gasta lo que originalmente prev sino cantidades muy superiores lo que puede verse en las oportunas liquidaciones de los PGE ao tras ao.

Lo que s ocurre, SIEMPRE que se realiza la OFGM, es que el estado recibe menos ingresos de los previstos sean las declaraciones positivas o negativas. Si aceptamos que no descuenta ni un euro su previsin de GM sino que incluso lo aumenta, tenemos que:

Segundo supuesto: Hacienda no hace la vista gorda y obliga a la persona declarante, mediante una declaracin paralela, a someterse a los cauces que marca la administracin. En este segundo supuesto encontramos al menos dos formas de enfrentar la situacin en funcin de la actitud de la persona declarante:

a) Se evita un enfrentamiento con el fisco y se paga conforme a la declaracin paralela de Hacienda. Cuando esto ocurre, el gesto de quien ha realizado la OFGM se queda en agua de borrajas: no slo no detrajo recursos al militarismo (ya se ha sealado), sino que, adems, pag por dos veces: una, a la entidad particular que eligi como alternativa, y otra, como efecto de la reclamacin. Sin entrar a valorar las situaciones personales que cada cual tenga a la hora de adoptar esta medida, no podemos pasar por alto que aqu, la desobediencia es poco ms que una declaracin de intenciones y no la intencin misma. Hay datos para pensar que mucha gente que realiza la OFGM se encuentra en este supuesto: espera no ser reclamada por Hacienda y que, si esto ocurre, su periplo termine en la declaracin paralela que efecta la administracin.

b) Cuando Hacienda reclama, la persona que ha hecho OFGM mantiene su postura. Por esta va los frutos son escasos con la estrategia actual pues adems de no abundar en ejemplos se conocen dos las sentencias suelen ser a favor del fisco. Salvo un caso concreto el objetor cataln que comentaremos ms adelante se acaba pagando lo que el fisco reclama ms los intereses de demora (a veces incluso las costas procesales si se llega a la va judicial y la sentencia es negativa). Que se cobran es seguro, independientemente de la va que elijan: adeudo en cuenta corriente, embargo o descuento en declaraciones posteriores Que nadie o casi nadie se adentre en las turbulentas aguas de la justicia pone en entredicho su carcter colectivo y desobediente. Hasta el momento slo ha habido un caso en que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya dict una sentencia a favor de un OF en la que insta al Tribunal Econmico Administrativo Regional a retirar y dejar sin efecto la sancin que le haban impuesto, si bien la sentencia niega tajantemente el derecho a la objecin de conciencia fiscal y confirma que el recurrente tiene que pagar a Hacienda la cuota que dej de abonar para destinarla a objecin fiscal. Tan solo entiende que no hubo nimo defraudatorio procediendo a anular la multa que se le haba impuesto.

Esta rara avis nos sirve para cuestionar algunas ideas centrales de la estrategia de la OFGM.

La primera duda atiende a su consideracin de colectiva. Que algunos miles de personas la realicen (algunas estimaciones hablan de 5.000) la convierte en una campaa colectiva slo cuantitativamente, pero no cualitativamente. El caso del OF cataln es paradigmtico: es l y no un movimiento quien se enfrenta al poder manteniendo un gesto.

Nadie o casi nadie decide llevar hasta sus ltimas consecuencias el asunto que nos ocupa. Ser que tras el gesto no hay ninguna estructura que mantenga el enfrentamiento con el estado ms all de la retrica?

La inmensa mayora de las personas que realizan la OFGM lo hacen desde la ms absoluta individualidad, a veces sin saber que llevando su coherencia hasta las ltimas consecuencias, no se asegurarn ms apoyo de quienes impulsan esta campaa que el de su solidaridad.

La cuestin es clara: alguien que hoy decidiera llegar hasta el final podra contar con defensa legal por parte del movimiento? Si finalmente le obligaran a pagar, sea cual sea la cantidad, contara con el soporte econmico de una estructura que garantizase su arriesgada apuesta, por ejemplo, con una caja de resistencia o similar? Si por impago voluntario o forzoso acabase con sus huesos en la crcel cosa nada probable, tendra sentido, colectivamente hablando, una situacin de esta magnitud? Podra, si contara con un grupo de apoyo, tener una coordinacin fluida con alguien valga decir otros grupos, otras personas que hubiesen realizado la OF, el movimiento para dar sentido pblico, poltico, a su accin?

Antes de avanzar ms es necesario insistir en lo siguiente:

Si la campaa de OFGM no evita que con los impuestos se siga financiando la guerra, yerra en sus propsitos o no ha pensado convenientemente su imagen pblica. Honestamente, qu le estamos contando a la gente que se decide a realizarla? No estaremos manipulando de forma inconsciente (por no pensar en lo que hacemos) a quienes, por motivos de conciencia, deciden realizar la OFGM?

Quiz sea la falta de claridad del asunto y la inexistencia de una completa estrategia lo que termina agotando las sensibilidades de quienes una vez decidieron contribuir a lo que pensaban era una alternativa y ven en su accin una absoluta inoperancia.

Utilizar el momento de realizar la declaracin para hacer una cierta pedagoga social se puede valorar muy positivamente, o lo contrario: debera preocuparnos que un tema tan sangrante como este como tantos otros slo merezca nuestra atencin tres mes al ao y que los 9 meses restantes permanezca bastante olvidado.

Basar toda una campaa en el supuesto de que se recupera la conciencia de que hacienda somos todos, que aqu el que manda es el pueblo, que podemos desobedecer las leyes o normas injustas, podemos no cumplirlas y hacerlo con la cabeza bien alta, burlarse de hacienda, que todo el mundo se entere de que puede ser desobediente y no pagar tanques y misiles que no sirven para nada, para festejar la diversidad y la extensin que est teniendo esta forma de desobediencia civil tan netamente antimilitarista, pues implica una toma de conciencia sobre el grave problema de la militarizacin social, dejar de colaborar con los ejrcitos y evitar que se financien las guerras con nuestros impuestos (extrado de pginas del movimiento antimilitarista) no deja de ser pura poesa, un acto de sofstica.

En el caso que nos ocupa, nos encontramos ante una iniciativa poltica que acepta el sistema fiscal que denuncia con la apariencia de quebrantarlo. La aparente desobediencia es una obediencia debida. Se desobedece cuando la accin se lleva hasta las ltimas consecuencias.

La ilusin de que se viola la ley se desvanece con slo considerar la forma de actuar del estado. Desde el momento en que el estado se encuentra ante la violacin de una ley se ve obligado a adoptar una decisin jurdico-institucional, pero nada de esto ocurre.

Realizar una OFGM consecuente debera pasar por plantearse obligar al estado a ser un interlocutor, imponiendo el cumplimiento de los objetivos que la campaa anuncia, vale decir, negar que con los impuestos que se pagan se financien las guerras y se depauperen los gastos socialmente tiles. Si el estado no interviene, y dado que nada de lo que hacemos sirve (salvo para dejar nuestras conciencias tranquilas, en el mejor de los casos), es menester obligarle a intervenir, porque si no, nuestro gesto no va a ningn lado: una cosa es predicar y otra dar trigo.

Obligar al estado a intervenir nos sita en otra problemtica no menos peliaguda. Podemos obligarle a intervenir aceptando las reglas del juego o rompiendo la baraja?

Romper la baraja significa no slo no aceptar las reglas del juego, sino el juego mismo. Romper la baraja implica salirse, irse, extraarse, abandonar, desertar. Pretender vivir fuera del sistema implica rechazarlo todo: trabajar para otros a cambio de un salario, tener dinero, consumir (incluso lo ms bsico).

Slo una autogestin llevada al extremo se permitira romper la baraja y mantener un discurso radical. Cada vez que compramos una barra de pan, una cajetilla de tabaco, montamos en el transporte pblico o en el coche, vemos la tele o vamos al cine, por hablar de cualesquiera cosas que hagamos un da corriente de nuestra vida, coadyuvamos con los impuestos que los gravan a un determinado estado de cosas. Podemos robar, pero incluso el robo est repercutido, adelantadamente, en el precio del producto.

Es lo que tiene ser radical: es muy difcil explicarse. Si no se quiere una legislacin sobre los impuestos por la paz porque las leyes se dictan siempre a favor de quienes las redactan (AA-MOC define as su posicin al respecto de una ley de impuestos por la paz aunque dentro del mismo movimiento hay quien recomienda que se interpele a los parlamentarios para que se legisle en este tema, lo que demuestra que no hay postura comn), hay que salirse del mundo, a todos los efectos, y tirar al nio con el agua sucia. La pureza no existe (menos mal!), y querer mantener una burbuja pura e inmaculada en un mundo contaminado es poco menos que anhelar la cuadratura del crculo.

La postura inmaculada hace juego sucio: defiende el gesto ms radical pero slo se queda en la pose. Si de verdad nos creemos lo que decimos, hagmoslo. Si no, aceptemos que el mundo sea menos perfecto, menos redondo y menos radical, y que, poquito a poco se den pasos que ahora no se dan.

Debemos ser consecuentes: o desarrollamos radicalmente nuestra propuesta o participamos de otras opciones. Es muy fcil colocarse tras el discurso radical y tildar al resto de reformistas. Quiz sea importante aclarar qu entendemos por reformista: quienes buscan modificar coyunturalmente algunos aspectos de nuestra democracia militar de mercado abandonando de antemano la posibilidad de transformar el conjunto de la sociedad y sus condiciones de existencia.

Una vez aceptado el actual sistema fiscal como forma de organizar nuestra existencia (pedimos que nuestros impuestos no se utilicen para lo militar, no que nos neguemos a pagar impuestos), igual de eficiente sera una ley que convirtiera la OFGM en un derecho reconocido legalmente. Para concienciar (tremenda palabra esta) a la sociedad (uff!) con los valores que defiende el antimilitarismo, tambin serviran otras iniciativas. Para sumar cuantitativamente, es posible que tambin una ley sirva, puesto que la gente, en general, si toma posiciones prefiere que no reporten mucho sufrimiento, desgaste, etc.

Cmo actuar ante las leyes injustas? Nos contentamos con obedecerlas? Tratamos de corregirlas y seguimos obedeciendo hasta que lo consigamos? Las transgredimos?

Plantear una posible legalizacin de la OFGM (que s se reivindica, p. ej. para consumir drogas, o mediante una ILP para conseguir la RB) nos obliga a detenernos en la cuestin de los derechos.

Recordad los debates sobre la Renta Bsica. Como es sabido, la propuesta ms radical ubicada en nuestro mundo, era aquella que planteaba que sta (la RB) debera ser un derecho ciudadano y no un subsidio; que fuera individual y no familiar; que fuera incondicional (esto es, no dependiente de otros ingresos) y suficiente (capaz de satisfacer unas mnimas necesidades bsicas). De hecho, convertirla en incondicional supona que pudiera ser concedida a todo el mundo, incluso a quien no la necesitara (como el rey o un banquero), pero se valoraba como un accidente, un mal menor que as fuera, pues implicaba un bien superior, no slo por las condiciones materiales que vena a cubrir, sino por la potencia de impugnacin del orden constituido. La RB se propona no como la solucin (la que, dicho de paso, nadie tiene, porque entre otras cosas, no la hay) sino como una propuesta que caminaba aventurando otro mundo posible.

Por qu s aceptar digamos una RB y no una ley que obligara al estado a que cada euro que la OFGM derivase se descontara realmente del dispendio militar? Acaso esta propuesta no permitira hacer efectivo el discurso que la campaa lleva haciendo durante dcadas con ms pena que gloria? Acaso no sera, de momento, ms efectiva en todos los rdenes (incluido, por qu no, el de generar conciencia) que la actual campaa de verdades a medias? Regular siempre es malo?

Las leyes, desde el momento en que se constituyen como objetos ideales, pueden convertirse en algo tan paralizante como prxicamente perverso, pero eso no debe obligarnos a renunciar a otros mundos posibles. Ciertamente, el derecho a la libertad, al medio ambiente, a la vivienda, etc., en cuanto derechos, no constituyen de ningn modo contenido real alguno. Si contemplamos nicamente como objetivo la garanta de estos derechos, de todos los derechos, entonces no apuntamos a la libertad. Los derechos no se mendigan, no se escriben: se conquistan. Pero quiz estemos en un momento en el que resistir ya sea una proeza, un momento en que estar asistido por derechos no sea lo peor.

El reconocimiento legal no evita que se sigan haciendo otras cosas, ni canaliza la disidencia amoldndola al establecimiento. A quienes hacemos o hemos hecho cosas contra las crceles mucho nos gustara abolirlas, pero de momento, nos conformaramos con que el rgimen penitenciario no se incumpliera: la vida de muchas personas presas mejorara y tambin la de sus familiares.

La existencia de una ley que reconociera la OFGM, lejos de implicar que el gasto contine incuestionado, podra posibilitar que su cuestionamiento se generalizase en la medida en que la gente entienda que es un gasto intil y que no contribuye en nada al bienestar social (bueno, al de unos cuantos s!).

No debera significar una renuncia a otras utopas en las que creemos. La profesionalizacin del ejrcito no ha evitado que sigamos clamando por su abolicin y que lo sigamos denunciando desde todas las palestras posibles.

De hecho nos parece un exceso por nuestra parte fijar el carcter colectivo de la OFGM en lo que tiene que ver, exclusivamente, con un enfrentamiento radical con el estado, o lo que es lo mismo, aseverar que, si no hay juicios, ni embargos, ni gente que va a la crcel, no hay campaa colectiva.

Afirmar el deseo de que as fuese y la necesidad de una campaa de DC coherente lo que ahora no se da no invalida pensar en cualesquiera otras formas de lucha social, colectiva, poltica, noviolenta, etc. pero honestas.

Cuidado: s sabemos que no nos gusta la propuesta de ERC por las siguientes razones:

La propuesta de ERC es un claro exponente de cmo los profesionales de la Poltica, incluso los que muestran una sensibilidad no al uso, pueden subsumir los planteamientos sociales y amoldarlos, ahormarlos, a la lgica del establecimiento. Esta es la manera en que la Poltica desconectada de la poltica, es en apariencia dscola con el sistema mientras lo refuerza... (como a veces nos ocurre al resto).

Otro debate no menos interesante apunta a qu ocurrira si estas propuestas abrieran la puerta a tener unos impuestos a la carta.

Nos encontraramos con sensibilidades muy acordes a las nuestras (a las de quienes escribimos el texto). Podramos objetar el presupuesto de Fomento desde una perspectiva antidesarrollista o ecologista. Podramos objetar el presupuesto de las crceles, los centros de exterminio de menores...., y nos parecera bueno. Podramos, por supuesto, negar su dispendio al rey y mandarle al paro (aunque le concediramos la RB).

Pero de todo hay en la via del seor; tambin, por supuesto, otras sensibilidades. Y si los grupos antiabortistas, nutridos, dinmicos, con apoyo meditico y financiero objetaran fiscalmente al mantenimiento de clnicas que practican el aborto no entro en supuestos subvencionadas por el estado? Y si los liberales conservadores, que la terminologa es muy lbil y puede llevar a engao objetaran los gastos sociales por considerar que los pobres estn a la sopa boba y que lo que se debe hacer es obligarles a trabajar? Estaremos de acuerdo o en desacuerdo con muchas de estas posturas, pero no se puede negar que la OF abre mltiples escenarios posibles y los significados afortunadamente no son slo propiedad de unas cuantas personas.

Esto podra suponer un acontecimiento singular. La gente intervendra, mediante el pago de sus impuestos, en la poltica. Defendera con esta o aquella objecin cmo gastar el dinero. Si los militaristas se llevasen el gato al agua, tendramos gastos militares hasta la obscenidad. Si los antidesarrollistas consiguieran convencer a mucha gente, Teruel seguira sin existir no saben lo que tienen! les mandbamos a Gallardn un par de meses!). No es esto la Democracia? Como deca Bertrand Russell la democracia, aun cuando menos proclive a los abusos que la dictadura, no es de ningn modo inmune a los abusos de poder por parte de las autoridades o de corruptos intereses.

Ahora toca resistir y resistir es seguir produciendo sentido. La posibilidad de la poltica aparece cuando se rompe la clausura del significado, cuando eso que sea lo poltico aparece como nuestra verdadera obra y que, por tanto, est sujeta a cambios, modificaciones, aquello que puede ser cuestionado y respondido de muchas maneras, cuando pensar es una forma de intervenir en la realidad. Si las respuestas estn prefijadas, no caben las preguntas.

Experimentar sin perder los otros horizontes sobre los que proyectamos cmo nos gustara que fuesen las cosas debe ser una condicin. Lo social debera estar en cambio permanente, ser un programa que no tiene trmino. No hay contrato social que pueda ser fijado por programa cientfico alguno. Ante la dificultad de encontrar registros en los que tener seguridades y en los que saber que nuestros gestos conducen a algn sitio, la autonoma de pensar, de interrogarse, de aventurar, de complicar, de remover el suelo firme, de trastocar ciertas seguridades... nos permite seguir produciendo sentidos, visiones polidricas del mundo. Ante la clausura del significado nos queda la opcin de inventar otros significados para alimentarnos y alimentar el imaginario social.

Cuando se inicia una accin slo sabemos que ponemos sus resultados en el futuro. Pero el futuro no lo conocemos. El estatus de estos resultados conforma un abanico de posibilidades sin configuracin precisa. Una accin es puesta en marcha desde un-mundo-ya-hecho para desencadenar un-mundo-hacindose. Para que esta accin se transforme es necesario que encuentre espacios donde retroalimentarse, donde puedan desplegarse sus potencialidades. Y aunque es cierto que la incertidumbre tambin podra conducir a efectos indeseados clausura de significados, ausencia de lugares donde germinar, ... no podemos renunciar a poner en movimiento gestos, acciones, significados. Si los experimentos no salen hay que tener la suficiente flexibilidad y libertad para cambiarlos, para proponer otros que se adapten mejor al momento en que se insertan. No debemos valorar la incertidumbre como algo negativo, sino como pura potencia, como permanente recreacin de inquietudes.

No tengamos miedo a deshacernos de rmoras o al menos a modificarlas, desde la honestidad, para que nos sirvan de forma adecuada.

Notas:

2 Texto actualizado para la campaa de Objecin Fiscal al Gasto Militar del ao 2006 (http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=305)



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