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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Medios occidentales e Islam (o de la fabricacin del enemigo)

Emilio Dabed
Pueblos


La primera pregunta que asalt mis pensamientos cuando fui invitado a escribir sobre Islam y medios de comunicacin fue: existe a este respecto algo que pueda expresar y que no haya sido dicho de mejor manera por otros? la respuesta fue desoladora y, sin embargo, no pudo inhibir completamente mis deseos de estructurar alguna reflexin en torno al tema, amparado seguramente en las palabras de Andr Gide, segn el cual, todo ha sido ya dicho pero, como la gente no escucha, hay que comenzar siempre de nuevo.

Existen mentiras para las cuales los odos son ms culpables que la boca (Len El Africano, Amin Maalouf)

Hablar de la relacin actual entre medios occidentales e Islam, hace obligatoria la referencia a un universo simblico que, traducido en discurso meditico, pretende dar cuenta de la realidad del mundo musulmn. Ese universo simblico es portador de categoras conceptuales y analticas nada inocentes desde un punto de vista poltico, que constituyen la base sobre la cual se forja actualmente la imagen del Islam en Occidente.

Ese discurso nos remite cada vez con ms fuerza a una imagen unvoca y reductora del Islam que, sin considerar las diversas evoluciones culturales y polticas en el mundo musulmn, nos lo muestra, en el mejor de los casos, folclorizadocomo un mundo atrasado y extico y, en los casos ms extremos y desgraciadamente los ms frecuentes, demonizado como una religin incompatible con las formas de organizacin social modernas (entindase occidentales), incapaz de promover la modernizacin poltica y, en definitiva, como un peligroso enemigo de la democracia y del modo de vida occidental.

Esta ltima es la representacin que monopoliza hoy la imagen del mundo musulmn en Occidente, y que ha servido para legitimar intervenciones militares en flagrante contravencin al derecho internacional y la traicin de los principios democrticos que Occidente pretende extender en el Medio Oriente (Palestina). Pero a pesar de haber adoptado formas y medios inditos desde algunos puntos de vista, esta actitud poltica y discursiva respecto del Islam no es nueva. Para entenderla adecuadamente, es necesario echar un vistazo aunque sea rpido y general a la historia.

La representacin del mundo islmico en el imaginario occidental ha oscilado histricamente entre la demonizacin y la folclorizacin, dependiendo del momento al que nos refiramos y de la capacidad de la civilizacin musulmana de contestar el pretendido monopolio occidental de expresin de un discurso universal.

La primera demonizacin

Desde su irrupcin en el siglo VII de la era cristiana y hasta fines del siglo XVIII, el Islam fue considerado en Occidente fundamentalmente como una hereja expansionista, que avanzaba a la velocidad de las tropas de guerreros brbaros venidos de Oriente que la profesaban. La indignacin confesional del mundo cristiano frente a una nueva religin de pretensin universal fue el primer motivo y motor de la representacin occidental del otro musulmn. La conquista rabe-musulmana de los lugares santos de Oriente, su avance por la ribera sur del mediterrneo hacia tierras cristianas y el ineluctable encuentro de mundos desconocidos que se preparaba, no hara ms que agregar, a la indignacin religiosa, un profano temor. Y claro, los efectos de la indignacin y el miedo en el espritu humano son conocidos. La diatriba y la demonizacin son sus frutos predilectos. As, la figura de Mahoma, entregada fundamentalmente por los doctores de la iglesia y vulgarizada en varias formas de expresin artstica docta y popular durante la Edad Media , sera la de un hereje impostor movido por intereses personales, o descalificado como un enfermo que sufra de alucinaciones y, sus seguidores, es decir los musulmanes, como una sociedad decadente entregada al vicio y adepta a las aberraciones sexuales [1]. sta fue la primera forma de diabolizacion del Islam a la que Tomas Carlyle llamaba a renunciar en su clebre Los Hroes.

La etapa de folclorizacin

Y claro, Carlyle escriba esas pginas en pleno siglo XIX (1840), cuando el momento histrico permita ese tipo de larguezas. El Imperio Otomano se encontraba entonces rodeado por las potencias cristianas occidentales y, completamente a la defensiva, no representaba ya ningn peligro real. Haca ms de cuarenta aos que Bonaparte haba realizado su expedicin en Egipto y, seguros de su superioridad militar y cultural, los estados europeos se haban lanzado en su empresa colonizadora. La demonizacin del Islam dara paso a su folclorizacin, es decir, a una representacin banalizadora de la civilizacin islmica que, convertida en objeto de estudio o en pretexto literario, era representada como portadora de ciertos rasgos consustanciales que definen, de una vez y para siempre, su carcter de cultura inferior, cuya nica posibilidad de redencin era la de aceptar la obra civilizadora del colonialismo europeo.

Esta obra de folclorizacin hara escuela. Edward Said la llamara Orientalismo. El Orientalismo no hara ms que preparar el camino a la expansin del colonialismo en el Medio Oriente. El ideario colonialista decimonnico, es decir, el discurso segn el cual las potencias occidentales de la poca tenan una misin humanista que realizar y que consista en iluminar con los faros de la cultura, de la ciencia y de la razn occidental, el horizonte oscuro que se cerna sobre vastas zonas del mundo, no tardara en abrazar el corazn del mundo musulmn, el Mashreq. Slo la supervivencia del Imperio Otomano se interpona... pero no por mucho tiempo. El enfermo de Europa, como lo llamaba Arnold Toynbee, se desmembrara completamente tras su derrota en la Primera Guerra Mundial y sus antiguos dominios seran repartidos entre los vencedores. El colonialismo europeo hara una entrada triunfal en el Levante bajo una forma nueva, adaptada a los tiempos y legitimada por el nuevo orden mundial: Los mandatos otorgados a las potencias europeas por la recin creada Sociedad de Naciones.

La teora de los mandatos internacionales no haca ms que reproducir los supuestos del ideario colonialista y la representacin del mundo islmico dada por el Orientalismo, declarando a las poblaciones musulmanas como incapaces (momentneamente al menos) para autogobernarse y encomendando a las potencias europeas la tarea de guiarlas en el camino hacia una cierta madurez poltica.

La representacin folclrica del mundo musulmn y del Islam en general perdurara, relativamente inamovible, otro medio siglo. A esta situacin contribuy notoriamente el hecho de que los nuevos Estados rabes, surgidos con posterioridad al proceso de independencia en el Medio Oriente primero y en el Maghreb luego, eran dirigidos por lites polticas nacionalistas occidentalizadas que, como reaccin natural a un largo perodo colonial, marcaran importantes pasos de distancia respecto de las antiguas metrpolis, pero que no saldran de un cierto universo terico y conceptual occidental cuyos estandartes eran el nacionalismo, una concepcin ms bien socialista del desarrollo econmico y social y, en muchos casos, la laicidad. En estas circunstancias, el Islam quedaba relegado en el imaginario occidental a una posicin de religin inofensiva, polticamente inocua, portadora de todos los atavismos exticos de una cultura atrasada y retrgrada, pero que no dejaba de seducir a las mentes occidentales.

El origen de la nueva diabolizacin

La dcada de los 70 comenzara a mostrar los sntomas del resurgimiento de un Islam polticamente activo, cuyos fundamentos tericos haban sido forjados en la dcada anterior en las crceles del Egipto de Nasser [2] (como en el caso de de Sayyid Qutb, ejecutado en 1966) o en condiciones similares en los otros Estados rabes. Este resurgimiento se vera consolidado por la constante frustracin de las expectativas forjadas por el proceso de independencia y por el desprestigio en que cayera el nacionalismo rabe tras la humillante derrota en la guerra rabe - israel de 1967. De este golpe el movimiento nacionalista no se repondra. El Islam poltico, que hoy conocemos bajo la denominacin de islamismo, comenzara a ganar terreno entre las poblaciones rabes de todos los sectores sociales y a imponerse como una alternativa concreta a las lites nacionalistas gobernantes. El reproche central que este nuevo movimiento hace a los gobiernos surgidos tras la independencia o tras insurrecciones nacionalistas posteriores, es el de ser los conductores de un proceso de occidentalizacin creciente que, a sus ojos, no hace ms que mantener y administrar la dependencia del mundo musulmn respecto de Occidente, legitimar el saqueo de los recursos naturales y econmicos de sus territorios y consolidar las estructuras de una organizacin social injusta a la que se somete a sus poblaciones. A los ojos de los movimientos islamistas, es posible encontrar una respuesta y solucin a esta situacin, echando mano al capital espiritual, los recursos intelectuales y a la herencia de la civilizacin musulmana [3].

Esta lnea de argumentacin no pasara desapercibida para los crculos de poder occidentales y sellara una alianza entre las potencias occidentales (principalmente Estados Unidos) y aquellos que Franois Burgat llama los Pinochet rabes [4], es decir, los regmenes autoritarios que, bajo la proteccin inflexible de Norteamrica y Europa, mantienen el poder mediante la exclusin de los movimientos opositores (de origen islmico principalmente) de la escena poltica legal y mediante una fuerte represin. Esta alianza ha dificultado (salvo algunas notables excepciones) toda forma de modernizacin poltica en el mundo rabe y ha motivado una radicalizacin creciente de los movimientos islmicos.

El Islam poltico, a los ojos de Occidente, pone en riesgo dos pilares fundamentales de su poltica exterior: en primer lugar, la pretensin de detentar un viejo monopolio de la expresin del discurso universal [5] y, en segundo lugar, los intereses definidos como vitales por las potencias occidentales, entre los que se cuenta la seguridad del abastecimiento de hidrocarburos, cuyas reservas conocidas ms importantes se encuentran en territorio musulmn. La estrategia escogida por Occidente para conjurar estos supuestos peligros, no ha sido la de fomentar la apertura poltica en los pases rabes, ni la de adoptar una poltica exterior iluminada por un anlisis desapasionado y racional de la situacin, sino mas bien la de apoyar los regmenes rabes represivos y liberticidas que se declaran aliados de Occidente y abrir una nueva etapa de demonizacin del Islam. Pero claro, aunque esta nueva etapa de demonizacin es en muchos aspectos similar a otras anteriores, se le distingue por la envergadura de los intereses en juego, por la capacidad tecnolgica y militar de uno de los bandos en pugna y por la introduccin de un tipo de arma que no es completamente nuevo, pero que en las ltimas dcadas ha podido mostrar toda su capacidad de fuego: la propaganda, mediante el uso sistemtico y perfectamente racionalizado de los medios de comunicacin.

Detengmonos en el anlisis de la lgica que rige las relaciones entre las definiciones poltico-estratgicas de Occidente, la pretensin de control militar y poltico sobre el Medio Oriente y la actual representacin del Islam en el imaginario occidental, en gran parte fabricada mediante el uso intensivo y nada inocente de los medios de comunicacin modernos.

Las definiciones poltico estratgicas

Parece innecesario detenerse demasiado en la explicacin de la importancia de los hidrocarburos tanto para la estabilidad econmica como para la seguridad propiamente militar de las potencias occidentales y que data de las primeras dcadas del siglo XX. Lo que resulta importante destacar es que, desde la crisis petrolera de 1973 que revel una importante vulnerabilidad de las potencias occidentales, el discurso pblico de los altos responsables polticos de esos pases (principalmente Estados Unidos) comenz a considerar abiertamente la posibilidad del uso de la fuerza militar (incluso en tiempos de paz) para asegurar el aprovisionamiento de petrleo y sus derivados. Hasta que en 1998, el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos defini los intereses vitales de ese pas de tal manera que, claramente, comprenden la seguridad del abastecimiento de petrleo y declar que en defensa de estos intereses haremos cuanto sea necesario, incluso en su caso el empleo unilateral del poder militar de forma decisiva [6].

Durante un largo perodo de tiempo, la aplicacin de estas definiciones poltico- estratgicas en el mundo musulmn se limit al apoyo de los regmenes autoritarios que se declaraban aliados de Occidente y dispuestos a asegurar ese aprovisionamiento. Sin embargo, en 1979 se producira un hecho crucial para las relaciones entre Occidente y el mundo musulmn y, especialmente, en relacin a la representacin del Islam en el imaginario occidental: la revolucin iran.

Por primera vez un movimiento poltico de raigambre islamista acceda al poder, dando un gran impulso a las actividades del Islam poltico en el mundo. Salvo por el apoyo occidental a los combatientes islamistas en Afganistn [7], la instalacin en el poder de los islamistas iranes, que se posicionan rpidamente en una abierta hostilidad a la intervencin occidental en el mundo musulmn y a la ocupacin israel de Palestina, desencadenara una primera etapa de la nueva diabolizacin del Islam en Occidente. El retiro de las tropas soviticas de Afganistn, supondra el regreso de gran parte del contingente islamista comprometido en esa lucha a sus pases respectivos, fortaleciendo el prestigio del Islam poltico en diferentes puntos del planeta, especialmente en el mundo rabe. El prestigio ganado en la resistencia afgana, unido a un largo trabajo de redes sociales de ayuda y asistencia a las poblaciones desfavorecidas del mundo rabe, consolidaran a los movimientos del Islam poltico como una real alternativa a los gobiernos nacionalistas que se mantienen en el poder slo gracias a una fuerte represin ejercida, en la mayora de los casos, con el apoyo poltico y material de las potencias occidentales.

La poltica de represin y de exclusin del escenario poltico legal de grandes facciones de la poblacin (principalmente islamistas) slo acarreara una ola de contra violencia poltica llevada al paroxismo con los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en territorio norteamericano.

El bombardeo meditico y la fabricacin del consenso

Es en medio de esa evolucin poltica de las relaciones entre Occidente y el mundo musulmn que irrumpe el actor meditico, detentador de un poder simblico creciente que pretende dar cuenta de la realidad del mundo islmico. Una lectura crtica del discurso vehiculado a este respecto por los medios occidentales permite constatar la clara adopcin de una posicin que, en lugar de entregarnos un punto de vista informado del problema, parece querer legitimar la poltica exterior occidental respecto del mundo musulmn disimulando, callando y, muchas veces, escondiendo deliberadamente los aspectos polticos y perfectamente profanos de las reivindicaciones del Islam poltico, para convertirlo en un conflicto ideolgico y especficamente cultural.

El resultado de esto, es uno que incentiva la aproximacin esencialmente militar del conflicto y que parece monopolizar hoy en da la opinin de los responsables polticos occidentales, exacerbando dos sentimientos que, como viramos antes, no son nuevos en la mirada de Occidente hacia el mundo musulmn, la indignacin confesional y el miedo. La tcnica utilizada es elocuente: el bombardeo meditico. El objetivo, la fabricacin de consenso en torno a la idea de que la resistencia islamista es la punta de lanza de una cultura esencialmente hostil a Occidente, refractaria a las ideas de libertad y enemiga declarada de la democracia.

El bombardeo meditico no es una pura idea surgida de los delirios paranoicos del autor de este artculo, sino una realidad cuyas manifestaciones son cotidianas en los principales rganos de prensa y televisin occidentales, en donde las referencias a la resistencia islmica son adornadas sistemticamente de las mismas expresiones que promueven la indignacin, el desprecio y el miedo [8] y, recrean las condiciones necesarias para fortalecer la fabricacin del consenso [9] que hace caso omiso de las complejidades histricas y polticas del conflicto.

No obstante, las ideas centrales de ese discurso meditico son constantemente desmentidas por hechos, procesos polticos y realidades que ese mismo discurso se encarga de omitir: la denominacin de extremismo religioso para calificar cualquier manifestacin de violencia reivindicada por los movimientos del Islam poltico, - sin considerar la realidad de la represin de esos movimientos en numerosos pases rabes, ejercida frecuentemente con el apoyo poltico y material de las potencias occidentales- supone excluir del anlisis la distincin fundamental entre sectarismo religioso y contra-violencia poltica que, en muchos casos, puede ser perfectamente legtima, no slo desde un punto de vista moral sino tambin jurdico.

Por otra parte, afirmar sistemticamente que el Islam en general es una religin incompatible con las formas de organizacin poltica democrtica, supone desconocer o esconder el hecho de que esa religin ha seguido diversas evoluciones histricas y sociales y que no es una realidad univoca e inamovible y que, de hecho, en la mayora de los pases musulmanes en donde los movimientos islamistas no se encuentran excluidos del juego poltico legal, esos mismos movimientos participan activamente dentro de los procesos institucionales, como en el caso de Turqua, Palestina y tantos otros; en fin, afirmar que la cultura musulmana es esencialmente hostil al mundo occidental y que el terrorismo islmico tiene como uno de sus principales objetivos el de amenazar o destruir nuestra civilizacin, constituye, en el mejor de los casos, un error de anlisis que no se condice con el hecho de que la casi totalidad de los hechos de violencia reivindicados por esos movimientos tienen lugar en los propios pases musulmanes, lo que prueba que esos actos son el resultado de dinmicas polticas internas que nada tienen que ver con nuestra civilizacin, salvo por el hecho indiscutible de que no son tropas musulmanas las que se encuentran estacionadas en territorio occidental, sino que son, por el contrario, las armadas occidentales las que mantienen fuerzas militares en numerosos pases musulmanes, con un objetivo claro de hegemona estratgica, control poltico y de proteccin de regmenes autoritarios que reprimen los movimientos islamistas cada vez ms populares.


Emilio Dabed es sbogado, Universidad Diego Portales. Magster en Ciencia Poltica, Pontificia Universidad Catlica. Doctorando en Mundo rabe y Musulmn, IREMAM, Francia. Este artculo ha sido publicado originalmente en www.hojaderuta.org

[1] Para algunos ejemplos de este discurso, ver Tolan John, LES SARRASINS, Aubier, Pars, 2003.

[2] A este respecto ver Burgat, Franois, LISLAMISME A LHEURE DAL-QAIDA, La Dcouverte , Pars, 2005.

[3] Qutb, Sayyid, LA JUSTICE SOCIAL DANS LISLAM, Ediciones Al-Biruni, Beirut, 2003.

[4] Burgat, Franois, Op. Cit. pgina 57.

[5] Frmula de Franois Burgat, Op. Cit., Pgina 8.

[6] A National Security Strategy for a New Century, octubre de 1998. Citado en Klare, Michael T., GUERRAS POR LOS RECURSOS. El futuro e scenario del conflicto global . Ediciones Urano, Barcelona, 2003.

[7] Estrechamente ligado a una de las ltimas batallas entre las dos potencias hegemnicas de la guerra fra.

[8] Ver dos buenos estudios a este respecto, especficamente en la prensa y en la televisin francesas: Rabah, Saddek, LISLAM DANS LE DISCOURS MEDIATIQUE, Ediciones Dar Al-Bouraq, Beirut, 1998 y Deltombe, Thomas, LISLAM IMAGINAIRE: LA CONSTRUCTION MEDIATIQUE DE LISLAMOPHOBIE EN FRANCE, 1975-2005, Ediciones La Dcouverte , Pars, 2005.

[9] Expresin de Noam Chomsky.



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