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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Del Manifiesto Comunista al hoy y al maana
Apuntes para una teora de la revolucin socialista en el siglo XXI

Alejandro Garca Ruiz
gratisweb.com

Agradecimientos: A mi compaera, fuente de energa inagotable; inocente, al menos, de las implicancias prcticas del presente trabajo, aunque no as de sus lneas fundamentales de razonamiento. A Gonzalo Abella, maestro, historiador y revolucionario consecuente iluminador de oscuridades y desfacedor de entuertos. A Karl, viejo bandido y a Vladimir, viejo zorro; con sus permisos no manifiestos.


      Un espectro se cierne sobre Amrica

"Los comunistas no tienen por qu guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos slo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolucin comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar ."

(Prrafo de cierre del Manifiesto Comunista de Marx y Engels)


      A modo de prembulo y enunciacin sinptica de la presente tesis

Los padres fundadores del movimiento comunista internacional, en el siglo XIX, contaban con una cultura enciclopdica, una inteligencia rayana en lo genial, un tesn pocas veces superado por los intelectuales y un posicionamiento de clase inconmovible e inamovible. En ese marco realizaron proezas tericas y prcticas que hasta el presente nos iluminan y nos interpelan. Desde ellos, por ellos y por los proletarios y pueblos del mundo es que aportamos, y apostamos, este ramillete de ideas, dudas, preguntas y tambin, por qu no, algunas escasas certezas. Por tanto el presente trabajo, modesto y a vuelapluma, busca principalmente, aunque no tan slo, repensar la teora a la luz de los procesos acaecidos en el lapso de 1848 a 2006 en sus aristas ms salientes y significativas. stas aportan -ms all de la miopa que produce la pasin, la mezquindad y la insuficiencia analtica (aisladas o combinadas), claves a desarrollar, ya no con la conceptuosa paciencia y metodologa del antomo patlogo que clasifica sin ms objeto que la catalogacin de la certidumbre rutinaria de lo sucedido, lo pasado, lo muerto, sino, -desde la optimista visin del artista, el loco o el revolucionario- en la direccin imprescindible de un amanecer mundial, colectivo e irreversible.

Desde lo terico y lo concreto, las ideas rectoras de esta ponencia apuntan a retomar el que creemos "hilo conductor" del pensamiento de Marx y Engels, el cual creemos que, en rigor conceptual deberamos denominar materialismo dialctico en virtud de que extirpa -a la vez- a priori cualquier pretensin sesgada y permite hacer hincapi en lo sustantivo del "cuerpo" conceptual y metodolgico. Este hilo conductor, desde la economa, la filosofa y la poltica, buscaba y busca (unsonamente) afirmar y negar; comprender lo dado para subvertirlo; aceptar los hechos para criticarlos. El materialismo dialctico es un arma vigente en el siglo XXI, tanto a la luz de la cada del "socialismo real" como enfrentado a la vorgine tecnolgica y cientfica; permeable a la adquisicin de nuevos datos de la realidad en todas las reas pero indemne, al fin, a sus implicancias. Ni los procesos econmicos en la etapa imperialista analizada por Lenin, ni la actual etapa imperialista-mundializadora apoyada en el aparato jurdico-coercitivo mundial ni la posmodernidad vacua y relativista a ultranza en el campo de la filosofa han herrumbrado el corpus terico materialista dialctico. La ciencia y la tecnologa han avanzado en campos inimaginables; la cuntica y la nanotecnologa campean en un mundo que parece inabarcable y ajeno y, sin embargo, en el fondo y trasfondo de esa trama invisible, el ncleo duro del pensamiento plasmado en el "Manifiesto" permanece indemne, acusador, inquisidor y adolescente; pronto a madurar en la conciencia de los pueblos que, una vez ms, demuestran en los hechos que la historia siempre comienza. En ella estamos, desde ella teorizamos y a ella y por ella vamos.

"Globalizacin" o mundializacin? Trfico de paradigmas

La clase dominante desde su poder econmico y, fundamentalmente, desde la superestructura, maneja un conjunto de resortes operativos que, en el desarrollo de los procesos le ha permitido lograr, de manera articulada, prevalecer incluso en el terreno de lo ideolgico. Esto se demuestra en el hecho incontestable que, casi a escala planetaria, los sectores objetivamente explotados y expoliados por el sistema carecen de paradigmas propios y, de manera alarmante, asumen como suyos los elaborados concientemente y con finalidad evidente de dominacin por la intelectualidad funcional al capital y el imperio mundial. Estas nuevas cuentas de colores ofician entonces como primer barrera cultural de defensa proactiva del status quo.

Este status quo -que no es nunca una congelacin del desarrollo de los procesos sino una constante adaptacin a nuevas condiciones en donde lo nico y fundamental que permanece incambiado son las relaciones de produccin- con astucia e inteligencia innegables, toma para s cuestiones caras al campo popular que en su momento significaron verdaderas conquistas obtenidas con sangre por los sectores combativos. Una vez superadas determinadas condiciones donde la lucha de clases observa agudizaciones crecientes, el sistema se apropia de lo que hasta ese momento era revulsivo y tomndolo lo neutraliza, le quita el verdadero sentido subversivo y lo ofrece (como "nuevo" paradigma devaluado) a la clase que dio todo por esa nueva calidad en las relaciones sociales en un contexto histrico determinado. As la democracia, el voto, la representatividad, la organizacin sindical, los derechos humanos, las reivindicaciones econmicas, sociales y polticas son siempre manejadas con esa capacidad de amortiguacin y freno. Para la burguesa todos los derechos son sagrados y deben garantizarse siempre y cuando su supremaca (la de la clase dominante) no se vea afectada. De tal suerte, toda una cadena de reclamos populares que, en diversos momentos se arrancaron por la fuerza en determinado marco concreto, terminan siendo una panacea que a la clase dominante le significa una nfima prdida en comparacin con su mxima ganancia: la preservacin del sistema de relaciones econmico-sociales de explotacin; "Pars bien vale una misa" se ha dicho y bien vale entonces otorgar unas libertades que apaguen el fuego de los irredentos o, al menos, lo calme hasta nuevos estallidos que poner en juego "al rey", o sea la propiedad de los medios de produccin. Histricamente, salvo excepciones de importancia singular, la lucha de clases ha observado dos tipos de contiendas radicales, unas que han logrado arrancar a las clases poderosas aspectos parciales y conquistas concretas en diferentes planos y otras que han logrado arrancarle el poder y transformar las sociedades en un giro de ciento ochenta grados. Sucede que muchas veces en las primeras de las condiciones, es decir en el terreno de las reformas y no en el de las revoluciones, la nueva correlacin surgida luego de conquistadas ciertas cuestiones de importancia para el campo popular y la situacin de reflujo de la lucha permiten que la burguesa se recomponga y no siempre sucede lo mismo en el campo que nos interesa pararnos desde estos anlisis. Hemos visto en las ltimas dcadas, y vemos hoy, a amplios sectores populares llevar el ascenso de la lucha a situaciones de aparente "ruptura" reivindicando aspectos estrictamente imbricados con la democracia burguesa representativa, defendiendo el sistema, privilegiando el marco jurdico y legal y haciendo suyos paradigmas que en otras etapas histricas eran reivindicaciones radicales y cuasi revolucionarias pero que, en la nueva coyuntura, son solamente inters vital de las oligarquas, burguesas y pequeo-burguesas en ascenso jugadas a la preservacin del sistema. En nuestro continente hemos observado recientemente, verdaderos alzamientos populares en distintos pases, quiz el ms significativo en Argentina a comienzos del milenio con consignas de escaso o nulo contenido de clase, como el famoso "que se vayan todos" que, en unas acciones de carcter tctico y eminentemente "activistas" y no articuladas desde los conceptos clsicos de la estrategia y la accin partidaria revolucionaria organizada, logr corromper el sustento de gobernabilidad (junto con la propia impericia y niveles de corrupcin maysculos de dichos gobiernos) de varios presidentes en pocas semanas. Estas luchas populares se dieron de manera sostenida, frontal y valiente; hubo muertos, heridos, presos y reprimidos en la vereda del pueblo y, en ltima instancia, el paradigma sobre el cual se apoyaban estas movilizaciones y luchas era (concientemente o no) el de la democracia representativa burguesa. Cayeron los gobiernos, se mantuvo el rgimen y el sistema jams estuvo en riesgo. Las clases dominantes salen fortalecidas en el nuevo marco de descompresin social y poltica y "dejan" a nuevos funcionarios "funcionales" la tarea de gobernar en un marco de hipnosis colectiva, de frustracin y de descontento. Escasa organicidad surge de este tipo de combates y no se educa a las masas en ideas revolucionarias. Muchas veces lderes sociales y polticos de estos movimientos populares administran la "presin" del descontento de masas y lo encaminan tacticistamente en funcin ya no de los intereses de los procesos sino en el sentido de las necesidades pasajeras, coyunturales y muchas veces mezquinas y de proyeccin de ciertos aparatos e individuos. Bolivia y la guerra del agua, la cada del gobierno, el papel jugado por algunos dirigentes y la apuesta al paradigma democrtico representativo otra vez prevalece. Hoy Bolivia se encuentra en un proceso donde deben tomarse definiciones en aspectos que hacen a la esencia del sistema y de las relaciones de clases. Hasta ahora, y fundamentalmente con la cuestin de los hidrocarburos, todo indica que la situacin es de inercia a favor del sistema.

Afirmamos que carecemos de paradigmas, que cuando en el marco de ascenso de la lucha de clases se logra un estandarte conceptual que signe la tarea del pueblo esta lucha es, casi siempre, menos visible pero ms efectiva; los procesos ms lentos pero, en ese marco de luchas prolongadas, la posibilidad de escapar a la hipnosis es mayor si conservamos ese paradigma propio de la clase explotada y expoliada. Ese paradigma debe ser el socialismo, la abolicin de la explotacin del hombre por el hombre, la revolucin.

Hace ya casi dos dcadas que se ha filtrado en el campo popular, producto de la tenaz propaganda imperialista, la "idea" de que esta sociedad tiende a la globalizacin y que este es, por tanto, un proceso inclusivo, democratizador y que amortigua o anula las contradicciones y que, en esta etapa, se lograr idlicamente una mejora de la calidad de vida de miles de millones en un marco de paz, igualdad y fraternidad. El correlato objetivo, material y concreto a este cuento de hadas paradigmtico es la brutal militarizacin del imperio mundializador y una accin guerrerista y aniquiladora cada vez ms creciente y desvergonzada por parte del Departamento de Estado. En zonas crecientes del planeta se muere por hambre a pocos metros de sembrados y ganado, o de sed y enfermedades que en Europa y los pases capitalistas y desarrollados hace dcadas o siglos que no provocan una sola baja. CNN nos muestra guerras sin muertes, "democracias" nacientes sobre cadveres informes, al tiempo que la autopista de la informacin es cada vez ms un camino marginal atiborrado de basura y pornografa, mientras la verdadera informacin es censurada incluso en las metrpolis del "primer" mundo y la cultura es un lujo sofisticado para unos pocos elegidos en algunas naciones.

Sin embargo el paradigma de la "globalizacin" est fortalecido y muchas veces intelectuales progresistas lo propagan alegremente, sealando que es una etapa que est "llegando" y que debe esperarse con paciencia.

Mientras se nos pide paciencia y se nos "inoculan" paradigmas desde la rosca oligrquica mundial y sus medios de desinformacin masiva, se avanza en el saqueo de las materias primas en todo el planeta, se destruye el ambiente a escala apocalptica y se divide el mundo en zonas estratgicas en vinculacin con distintos niveles de divisin del trabajo, la rapia y la contaminacin. Toda esta articulacin imperial-mundial es salvaguardada con su necesario correlato superestructural, pseudo jurdico y militar donde en ltima instancia este aspecto (el militar) define.

"Hegemona" o simple imperialismo econmico

y poltico-militar?

Tal lo que venimos desarrollando en relacin con la sustitucin de verdaderos paradigmas por otros falsos a ser "adoptados" por la clase desposeda en aras de su empantanamiento y las falacias a modo de eufemismos que se elaboran con carga anestsica y disuasoria para ser lanzadas al campo popular, se ha venido afirmando una tendencia marcada en el sentido de expresar que, en el imperialismo actual en tanto estadio de desarrollo, su fuerza principal -en tanto expresin de poder concreto-, cuenta con una superioridad en el actual escenario producto de una "hegemona" sobre otras fuerzas imperialistas y tambin sobre (claro est) los pueblos y pases que no se encuentran en una etapa de consolidacin de un capitalismo y un desarrollo fuerte.

Este concepto de hegemona pretende, por una parte, mostrar una pretendida superioridad anclada en las propias virtudes, capacidades y potencialidades de la fuerza principal imperialista, es decir los Estados Unidos; por otra parte, al hablar de hegemona, se oculta (voluntaria o involuntariamente) el hecho incontrastable y evidente de la supremaca militar, factor que, hasta mejor opinin, ha sido primera y ltima salvaguarda del actual estado de dominacin mundial. Hablar de hegemona significara adjudicar a los Estados Unidos una superioridad econmica y una fortaleza de su desarrollo industrial y productivo; implicara hablar de un grado de superioridad de su cultura en tanto nacin y asumir que posee una superioridad en campos vinculados con el conocimiento, el pensamiento, la innovacin tecnolgica y otras cuestiones fundamentales. Estos aspectos, de ser as y ciertos -que por evidentes razones de espacio no podremos desarrollar aqu en el sentido de demostrar que no son tales- nos hablaran s de una hegemona, es decir de un posicionamiento de superioridad asumida por s y con la aceptacin tcita de terceros (en este caso Europa, los pases asiticos desarrollados y todos los pueblos explotados del planeta). En los campos vinculados con el desarrollo econmico, productivo, tecnolgico y del pensamiento, hace mucho rato que Estados Unidos ha perdido la delantera con respecto a otras potencias imperialistas y capitalistas; en lo que atae con los pueblos de los pases capitalistas y dependientes ha existido y existe una fuerte resistencia al accionar de la potencia imperial mundial, su gobierno y sus marines. Hablar de hegemona es un dislate infundamentado y por tanto una "nueva" traficacin de conceptos.

Volviendo a prrafos anteriores y, si bien es cierto que los pueblos y la clase obrera muchas veces asimilan paradigmas que le son ajenos en tanto no reflejan los intereses ni el necesario posicionamiento que una clase "para s" debiera asumir, esto no significa ni por asomo que el actual estado de dominacin responda a una concepcin cultural, aspecto que subyace en la lnea de pensamiento que se desprende de la aceptacin de dicha "hegemona".

La prevalencia y predominancia de los Estados Unidos de Amrica en el actual concierto de naciones imperialistas, capitalistas y desarrolladas ha sido, es y todo indica que por un buen tiempo ser, debida y sustentada en el poder militar y la disposicin (probada en los hechos hasta el hartazgo) a usarlo en todos los continentes, en todos los escenarios y contra diversos "enemigos". De esta forma y al mismo tiempo, se reprime a los focos de resistencia, se extermina a los adversarios ms decididos y se disuade a otras potencias que, en un marco de mayor fortaleza econmica, industrial, financiera, tecnolgica, cientfica y cultural, no han podido o han optado por no poner en pie una maquinaria militar como la que ha desplegado por todo el planeta el "puo de acero" del capital norteamericano, el ejrcito de los Estados Unidos. [1]

Afirmamos que no es correcto hablar de hegemona de los Estados Unidos y que lo que existe (y sufrimos en el planeta) es una dominacin del capital en su estadio imperialista y en una etapa mundializadora de profundo contenido militar y de rasgos guerreristas y fascistoides donde predomina el poder de la maquinaria de guerra del To Sam. Nada ms ajeno al concepto de hegemona.

"Centro y periferia" o desarrollo sostenido

sobre las espaldas del insostenible subdesarrollo

En el mismo marco de anlisis que hemos desarrollado convencidamente en las lneas precedentes, cabe incluir otros aspectos que consideramos oportunos en esta etapa donde vuelve a darse, al menos en el continente americano, un nuevo aire "progresista", "desarrollista", "nacionalista" en abierta o latente oposicin a los intereses del Departamento de Estado pero con (en algunos casos) "guios" hacia la Comunidad Econmica Europea u otras naciones de mayor fortaleza econmica relativa y con recursos abundantes en reas estratgicas, en un contexto donde los conflictos nter burgueses y extranacionales estn a la orden del da en tanto se pretenda "tocar" alguna ventaja relativa y cuestionarla. Hidrocarburos, agua, contaminacin ambiental, salidas al mar, proteccin arancelaria, etc.

Se ha sostenido ya desde casi medio siglo que una contradiccin a superar es la vinculada con la pugna de intereses entre los pases centrales y los perifricos, vinculando a esto el "conflicto" norte-sur y la lucha entre los pases desarrollados y los subdesarrollados y, por tanto, la necesaria estructuracin de estrategias desarrollistas, nacionalistas y/o de "bloques" como forma para revertir esta brecha y lograr una "va" al desarrollo. Por esta va se lograra "salir" de esa periferia e ingresar al crculo de pases centrales, o sea los capitalistas y desarrollados. Se ha "invitado" entonces, tcitamente, a seguir una va de desarrollo capitalista.

Esta disquisicin antojadiza, carente de posicionamiento de clase una vez ms, ha colocado como furgn de cola a los pueblos de Amrica y a sus verdaderos intereses de emancipacin. Esta relegada -a travs de los siglos- aspiracin redentora est tan alejada de una "va" capitalista como de lograr salir del subdesarrollo sin atacar el desarrollo, lo que es igual a decir que resulta imposible comprender la situacin si no se la analiza orgnicamente como un todo relacionado. No existe el desarrollo de unas naciones sin el necesario subdesarrollo de otras. No existe por tanto una contradiccin entre centro y periferia sino, una vez ms, una contradiccin entre capital y trabajo que refleja en el hecho "nacional" ciertos aspectos de la misma. De igual modo no existe un desarrollo a escala nacional que sea ajeno a este anlisis abarcador y sistmico; nadie duda que si existe una clase enriquecida se debe a que hay unas relaciones de produccin que permiten el despojo de otra clase. Aceptar que hay pases centrales y pases perifricos sera tan contra natura como aceptar que es natural que existan ciudadanos de primera y marginales de segunda o tercera categora. Lo que existe es un estado concreto de situacin y relacin a escala mundial que, en la actual etapa del desarrollo de los procesos, convierte a pases ricos en recursos naturales, minerales, culturales y humanos en dependientes; y existen a su vez condiciones al interior de cada pas, en su relacin con lo regional e internacional, que convierten a los poseedores de la nica riqueza verdadera que radica en la fuerza del trabajo, en pordioseros en su propia tierra que caminan hacia una triste tumba.

Algo debe cambiar y la va no se encuentra trazada por un desarrollo dentro de los marcos que nos ofrece el capitalismo. Ningn desarrollo en este marco garantizar las necesidades de los millones de nios, mujeres y hombres de Amrica. Ninguna inteligente accin desarrollista-nacionalista que no ponga en juego la cuestin del poder para la clase obrera y el pueblo y la sustitucin del capitalismo por el socialismo, garantizar esas necesidades.

Clase, fuerzas motrices y vanguardia poltica

Las estrategias que se han llevado adelante en nuestro continente a lo largo de los ltimos siglos, tanto en la lucha contra los imperios colonialistas, principalmente en los siglos XVIII y XIX y contra el imperialismo capitalista en el XX y lo que va del XXI, han adolecido de algunas cuestiones principales, recurrentes y sistemticas que ya resultan, tristemente, banda sonora y "leit-motiv" de la pelcula de la derrota de la clase trabajadora en nuestras comarcas.

La historia de las luchas continentales contra los imperios de Espaa y Portugal en la subregin latinoamericana, nos han mostrado que los tres aspectos del subttulo (centrales para cualquier elaboracin estratgica y programtica de intencin revolucionaria) existieron, accionaron, se relacionaron dialcticamente y propiciaron, en contradiccin con las fuerzas antagnicas en un marco concreto de correlacin de fuerzas, un resultado determinado. Este resultado en todo el continente determin y signific un triunfo de las posiciones independentistas acaudilladas por los patriciados acomodados y liberales de incipiente carcter de proto burguesa. Estos sectores, en los hechos columna vertebral de la "vanguardia poltica independentista" de la poca (logias), contaron para sus luchas con un abanico de fuerzas motrices dentro de las cuales no significaban (ellas mismas) ni por asomo fuerza principal, aunque s hegemnica producto de su formacin cultural y poder econmico en relacin con los otros estamentos sociales que participaron de las revueltas y montoneras en suelo americano. Los pueblos originarios, los esclavos negros, los campesinos, los trabajadores rurales y los marginados de la poca revistaron en las filas de los ejrcitos populares que, armas en mano, combatieron a espaoles, portugueses y tambin a ingleses, franceses y otros. La clase soporte de la estructura econmica en ciernes de esa poca, de escaso desarrollo identitario an, era difusa, balbuceante y diversa; lo que es innegable es que s existan sectores de esa sociedad, dividida en clases, que objetivamente defendan un proyecto de emancipacin que, en lo ms avanzado del corpus terico de la poca, se sustentaba en la tenencia de la tierra por parte de quienes la trabajaban, en la autodeterminacin de los pueblos y en el reconocimiento de sus autonomas y en la concepcin federal y de Patria Grande Americana. Este proyecto fue derrotado momentneamente producto de la traicin de sectores que, especulando con su adaptacin a las condiciones emergentes de desarrollo capitalista que propiciaba la concepcin britnica triunfante en la poca, favorecieron la estrategia de "independencia" del poder espaol y se sujetaron a una salida a la vida republicana independiente de espalda a los sectores que llevaron la lucha hasta las ltimas consecuencias, que eran y resultaban ser, herederos de los pueblos originarios de Amrica, que representaban a los desposedos de toda raza, credo, cultura y condicin y que defendieron consecuentemente los ideales revolucionarios de esas luchas.

La fragmentacin nacionalista y de ulterior desarrollo capitalista que propici el desenlace de esas luchas en siglos pasados no era la nica alternativa de desarrollo posible ni el nico proyecto sustentable. Ejemplo de esto, claro, sintomtico y vigente en sus enseanzas an hoy, es la epopeya del pueblo del Paraguay contra quienes se propici la Triple Alianza; el pueblo paraguayo y sus dirigentes lograron el ms alto grado de desarrollo econmico, social, cultural, integrador e inclusivo que haya conocido Amrica hasta la revolucin cubana. Por ello la estrategia de la diplomacia britnica fue la de dividir para reinar; por eso la llevaron adelante los patricios de la poca, pequeos aprendices de virreyes, peores americanos.

Las postrimeras del siglo XIX, todo el XX y lo que va del nuevo milenio nos invitan a "especular", mirarnos al espejo de aquellas luchas prometeicas, analizar rasgos vigentes, situaciones semejantes, generalidades que permitan esbozar una teora revolucionaria para el siglo que comienza. Las luchas de intencin revolucionaria en el continente americano (en el marco capitalista) y de intencin socialista han conocido avances y retrocesos, flujos y reflujos; han sucedido "momentos", han surgido hallazgos y han fracasado la mayora de los intentos, salvo excepciones honrossimas, en primer lugar Cuba. En otro plano y en diferentes niveles, podramos analizar las generalidades de los procesos llevados adelante tanto en una geografa como en otra, tanto por determinadas concepciones de la lucha como por otras.

A nadie escapa que la dcada del sesenta marca y define por mucho tiempo la historia de la revolucin en el continente, no en vano Cuba, mencionada lneas arriba. En ese entonces, y a riesgo de esquematizar demasiado, (otra vez la premura y la limitacin producto de la extensin a priori definida del presente trabajo y nuestras propias insuficiencias nos compelen a abreviar) dos concepciones predominaron y "compitieron" por erigirse en vanguardia de los procesos; la concepcin de los Partidos Comunistas pro-soviticos con su estrategia de Frentes Populares por un lado, privilegiaron una lenta acumulacin de fuerzas en el marco legal en alianzas policlasistas amplias a escala nacional con autonoma trazada a calco sobre las fronteras de los estados nacionales. Al mismo tiempo y por otra parte, la concepcin de la guerrilla (rural o urbana) (foquista o entrelazada con acciones polticas de masas) llev la lucha armada al pinculo del mtodo contra el sistema y, muchas veces, coordin regionalmente ms all de fronteras. Nos atrevemos a afirmar que, salvo rarsimas excepciones, que no vamos a analizar en el presente trabajo, ninguna de estas concepciones de lucha, ninguna de estas estrategias y ninguna de estas metodologas logr extirpar de su seno los elementos mencionados prrafos arriba en relacin con las luchas contra los imperios coloniales. Nos referimos a la necesidad de una relacin dialctica entre clase, fuerzas motrices y vanguardia poltica que permita disear una estrategia continental anclada en los intereses de clase, que imbrique todas las formas de lucha y que sea hegemonizada por lo ms comprometido y no por lo ms iluminado; que persiga el objetivo final como nico objetivo posible, que vea la liberacin de los trabajadores como tarea a realizar por los trabajadores.

Las estrategias de acumulacin policlasista han fracasado; las estrategias de confrontacin aislada han fracasado. Por qu triunf el proceso cubano? Por qu se extingui la revolucin Sandinista luego de una epopeya popular como pocas en Amrica Latina?

Si aislados e individualmente pudiramos desentraar estas cuestiones, contestar estas preguntas, seguro estaramos haciendo algo muy diferente a escribir estas lneas. A lo sumo arriesgaremos algunos prrafos, como hemos arriesgado los que anteceden.

Acerca de la "Liberacin Nacional"

La Liberacin Nacional en tanto "etapa de un proceso revolucionario hacia el socialismo" y la liberacin nacional en tanto proceso inscripto en una geografa, una historia y una tradicin acotada por factores econmicos, sociales, superestructurales y culturales especficos y determinados, creemos que debe ser objeto de crtica. Intentaremos la nuestra.

Lenin (y los bolcheviques por tanto), sobre todo en "Imperialismo, fase superior del capitalismo" consideran que es necesario apoyar procesos de Liberacin Nacional de pases atrasados y que de esta manera se propiciarn, tcitamente, unas condiciones ms favorables para el proceso revolucionario en Rusia, Europa y la construccin del socialismo en ese continente "avanzado". Comprendemos y aceptamos que pases bajo el yugo del colonialismo (que a esos casos hace mencin Lenin, no a otra cosa) requieran de procesos de Liberacin Nacional; admitimos que esos procesos puedan requerir de estadios de desarrollo y por tanto, deben ser "administrados" esos tiempos, con inteligencia tctica. El propio Lenin habla de las dos tcticas de la revolucin a operar por su pueblo y el partido bolchevique.

La historia objetiva y concreta de los procesos en nuestras comarcas nos permite obtener enseanzas, siempre y cuando sepamos distinguir entre los verdaderos paradigmas a ser asumidos por la clase obrera y el pueblo y los que, otra vez devaluados, son absorbidos por la clase dominante y devueltos a la masa para empantanarla en procesos sin salida.

Hoy, en Amrica Latina casi sin excepciones, en virtud del grado de desarrollo capitalista de las relaciones de produccin, del estadio de desarrollo de las estructuras econmicas productivas, del avance de los procesos tecnolgicos, de la vastsima extensin de cultivos alimentarios, del desarrollo de la ganadera, de la minera, de existencia de infraestructura, de desarrollo de formas "democrtico-institucionales", de acerbo cultural de nuestro pueblos, de interrelacionamiento de nuestras geografas y de comunicacin inmediata de los sucesos, a la vez que de la omnipresente presencia e ingerencia imperial, es la Liberacin Nacional una etapa a transitar necesariamente?

La Liberacin Nacional ha requerido, en tanto estrategia (tanto por parte los Partidos Comunistas pro-soviticos, como de fuerzas poltico militares guerrilleristas), programas que expresaran intereses de clase y de sectores de clase proclives a desarrollar una lucha contra el yugo imperial, yugo que, para algunos actores significa un enemigo antagnico y que para otros significa, tan slo, un adversario momentneo y en el futuro un aliado comercial necesario. En ese terreno se propiciaron procesos nacionalistas, cargados de reivindicaciones en dicho plano en los cuales la existencia (cabe analizar a la luz del desarrollo econmico actual su mentada existencia) de "burguesas nacionales" permitiran avanzar en ese terreno de relativa autonoma frente a la ingerencia extranjera. Dicha autonoma slo es posible es un marco acordado por una instancia policlasista donde conviven sectores de clase (al menos) y clases, siempre, cuyos intereses son antagnicos. El proceso de liberacin nacional es ante todo un proceso de desarrollo econmico; los procesos de desarrollo econmico son: capitalistas o socialistas, siempre y cuando descartemos, a priori, el feudalismo, el esclavismo y el comunismo primitivo, cuestin que al menos quien esto escribe, ha saldado para s.

Cmo es posible articular hoy en el continente americano una lucha por la liberacin nacional que no derive, reitere y repita, esta vez como farsa, los mismos conflictos que en dcadas pasadas?

Procesos militaristas de impronta nacionalista se han observado en los setenta en Per y Bolivia; procesos hacia el socialismo inmersos en el marco jurdico democrtico-burgus representativo se han observado en el Chile de Allende. Procesos en Amrica, hoy, estn caminando sobre la estrecha cornisa sustentada en estas concepciones. Qu tiene para decir acerca de estos procesos la clase obrera, los trabajadores, los marginados por el sistema, los pueblos originarios, los negros, los mestizos, las minoras, las mujeres y toda la "corte de los milagros" del pueblo que espera, insumisa e irredenta, una estrategia de revuelta que la redima? La Liberacin nacional puede ser su estrategia?

Si de algn modo -y de alguna manera- cabe un margen para la duda acerca de la validez de esta estrategia hacia el socialismo, afirmamos que debe ser saldada a la luz de una estrategia en un plano continental. La Liberacin es de Amrica, del pueblo, de la clase explotada y expoliada, de los marginados y ninguneados. Un socialismo que "especule" en la lucha de los pueblos en los siglos pasados contra el imperio colonial alumbrar la estrategia redentora hacia el socialismo del siglo XXI, que ser tal si es continental y que llegar a puerto si en su ruta se trazan pocas escalas. Confiemos los mapas de las rutas de navegacin a los ms infelices y apostemos para que ellos sean los privilegiados.

Estrategia proactiva contra el capital y el imperio

Sin considerar de elegancia el autorreferenciarnos, creemos necesario citar algunos prrafos ya escritos a modo de contexto terico imprescindible. En este sentido aportamos algunas lneas de dos trabajos ya elaborados y que intentan navegar, tericamente, en torno a la necesidad del perfilamiento de una estrategia regional asumida colectivamente por las vanguardias sociales-polticas del continente.

Citamos:

    "En las sociedades a escala nacional, las burguesas en el proceso de concentracin del capital y monopolizacin de los resortes econmicos financieros devienen en oligarquas que, en los momentos de crisis pasan a dominar los resortes polticos (superestructurales) y militares (coercitivos) de forma evidente, cuestionando incluso las formas democrtico-burguesas que han articulado como marco de dominacin de clase. Desde las potencias imperialistas esta misma dinmica, en una instancia superior en calidad e intrnseca al sistema y necesaria, por tanto, genera la misma situacin a escala planetaria; por tanto afirmamos que existen oligarquas mundiales que han devenido en "rosca mundial". Existe un poder imperial-mundial, ms all de las contradicciones que conlleva en su seno. Esta situacin marca la necesaria construccin y desarrollo orgnico del polo antagnico desde el campo popular a nivel mundial con su necesario correlato regional y local." [2]

    "Afirmamos que estamos en condiciones, en la sub regin y en la regin, de establecer estrategias por el poder en funcin de una visin clasista y desde la perspectiva de la construccin de economas proto-socialistas an en los casos de menor desarrollo de las condiciones materiales bsicas indispensables. La clave para esto es repensar, desde una perspectiva de Federacin Americana, la estrategia continental para articular las luchas tcticas regionales y locales (desiguales y combinadas) y, de igual manera, desarrollar grmenes de poder y de relaciones de produccin no capitalistas a partir de las geografas y experiencias histricas de nuestros pueblos. Un socialismo sustentado en el aprendizaje de las luchas histricas contra los viejos imperialismos parir la victoria contra el imperio mundializador. Si el imperio mundializa, la lucha debe mundializarse y nuestra tarea es regionalizarla." [3]

Volvamos la vista atrs, al proceso colonial, a lo ya mencionado en relacin con los procesos abortados de emancipacin popular en nuestro continente en siglos pasados y tambin en el estadio capitalista imperialista; qu observamos? El proceso emancipador americano (el verdadero, el de clase) muri cuando se le quit el contenido clasista y cuando se lo disgreg en cuestiones nacionales. Los procesos revolucionarios del siglo XX empantanaron en el marco de opciones de alianzas policlasistas o de visiones estrechas en el marco de la apuesta al proceso "en un solo pas". Creemos que en esta hora americana, donde se observa una lenta pero sostenida salida de un largo periodo de reflujo, es necesario repensar la teora por la revolucin socialista americana tanto a la luz del "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels como de las luchas contra los imperialismos coloniales en el siglo XIX y, sobre todo y ante todo iluminada con la sabia paciencia y con la inquebrantable resistencia de sus pueblos originarios. La lucha consecuente del pueblo americano en esta fase guerrerista, brutal y criminal del imperio mundializador debera estar sustentada en estrategias proactivas a corto, mediano y largo plazo que atendieren a todos los aspectos de la lucha y a todas las variantes tcticas; como ya hemos dicho en algunas lneas que andan por ah: "La victoria depende de una estrategia acertada y unas variantes tcticas estudiadas. La derrota depende de casi nada y, sobre todo, de nuestra improvisacin."

Si asumimos que la estrategia debe ser proactiva, continental y por el socialismo, se desprende necesariamente de estos preceptos, que deben darse las instancias de debate y elaboracin necesarias para tales fines; si bien se vislumbran algunas lneas de trabajo en este sentido, creemos que son insuficientes y que adolecen, muchas veces, de carencias comunes al movimiento en su conjunto en todas las pocas. Muchas veces los marxistas hemos debatido en foros pblicos, o al menos amplios, con lecturas preconcebidas preparadas con semanas de anticipacin; hemos debatido antidialcticamente, lo cual significa que hemos rehuido el debate. La sntesis terica que debemos buscar en esta hora americana los revolucionarios, surgir de la verdadera sntesis dialctica del pensamiento y la accin; surgir tambin del anlisis de la historia y su desarrollo y surgir, necesariamente, de la cruda y arriesgada participacin de la obra de los pueblos. Mas sin debate terico y sin teora revolucionaria podrn existir revueltas, estallidos y acciones heroicas de diverso tenor pero nunca una revolucin continental y mundial, a la cual aspiramos y, desde los maestros fundadores del Movimiento Comunista Internacional, se perfila hace ya siglo y medio, al menos en la teora. En nosotros est el hacer la prctica.

Acerca de la tctica

En el marco de coyuntura que atraviesa el continente y en relacin dialctica con la necesaria estrategia, visualizamos algunas cuestiones de importancia a atender en lo inmediato y analizamos el "cmo" desarrollar dicha accin en dicho terreno.

Si asumimos que la estrategia consiste en desarrollar una serie de herramientas sociales-polticas para imbricar todas las formas de lucha de manera dialctica hacia un objetivo final asumimos que: en este sentido no debemos hablar de "tcticas lineales" ni de "tcticas sinuosas" o de otras variantes de dudoso rigor a la luz del anlisis de clase. En el desarrollo de los procesos, las contradicciones deben resolverse a partir de la lucha de contrarios en un sentido de superacin.

Cada coyuntura especfica particular deber analizarse desde un posicionamiento de clase y en funcin de los intereses del proceso revolucionario; los factores que se visualicen como "polos" de la contradiccin sern objeto tctico de la accin popular continental; dicha accin deber lograr superar dialcticamente, en un sentido ascendente, las condiciones actuales en favor del proceso revolucionario.

Desde esta concepcin puede s, en determinados momentos del proceso, hablarse de repliegues tcticos (tctica defensiva) o de avances tcticos (ofensiva tctica). Estas opciones debern considerarse a partir de una justa valoracin de la correlacin de fuerzas en cada momento y lugar, mas, en esencia la tctica debe estar en funcin de aportar al desarrollo de la estrategia desde el plano histrico concreto particular en cada caso. Podr, al mismo tiempo, en algn frente de lucha operarse con una ofensiva tctica y en otro frente a partir de una tctica defensiva. Lo fundamental, para acertar a la hora de decidir qu tctica desarrollar, es una justa valoracin de las fuerzas en pugna sobre el terreno especfico (anlisis concreto de la situacin concreta).

No hay entonces una "receta" tctica y por ende, toda decisin de este nivel, debe ser tomada con cierta autonoma por las fuerzas del campo popular que estn en el terreno de operaciones en condiciones de incidir en los procesos; estas decisiones (de carcter esencialmente poltico) deben visualizarse en funcin del conjunto y no de la parte. La tctica es un "arte" de particular importancia y desde sta se lograr desarrollar, de manera superadora, cada momento en funcin de la estrategia en la medida de los aciertos, o se operar en desmedro del conjunto desde el punto de vista estratgico cuando los errores tcticos incidan negativamente.

Nos atrevemos a afirmar entonces que sin teora revolucionaria no habr prctica revolucionaria; que la estrategia revolucionaria signar el proceso pero que sin aciertos tcticos articulados la estrategia es una ilusin. La praxis revolucionaria desde el mtodo dialctico se articula a partir de la afirmacin, la negacin y la negacin de la negacin. La sntesis creadora y conciente es la base del mtodo. La estrategia es continental y la tctica debe ser autnoma aunque no aislada de una justa valoracin sistmica.

En relacin con nuestras debilidades

y cmo superarlas

(A modo de corolario y propuesta)

Si comparamos la potencialidad combativa del campo popular en el terreno material y poltico-militar con el del capital y el imperio, surge rpidamente una sensacin de pesadumbre. Si observamos la historia combativa (y triunfante muchas veces) de los pueblos que han enfrentado con conviccin, inteligencia y objetivos estratgicos al enemigo, el optimismo nos alumbra. Al decir de Gramsci nos encontramos entre "el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad". Proponemos armarnos de ambas cuestiones y hacer de ellas herramientas de combate. Si limitramos nuestras cavilaciones en el estrecho marco de la actual correlacin de fuerzas nos sumiramos en una parlisis preocupante. El sistema siempre favorece correlaciones adversas a sus enemigos y sin embargo, muchas veces (siempre si analizamos a travs de la epopeya humana) ha sido derrotado.

Una forma de superar insuficiencias es asumirlas y desde dicha asuncin reparar en que dicha debilidad puede ser fuerza verdadera si se la explota con astucia. David pudo derrotar a Goliat; la tortuga arrib a la meta antes que la liebre. Tctica o estrategia? Mejor preguntamos: tctica? o estrategia?. Sugerimos: estrategia y tctica. Si la coyuntura define la tctica y el objetivo final la estrategia, analicemos qu tenemos en la coyuntura y qu debemos tener en dicho desarrollo de la necesaria estrategia. Construyamos las herramientas o planes necesarios: como David, como la tortuga.

Nuestra debilidad histrica, en tanto pueblo del continente, ha radicado principalmente en la divisin artificial de marco nacional burgus y pro imperialista. Las estrategias que se han diseado han respondido en casi todos los casos a este contexto marco; en algunas eventualidades esta visin ha intentado superarse pero no se ha sabido o no se ha podido- salvaguardar a las fuerzas consecuentes de la infiltracin de sectores oportunistas y arribistas que vern siempre- con buenos ojos, el emparentamiento con las bondades y mieles que el capital les ofrece como canto de sirena. Hay paradigmas para todos los gustos; podemos tomarlos o dejarlos. Por todo lo expresado creemos que ha llegado la hora de visualizar las carencias, repensar nuestras estrategias, y de poner manos a la obra en la mproba tarea de generar los espacios de debate y sntesis que nos permitan estar a la altura de la hora, en tanto americanos, marxistas y revolucionarios. Llamamos a un gran debate de las organizaciones de nuestro continente para poner en pie la organizacin de vanguardia regional, que enfrente al imperio en una estrategia por la revolucin socialista americana. En eso estamos y no estamos solos.

NOTAS AL PRESENTE TRABAJO:

    [1] En el ao 1999, Madeleine Albrigth, por entonces Secretaria de Estado en el primer gobierno de G. W. Bush, afirm: "Para que la mundializacin funcione, Estados Unidos no debe tener temor en actuar como la superpotencia invencible que en realidad es. La invisible mano del mercado no funcionar jams sin su puo invencible. McDonald's no puede expandirse sin McDouglas. El puo invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologas de "Silicon Valley" se llama Ejrcito de los Estados Unidos de Amrica".

    [2] Fragmento del trabajo titulado: "APUNTES PARA UN DEBATE DE LOS MARXISTAS REVOLUCIONARIOS EN AMERICA LATINA" versin ntegra en AMAUTA DIGITAL: (www.amauta.inf.br )

    [3] Fragmento del trabajo titulado: "El Imperialismo post "11/9" y el papel de la izquierda revolucionaria latinoamericana" Ponencia presentada al Seminario organizado por Universidad Popular Joaqun Lencina y Semanario 7/7 los das 22 y 23 de julio de 2006 en el Saln de Actos de la Facultad de Humanidades de Montevideo, Uruguay. (UDELAR) Universidad de la Repblica Oriental del Uruguay.


CONSULTIVO DE DIRECCION DE LA COLUMNA ARTIGUISTA DE LIBERACION trinchera electrnica: www.gratisweb.com/cal1971 correo electrnico: [email protected]



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